6/20/2004

4-Ichinén

Sentado en el verde, reflexiono sobre lo que había sucedido. Tantas cosas se le agolpaban en la mente. Ya no importaba nada de lo anterior, no lo mas negativo al menos. En el infierno habían quedado los rencores, las deudas ajenas, los odios, la venganza. Ichinén había sido bautizado por el viejo y sabia lo que debía hacer. Sentía la energía correr por sus venas, la sangre era pura energía, había experimentado la revolución mas profunda del ser. Donde el joven cambio en hombre, en un giro supremo. Ahora poseía lo más poderoso del universo, además de su espada Daimoku, su decisión. No porque Daimoku fuera menor ante el corazón del guerrero, pero esta era inocua en las manos equivocadas. Por ello, Ichinén no solo había sobrevivido al infierno y podía descansar. No, ahora es donde todo comenzaba. Ese momento es donde recién iniciaba la historia. Ahora tenia ante si al mundo, dominado por los demonios, pero eso no lo amedrentaba. Era la tierra de las posibilidades. Donde unos veían demonios dominando humanos, el veía batallas sin librar. Donde otros veían solo problemas, el veía una posibilidad de cambio. El había pasado por el infierno, no solo porque debía hacerlo, sino porque eso posibilito su cambio. Los demonios no dominarían impunemente por mucho tiempo, la oscuridad retrocedería. Eso lo sabia el guerrero, porque el era como una luz que nació en la oscuridad. Se daba cuenta que muchos lo verían como otro demonio mas, ya que en su naturaleza estaba insertado todo eso. Era en parte demonio, por ello podía combatirlos. Pero la gran diferencia ante ellos, era su actitud y hacia donde orientaba sus acciones. Así es como en ese momento, apenas salido a la luz, determino lo que haría en adelante. No mucho se conoce de eso, quizás ni el lo sabia en ese momento. El viejo, padre de todo, lo había asistido. Ahora, el llamado de la madre, clamaba porque siguiera. Los progenitores del mundo necesitaban del guerrero. Su camino había sido marcado por ellos dos. Pero, aunque sabía para donde caminaba, ignoraba que le traería el camino. Lo cual no importaba mucho, iba hacia un rumbo fijo, no importaba cuantas vueltas tuviera que dar. Sabía que el camino le mostraría las diferentes opciones. Aun herido, se sentía enérgico y eufórico ante el horizonte que se le planteaba ante el.
Ichinén, tomo su espada y camino hacia el futuro, ya que allí pertenecía.

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