8/04/2014

18-La ceremonia en el aire.

Allí se encontraban reunidos incontables seres, de todas las formas, géneros y especies. Tan diversos eran que Ichinén no podía jurar donde mirar primero y si ya había visto a ese o al de más allá. Todos le parecían novedosos y diferentes, aunque ya hubiera puesto sus ojos en ellos. El guerrero no estaba seguro si esos seres volaban o flotaban. Para el caso daba lo mismo.  Observó, observó, siguió observando, se quedó un rato más observando y… observó más. No importa como se rompiera los ojos o aguzara la vista, no veía nada notable a miles de metros por su cabeza. Esperó. Nada pasó. Intentó gritar, pero su voz no parecía llegar más que a un par de cientos de metros. Finalmente, se encaminó a escalar la cima. Por el camino, encontró a un rostro familiar.
-Me preguntaría que estás haciendo.-dijo el gato con el rostro que parecía enmascarado en gris.
-Y yo me preguntaba cuando aparecerías.-
-¿Debía hacerlo?-
Otro felino, se acercó a ellos, al parecer era una gata. Se notaba por sus tres colores en el pelaje y ser un poco más pequeña que el otro. El pelaje de la felina semejaba a un mármol por sus tonos  que formaban una melange perlada de colores sobre gris jaspeado.
-Yo lo traje, sin mí no podía hacer nada.-expresó la gata a modo de presentación.
-Mujeres, ya sabrás de lo que hablo cuando pase un poco de tiempo.-dijo a su vez el gato.
-¿Pariente tuyo?-preguntó Ichinén.
-No, por favor, no tengo tanta mala fortuna.-comentó la gata, demostrando que tenía pocas pulgas, por decirlo de alguna manera.
-No seas tan dura con mi compañero humano.-le recriminó el gato.-Hemos venido a ver al Príncipe.-
-¿Por qué debería molestarlo con recién llegados advenedizos.-replicó la gata de soslayo. 
Casi parecía mantener una expresión recia, sin humor o simpatía por los otros dos. O ni tan siquiera alguien más.
-Estoy en busca de Kosen Rufu, para hallar ese país, debo encontrar a los tres maestros. Me dijeron que el primero de ellos, se encuentra en esta ceremonia.-le explicó el guerrero.
La felina lo miró con unos ojos de cierto desdén, casi como su gesto fuera de un humor de mil demonios. Pero su voz fue muy apaciguada.
-Si, el Príncipe se encuentra allí, de hecho él la está presidiendo en ese momento, es aquel a quien buscas.-
Ichinén miró en derredor y luego a ambos animales, como esperando. Ninguno de los dos felinos hizo el menor movimiento. Excepto la gata, que a los pocos segundos,  se reclinó sobre una piedra, como si esta fuera una almohada donde recostarse. Acodada sobre la roca, miró al guerrero con extrañeza algo jocosa.
-¿Cómo así? ¿Acaso estás esperando que lo baje para ti? ¿No querrías que te baje la luna también? Si tengo tiempo en un par de eones, quizá.-
Con expresión algo desconcertada, el guerrero se intentó explicar.
-Solo quiero que me guie en mi camino, no es mi intención molestarlo, ni perturbarlo, ni distraerlo.-
-Pero ya tu interrupción es una molestia. El Príncipe está dando su enseñanza y no puede parar la rueda del universo porque el gran rey Ichinén intenta hablar con él.-
El guerrero se quedó más desconcertado, el gato macho tosió como interrumpiendo la charla.
-Ese rey no es él, no aquí al menos.-
Ichinén lo miró y asintió.
-Te confundes con otro, no soy un rey.-
La gata cerró un poco los ojos, como dudando.
-Claro que lo sos, aunque no aquí claramente. Ichinén es único, como todos nosotros. Aquí o en cualquier mundo.-
-¿Podés solicitar respetuosamente una audiencia con el Príncipe para Ichinén o no?-la amonestó el gato.
La felina pareció lanzar un gesto de fastidio, yéndose por donde había venido. Ichinén y el gato se miraron.
-Supongo que eso es un si.-comentó Ichinén.-¿Amiga tuya entonces?-
-Diría que si, pero solo coincidimos en espacio y tiempo en ocasiones, muy frecuentemente incidentales. Más de lo que me gustaría.-
-Supongo que debe ser un amor de gata.-ironizó el guerrero.
-Es buena, diría que es dura por sus experiencias, pero bueno. Las vivencias nos modifican según nuestras particularidades personales.-
-A propósito, no sé como llamarte, aparte de gato. ¿Cuál es tu nombre?-
-Tengo muchos nombres, muchos cuerpos, depende de que mundo estemos hablando. En este podés llamarme “Teban”, aunque donde tenía ese nombre originalmente, tenía rayas naranjas en vez de todo gris.-
Ichinén sopesó esa novedad de los diferentes mundos, quizá esa Estación de paso, solo era un lugar de transición para ir de uno a otro. Eso explicaría porque encontrar Kosen Rufu no era para cualquiera, podría ser que estuviera en otro mundo. Y solo haciendo un camino y pasos determinados es como se podía acceder.
-Y el nombre de tu “amiga” es…-
-Dulce, se llama Dulce, aunque en otro idioma que no se aplica aquí.-
-Es un chiste.-lanzó Ichinén con sorpresa.
-¿Me estás viendo reírme?-inquirió el gato.
Ichinén mantuvo el silencio por unos minutos, hasta que finalmente una duda lo asaltó.
-¿Por qué dos gatos son los que me están ayudando?-
-Somos los guardianes de todas las puertas.-explicó Teban, pero se frenó y giró repentinamente su rostro hacia la espalda de Ichinén, como solo los gatos pueden hacer cuando algo atrae su atención.
El guerrero se giró y vio un hombre vestido con una túnica, llevaba el pelo recogido arriba de la cabeza y todo su ser parecía resplandecer.
-He aquí al primer maestro. El Príncipe.-presentó Dulce, la gata con el nombre paradójico, al acercarse a ellos.
Ichinén quedó maravillado por la energía que irradiaba el Príncipe, tanto que se quedó sin palabras. La sonrisa del maestro era tan cálida y discreta que lo mantenía distraído.
-Veo que se venían riendo.-comentó el Príncipe.-Dicen que donde está la risa, estoy yo. Porque si hay llanto, están los demonios.-
Ichinén volvió a la realidad al escuchar esto último y estaba a punto de hablar cuando el Príncipe hizo un gesto.
-Caminemos juntos y explicaré lo que necesitas saber.-
Ichinén acompañó al que ya consideraba su maestro. El primero.

12/18/2012

17-La estación de paso.

