7/21/2020

67-Doble Dragón.

Reproducirse y prolongar la estirpe, es quizás el deseo de todas las especies que habitan el universo. Si, hasta un virus intenta eso de reproducirse, aunque sea destruyendo y a costa de otros. Los parásitos también, incluso los seres humanos. Eso es lo que el rey demonio del sexto cielo, ha querido cortar. La constante reproducción de la vida. Rokuten odia la vida, odia todo lo que representa lo positivo. No por nada se lo identifica con la negatividad. Y es parte de sus planes arruinan la progenie de los dragones, aunque tenga alguna de esas mismas criaturas a su servicio. Esta acción maligna del rey demonio, es lo que llevó a la dragona Byakko, a vengarse de los humanos que habían destruido sus huevos sin nacer. Ya fuera por instigación de Rokuten, o bien por estupidez propia, el marqués de Alstroemeria se había granjeado un enemigo peligroso. Si hay algo peor que un dragón, es una dragona que reclama justicia por sus crías. El citado marqués, huyendo como el más miserable de los cobardes, tiró la piedra y escondió la mano. O más bien, todo su cuerpo. Después de darse un festín con los huevos draconiles, escapó de Caerleon para no volver más y eso desata la división que ya estaba al caer, con su consecuente guerra civil. 
Ichinén contempla como Seiryu se encarama frente a Byakko. Aunque desconoce los rituales y costumbres de apareamiento de los dragones, sabe que deberá apartarse lo más rápido posible y a todos los humanos de las cercanías. El dragón azul se trenzó en lo que parecía una lucha a muerte con su congénere. El guerrero oró por dentro, esperando lo mejor y que aquello no fuera una solución violenta, para una criatura que había sido tratada injustamente. 
-¿Ha perdido la cabeza?-le recriminó la dama blanca, al tenerlo cerca.-No solo tenemos problemas con un dragón, ahora hay dos de ellos. Creo que ni el marqués podría haberla complicado más, ni adrede.-
Ichinén no respondió, sabiendo que su apresurado plan tenía grandes fallas. Si Seiryu no aplacaba la furia de Byakko, bien podían terminar matándose mutuamente. O en el peor de los casos, tener que enfrentar a una dragona herida por la lucha. Rezaba porque eso no fuera necesario, con todas sus fuerzas.
Dos horas duró el “ritual”, por llamarlo de alguna manera. Después de eso, un completo silencio, nada. Era tal la quietud, que hasta miedo daba. Ichinén y los suyos no se quedaron quietos, ayudaron a los heridos, colaboraron con la reconstrucción. Finalmente, una sombra se dejó ver en el cielo del atardecer. El pánico se propagó con rapidez, alrededor del primer hombre que lo había avistado.
-El dragón regresa!-
Ichinén recitó una oración por dentro. Seiryu planeó con toda gracia hasta aterrizar a su lado. 
-Algo positivo se puede decir que salió de conocerte, Ichinén.-le comentó el dragón azul como si hablara del clima o del cielo.-Nuestra especie se encontraba en peligro. Y los que sobrevivimos no siempre son los más amigables.-
-¿Podemos contar a Byakko entre los amigos?-inquirió el guerrero.
El inmenso ser soltó una carcajada que hizo estremecer a todos, incluyendo las paredes cercanas.
-Si, de una, ni lo dudes, chiquilín. ¿Quién diría que el protegido del iluminado, maestro de mi madre, sería la salvación para nosotros? Eso no lo vi venir.-
Se despidieron en términos cordiales, y con un gran suspiro de los presentes. La dama blanca había atestiguado muchos hechos, durante el antiguo reino de Mitjaval, durante el Caos, lo que vino luego; pero nunca algo como aquello. Y lo siguiente, fue aún más sorprendente. Ichinén se giró al duque de Barberis y a Madame De La Cross, parecía querer decirles algo, pero un tumulto de gente se lo impidió. Una multitud salida de ningún lado, o quizás de debajo de las baldosas; se abalanzó sobre Ichinén. Mujeres, hombres, niños y algunos ancianos; todos querían alcanzar al guerrero Ichinén. Lo abrazaban, lo besaban, lo tironeaban; todos querían una parte de él, como llevarse el poder que había conseguido para lidiar con dos dragones. Lo vitorearon y alzaron en andas. Si alguna duda quedaba sobre quien era el duque de Menkalinam, o que pasaría con esas acusaciones y rumores; la voz del pueblo lo había corrido a un costado. El guerrero se sintió conmocionado, no sabiendo como reaccionar. Elintari lo miraba arrobada y sus ojos se cruzaron. Ichinén confirmó que sus intuiciones eran correctas. La guerrera elfa albergaba más sentimientos por él, de lo que había sido expresado hasta el momento. Johan y el resto del grupo se sumaron a avivar la arenga, en tanto un aburrido Teban, se recostó a la sombra de un balcón. 
Todo cambió en un par de días. Ichinén pasó de ser un extraño y desconocido duque de otra tierra, a ser el amigo de todos. El crush de todas las jóvenes, el colega de todos los jóvenes, el vecino que siempre había estado ahí. Aunque esto claramente nunca había sido así. El guerrero no recordaba haber llegado tan al norte en los viajes con su padre, o incluso solo. La Dama Blanca escuchó la historia de como Sybilla de Taranis tenía un plan para trasladarse a Kosen Rufu, como la Reina Victoria de esa tierra recibiría a todos los que solicitaran asilo y como el rey demonio pensaba destruir lo que no pudiera esclavizar. 
-Si lo que dice es cierto, isla Kerkyra, el archipiélago orco, Galja; todas esas tierras han sido destruidas.-comentó el duque de Barberis, a la derecha de la dama blanca.
Se encontraba en el mismo salón que días antes habían acusado a Ichinén, basándose en los rumores y mentiras del cobarde marqués de Alstroemeria.
-Galja fue atacada, pero su pueblo vive, aunque hayamos sufrido cuantiosas bajas, incluido nuestro soberano.-salió al cruce Elintari.
-Entiendo, querida señora.-intervino Madame de la Cross.-No dudo que su plan sea la mejor opción a quedarse y morir, pero… ¿Es viable o cierta?-
-No lo sé del todo, le soy honesto, milady.-respondió Ichinén.-Quiero creer que es verdad, o que podemos volverlo real. Llegar a Kosen Rufu y poner a toda nuestra gente a salvo. También he visto otras opciones. Entre las más improbables se encuentra la de quedar y luchar contra el rey demonio del sexto cielo. Aun no la descarto, pero he presenciado el mal que puede desatar.-
-¿Y es por eso que se encuentra paseando por el continente?-lo pinchó Barberis, clavándole la mirada.
-Muchos confunden mi estado de reposo o mis maniobras con un divagar sin sentido. Pero confunde lo aparente con lo real. Soy como una estrella fugaz una vez que tiene una misión. Solo con tener un objetivo delante y que no se entrometa nada o me lo llevo puesto. Al igual que una flecha, no se la puede detener en pleno vuelo. He buscado que me escuchen hasta en Desertus, lo cual no sirvió de mucho. Pero Astur se cuenta entre los que apoyan la unidad del continente entero para enfrentar esta amenaza.-
-¿Planea hace un gran reino que se mude a esa tierra de Kosen Rufu?-lo interrogó otro noble.
-Me parece que eso debemos debatirlo entre todos, lo primero es enfrentar la amenaza de Rokuten; luego decidiremos si nos vamos o nos quedamos.-
Ichinén tenía serias dudas que la mejor opción para todos ellos fuera seguirlo hasta su destino final. Si este fin, no era Kosen Rufu, bien podía significar la muerte. El debate terminaría en tablas, nada se podía resolver hasta no informar a otros reinos. Madame de la Cross, acordó enviar emisarios a Gaia y a las tierras del Meridional, para ganar tiempo. Ichinén quedaba en la penosa tarea de encargarse su propia tierra y el reino vecino del norte, Antumbra. La comitiva de Ichinén permaneció una semana más, luego de la partida de los emisarios enviados de la dama blanca. Fue Teban quien enfrentó a Ichinén, el gato tenía una lengua rasposa pero ningún pelo en ella, para decirle lo que era necesario.
-¿Hasta cuándo vas a dilatar la partida a Azaláys? Hace tres días que te informé que encontré un portal que nos llevaría a todos a Menkalinam, en Azaláys. Solo necesito algunos colegas felinos y de esos sobran aquí.- 
El guerrero torció el gesto y asintió con desgano.
-Tenés razón, como siempre, Teban. No he querido hacerlo en el principio del viaje y ahora al final me está costando. ¿Si tuvieras que ver la destrucción completa de tu hogar, lo harías sin darle largas?-
-Los gatos no nos hacemos tantas preguntas como los humanos.-
-Busca a tus compañeros gatos, tenemos que partir antes de anochecer, o en Azaláys será aún más tarde.-
El guerrero se quedó a solas, hasta que la dama blanca lo encontró, enterada de la pronta partida.
-Milord, creo que no podremos agradecerle lo suficiente por haber salvado a la ciudad, al reino, a la gente.-
-No se preocupe, mi querida señora. Esta empresa que hemos iniciado, puede que sea una oportunidad para devolver muchos favores y antes que termine puede que nos salvemos más de una vez, unos a otros.-
-Le voy a pedir que le permita al duque de Barberis que lo acompañe. Es un hombre grande y duro de cambiar de opinión, aún tiene ciertas dudas, pero he visto como cree más en usted que apenas de conocerlo.-
-No le prometo grandes comodidades donde vamos, ni lujos.-
-No tenemos de esos hace mucho en este reino, la banalidad se la dejamos al usurpador en Mitjaval.-
-Le prometo, mi señora. Que antes de tener que enfrentar a todas las huestes de Rokuten y luego de acordar con todos los reinos, voy a arreglar cuentas con el usurpador. Y si eso la convierte en la próxima soberana de Mitjaval, que lo sea.-
La duquesa rio sonoramente.
-Aún recuerdo su caballerosidad, que viene desde niño.-
El guerrero no entendió en principio, pero luego recordó el encuentro con lady Engel y como le había relatado el incidente en el banquete.
-¿Creía que no lo recordaba o que no lo había reconocido? Espero que esta vez no manche la mantelería.-comentó en broma la duquesa de Altahea.
-Temo que eso pueda ser una nimiedad, comparado con lo que deberemos enfrentar.-replicó Ichinén, con semblante un poco más sombrío que al empezar a hablar.

5/31/2020

66-Cuenta regresiva para la extinción.


Caos. Pánico. Nada se esparce más rápido, ni siquiera el más virulento de los incendios. El suelo tiembla con cada salto de la bestia, el viento se incrementa con cada movimiento del gigantesco ser. Un dragón volaba alrededor del castillo y el pueblo de Caerleon, capital ahora del reino homónimo. Ichinén esperaba poder apelar a su sentencia y empuñar alguna ley del reino, aunque quizás eso tampoco funcionara. Lo que no imaginó es que un dragón vendría a truncar el proceso legal. Y no es que aquello lo beneficiara o lo salvara. Quizás lo ponía en peor situación.
La gente corre, queriendo dejar el pueblo. Las mujeres gritan y los hombres enmudecen, pero no se sabe cual está más asustado. El fuego se aviva por donde pasa el dragón. En plena confusión, Ichinén y sus compañeros se sueltan de sus guardias.
-Vamos, donde estén los caballos y dejemos este pueblo, mientras el dragón los mantiene distraídos.-grita Johan, agarrando a Teban por la panza gatuna.
Ichinén no tiene pensado ponerse a discutir, pero en ese momento, ve el dragón acercarse en el aire. La dama de La Cross se encuentra dando indicaciones a unos guardias.
-Es raro que un dragón ataque sin razón, menos una población tan grande. A menos que trabaje para Rokuten, lo cual dudo. Solo dos dragones están al servicio, y no son blancos como ese.-comentó Malcolm como si aquello no fuera una situación de peligro mortal.
El guerrero lo miró de forma extraña pero no le respondió. Estaba más preocupado por salir de ese lugar, con vida y enteros, dentro de lo posible. La duquesa de Altahea no veía al dragón girando directamente hacia su posición.
-Mi señora!-gritó Ichinén por entre el estruendo ensordecedor del viento y la destrucción, pero fue en vano.
Sin pensarlo, se lanzó a correr, orando porque sus piernas fueran más rápidas de lo que en verdad eran. El gran dragón blanco abría sus fauces para escupir su infierno, Ichinén lo vio apenas en un atisbo y se tiró de cabeza para empujar a la duquesa dentro de la arcada de un edificio. La mujer y el guerrero rodaron por sobre el embaldosado del umbral. Madame de La Cross soltó un quejido de sorpresa y luego uno de asombro. De haber estado ahí, el fuego la hubiera derretido.
-Disculpe, madame. Pero mejor magullada que rostizada.-
-Se lo agradezco, milord Ichinén.-
El guerrero la ayudó a levantarse.
-Con cuidado, puede haberse golpeado fuerte, lamento mi brusquedad pero era necesaria.-
-No se preocupe.-le respondió la duquesa.-Debo dirigir la evacuación del castillo y el poblado.-
-Supongo que ya no hay que debatir como me querrán ejecutar. Puede que nadie quede vivo para hacerlo.-ironizó el duque de Menkalinam.
La calle era un reguero volcánico, pero dando un rodeo, Malcolm los alcanzó. Al verlo llegar, Ichinén recordó su comentario previo.
-¿Qué ocurre con este dragón, señora? ¿Por qué los ataca?-
-Su amigo que también lo quiso asesinar, el marqués.-
-¿Qué hay con él?-replicó Ichinén, sin entender.
-Él es el responsable.-respondió la mujer.-Destruyó los dos huevos de esa dragona. Para comer, lo que se considera un manjar exótico, alas de dragón. Y ahora, Byakko viene a vengarse.-
-¿Por un almuerzo enojó a un dragón?-
-Lo hizo la última vez que visitó Caerleon, en los incesantes debates por ver quien gobernaba el reino. Una vez que la dragona vino a exigir justicia, el marqués se desvaneció y nos dejó a nuestra suerte. Y ella sigue viniendo por la retribución.-
-El marqués parece querer ganar en la competencia al más idiota.-
-Y al más cobarde también, milord.-respondió la dama blanca.
El duque de Barberis y otros soldados se acercaron hasta donde Madame de La Cross hablaba con el guerrero. Malcolm le hizo una seña, para escapar en la confusión. A lo que Ichinén meneó la cabeza. El compañero no lo comprendía.