Habiendo caminado junto al gato largo trecho, Ichinén decidió interrogarlo acerca de su destino. El lugar donde encontrarían al primer maestro.
-¿Cómo es que me encontraste?-
El gato apenas giró su faz de pelaje como enmascarado en gris.
-Eres un Shomon.-
-¿Y eso que significa?-
-Uno que escucha las enseñanzas.-
-¿Cómo sabés que escuché nada? No soy tal cosa.-
-Bueno, solo puedes serlo si decides que así lo deseas.-
-Está bien, quiero hacerlo. ¿Es necesario para encontrar a este maestro?-
El felino giró su rostro y parpadeó lentamente, como solo los gatos pueden hacerlo, con extrema elegancia.
-Para ser un shomon, aquel que escucha las enseñanzas, debes callarte. Para escuchar es necesario guardar silencio.-
Ichinén quedó desorientado ante la respuesta brusca del gato, pero antes de argumentar prefirió seguir el consejo y guardar silencio. Severo era el nombre del gato, severo era su carácter.
-Un Shomon no es solo aquel que escucha las enseñanzas. No únicamente eso. Sino que también las pone en práctica.-refirió el gato mientras seguía andando, pero el guerrero se mantuvo mudo.
No deseaba ser amonestado nuevamente por el animal. El camino continuó zigzagueando entre raíces y troncos, mediando ramas y hojas.
Atravesando el bosque, llegaron finalmente a la estación de paso, llamada “Shitei funi”. Arhat Jina se encontraría allí. Era un edificio de madera, aunque más bien parecían varios juntos, superpuestos unos sobre otros. Unas cúpulas que amagaban alzarse o intentaban ser cúpulas, coronaban las edificaciones.
Una vez en la puerta, el gato se sentó sobre sus patas traseras y se lamió una pata. Ichinén lo miró sin entender. El felino se lavó durante un rato antes de dirigirse al guerrero.
-Debes entrar solo, yo no puedo hacerlo.-
Ichinén asintió, no pensaba argumentar con el animal, ya que parecía tan seguro. Debía tener sus razones para que se viera impedido de entrar o quizá le estaba prohibido, no importaba mucho.
Trasponiendo la entrada principal se encontró con un lugar muy concurrido, donde mucha gente iba y venía, haciendo cambios o tramites en diversas mesas en diferentes cuartos o rincones. El guerrero se acercó a un hombre que al parecer no estaba ocupado en ningún menester.
-Disculpe, señor. Estoy buscando a alguien a quien llaman el “Arhat Jina”. Es un gran maestro.-
El hombre lo miro sorprendido pero sonriente.
-Se encuentra en la ceremonia del monte, la del aire. ¿Sabés como llegar?-
Ichinén se encogió de hombros, mostrando que ignoraba aquello. El hombre se limitó a palmearle el brazo y señalar a su izquierda.
-Esa puerta con la manija dorada, esa es la que debes tomar para llegar a la ceremonia. Aun transcurre, así que debes apurarte para no perderte nada.-
-¿Allí encontraré a quien busco?-inquirió el guerrero.-
-Claro, el es quien preside la ceremonia.-respondió el hombre agitando su mano en el aire, para luego dejarla en su rodilla.
Ichinén le intrigó saber si habría una ceremonia de la tierra, del agua o del fuego. Pero pensó que quizás el nombre era solo figurativo. Algo referente que estaban al aire libre, en los fondos de la estación de paso y nada más.
La manija giró con rapidez y el guerrero cruzó la puerta, cerrándola mientras miraba delante suyo. Al principio no entendió, pero luego lo hizo mucho menos. Ante sus ojos solo se veía un descampado monte, una ladera donde no había nada. Nada que no fuera un bello pasto de verde brillante y unas pocas rocas diseminadas en la suave pendiente. Al intentar girar y volver atrás, para decirle al hombre que le había indicado la puerta equivocada, descubrió que no había nada tampoco a su espalda. O bien la puerta se había desvanecido o él estaba en otro lugar muy lejos. Miró en derredor con cierta ofuscación. Se sentía estafado, por el gato y por el sujeto que le había marcado el camino. Lo habían engañado, y muy groseramente. Ichinén seguía rumiando con bronca, mirando el suelo y pateando distraídamente una piedra. Aquello era una conspiración sin sentido, algo no le cerraba. Era un engaño demasiado elaborado para lograr nada. El guerrero no pensaba desistir de su camino solo porque lo mandaran lejos. No, algo más estaba ocurriendo allí. Una sombra, como de una nube sobre el suelo le atrajo la atención. Se quedó congelado como estaba, en su mente se había formado una idea, en forma de epifanía. Ichinén alzó los ojos al cielo y la vio. La ceremonia del aire. O más bien, la ceremonia en el aire.

6/15/2012

16-Shitei Funi

El guerrero siguió por un sendero que cada vez parecía estrecharse más. Era un bosque oscuro, tanto que Ichinén pensó que lo llamarían el "Bosque negro". Siguió avanzando, mientras su inquietud crecía inversamente proporcional a como se angostaba el camino. Ya algunas ramas espinosas le laceraban en los brazos, avanzaba cortando algunas de las ramas más grandes con su espada Daimoku. Cuando pensó que esa dificultad solo podía empeorar, la ramas cesaron y se encontró en un claro. El pasto parecía recién cortado, apenas una piedra desperdigada por allí, semienterrada en el terreno. Lo que si atrajo su atención fue un gato, situado como si fuera una efigie, en el centro del claro. El animal se encontraba sentado sobre sus patas traseras y miraba al guerrero con curiosidad. En derredor, tres caminos se abrían, sin contar el que había hecho el propio guerrero a su paso. El gato era gris en su parte superior y blanco por debajo. Parecía tener una pechera blanca como la nieve como si fuera una camisa. El gris se le dividía en el rostro, semejando a un antifaz.
-¿Y ahora por cual me conviene tomar? No tengo ningún mapa o referencia como para guiarme.-dijo el guerrero para si mismo.
-El camino es tan bueno o tan malo, dependiendo de tu intencionalidad en primera instancia para llegar a algún lugar determinado.-dijo el gato, apenas moviendo los labios.
Ichinén había visto extrañas criaturas y eventos peculiares en sus viajes, pero no un gato que hablara.
-Eres un gato que habla, es increible.-exclamó el guerrero.
-Eres un mono que razona, eso es increible.-respondió el felino.
Ichinén se sintió desorientado ante las palabras del animal.
-No era mi intención ofenderte, gato, pero no se tu nombre, no tengo otra manera de denominarte.-
-Mi nombre es Teban.-
El guerrero se presentó, mientras pensaba que nombre tan particular para un animal aun más extraño.
-Estoy buscando una forma de atravesar este bosque.-
-Bueno, toma cualquier camino, es lo mismo. Más tarde o más temprano saldrás de aquí.-
-Si, eso pensé. Pero quiero saber cual me conviene más o el más corto.-
El gato inclinó la cabeza a un costado, mirando a Ichinén.
-Eso es diferente. No cualquier camino es el más corto o te llevará donde deseas.-
El gato lo miraba fijamente como esperando ver que haría el hombre. Quizá en parte, sin comprender como ese ser humano estaba delante suyo. Viendo que no perdía nada con pedirle ayuda al gato Teban, Ichinén le explicó el motivo de su viaje, la busqueda de Kosen Rufu. Y su primer objetivo, encontrar a los tres maestros, o aunque fuera al primero de ellos. Antes de terminar el relato, el gato se lamió una pata y se la frotó contra una oreja hasta su hocico. Cuando el guerrero guardó silencio, algo incómodo por el repentino aseo del felino, el animal volvió a prestarle toda su atención.
-Eso es fácil, Ichinén. El camino del medio lleva al primer maestro, debes encontrar una estación de vanguardia, que es un puesto de avanzada o una especie de posta de Kosen Rufu. El lugar se llama Shitei Funi.-
-¿Kosen Rufu está cerca?-
-Dije que era una posta o similar, no que estuvieras cerca. Si a esta altura de tu camino o de la vida en general, no comprendes lo que te tomará encontrar esa tierra, abandona en este instante toda esperanza de hallarla.-
-Lo siento, no es por ser precipitado, me intrigaba que fuera tan simple.-
-No lo es. De hecho, encontrar al primer maestro no va a ser simple. Arhat Jina no es álguien que se queda quieto en un lugar, pese a que muchos tengan esa idea de sedentarismo y pasividad, él no es así. Incluso si estuviera ahora en la estación de paso, la oscuridad fundamental te pondrá trabas en tu camino.-
Ichinén se sentó sobre la piedra junto al gato, acercandose al felino.
-¿Oscuridad fundamental? He enfrentado demonios, incluso enemigos temibles como Rokutén.-
-Rokutén es solo uno más dominado por la Oscuridad Fundamental. Y este será un enemigo más dificil de combatir que cualquier otro que hayas enfrentado. Este no te dejará ni por un solo segundo. La estación de paso está del otro lado del siguiente estado, apenas saliendo del bosque por este camino.-
-No tengo problema, vamos de a un paso por vez. Me preocuparé de eso cuando llegue el momento, antes es futil.-
El gato parpadeó con toda gracia, como solo los gatos pueden hacer, en forma lenta y pensada.
-Muy bien, pongamonos en camino. Te acompañaré un trecho, no creo que hasta Shitei Funi pero al menos gran parte del camino, mientras te encuentres solo.-
El guerrero agradeció con una inclinación afirmativa de su cabeza. Se puso en pie, mientras Teban abría la marcha por el sendero entremedio. Se internaron en un túnel de espesura, en camino a la estación de paso.