-Buscá a Johan, necesito hablar con Teban.-
-¿El gato? ¿Qué pasa con él?-replicó Malcolm.
-Solo tráiganlo.-
Madame de La Cross tampoco se imaginaba para que necesitaba al gato y menos hablar con él. Por un segundo, creyó que Ichinén estaba simplemente loco, pero no tuvo mucho más tiempo para pensarlo. El duque de Barberis le daba un reporte de la situación, la cual no era buena para nada.
-¿Va a dejarlo ir así como así?-
-Olvídelo, Barberis.-respondió la dama blanca.-Ya tenemos bastante con el dragón, no creo que nos interese un intruso, que en verdad no nos hizo nada directamente.-
Ichinén encontró finalmente al gato, y le dio ciertas indicaciones.
-¿Abusaste del vino en el castillo? ¿O es que te golpearon muy fuerte la cabeza? ¿Cómo esperás que logre eso?-exclamó el gato, abriendo grandes los ojos.
-Sabes dónde ir, solo tenés que decirme si es posible.-
-Me puede tomar un día…-
-Tenés hasta el alba.-sentenció Ichinén.
El gato se bajó de los brazos de Johan y salió corriendo, maullando de bronca por lo bajo.
-¿Dónde va?-inquirió el músico pero Ichinén ya estaba corriendo.
Johan lo siguió, pero entre el humo y la gente lo perdía con facilidad. Cuando lo pudo ver, Ichinén estaba acercándose al duque de Barberis, el mismo que insistía tanto en ejecutarlo antes. El lugar era como una plaza o un gran lote descampado. Ambos duques y algunos soldados estaban alrededor de lo que parecían unas ballestas gigantes o máquinas de asedio.
Johan estaba pensando en lo poco que entendía de armas o de guerra, cuando el suelo tembló repentinamente y se vio rodando por el suelo. La dragona había aterrizado delante de las máquinas y estaba mirando con odio a cada una. Una larga lanza estaba clavada en su costado, se la sacó de una dentellada y se largó a reír. Johan tembló al escuchar esa voz.
-Esto no es ni un escarbadientes. ¿Desean matarme? ¿Cómo mataron a mis bebés?-
El duque de Barberis ordenó a sus hombres retirarse, pero el monstruo le lanzó un coletazo que lo hizo caer redondo. La bestia parecía sonreír, mientras se acercaba al hombre, que ya se veía siendo devorado.
-Un momento, Byakko. Este hombre no te ha hecho nada.-exclamó Ichinén, plantándose espada en mano frente a la dragona.
-¿Y este futuro cadáver quién es? ¿Esperás ser quemado primero? No te preocupes, todos pueden arder.-respondió Byakko.
-El responsable de tu desgracia no es este hombre, ni yo. Sino un cobarde que se escapó y hasta hace unos días también quiso asesinarme a traición.-
-¿Eso es un intento de querer simpatizarme? Es una lógica deficiente de “el enemigo de mi enemigo, es mi amigo”. Eso no funciona para mí, humano.-
-No es lo que intento, Byakko. Pero puedo darte una solución.-propuso Ichinén, que sentía como el viento se agitaba alrededor de la dragona y lo hacía temblar a él.
-La única solución que puedes darme es la venganza.-retrucó la dragona con más furia aun.
-De ser necesario, yo mismo ayudaría, pero creo que puedo hacer algo más. No puedo traer de vuelta a tus crías sin nacer, pero algo más quizás si pueda.-
-Eran los últimos de una exigua camada que logramos hacer con mi fallecido compañero! Ahora me encuentro sola, no más crías, me extinguiré!!!-gritó Byakko, enfatizando con temblores cada frase.
-Te lo ruego, Byakko. Puedes matarnos a todos y vengarte de gente que no te hizo nada o esperar hasta el amanecer y ver mi solución por vos misma.-
El dragón se acercó con claras intenciones de matar, pero las palabras de Ichinén no la convencieron. Si la hizo dudar, ese hombre que no parecía temer a un dragón como los otros, como si los conociera. Esa determinación la hizo ver que merecía el beneficio de la duda. Ichinén se veía saliendo a las corridas y los espadazos, si la dragona era más hermética en su pensamiento de lo que esperaba.
-Si para el alba no tengo tu solución aquí mismo, en esta plaza, los mataré a todos. Y te haré observar cada muerte, humano.-
Un huracán repentino lanzó a Ichinén al suelo, cuando Byakko levantó vuelo. Ichinén se aflojó y suspiró de alivio, dejándose estar en el suelo.
-¿Qué es lo que has hecho?-inquirió el duque de Barberis.
En el mismo instante, madame de La Cross se les acercaba.
-Gané tiempo. Ahora pueden evacuar a un lugar seguro a toda la población. Al alba volverá y veré que puedo hacer.-
-¿Y cuando regrese al amanecer? ¿Con que vas a entretener al dragón? ¿Con un costillar de cerdo?-replicó el otro duque.
-Con espada si es necesario. Así tenga que traer al marqués de Alstroemeria yo mismo desde Anthurium.-
-No podrías ir y venir hasta ahí en tan poco tiempo…-protestó el hombre, pero fue interrumpida por la duquesa de Altahea.
-Tiempo al tiempo. Por ahora, debemos poner a la gente a salvo. Y podemos hacerlo gracias a la estratagema de Ichinén.-
La señora le sonrió a Ichinén, pero él no dejaba su expresión de preocupación. Johan quiso saber más, pero las inquisiciones del músico no lo tranquilizaron, todo lo contrario.
-¿Y que vamos a hacer si este plan tuyo no resulta?-
-Me tendré que enfrentar solo al dragón, si es necesario.-
-Pero morirías de seguro.-
-Gracias, Johan, muy optimista.-
Ichinén no dijo más y se alejó. Faltaban seis horas para el anochecer, otras diez hasta el alba o poco más. El músico intentó ayudar con la evacuación y la dama blanca le preguntó por sus últimas andanzas. El bardo comenzó el relato desde que encontró a Ichinén en Taranis, como viajaron por otros reinos, las aventuras vividas y el intento cobarde de asesinarlos en Anthurium.
-Hubo un tiempo en que Lady Engel y yo fuimos amigas. Pero creo que la catástrofe convierte en extraños a los más allegados.-comentó la duquesa al oír la parte de Taranis.
La gente del poblado, fue evacuada a un bosque cercano. Los del castillo que pertenecían a la soldadesca, se refugiaron en el subsuelo de esa edificación. Solo unos pocos se quedaron en la plaza o cerca. Ichinén casi no la dejó en ningún momento, por si la dragona estaba vigilando de lejos y a escondidas. Si daba muestras de irse, puede que rompiera la tregua lograda. Johan, Elintari, Malcolm y otros fueron a hacerle compañía al guerrero. La noche pasaba y solo podía beber agua o vino, para matar la espera. Estar en esa situación era enloquecedor, era como hacer vigilia mientras la parca viene a buscarte. Elintari se sentó junto al guerrero que esperaba, en una fogata que habían encendido los soldados. La elfa estaba al borde de las lágrimas, rogándole que se fueran antes que esa bestia los derritiera.