8/26/2011

15-La posada de los muertos.

Ichinén se removió nervioso, extraño en él, al mencionar el rey dragón el nombre del lugar. ¿Por que no habría leido el nombre al entrar? Recién en ese momento se dio cuenta que no era un tema sin importancia. Miró en derredor, ante una sonrisa de Shakataura, como invitandolo a hacerlo. El lugar parecíoa distinto y a la vez no. Notaba si a los muertos, no existía diferencia con lo vivido anteriormente, pero descubría una nueva faceta de los comensales. Aunque tal vez llamarlos así fuera ilógico, ya que no ingerían nada. Era el terreno de los bajos espíritus, la animalidad.
-Aquí, los que se sienten superiores, subyugan al que ven como inferior.-le explicó Shakataura.-Se entregan a sus instintos más bajos. Por eso beben, son adictos a hacer cualquier cosa que llene su vacio, tal y como eran en vida.-
-Entonces, no son muy diferentes al estado de hambre.-respondió el guerrero.
-Por eso es que son estados cercanos.-replicó el rey dragón.
Ichinén apuró su trago y bebió lo que quedaba de un sorbo. La charla estaba bien, pero el lugar no era una recomendacion sensata para estar.
-Haré caso de su consejo. Así que me despido. Espero que nunca nos encontremos en bandos opuestos.-dijo Ichinén, levantandose.
-Estoy seguro que si sucederá, si tienes exito.-afirmó Shakataura, mostrando los dientes en una sonrisa.
El guerrero se alejó de la mesa, sintiendo ligeros murmullos y risas de ella. Se encaminó al posadero a pagarle el trago, cuando uno de los presentes, le tomó del brazo.
-¿Que hace un vivo, entre los muertos? ¿Acaso estás entre quienes perteneces?-
Ichinén observó tenso, la mano que lo sujetaba como garra, respondiendo friamente.
-Tal vez, algún día, pero no aún.-
Se soltó de la presión del muerto, tratando de no ser brusco y que eso generara enfrentamientos innecesarios. Cuando estaba dandole el dinero al posadero, otro muerto se le acercó.
-Quedate con nosotros, a beber hasta que la muerte se aburra y se emborrache con todos.-
-Gracias, pero tengo un rumbo que seguir.-respondió el guerrero.
-Si has perdido el rumbo, ten en cuenta que llegar a la meta no es tan importante. Lo que interesa es el camino recorrido.-continuó el difunto.
Ichinén asintió, aunque el consejo le parecía fuera de lugar. Más almas en pena se agolpaban cerca adonde el se encontraba.
-Es curioso que aquellos que están vivos, desean muchas veces estar muertos. Como si el más allá fuera mejor.-exclamó el que lo había tomado del brazo y ahora se encontraba a su lado en la barra.
-Los muertos siempre molestan a aquellos que no viven por si mismos y no dejan a otros hacerlo. El cielo no tiene apuro para recibirnos.-agregó el muerto anterior, haciendo que Ichinén mirara de uno a otro, como siguiendo el vuelo de un pájaro.
-Si, muy interesante. He de seguir mi camino.-dijo Ichinén por decir algo, aunque en verdad no estaba muy preocupado por esos consejos vanos.
Intentó volverse y salir por la puerta, pero en el trayecto fue flanqueado por varias siluetas. Todos le decía lo mismo. Preguntaban que lo urgía a irse, pedían que se quedara. Insidiosos y obsecuentes eran sus tonos. Ichinén intentó apartarlos con educación, pero cada vez le estorbaban más y se agitaban más ofuscados.
La tensión fue en crescendo, hasta que los muertos tornaron a ser más violentos.
-Te vas a quedar con nosotros.-le dijo uno, como si fuera uno orden.
Aquello fue más de lo que la paciencia del guerrero llegaba.
-Ustedes no tienen poder sobre mi.-les gritó, logrando apartarlos un poco, formando un semicirculo.
Viendo que, aun a distancia, no parecían con intenciones de dejarle paso, desenvainó a Daimoku.
-Puede que estén muertos, pero la eternidad con un tajo sobre el craneo no debe ser muy agradable. Asi, apartense.-
La imprecación de Ichinén hizo retrasar a los más rezagados del grupo, pero a los que tenía delante, sospechaba que requeriría de métodos más expeditivos. Uno de los muertos avanzó con los brazos delante, intentando sujetarlo. El guerrero le clavó la espada en el mentón y tiró hacia arriba. La cabeza describió un vuelo para atrás, dandose contra las de otros difuntos. Ichinén repartió estocadas a derecha e izquierda, marcando terreno. Los muertos, asustados, fueron retrocediendo. Ellos mostraban autoridad contra quien no se mostraba por encima de ellos. Eran predadores que buscaban presas fáciles. ¿Pero que ocurría cuando encontraban otro depredador más fuerte? Alguien como Ichinén, que les plantaba cara. Muchos ya bajaban la cabeza, en sumisión. Ichinén era como un león entre carroñeros. Muy letales para seres vulnerables, pero cobardes ante una verdadera amenaza.
-Me van a dejar pasar.-les ordenó el guerrero, como determinándolo.
El rey dragón y sus acompañantes se reían discretamente. Ichinén apenas los miró de soslayo. Siguió caminando con la espada en alto, hacia la salida. Ya ninguno se atrevía a acercarse al hombre armado. Con el rostro abajo, como si estuvieran avergonzados. Su ira de hacía unos momentos, parecía haberse disipado. El guerrero no les sacaba los ojos de encima, constantemente vigilante.
Traspasado el umbral, sintió la luz del sol sobre su rostro. Era inconcebible, no entendía como había pasado tanto tiempo. ¿Habría pasado ya toda la noche? ¿O era tan solo una ilusión, producto de la Posada de los Muertos? Se giró sobre si mismo, para observar el local. Solo era una ruina abandonada. No parecía haber sido utilizado en siglos. Ichinén podía deducir que solo durante la noche funcionaba el hechizo o cuando los muertos se sentían fuertes.
-Ojalá que un día encuentren paz, almas torturadas.-musitó él.
Envainando a Daimoku, se lanzó al camino. Ahora, todo tenía otra perspectiva. Las palabras del rey dragón lo habían dejado pensando. Debía encontrar a los tres grandes maestros. ¿Como llegaría al primero? Sin preocuparse demasiado, Ichinén dio la bienvenida al amanecer. El camino se encontraba delante.

6/06/2011

14-La animalidad.

La posada se encontraba en un lugar recóndito, extraño para tales menesteres. A Ichinén no le pareció desfavorable aquello. Tal vez, peculiar, pero no algo negativo. Estaba necesitando hacer un alto en el camino. Ya era de noche, y el lugar parecía, desde afuera, rebosar de actividad. Música y voces se oían en el interior. El guerrero empujó la puerta con poca dificultad. No llegó a leer el cartel que colgaba de un costado del local, aunque seguramente, el nombre del establecimiento no venía al caso para él. La gran mayoría de los clientes se giró a ver quien entraba. Ichinén olió una atmósfera extraña allí, pero no pensaba retroceder. El posadero se encontraba al final de la barra, con cierta mirada torva, mirando como el guerrero se aproximaba.
-Buenas tardes.-saludó Ichinén.
-Buenas noches, querrá decir, aquí no atendemos si no oscureció aún.
-Como desee.-concedió el guerrero.-Quisiera algo para comer y beber, y una habitación, si tiene.-
Escuchó ligeros murmullos luego de decir eso. El posadero se sonrió sardónicamente.
-Aquí no tenemos habitaciones, nuestra gente no la necesita. Solo estamos en este lugar para pasar el rato. Muchos cuentan su vida…-
Una voz profunda interrumpió la alocución del posadero.
-Por lo menos, sírvele algo de comer, se lo merece luego de todo lo que ha pasado.-
Ichinén se giró lentamente y observó hacia el que había hablado. Solo vio ocho figuras en una gran mesa, salón de por medio. Una de ellas terminaba de hacer un gesto, aparentemente, era quien había censurado al dependiente del lugar. En la penumbra no distinguió más que figuras ataviadas con ropajes ampulosos encapuchados, los cuales dificultaban cualquier identificación.
-Se lo agradezco, aunque no estoy seguro de que sepa por cuanto haya yo pasado.-acotó el guerrero con una inclinación de su cabeza.
Esa voz profunda, ahora algo más sibilante, se sintió de nuevo.
-Ichinén es tu nombre, así como Daimoku el de tu espada.-
El guerrero acercó su mano a la mencionada espada, algo en ese hombre lo inquietaba.
El bullicio había disminuido hasta un nivel apenas perceptible.
-Ya que conoce mi nombre, podría decirme el suyo, señor.-
-Acercate Ichinén, Rokuten ha hablado mucho de vos, si que has inquietado al viejo rey demonio.-
La mención de tan nefasto personaje, hizo que todos los músculos del guerrero se tensaran. Apretó los nudillos sobre el pomo de la espada, presto a desenvainarla.
-No te alteres, Ichinén.-lo freno el misterioso personaje.-No soy tu enemigo, no por ahora.-
Una seña del hombre encapuchado a uno de sus compañeros y este se levantó para acercar una novena silla a la mesa en que se encontraban.
-Ven a tomarte tu trago con nosotros. Entre reyes nos entenderemos.-
El posadero apoyo una jarra sobre la barra.
-No soy un rey.-respondió Ichinén con simpleza.
-No por ahora, no en este mundo.-
Palabras intrigantes, no eran del agrado del guerrero, acercarse sin meditar no parecía lo más sensato. Ocho contra uno, se antojaba riesgoso, pero por otro lado, en ese lugar parecía dudoso que fueran a organizar una lucha sin más ni más.
Ichinén tomó su jarra y se dirigió a la mesa.
-¿Estoy hablando con algún demonio servidor de Rokuten?-
-Oh no. No somos demonios.-respondió el encapuchado.-Aunque también somos reyes como Dai Rokuten No Mao, el rey demonio del sexto cielo.-
-Bastante bien lo conozco a él y a sus lacayos.-replicó Ichinén, que con una mirada inquisitiva se hizo comprender.
El encapuchado dio un ligero respingo y se sintió aludido.
-Ah, mi nombre es Shakataura, también me conocen como Sdagara.-
Al decir esto se echó atrás la capucha, sus ojos rasgados fueron lo primero que llamó la atención de Ichinén. Eran como los de un reptil. La luz mortecina los hacía escalofriantes, pero no aparentaba ser una amenaza inmediata.
-Mis compañeros y yo somos los Hachi Dairyuo.-continuó Shakataura.
-Ustedes no son hombres.-agregó el guerrero, sabiendo que era algo sobreentendido.
-Somos los ocho grandes reyes dragones, provenientes de las cataratas de Amagoi.-
Ichinén había oído de tierras lejanas, menciones de estos seres. No eran tan viles como los demonios que había enfrentado en el pasado, pero tampoco eran los mejores compañeros de copas.
-No nos interesa ser tus enemigos, aunque no descarto que nos encontremos en bandos opuestos. Tenemos más en común con los demonios que con ustedes los mortales.-
Ichinén bebió un trago largo antes de responder. El ruido de la posada había vuelto a la normalidad.
-Pero escuchó hablar de mí y me encontró en este lugar.-
-No creas tanto que tu fama te precede, no por ahora al menos. Es solo que Rokuten me habló de vos y me sentí intrigado. Como pronto te darás cuenta, estás en un foco de animalidad. Es por eso que esto entra dentro de nuestro dominio.-
El guerrero no supo que contestar ante eso. Los reyes dragones permanecían impasibles en el interior de sus capuchas, solo relucían sus ojos reptilineos, excepto a Shakataura que estaba al descubierto.
-Saliste del infierno, luego en el desierto pasaste por el dominio del hambre. Ahora este es nuestro reino. Donde yo soy el Estado. Todavía faltan algunos otros.-
-No es mi intención molestar a nadie.-
Shakataura hizo un gesto como restándole importancia a cualquier molestia que le podría ocasionar Ichinén.
-Mi hija Ryunyo, también tuvo que decir al respecto. Ella se convirtió en discípula de uno de los tres grandes maestros. Del primero exactamente.-explicó el rey dragón.
Ichinén asintió, aunque no entendía que relación guardaba eso con él.
-Y esa debe ser tu misión ahora. Buscar al primero de los tres grandes maestros.-
-Es que ya tengo una misión actualmente.-
-Si, ya sabemos de tu búsqueda de Kosen Rufu. Es por eso que mi hija me pidió que te encontrara. Ella vive allí hoy en día. Lo hago como un único favor para ella.-
-No comprende que debe hacer. No sabe quien es.-comentó uno de los otros desde la oscuridad de su traje, la misma voz profunda, pero distinta.
-Por eso mi hija me pidió esto, Ryujin. Para que Ichinén entendiera.-
-¿Qué debo entender para llegar a Kosen Rufu?-
-Que no lo lograrás sin antes encontrar a los tres grandes maestros, aprender de ellos y vivir muchas otras experiencias. Verás, a Kosen Rufu no llegarás por tierra, ni atravesando el mar, ni surcando el aire. No está en este mundo y a la vez lo está.-
-Encontrando a los tres maestros… ¿Sabré como llegar?-
El rey dragón a la izquierda de Shakataura soltó una carcajada, que incomodó a Ichinén.
-No te ofendas por la risa de Yamata-no-orochi, mi colega te considera muy ingenuo como para comprender las implicancias de quien eres.-
-No sabe quien es, como dijo Ryujin.-acotó el de la derecha de Shakataura.
-Kiyo tiene razón en esto, se nota a muchas leguas que no sabés quien sos.-
-Soy Ichinén.-
-Eso es solo una palabra. Pero, ¿Qué significa? Para comprender quien sos, debés sabe de donde vienes, adonde vas y en que lugar estás.-
A Ichinén todo eso le sonaba a puro palabrerío.
-Actualmente estoy en su estado, como bien dijo.-respondió el guerrero.
-Y todavía te queda mucho para llegar al décimo, donde encontrarás al primer maestro. Pero no sabés que lugar es este exactamente, donde estás sentado.-
Ichinén se encogió de hombros y el rey dragón sonrió.
-Esta es la posada de los muertos.-