-No puedo irme, Elintari. La dragona la tomaría con el pueblo.-
-¿Y esperás que tu muerte aplaque la ira del dragón?-expresó la elfa, casi con desesperación.-Tu misión es demasiado importante para que dejes matar de esta forma.-
-No soy imprescindible, otro puede realizar la misma misión.-
-Yo si te necesito.-le dijo la mujer elfa, mirándolo fijamente.
Ichinén se removió incómodo, trató de esquivar esos ojos. Sabía que no podía responder a esos sentimientos.
-Sé que la persona que amas se encuentra en tu reino natal, en este momento.-
-No, no es tan así…-intentó explicar Ichinén, la cuestión con Victoria era imposible, ella ya estaba comprometida.
La explicación quedó sin continuación, un estruendo los interrumpió. Como si algo pesado se hubiera estrellado contra el suelo. El guerrero y sus compañeros se levantaron de súbito.
En la penumbra comenzaron a distinguir la inmensa forma de Byakko, que se acercaba como reptando hacia ellos.
-Aun no amanece.-expresó Ichinén.
-No dudes de mi promesa, te devoraré y a todos los demás, solo cuando llegue esa hora. Hasta entonces, este es tan buen lugar para esperar como cualquier otro.-
La titánica criatura se recostó como si fuera un felino, tal como hacía Teban siempre. Byakko clavó sus ojos en Ichinén y no los apartó, quedándose estática en esa posición. El guerrero se sentó y trató de aparentar un comportamiento afable, pero muy bien no le salía. Con disimulo, intento hacer que todos se fueran y quedarse solo con la dragona, para que nadie más sufriera su destino. La criatura lo notó y se irguió ofendida, por el intento de engaño.
-¿Intentando salvar a todos? Muy estúpido y loable, humano. Pero solo es un retraso ante lo inevitable.-
-Dejalos ir y si te quieres desquitar con alguien que sea conmigo.-
-No me sirve del todo eso, podría, pero no es tan satisfactorio. Tengo curiosidad por tu solución. ¿O es que solo era una mentira?-
La salida del sol estaba casi por suceder, Ichinén notaba como la dragona solo esperaba el primer rayo de luz para saltarle encima. Ni siquiera habría esperado partir de su guarida al alba. Pensaba lanzar la bocanada con el más mínimo atisbo solar.
-Te queda poco tiempo, Ichinén.-se sonrió Byakko, con malicia.
-Entonces que se compré dos relojes.-se escuchó decir a una voz sibilante, demasiado similar a la de Byakko.
Lo que todos vieron, con un horror inconmensurable, era como se salía de entre las sombras un dragón igual de grande pero en color azul. Este no era otro que Seiryu, a quien Ichinén había conocido anteriormente en otro mundo. (Véase Ichinén 27-28)
Teban lo había traído del mundo donde se habían conocido. El gato se acercó al guerrero y este se agachó para acariciarle la cabeza.
-Ahora tenés dos dragones, para más dolor.-ronroneó el gato.




4/30/2020

65-Memorias del continente nuestro.

Aquellos que vivan en un universo tecnificado, o conozcan algo sobre virtualidad, puede que sepan lo que es una red de redes, llamada internet, intranet, web, espacnet, etc. Un sinfín de nombres para denominar un mundo virtual que existe pero a la vez no se encuentra en ningún lugar. Por este concepto, puede ser que comprendan lo que intentara exponer a continuación. Dai Rokuten No Mao, el rey demonio del sexto cielo, Tenyi Ma; se encuentra realizando un alegato en un lugar que es un NO-lugar, algo así como ese mundo virtual pero para criaturas de otro plano, mucho más poderosas que los mortales comunes. Muchos podrían creer que esto se refiere al palacio de alguna clase de dioses, pero no es exactamente así. No todos los presentes son considerados dioses, ni siquiera se puede hablar de presencia. Más bien, nos estamos refiriendo a una especie de foro virtual en el que se encuentran de todos los rincones del cosmos, de las ocho direcciones cósmicas. Podría denominarse una convención de deidades, un simposio de seres superiores. Pero esto sería solo una pálida muestra de la heterogeneidad de criaturas que conforman este “sitio”. Si hay dioses, pero también otra clase de criaturas míticas. Hay funciones del universo, Gatten y Nitten, se encuentran allí presentes. Y estos no son considerados dioses.
-Estas criaturas que algunos de ustedes quieren tomar bajo su protección y guiar incluso; no son creaciones como las que consideran mascotas. No son dóciles, rara vez obedientes, ni tan siquiera pueden convivir entre ellos. Son una enfermedad, una clara peste que está asolando el universo y que si no la detenemos en el tiempo sin presente, esparcirá su inmundicia por toda la galaxia.-la capacidad oratoria de Rokuten podía emular a los mejores maestros del lenguaje, muchos de los presentes escuchaban con interés o con preocupación lo que decía.
-La humanidad se está gestando, está tomando el universo, inclusive por sobre otras creaciones o seres vivos. Rápidamente, olvidan a sus benefactores, así que no les deseo el ser sus dioses. El universo entero será invadido si no destruimos la semilla cósmica desde la que inician su camino.-continuó el rey demonio.
-¿Está considerando en serio la extinción a la nada de una especie completa o no lo estoy siguiendo correctamente?-se escuchó hablar a una de las tantas deidades presentes.
-Exactamente así, Kami. Es la única forma de asegurar la prosperidad en el universo.-respondió Rokuten, con una simpleza terrorífica.
La extinción a la nada no implica como podría creerse que mueran todos los humanos. Sino evitar que nazcan, que nunca hayan existido. Para seres como estos, ir al principio de todas las cosas y modificar esto o aquello es como para los demás lavarse la cara.
-Si consideran los actos que la humanidad ha cometido. No tengo que mencionar a la invitada de Gatten, bien ha sabido lo que es el sufrimiento de esos campos de exterminio.-
Gatten, la función lunar del universo, tenía a Ana Frank como huésped. Había sido traída por Ichinén de uno de sus viajes por los mundos, yendo a uno de los más terribles. Rokuten hablaba de los humanos y los inculpaba, como si él no hubiera sido una fuerza participante. Tanto ella como Nitten, su compañero Shoten Zenjin, esperaban que el rey demonio terminara su perorata para salir a contravenirlo. Pero algunos otros no pudieron esperar.
-No puede ser que estén dejando que alguien hable de esto con tanta soltura sin ninguna clase de argumento. Estamos hablando de borrar a toda una especie.-
-Claramente, Inanna, claramente. Y sería en función de salvar todos los mundos de una plaga que terminaría saturando cada región del cosmos.-replicó Rokuten a esa deidad del amor, para continuar su alocución como si nada.-La humanidad es mezquina, todo lo que construyen es para fomentar su propia destrucción o la de otros. Solo consideran su conveniencia, sin ver el bien común. Son una molestia donde van, llevando el caos tras de sí. Consideran gracioso y divertido como sufren accidentes, observando morbosamente las desgracias ajenas. No tienen empatía, no son solidarios, siempre acumulando cosas y preocupados por circunstancias triviales.-
Rokuten sabía que ya había hablado demasiado, más solo lograría aburrir y no tendría los efectos deseados.
-¿No existe posibilidad de que este consenso pueda convenir una solución?-inquirió Quetza, una deidad que casi parecía convencido de la verborragia del rey demonio del sexto cielo.
-Yo creo que la oportunidad se le debe dar…-intervino otro de los presentes, rápidamente interrumpido por Rokuten.
-No me parece que te vaya a ir muy bien con esa oportunidad, no te parece Prometeo? La humanidad no aprende, no evoluciona.-
-Estoy de acuerdo con Rokuten, la destrucción es inherente a su naturaleza.-acotó una oscura criatura, llamada Tengu.
-Yo no estoy tan seguro.-comentó una deidad egipcia conocida como Ptah, que mantenía una expresión impasible y aburrida.
El debate hacía “horas” que estaba en un bache, nadie parecía prevalecer, Rokuten tenía a muchos convencidos y a los que se oponían dudando. No había un argumento que rebatiera.
De haber existido unas puertas en ese lugar, se podría decir que se abrieron de par en par, haciendo que todos los presentes abocaran su atención al recién llegado. La luz entraba en ese no-lugar, si es que las leyes físicas de ese sitio dan para tanto.
-Yo si estoy seguro. Rokuten está equivocado. Y lo que es peor, tiene alevosía de acusar a otros de lo que él mismo ha generado.-
Rokuten debe haber tenido una expresión de profundo desprecio, si es que eso pudiera verse con ojos mortales.
-¿Quién ha permitido este desorden en el salón? Un humano que viene a defender a su especie.-
Gatten se puso en pie, podría decirse, pero más bien intervino para defender a quien así llega.
-El Buda no es un mortal común. Creo que hasta un ser como Rokuten puede notar la diferencia. Si ha de acusar a la humanidad, es justo que algún representante suyo la defienda.-
El Buda miró en derredor, por decirlo así, y se lanzó a hablar.
-Estoy consciente de lo que el rey demonio ha dicho. Y creo que sería hipócrita negar que mucho de eso sea verdad. Pero es claro que solo tiene una visión limitada de todo el amplio espectro. La humanidad tiene potencialidad, y eso es algo que ya vale por sí mismo. Y aunque muchos traen destrucción y son egoístas. Otros tantos más que permanecen ignorados, brindan todo de sí para ayudar a sus semejantes. Es más fácil que se note lo negativo y lo destructivo. Las malas noticias son más notorias. Muchos se apegan al error, y cuando caen en las redes del egoísmo y los deseos siniestros, lamentan su desdicha. No es posible encaminarse a pie firme por el recto sendero, sin haber arrojado antes el embarazoso lastre de las pasiones egoístas. Algunos lo son, es cierto. Pero esa posibilidad de cambio es lo que puede salvar. El decidir cambiar a partir del día de hoy.-
Después del largo discurso que siguió del Buda, fue como si Rokuten no hubiera hablado. La furia debió invadir su semblante, pero este no-lugar se encuentra carente de tamaños detalles.
Algunos que estaban en duda, no las tuvieron más. Otros que estaban con Rokuten por no tener una mejor opción, al cambiaron al entrar el Buda. Solo algunos pocos, seres de los más bajos en el universo, siguieron apoyando al rey demonio del sexto cielo. Luego de la intervención del iluminado, Rokuten se retiró del foro, despotricando por lo bajo, aunque muchos supieron lo que dijo. 
-Esperen a ver que le ocurre a su discípulo, cuando vea como se transforma en un ser egoísta.-
Gatten, Nitten y el que así llega; sabían que se refería a Ichinén. La retribución sería implacable. El duque de Menkalinam se encontraba entremedio del choque innumerables fuerzas opuestas. 
Y quizás mucho peores que la guerra civil entre Mitjaval y su Estado rebelde de Caerleon.
Ya es bien sabido que aquel declarado vencedor en alguna contienda o escaramuza, es el que cuenta la historia posterior. Muchas veces por ser el único sobreviviente, otras porque simplemente el vencido no está habilitado para contar su versión. Existe un extraño caso de revisionismo histórico en las crónicas de Mitjaval, posterior al Gran Caos. El regreso de Ichinén supuso una patada al tablero de la política en el continente entero. Luego de su visita al castillo de Anthurium y su encuentro con el marqués de Alstroemeria, lo tildaron poco menos que de criminal y asesino. Secuestrar a la esposa del marqués, asesinar a los soldados del reino, robar todos los caballos del castillo, romper la paz del reino, interferir para lograr un consenso en la elección del nuevo rey, atacar físicamente al marqués y, por último pero no menos grave, partir al norte a unirse a los disidentes del reino. 
La verdad que no cuenta esa crónica, relatada por un empleado del citado marqués, pasa por alto notorios detalles. Oh, divina causalidad! No menciona que la esposa era golpeada por su marido, día sí día no, o casi todos. Tampoco refiere que los soldados asesinados habían sido encargados de aniquilar a sus supuestos “asesinos”. El consenso para lograr una elección no iba a suceder mientras Ichinén estuviera vivo y tuviera todos los derechos por encima del marqués de Alstroemeria. Lo único cierto, aunque depende de como se mire es justificable, fue el robo de los caballos y el ataque físico al noble. Romper la paz, que solo era la de un cementerio, es bastante relativo a considerar. Unirse a los disidentes es quizás el punto más discutido por exegetas de la historia, dogmáticos de las crónicas y algunos que otros amateurs de tiempos pasados. Los supuestos enemigos no eran otros que aquellos opositores a la tiranía del consejo de nobles, encabezado por Alstroemeria y sus secuaces. Los separatistas de Caerleon solo estaban resguardando sus vidas, ya que sabían de muchos hechos en los que ocurrió, lo que casi le sucede a Ichinén. De no ser por el tal Malcolm, Ichinén estaría tres o más metros bajo tierra y nadie sabría su nombre. 
La entrada al reino de Caerleon, era apenas un río y más allá una línea imaginaria, trazada de forma arbitraria. Ichinén y su grupo no se sintieron a salvo ni cuando habían dejado bien atrás el borde. Ya que pequeñas patrullas o tríadas de soldados los avistaron de lejos. Para darles esquinazo y no tener encuentros violentos que empeorarían las cosas antes de empezar. Ichinén prefería no tener esos encuentros hasta no estar cerca de la ciudad de Caerleon propiamente dicha. De esa manera, podrían solicitar asilo o por lo menos una audiencia con la Dama Blanca. 
Se refugiaron un par de días en un bosque y luego estuvieron otros tres en el camino, dando rodeos y vueltas para evitar patrullas. Llegaron a una posada en el camino, donde pudieron comer algo que no fuera frutas silvestres y raíces. Lo poco que habían cargado desde Galja se había terminado hacía dos días. 
La entrada intempestiva de los soldados no solo los sobresaltó sino que los tomó con la guardia baja por completo. 
El que parecía el sargento se acercó a la mesa y señaló al grupo de Ichinén y les gritó que estaban arrestados. Reuel estuvo a punto de saltar al ataque pero Elintari lo contuvo. Los superaban en número, afuera se escuchaba ruido de una tropa entera.
-¿Bajo qué cargos?-inquirió Ichinén con tranquilidad.
-Por empezar, entrar sin permiso al reino, con intenciones poco claras y con un tórrido historial encima.-respondió el hombre con severidad.
La expresión del guerrero al escuchar “tórrido historial” reveló que no tenía idea de que estaba hablando aquel hombre.
-Si, sabemos de sus andanzas caóticas en Anthurium. Violando y secuestrando a la marquesa de Alstroemeria.-le espetó el sargento, casi como a punto de escupirle en la cara.