12/29/2010

13-Corazón de piedra.

En su largo camino por las tierras antiguas hacia Kosen Rufu, Ichinén debió atravesar montañas y valles. El era el guerrero más decidido del universo, su espada magica podia batir cualquier obstáculo. El era, con quién luego se asoció el concepto de determinación. Nada lo podia detener, ni el miedo. Pese a esto, el camino era de por si, dificultoso. Las manos le latían por el esfuerzo de aferrarse a las rocas de donde se sujetaba para ascender. El paisaje no era muy alegre a su alrededor, parecía más bien un páramo inhóspito. Sin gente por donde se mirara, nadie que lo socorriera ante una desgracia. Pero a Ichinén, ni eso ni nada peor lo haría desistir de seguir su camino, en busqueda de Kosen Rufu, su hogar futuro. Las rocas eran muy resbaladizas en ese tramo del camino, debía extremar los cuidados para no perder la vida. Esas montañas se interponían entre él y su tierra soñada.
El camino hacía un descanso en una de las partes más altas de la colina, el guerrero aprovechó ese momento para recuperar el aliento, envainó su espada legendaria, llamada Daímoku. Que entre otras cosas le había servido de estaca para escalar, una de las razones por las cuales la consideraba más una herramienta que un arma. Se dispuso sentarse, aunque fuera en el suelo. No pudo continuar su accíon, un lamento desgarrador lo puso en alerta, una mezcla de llanto y quejido. Era algo bastante aterrador, helaba la sangre, pero Ichinén no se iba a quedar quieto. Intrigado, se encaminó a descubrir al autor de ese sonido. Un pozo se plantaba ante él en medio de la paredes de la cima, en su centro se encontraba una roca de la que provenía el sonido. Las vibraciones que se formaban por el lamento casi podían verse en el aire, en forma de ondas. Como siempre que sentía el sufrimiento de los demás, se acercó al centro del pozo, intentando calmar instintivamente, de alguna manera el dolor de ese ser. La roca tenía forma de corazón.
-No te acerqués, fuera, quien seas, vete!-ordenó una voz en la piedra.
-Solo quiero ayudar, oi que te lamentabas y me acerqué.-contestó Ichinén, con simpleza.
-No quiero que nadie venga. Deseo estar solo.-sentenció la roca.
-Lo siento, no quería pertubarte.-se disculpó el guerrero.-Pero, quisiera saber cual es la causa de tu sufrimiento. No suelo escapar del dolor de otros, no espero empezar ahora.-
El ser de piedra largó un profundo suspiro y respondió:
-Me lamento porque sufro de soledad desde hace milenios. Soy un corazón que se cansó de ser lastimado, por ello me aislé en esta coraza. Pero, la roca me ha rodeado totalmente.-
-No comprendo.-comentó Ichinén, desorientado ante lo ilógico de la situación.-¿Llorás por tu soledad, pero me pedías que te dejara solo?-
-Es que sí estoy solo, nadie me va a lastimar.-respondió la roca con simpleza.
-Seguro que si, si estás solo nadie te lastima. Pero estar solo, ya te daña, así vas a seguir sufriendo.-acotó el heroe con tono contemplativo, aunque severo..-Es necesario que alguna vez te arriesgues y pruebes abrirte a otros. Sino, nunca tendrás la posibilidad de ser feliz. Y eso, es más importante que el ser lastimado unas cuantas veces.-
El corazón se lo pensó unos segundos, un temblor ligero pareció conmover la piedra.
-Es cierto y llevas razón, pero igualmente no puedo salir de aquí.-exclamó el corazón, con cierto pesar.-La roca me traba. He estado tanto tiempo así, que ya no puedo salir de este sitio, yo construí mi propia prisión.-
-Eso no es problema.-informó Ichinén, el guerrero invencible.-Daímoku, mi espada, fue forjada con las fuerzas más positivas de la creación. Su energía es la misma que creó el universo. Por ello, es lo unico que te puede liberar de tu prisión. Solo algo como el amor, lo haría.-
El guerrero levantó su espada sin dudarlo y la blandió en el aire, resonando por doquier. El golpe contra la piedra fue certero y preciso. Una explosión de luz y color surgió de la roca y el corazón se alzó en el aire, libre despues de tanto tiempo. Reluciendo con toda su fuerza vital.
-Gracias guerrero, mil gracias, voy a hacer como dijiste. Es mejor arriesgarse a sufrir, que vivir en una prisión de roca, toda la eternidad.-exclamó el corazón, volando hacia el cielo.
El corazón se encontró con sus pares tiempo después, uniendose a ellos. Y el guerrero continuó su camino, envainando su espada amiga nuevamente, a su tan añorado objetivo.

12/16/2010

12-Itaidoshin.