Los soldados se posicionaron en círculo alrededor del lado del salón donde se encontraba su mesa. Todos saltaron de su sitio cuando Eva se puso en pie.
-Yo soy la marquesa de Alstroemeria y no he sido secuestrada, mucho menos vejada.-
El sargento no supo que decir ante eso, pero enseguida dudó de la identidad de su interlocutora.
-Llévenos con la duquesa de Altahea, ella me conoce y puede dar cuenta de quien soy.-
El sargento dudó en principio, pero luego se mostró resuelto.
-Están todos detenidos. Ya veremos que dice la Dama Blanca al respecto de todo esto.-
Ichinén apaciguó a Reuel y a los elfos para que no reaccionaran violentamente. 
-No se preocupen, ya aclararemos esto. Vayamos con ellos. Estén tranquilos.-
No tardaron mucho en ser trasladados al castillo de Caerleon, antiguo condado, hoy sede del reino rebelde a Mitjaval. El poder central estaba muy ofuscado con esa situación, pero al parecer lo que los nativos de Caerleon reclamaban era lo justo. El marqués de Alstroemeria se había reunido de un sequito de matones para sostener su posición, asesinando a quien pudiera desafiar ese poder o intentar arreglar las cosas. En muchos casos ambas circunstancias iban de la mano. 
Hubo varias diferencias con la paralela situación del recibimiento en Mitjaval. En Caerleon, no había rostros sonrientes, no estaban siendo invitados sino apresados. Había mucha más gente, tanto por la cantidad como por la gravedad de los gestos. Y en vez del pomposo marqués, en el lugar de preeminencia se encontraba una dama de cabello escarlata y vestida de blanco. El duque de Menkalinam esperaba poder presentarse, luego a sus compañeros y por último su caso. Nada de eso le dejaron hacer.
-Mis saludos, duquesa y regente de Caerleon. Soy el duque…-
-Sé muy bien quien es y quien lo acompaña. Y todo lo que ha hecho.-le interrumpió bruscamente la dama de blanco.-Tenemos claras noticias de su intención de ataque contra el marqués. ¿También desea hacerse con el poder? ¿Por eso secuestro a la marquesa?-
-Señora, le aseguro…-intentó decir el guerrero.
-Silencio!-le espetó uno de los sargentos, junto con una bofetada en pleno rostro.
A continuación tuvieron que escuchar silenciosamente la versión distorsionada de los hechos ocurridos en el capítulo anterior. El supuesto ataque al pacífico marqués, el secuestro de su esposa, incluyendo rumores de vejación, el robo de caballos.
-Ahora es cuando me dice que todo esto es mentira, mi querido duque.-
-Lo es, mi señora. El marqués nos quería asesinar, especialmente a mí. Por estar por delante en la línea sucesoria.-
-Eso puedo entenderlo. Él se encuentra en el lugar 86…-
-Y yo me encuentro en el 64.-respondió con indiferencia el guerrero.
Un rumor recorrió el salón, al parecer a muchos sorprendió esa noticia.
-Soy Ximene de La Cross, duquesa de Altahea y regente de Caerleon. Como duquesa nativa y descendiente las casas reinantes, soy la número 15, mucho más cerca del rey que usted, estimado duque y seguramente que ese usurpador de Alstroemeria. Solo por ser mujer es que no he reinado aun. Es claro, que aún yo siendo un peligro para sus reclamos, el marqués lo ve como alguien mucho peor, con más derecho a portar la corona.-
-Si es que puede mantener la cabeza para llevarla.-se mofó el sargento que lo había golpeado.
Ichinén espero que el coro de reidores subsiguientes se acallara.
-Si quiere le regalo la corona, me importa tan poco como quien de los dos tiene derecho a llevarla, otro asunto más urgente me trae viajando por el continente.-
-Veo que si, ya que viene acompañado por hombres de Astur y elfos, un duque azalayano. Casi pareciera que está forjando una alianza de varios reinos. ¿Con que propósito?-
La desconfianza se sentía tangible en el aire. Pero aun así, Ichinén intentó hacer gala de un poder de convencimiento como el del Buda. Claro que él era hombre de acción, no de palabras. Cuando terminó de explicar su viaje por Taranis y Desertus, su trato con los de Astur y el desastre de Galja; había pocos que se sintieran conmovidos. Un desastre en el archipiélago orco era demasiado lejano e impersonal para movilizarles algo. La presencia de asturien no era agradable ante esos complicados vecinos. El tsunami en Galja les creaba tanta empatía como si les hablaran de seres de otro mundo paralelo. 
-Interesante historia.-comentó con desdén uno de los nobles que acompañaba a la dama de blanco.-Pero tenemos aquí un testigo de las atrocidades que el duque viene perpetrando en nuestras tierras. Ichinén creyó que solo sería una vil calumnia, pero al ver aparecer un ciclope, comprendió que estaba enredado en sus propias causas y efectos. Era el que había escapado del enfrentamiento donde había salvado a Gala y a Griffin. (Véase 61-Breakthru)
Sin saber como hacer para que le creyeran, Ichinén escuchó como contaba su versión de como había conocido al azalayano. La “subversión”, obviando claramente la parte en que querían linchar a dos amantes, cuyo único crimen era amar a alguien prohibido por un dogma. Sin que lo dejaran hacer un descargo, el noble que había hablado último expresó su deseo de votación para ver como condenar a Ichinén. La duquesa no estaba tan segura, pero lo sometió a la decisión del consejo de nobles de Caerleon. Dos voces cantantes que dijeran “muerte” era todo lo que se necesitaba para que condenaran a Ichinén y sus compañeros. 
-Los asturien serán expulsados de nuestras tierras, enviados a su reino nativo. No deseo problemas con Jahan. La elfa puede irse por donde vino. Pero el duque ejerció una facultad ajusticiadora que no le correspondía. ¿Quién vota muerte?-expresó el lord de Barberis, que parecía enconado con Ichinén.
Los gritos de “muerte” se sucedieron uno tras otro. Los soldados lo llevaron afuera. 
-La sentencia será inmediata y sin más demoras.-
Lo último que pensó Ichinén es que esa gente si que no perdía el tiempo. Estaba por intentar argumentar con la duquesa.
-Estimado duque de Barberis, no creo que esa sentencia sea muy justa.-le expresó Madame de La Cross.
-No se preocupe, mi señora. Será rápida y terminaremos con una molestia en menos…-
Estaban en pleno debate cuando sintieron la tierra temblar. Ichinén no recordaba que aquello zona de Mitjaval, ahora Caerleon sufriera temblores. Los gritos de pánico de la gente y de algunos soldados, le dieron la pauta que aquello no era un terremoto.
-El dragón!!! El dragón ha regresado!-escuchó vociferar a un soldado que emprendió la huida con premura.
El guerrero miró al cielo, donde muchos señalaban y reconoció la pálida figura de un inmenso dragón. El monstruo planeaba sobre la ciudad y lanzaba fuego sobre las casas, acercándose cada vez más al patio del castillo donde se encontraban.
-Dale. ¿En serio? Cuando pensaba que esto no podía ponerse peor.-ironizó Ichinén.-Esto tiene que ser una broma de mal gusto.-

3/28/2020

64-Que todas las deidades me abandonen...