El despertar fue como una zambullida a la inversa. Volviendo a esta realidad, Ichinén se encontró en una cama. La sabanas suaves y limpias. El guerrero sintio primero el perfume de las flores junto al lecho. Un aroma hermosamente dulzón. Trató de recordar como había llegado allí, pero no lo logró. Su memoria llegaba hasta el desierto, al encuentro con su opuesto. Se encontraba mejor de todos los dolores que sentia superponerse uno al otro en el camino por el desierto. Se incorporó despacio, sopesando la elasticidad en su cuerpo. Buscó a Daimoku con la vista. La espada se encontraba en la pared más cercana a la cabecera de la cama. No sabía cuanto había dormido, pero no sentía casi ninguna molestia. Sus botas se encontraban junto a la cama. El lugar era una cabaña bastante amplia, discreta pero muy pulcra. Una ventana daba a un corral cercano, por lo que la vista no le daba muchas pistas de donde podía encontrarse. Al terminar de vestirse se metió en sus botas y fue hacia la puerta. La misma se abrio antes que el llegara a ella.
-Oh, ya se encuentra despierto.-le respondió una joven que entró muy sonriente, con una bandeja de comida en las manos.
Detrás de ella entró un muchacho de poco menos edad que la joven con implementos para lavarse.
-Aqui tiene para lavarse, y de comer si lo desea.-agregó timidamente el muchacho.
Ichinén asintio y agregó mientras se ceñía la espada a la cintura:
-Se lo agradezco. ¿Donde me encuentro?-
-Bueno, nuestro pueblo se llama "Itaidoshin". Aunque quizás el nombre no le diga mucho.-le respondió la muchacha.-Pero el precursor podrá darle todas las respuestas y explicaciones que necesite. Lo encontrará afuera, junto a la plaza principal. Entre tanto, puede asearse y comer un poco.-
Ambos salieron al unisono, dejando a Ichinén junto al cuenco con agua y la comida. Se lavó, probó algunos bocados, lo cual le resultó muy grato y salio de la habitación. En el otro cuarto, una mujer mayor cocinaba mientras la muchacha lavaba alguno enseres en una fuente de madera. Un niño de pocos años jugaba en el suelo.
-Bienvenido señor. El precursor lo espera siguiendo por esta calle. Si no encuentra la plaza principal, por allí le sabrán indicar.-
La mujer le dio algunas otras indicaciones para orientarse y encontrar el lugar. Ichinén agradeció y salió de la cabaña, observando como seguían trabajando. La calle del pueblo le llamó aun más la atención que lo que había visto dentro de la cabaña. Todos parecian ocupados en algo, todos iban y venian por algún quehacer. Esto no era muy distinto a cualquier pueblo o ciudad que Ichinén hubiera visitado antes. Pero este pueblo, Itaidoshin, era diferente en un aspecto muy crucial. Nada parecía fuera de lugar allí, no había el caos que reina en el movimiento normal de las personas. No había apuro, solo rapida coordinación. No se chocaban, o interponían sobre los demás. Esto le pareció a Ichinén, algo muy sutil. Solo alguien que hubiera visto grandes urbes entendería lo que una multitud en las calles es capaz de hacer. No había desorden, las calles reboasaban de actividad, pero aun así se encontraban extremadamente limpias. Un infimo hecho le atrajo poderosamente la atención. Un hombre llevaba un caballo por una de las calles de tierra, mientras que otros detrás utlizaba una herramienta en forma de rodillo para aplanar todas las huellas dejadas por ese y otros animales. Se distrajo con ese y otros pequeños detalles, hasta que se dio cuenta que había perdido el camino indicado por la mujer. Volviendo sobre sus pasos se cruzó con dos hombres, se acercó a ellos buscando orientación.
-¿Busca la plaza principal?-le preguntó uno de ellos.
-La encontrará siguiendo por este tramo y doblando a su izquierda.-le indicó el otro señalando los lugares.
El guerrero les agradeció, no sin sorprenderse de que ellos supieran que buscaba antes de pedirselo. Con esos consejos llegó finalmente a la plaza principal. Ante el se presentaba otro ejemplo de la coordinación de ese misterioso pueblo. Un hombre mayor se encontraba de pie sujetando lo que parecia un monolito, pero con diversas divisiones. Otros hombres más jóvenes y fuertes lo enderezaban para plantarlo sobre una base en el terreno. Ichinén se acercó hasta allí, seguro de haber encontrado al mencionado precursor.
El hombre se dio vuelta antes que el guerrero llegara hasta el lugar, sonriendolo.
-Ya despertó. ¿Se encuentra mejor?-
-Si, gracias. Aunque quisiera saber como llegué hasta aquí.-
-Unos mercaderes que venian a nuestro pueblo te encontraron agotado de sed, te cuidamos y dormiste por tres dias enteros.-
-¿Tanto? Fue un alivio que alguien pasara por allí.-
-Si, buena fortuna. Es peligroso el desierto, aun cuando estés buscando la tierra de Kosen Rufu.-
El guerrero se sorprendió como no había hecho hasta ese momento.
-¿Es que todos ustedes son capaces de adivinar el pensamiento?-
El hombre sonrió, mirando de nuevo hacia el monolito.
-No, es que eso murmurabas en tus noches de delirio febril. Estás en busca de la muerte de Kosen Rufu.-
-Así es, aunque un demonio intenta hacerme perder el camino.-
Ichinén le relató sus andanzas desde el mercado y la historia del anciano, los demonios, hasta el encuentro con su opuesto.
-Has encontrado algo de Kosen Rufu aquí. Nosotros somos una colonia lejana de esa tierra. Fundamos este pueblo hace ya tiempo. Lamentablemente, como te dije, esta es una colonia lejana. Ese demonio te trato de alejar el maximo posible. Aunque hay algo que el no sabe, eso juega a tu favor.-
-¿Que es lo que no sabe?-
- Que Kosen Rufu, no está ni tan lejos de ningún lado ni tan cerca. Aquellos que creen estar cerca, puede que sean quienes más se alejan. Y aquellos que creen estar lejos suelen pasar cerca de allí.
La afirmación sorprendió a Ichinén, dejandolo pensando.
-Le quiero preguntar algo. He visto como se manejan todos y no puedo evitar pensar...-
-Itaidoshin significa,-interrumpió el hombre.-"muchos cuerpos, una sola mente. Es lo que te ha llamado la atención.-
-Si, la armonía. ¿Quiere decir esto que usted es el lider de esta comunidad?-
-Soy el más viejo, con más experiencia vivida, pero no soy el que lidera como así lo entiendes.-
-¿Son como una colmena de abejas?-
-Supongo que me preguntas si somos parte de un mismo ente. No, somos individuos, pero compartimos el mismo proposito como entes diferentes que somos. Itaidoshin, solo se debe tomar en sentido metafórico. En la capital de Kosen Rufu existe en escala mayor lo mismo que ves aquí.-
Ichinén se pensó todo aquello. La imagen de una inmensa ciudad, en la misma coordinación y armonia que ese pueblo, que tan siquiera era una muestra de algo más grande; lo hacía estremecerse de una forma que no llegaba a comprender. Mientras quedó pensativo, descubrió algo que lo sorprendió más que nada desde que había llegado a ese pueblo. A lo largo de la extensión del monolito se leía una inscripción, la misma que llevaba la hoja de su espada. Nam myoho rengue kyo.
-Esto es increible.-exclamó acercandose para ver más de cerca el monumento.
-Lo llamamos "La torre de los tesoros".-explicó el precursor.-Es un tributo a cada uno de los que han trabajado en beneficio de los demás, y a la vez representa la ley universal. Como pronto descubrirás, uno y el otro son lo mismo, bajo cierto punto de vista.-
El hombre lo observaba con una mirada inquietante, mientras Ichinén volteaba una y otra vez del monumento al hombre.
-La misma inscripción de mi espada. Que representa el sonido que hace al blandirla.-
-El sonido del universo, la ley de todas las causas y efectos de todos los mundos.-
-Entonces...¿Significa que la espada proviene de Kosen Rufu?-
El hombre sonrió, aquello parecía hacerle gracia.
-No tanto, la ley existe antes que nuestra comunidad, pero nosotros mismos no somos tan novedosos. Pero dices bien, la espada pertenece allí, es su verdadero lugar. Por eso es que tu misión es llegar a Kosen Rufu, hasta su capital, Soka Gakkai.-
-Pero es una misión que yo mismo me puse.-
-¿En verdad es así? O es solo la simultaneidad de la causa y el efecto. ¿Que fue primero? ¿Tu decisión o tu misión? ¿Tenías ya esa misión o lo decidiste luego? No puedo asegurarlo. No soy uno de nuestros sabios después de todo. Por eso es que perteneces a nuestra tierra, por ello debes llegar a ella.-
-Se que tengo que llegar... De alguna forma.-
-No tenés, debés. Es tu misión. Cada ser vivo, y quizás hasta no vivo, tiene una misión. Una función a desempeñar en parte, un objetivo a cumplir. El tuyo es ese. Quizás lo más importante que hagas nunca.-
-¿Incluso más que combatir al demonio del sexto cielo?-
-Hacer eso y encontrar Kosen Rufu quizás una misma cosa. No te lo puedo jurar. Solo te digo lo que sé.-
Una determinación renovada crecía en el interior del guerrero. Una fuerza ya conocida inundaba cada uno de sus miembros.
-Debo partir de inmediato.-manifestó con firmeza Ichinén.
El precursor solo asintió y le indicó con la mano que caminaran juntos. Mientras iban buscando la salida del pueblo, gente desde todos los caminos transversales se les fue uniendo. Poco antes de pasar la última vivienda, una multitud inmensa los seguía. El precursor se detuvo lentamente, junto la casa limitrofe del poblado.
-Tu camino sigue por aquí, Ichinén. Las maravillas que verás y vivirás son indescriptibles. El camino será dificil, arduo, quizás te parezca imposible. Pero lo importante es que no cejes en tu empeño.-
-No lo haré.-aseguró el guerrero.
Se lanzó a caminar, solo con su espada. Mirando hacia atrás, el pueblo entero de Itaidoshin lo había acompañado a despedirlo. Algunos cientos de metros, llegando a la base de una colina, giro sobre sus talones. Levanta una mano en señal de despedida, como una sola persona pero en formas distintas, los habitantes hicieron lo mismo. Avanzo por el camino, internandose entre los arboles de la ladera, camino a Kosen Rufu. Pero siempre en su corazón, algo había quedado de ese pueblo, Itaidoshin.