La trampa se había cerrado. No había otra opción pacifica, si es que Ichinén pensaba alguna. Un número indeterminado de soldados de Mitjaval estaban al caer sobre la puerta de su cuarto. El mismo que tan amablemente les había cedido el marqués de Alstroemeria como muestra de hospitalidad. Solo una estratagema para asesinarlos en plena noche.  Quizás no los había ejecutado en el mismo salón de reuniones porque deseaba constatar que la línea sucesoria era contaba Malcolm. En la cual, Ichinén  tenía más derecho a reclamo que ese dudoso sujeto.
-Prepárense para salir como sea.-
La estrategia desesperada de Ichinén funcionó bastante mejor de lo que se hubiera esperado. La comitiva ejecutora no esperaba encontrar a sus víctimas de vigilia y mucho menos detrás de la puerta. Cayeron rápidamente la mitad y el resto se dedicó a huir, dando la alarma.
-Teban, llevá a Johan en el primer portal que puedas y no regresen, avisen a nuestros compañeros afuera.-increpó Ichinén -Vendrán más. Corran!-
El gato y el músico salieron a toda carrera por un pasillo.
-Nosotros mantendremos posición aquí para ganarles tiempo.-comentó el guerrero, casi como si hablara con él mismo.
En verdad no estaba demasiado seguro de saber que pasos dar luego. El ruido de metal entrechocándose no le dejo mucho espacio para meditar. Más soldados, muchos más, se acercaban por el corredor. Al verlos girar en un recodo a cincuenta metros, todos se prepararon para luchar. Elintari les lanzó unas pocas flechas hasta que los tuvieron demasiado cerca. Las espadas se cruzaron y una cabeza rodó dejando una estela escarlata. Otra mano tocó el suelo, lejos de su brazo original. Una espada se incrustó en una pared para quedarse ahí, ya que su poseedor no respiraba más. Uno de los asturien cayó sobre su estómago herido en el vientre. Los enemigos eran muchos y ahora quedaba uno menos de su bando. El otro hombre de astur arrastró a su compañero a un costado.
-Váyanse!-gruño entre los estertores de sangre y solo eso dijo.
Malcolm tomó el hombro del sobreviviente y lo instó a seguir.
-Fuegos del infierno, acudan contra mis enemigos.-gritó el encapuchado, mientras agitaba las manos en el aire.
De su mano voló una pequeña botella y se fue a incrustar casi a los pies de la soldadesca que venía en su persecución.
-¿Qué fue eso?-inquirió Ichinén mientras retrocedían por otro pasillo que daba una escalera.
-Una bomba de humo, nunca salgo sin ella, no falta ocasión que es útil.-respondió Malcolm, acomodándose el manto marrón.
Al bajar por la escalera, dieron a una múltiple intersección, de uno de los corredores, una puerta se encontraba entreabierta. Ichinén vislumbró un rostro espiando por el vano de la puerta. Se fue directo y entraron al cuarto. En el interior había una joven mujer, de cabellos castaños ensortijados. Además de tener un susto de muerte, mostraba un ojo morado, el labio partido y algunos cortes en el brazo.
-¿Quiénes son ustedes? ¿Qué hacen aquí?-
Ichinén no respondió, primero se aseguró de permanecer oculto y sin descubrir, al menos por unos segundos para determinar que curso seguir. Fue Malcolm quien le respondió a la joven de rulos.
-No se asuste señorita, estamos solo de paso. En cuanto podemos deshacernos de los soldados del marqués, nos iremos y la dejaremos tranquila.-
-¿Qué hicieron para molestar al marqués?-repreguntó la mujer.
-Nacer, aparentemente. En una mejor posición en las familias del continente. ¿Y usted es?-replicó Ichinén.
-Otro obstáculo en la sucesión.-acotó ella quedamente.-Mi nombre es Eva, soy la esposa del marqués.-
-¿Y quién la golpeó en esa forma?-intervino Malcolm que a diferencia de sus compañeros, no se contuvo en su curiosidad.
-El marqués no toma muy bien que lo contradigan.-
Ichinén la miró fijamente, Malcolm sintió un extraño escalofrío en todo su cuerpo. Pero fue Elintari quien reaccionó.
-Eso solo me demuestra lo poco hombre y lo cobarde que es. ¿Qué tan grave contradicción no pudo soportar? ¿La comida estaba fría? ¿No lo dejaste ganar a algún juego de azar?-
La joven Eva meneó la cabeza.
-No, eso no. No quería que yo me fuera a dormir a otro cuarto. Desea siempre que esté a la noche en su cama, para estar juntos y que a la mañana siguiente esté ahí para repetirlo. Pero entremedio no puedo dormir, ya que ronca mucho.-
-¿Qué tanto?-inquirió Ichinén.
-Como un oso hibernando, pero multiplicado por tres grandes osos.-
-¿A qué viene eso, Ichinén?-quiso saber la elfa.
El guerrero se giró y le sonrió de costado.
-Vamos a alterarle un poco el sueño al marqués.-
Malcolm interrogó a Eva sobre como llegar con el marqués. La joven esposa no deseaba meterse en problemas pero viendo que quizás era su oportunidad de escapar del maltrato del marqués, accedió.
-Deben llevarme con ustedes una vez que escapen, el marqués me matará cuando sepa que los ayudé.-
Ichinén asintió y siguió a la guía con su grupo. El pasadizo secreto, era un viejo truco de los nobles para poder huir en caso de peligro, visitar amantes o realizar tratos a escondidas del resto del reino. Todas actividades poco santas, aquello casi le podría haber resultado divertido al guerrero, si otras fueran las circunstancias.
-Este pasaje conduce a la cámara del rey, que es la que utiliza el marqués para dormir.-
-Ya se está probando las ropas de soberano.-ironizó Malcolm.
El guerrero estuvo a punto de replicar pero Eva les indicó guardar silencio, ya estaban allí. Ichinén se lanzó primero en el interior del cuarto. No fue difícil ubicar al marqués en la penumbra del cuarto, solo necesitó seguir los espantosos ronquidos. Parecía que estaba por soltar los pulmones tomando en cuenta el ominoso ruido que realizaba con el pecho. Al guerrero le resultó un poco molesto que aquel desgraciado durmiera como un bendito, mientras a ellos los aniquilaban en medio de sus sueños.
-¿Eh? ¿Quién me c…?-balbuceó el durmiente al sentir el frío de una hoja en su cuello.
-Arriba. Hora de despertar.-ordenó Ichinén.
-¿Qué significa este atropello?-
-Corte con el papel de víctima, marqués.-le increpó Ichinén, agarrándole del cuello de la ropa.-Estamos bastante más preocupados por un gran mal que se acerca al reino. Un demonio que planea destruirnos a todos, sin más razón que hacer que dejemos de existir. No tengo ni tiempo ni ganas para sus rencillas políticas o sucesorias.-
El barbudo hombre puso cara de circunstancia como fingiendo poner atención, pero Ichinén no había nacido ayer como creerse tan pésima actuación. Lo sacudió como si fuera un muñeco, casi a punto de enloquecer.
-¿Pero que no lo entiende? Nos vienen a destruir a todos. Demonios mucho más poderosos que los del Gran Caos y usted viendo quien es el rey de la desolación. ¿Es acaso idiota?-
-Ichinén.-le dijo Malcolm posando una mano en el brazo del guerrero.-El que nace pequeño de mente, un charco le parece un pantano.-
Ese proverbio o refrán, provenía de las regiones del norte, en las tierras de Gaia. Querría significar que no hay peor ciego que el que no quiere ver. O lo que en realidad logró Malcolm, que Ichinén no gastara más saliva en hablar con un necio como ese.