9/20/2004

11-El opuesto.

Pasado el tiempo, Ichinén continuó su camino por el desierto, siendo incordiado por Rokuten de mil formas distintas. El corazón del guerrero era atacado por todos los flancos. Bajando por entre unas piedras se le rompió una bota. El dolor que le causaba caminar, el pisar sobre la arena ardiente, le hacia oír la risa del demonio del sexto cielo. También tuvo otra perdida, tiempo después, la ultima ración de comida le fue robada por una alimaña. Y ahora como sigo? Se pregunto el. Pese a eso, siguió.
-Si esto es lo mejor que podes mandarme Rokuten, estas muy lejos siquiera de hacerme algo, ni hablemos de vencerme.-desafió el guerrero.
Pero Rokuten continuo atacándolo con pequeñas cosas, podría matarlo si así lo deseaba, pero debía quebrarlo primero. No volvía a encontrar agua, y mucho menos comida. Ichinén se dominaba para no dejarse vencer y sucumbir al delirio. Todo lo que había ido dejando por el camino, incluso quizás parte de el mismo, seguramente de su fortaleza; sentía que lo dejaba vacío y sin razón de existir.
Caminando, con las pocas fuerzas que le quedaban, vio venir una silueta hacia el. A medida que se le fue acercando descubrió que era un reflejo de si mismo, un doble. En principio, lo creyó una alucinación.
-Quien sos? Una treta de Rokuten?-pregunto el, tomando la empuñadura de su espada.
El otro hizo lo mismo, como si fuera un espejo.
-Soy vos, o mejor dicho, tu opuesto.-respondió el idéntico.
-Vos no podes ser yo.-
-Soy el opuesto que abandonaste en el fondo del infierno, soy tu lado oscuro, tu negatividad.-
-Yo soy Ichinén, no tengo negatividad.-
-Soy como Rokuten, la negatividad inherente.-
-Yo no soy como el.-
-Yo soy como el, soy el opuesto, el Ichinén negativo.-
-No puede existir un Ichinén negativo.-replico el guerrero, chocando espadas con su doble.-Cuando yo decido hacer algo, lo hago. La negatividad es la que te impide decidir, la que te genera dudas.-
-También existe la que decide que no lograras algo, la parte que ya anticipa el fracaso de antemano. Ese es el Ichinén negativo. Y es el que te dice en tu corazón que no saldrás del desierto si no te aceptas como sos, aun a mi.-
-Mentira!!!!-
Con furia el guerrero peleo contra su doble, pero irónica y obviamente, aquello era como pelear con el reflejo de uno en un espejo. Ambos hacían los mismos movimientos, atacaban y defendían por el mismo lado. Viendo que nada conseguiría, Ichinén bajó la espada.
-Es verdad.-dijo el guerrero y se abrazó con su otro yo.
El otro se fundió con el y el guerrero acepto su lado oscuro. Después de todo, uno siempre lidia con su lado oscuro.

9/16/2004

10-El hambre

El desierto era todo desolación. Ichinén caminaba por la arena con paso resuelto pero el cansancio hacia mella en el. Momento a momento luchaba por seguir adelante. Extrañaba un buen plato de comida, cosas que antes no había tomado tan en cuenta. Pero la sed era quizás lo mas difícil de sobrellevar. El guerrero se sentía solo y con cada vez menos esperanza. Con el correr de los días, las pocas provisiones que tenía se le iban agotando. No encontraba agua por ningún lado, para empeorar su situación. El desierto parecía interminable, unas pocas raíces y minúsculos insectos eran su única forma de subsistencia. Debido al calor, la falta de líquido y la vana esperanza, Rokuten se vislumbraba por momentos, El demonio aparecía como una alucinación para forzarlo a rendirse. Las necesidades que paso no se pueden evaluar de forma clara, cualquier apreciación quedaría corta.
En un momento cayo de rodillas, agotado de cansancio, sin aire y con una sed profunda. Pero lo que lo estaba venciendo era el hambre. No el hambre de comida solamente, era algo mas profundo. Un ansia que surgía de su interior. Era el hambre, el ansia, en todos sus sentidos. Necesidad de comer, de beber, de socializar y estar con alguien. En algún lugar del reino de los 33 deseos, Rokuten reía de gozo ante el dilema del guerrero. Ichinén aparto todo eso de su mente y su corazón, sabia que el demonio solo lo hacia para apartarlo de su objetivo. Otro mal se cernía sobre Ichinén, estando solo y con mucho tiempo libre, pensaba. Pensaba tanto que se sentía mareado en ocasiones. Enigmas aun sin resolver. Que era ese Mandala que había mencionado Rokuten? Como era que lo había protegido? Por que todas las veces, Rokuten la tenia contra el? Por que se veía a si mismo tan similar a Rokuten? Donde estaban todas las deidades que no lo ayudaban? Llegado a este punto, Ichinén se detuvo. Recordó palabras del viejo: "Por que debo estar siempre asistiéndote? Querés que haga las cosas por vos? No te parece que esa sobreprotección te impediría crecer?"
El guerrero medito sobre ello, no había recordado eso ya que en su momento no lo había entendido. Ahora si comprendía bien, tenía que ejercer su autonomía. Volvió a caminar, y por días siguió su andar. Muerto de sed, ya en el borde del delirio, clamo al viejo.
-Esto no me corresponde a mí, hago todo lo que esta en mi mano. Solo dame un camino y lo seguiré. Pero el que ya tengo delante mío, no puedo seguirlo así o moriré de sed. Tengo que encontrar agua para salir de este desierto y llegar a Kosen Rufu!-
La amonestación de Ichinén tuvo como respuesta una voz susurrante que parecía de mujer.
-Esta buscando en el lugar equivocado. Cave bajo sus pies, y allí encontrara un manantial.-
Ichinén desenvaino a Daimoku y usándola como pala, hizo un pozo en la arena. Donde antes habían estado sus pies, encontró arena húmeda, a centímetros debajo de la superficie. Eso era un claro signo que allí había agua, pero aun le faltaba llegar a ella. Con más fuerza y rapidez, siguió agrandando el pozo, del cual broto agua en borbotones. Un pozo bastante grande, lleno de agua muy clara se aparecía ante el. Hundió la cabeza en el sitio del agua y se sacio la sed que llevaba. Cargo su odre y lavo sus ropas. Luego se baño el mismo, descanso hasta la noche. En su reino, Rokuten no se mostraba muy contento por lo ocurrido.
-No importa Ichinén, aun te falta la mitad del camino.-se contento el demonio.
En el desierto, Ichinén reemprendía resuelto su camino hacia afuera del desierto.
-Gracias por mostrarme la puerta, ahora soy yo el que debe cruzarla.-
El guerrero camino sin dudar, aun le faltaba un mes y medio mas, en ese inmenso desierto del hambre.

9-Tenyi-Ma

El demonio del sexto cielo había encontrado a Ichinén en el desierto, en la noche más oscura. Alegando muchas cosas que el guerrero desconocía, incluso que habían tenido un encuentro previo a ese.
-Que?-se pregunto Ichinén.
-Ja, el infierno fue mucho para vos, no recordás nada de ello.-se mofo Rokuten.
Ichinén busco en sus recuerdos, pero el trauma ocasionado era grave. De pronto, lo vio, Rokuten frente a el como ahora. "Tu vida ha sido así y siempre será así. Por que no morís y te evitas mas sufrimientos?", le había dicho el demonio tendiéndole un arma. Ichinén había declinado la oferta y apartado la mano del demonio.
Ichinén volvió al momento actual y se puso firme ante el demonio al que enfrentaba.
-Ya antes te enfrente, lo haré de nuevo.-
-No tenés lo que hace falta, yo soy la oscuridad fundamental. Soy el caos del universo, el lado oscuro, la negatividad en si misma, soy Rokuten.-
El viento se desato en el desierto, subiendo en ferocidad. Ichinén clavo su espada en el suelo y se aferro a ella, para evitar que se lo llevaran los vientos. Rokuten se mantenía en su lugar, esperando. Al ver que el guerrero resistía, freno el aire y acrecentó la fogata hacia el guerrero. Como por reflejo, Ichinén sujeto la espada por delante, como si fuera un escudo. Aun sin saber si eso resultaría efectivo contra las llamas.
Delante del guerrero se formo un rectángulo de luz con ciertas inscripciones que lograba ver bien, pero de alguna manera las entendía.
-Trajiste el mandala.-musito Rokuten.
-El mandala?-se pregunto a su vez el guerrero.
-No ha aparecido hasta ahora...-al decir esto, Rokuten se detuvo turbado.-Ya dije demasiado.-
-Voy a vencerte, Rokuten.-
-No podes vencerme, Ichinén. Nosotros la matamos en vida, la vencimos y capturamos. Hubieras ido al infierno por ella y eso fue lo que ocurrió. Fue muy fácil, te trajimos con nosotros. Aunque encontraste "la" espada, no te servirá.-
Partes de lo que decía Rokuten, que Ichinén no recordaba, iban volviendo a su memoria. El amor perdido, el infierno que no había visto, recordó mucho aun sabiendo que no era todo. Quizás ninguna mente podría soportar ver todo eso, pero si el corazón. La leyenda no relata mucho de todo eso, en algunos relatos existen menciones esporádicas. Ichinén se dedico a sentir con todo su corazón, para repeler el embate del demonio. El guerrero bajo la espada y hablo al demonio.
-Gracias Rokuten.-
-Gracias? Por que me das las gracias? Voy a destruirte y me das las gracias?-
-Me hiciste recordar, aunque eso duele, pero ahora estoy mas completo que antes.-
Rokuten demostró toda su furia, haciendo que cayeran rayos desde el cielo.
-No debías tener esa espada, nunca debiste encontrarla y usarla.-rugió Rokuten.
El viento, la lluvia, piedras de los cielos, el demonio lanzo todo contra el guerrero. Pero con la espada en la mano y la ayuda del misterioso mandala, lograba resistir. Según la leyenda, la batalla duro por el resto de la noche, varias horas. La estrategia de Rokuten se centro en separar al guerrero de su espada, específicamente.
El guerrero voló por el aire y perdió el equilibrio, soltando la espada sin querer. Rokuten detuvo sus ataques al ver que había logrado su objetivo.
-Ja ja, te engañe con esta mísera forma mortal. Sabes tan poco de nosotros. No sabias que puedo adoptar muchas formas?-
Ichinén busco su espada, se la había sacado el demonio, ayudado por la tormenta.
-Que es un guerrero sin espada?-
Ichinén domino su impulso de perder el control. Simplemente sintió en su corazón, que su espada Daimoku y el eran uno. Debía encontrarla, estaba en algún lugar. No podía ocurrir que la perdiera o se la quitaran, no era factible. Rokuten se acerco, burlándose. Ichinén cerro los ojos y tomo la espada de la misma vaina de siempre. Sin pensarlo, solo sintiendo que estaba allí. Y Daimoku "siempre" estuvo ahí. Por ello no era posible que la espada dejara al guerrero.
La desenvaino y clavo en el pecho de Rokuten, el demonio rugió de un dolor indecible. Su forma empezó a deshacerse, la cabeza se le partió en siete pedazos. Con el poco poder que le quedaba llevo a Ichinén al medio del desierto y lo dejo allí, abandonado a su suerte.
-Y ahora que, Ichinén? Estas en el medio del desierto, morirás antes cruzarlo. Y crees que me venciste? Esto no ha terminado, recién empieza.-
Ya amanecía, Ichinén hablo al aire y la arena, que era lo único que había allí del espíritu de Rokuten en su forma más etérea.
-Gracias de nuevo Rokuten, tenia que atravesar el desierto igualmente, aunque yo hubiera elegido otra ruta y me hubiera preparado mejor antes de internarme en el.-
El demonio se revolvió de furia ante el atrevimiento del guerrero, pero Ichinén lo decía sinceramente.
-El hambre y la desesperación te van a vencer, Ichinén. Vas a morir, nunca vas a salir, te lo aseguro.-resonó la voz hueca del espíritu de Rokuten.
Todo rastro de la presencia del demonio desapareció. El guerrero recogió sus pocas pertenencias. No tenia muchos alimentos, no tenia agua, no tenia seguridad de salir vivo de eso. Tampoco es que tuviera mucha esperanza, pero tenia toda la decisión. Despacio, cargo todo sobre su espalda y con suma calma, comenzó a andar en pos del horizonte.
-Kosen Rufu, estoy en camino, pero primero este desierto.-se dijo Ichinén.
El guerrero se alejo por detrás de una duna, adelante, siempre adelante.