-Debemos salir de aquí.-expresó Reuel, el asturien, mirando a Eva.
Elintari también se acercó a la otra mujer y esta se sintió intimidada.
-Hay una serie de túneles que llevan al exterior, sur o norte, ustedes eligen.-
-Sur, donde está la puerta donde se encuentran nuestros compañeros.-determinó Ichinén, tomando al marqués por el cuello.-Caminá, inútil. Te venís con nosotros.-
El marqués quiso protestar pero tanto acerado desenvainado lo convenció de las ventajas del silencio.
La puerta del cuarto ya estaba atronando por los golpes de un soldado. No esperaron respuesta del marqués y entraron. Una corta lucha y se parapetaron en el pasaje secreto. Trabando por dentro, provisoriamente.
-Eso no va a aguantar mucho, pero algo de tiempo nos dará a correr.-comentó Reuel, el asturien.
Corrieron por la oscuridad, apenas iluminada por un artilugio de Malcolm, que los guiaba para no tropezar al menos. Eva les señaló una bifurcación, luego otra y más luego una tercera. Temblaba de miedo ante las miradas de amenaza del marqués.
-Te escapás con este usurpador, que viene a robar lo que es nuestro, zorra.-espetó el esposo.
-Calladito! ¿Quién te dijo que podías hablar?-lo silenció Ichinén, golpeándole la frente con la palma de la mano.
-Mátenme. Mis hombres me vengaran.-
-Bueno.-respondió Ichinén como si no tuviera ningún problema.-Eso me facilita no tener que cargar con este fardo que nos retrasa.-
La expresión de pavor del marqués dejó claro que aquellas palabras suyas habían sido una bravuconada que no esperaba ver realizadas. Creía que Ichinén era demasiado honorable como para matar a un prisionero. Por las dudas, no quiso agregar nada más, por temor a un castigo casi igual de terrible que propuso la elfa, cortarle la lengua.
Al salir al exterior, se encontraban cerca de los establos.
-Nos hice salir por aquí, ya que podemos agarrar algunos caballos para todos.-explicó Eva.-Es más lejos, pero tendremos mejores chances de escape.-
La caballeriza tenía unos quince animales. Ichinén tomó diez y soltó al resto. Solo los suficientes para los presentes y los otros amigos que los esperaban, Johan y compañía. Sin otros caballos, se les dificultaría la persecución. El marqués volvió a insultarla cuando estaban soltando al último animal.
-Bueno, ya es hora de que me ocupe de este incordio. No podemos cargarlo más a la rastra.-comentó Ichinén, desenvainando a su espada Daimoku.
El marqués pareció temblar pero intentó aparentar entereza.
-Dese vuelta.-le ordenó Ichinén.-Me molesta ver el rostro de los que tienen miedo ante la muerte.-
El noble de Mitjaval soltó un quejido de miedo, casi como si llorara desconsolado. Se quedó petrificado, esperando el golpe mortal, cerrando los ojos de miedo. Algo poco útil, cerrar los ojos ante la muerte, ya que nadie la ve venir. Y para mayor incoherencia, su ejecutor estaba a su espalda, así que de hecho ya no lo veía.
El golpe le llegó de forma inesperada, luego de agónicos segundos de espera. Una patada en las nalgas que lanzó al marqués para adelante. Haciéndolo sonreír por saber que no iba a morir, en tanto su cuerpo caía al suelo. Sospechaba que Ichinén era honorable y no lo mataría a sangre fría. Tonto iluso, se dijo, mientras caía de lleno en el barro. Además de lodo, había algunos regalos equinos mezclados, todo eso fue a parar a la boca del marqués. Pero bueno, nadie le dijo que sonriera mientras aterrizaba. En este caso, si fue claramente, otro que mordió el polvo. Aunque hablando en sentido literal, fue más bien barro y excremento de caballo lo que degustó.
El sonido de cascos en la huida, lo hizo mirarlos. Su mirada denota odio y deseos de venganza por la humillación. Eva no se giró a verlo, pero si el duque de Menkalinam. Si hubiera podido lanzar rayos por sus corneas, habría fulminado al guerrero allí mismo. Pero Ichinén, también lo miró fijamente y en ese cruce de miradas, el mensaje fue claro. Voy a regresar.
El galope furioso que llevaron, fue algo accidentado, hasta que encontraron al resto de su comitiva. Ni bien todos montaron, partieron raudamente. Siendo perseguidos a los lejos por una partida de soldados del marqués, que debía estar de patrulla, ya que aún tenían caballos.
-¿Adónde nos dirigimos?-inquirió Malcolm, vociferando por encima del ruido de cascos.
-Por ahora, lejos de aquí. Luego de perder a nuestras sombras, veremos.-respondió Ichinén.
-He tenido algunos contactos en el pasado con la duquesa de Altahea, podemos ir a Caerleon a pedir asilo.-intervino Eva, también gritando por sobre el ruido de los caballos al galopar.
-¿La Dama Blanca?-exclamó Elintari.-¿Eso no sería salir del fuego para caer en las brasas?-
-No es precisamente amiga de mi esposo.-replicó la mujer.
Ichinén se lo pensó un segundo. Un enemigo declarado tras su rastro y un posible enemigo por delante. Hasta ahora no todos los encuentros con los nobles del continente habían resultado bien. Si salía como el encuentro en Taranis o Desertus, todos podían perder la vida. Solo podía esperar que pudiera lograr un vínculo como el que había resultado de Astur o Galja.
-A Caerleon.-decidió Ichinén.-Si el marqués no nos escuchó, quizá la Dama Blanca lo haga.-
Malcolm lo miró con expresión grave, negando con la cabeza.
-No estoy tan seguro que tenga ganas de oírte, creo más bien que nos querrá cortar la cabeza ni bien la mostremos. Esperemos que me equivoque.-acotó el encapuchado.
Ichinén esperaba también que su nuevo compañero de viaje estuviera errado. Por su bien, el de sus restantes compañeros y el futuro de todo el continente. O Rokuten ganaría y nada más seguiría existiendo en ese mundo.

2/18/2020

63-El amo juega al esclavo

El joven Angewiesen, Angus o Ang en su versión más simple, ya había sido rebautizado Ichinén cuando visitó con su padre la capital de Mitjaval. Estos hechos tienen otro episodio que fue comentado en una crónica anterior. (Véase 52-Nuestra hora solemne) Cuando defendió a dos niñas de tres bravucones, dando por resultado que cayera al suelo sujetando el mantel de la mesa del banquete. Ichinén fue tomado por las orejas, bañado en sopa de tomate y con restos de pollo picado en el cabello. Una de esas niñas, la había reencontrado hacía no muchos saltos por los mundos, la ruda e implacable Lady Engel. La cual lo estaba por mandar a ejecutar por entrar en Taranis sin permiso. Toda gente muy simpática en esas tierras taranas! 
El camino a Anthurium, capital del reino, estaba flanqueado por las más hermosas flores a la vera del camino. Árboles centenarios creaban una bóveda verde en algunos tramos. Para los ojos de un niño de once, aquello era el súmmum de las maravillas. Su felicidad durante ese viaje, no tuvo parangón en toda su vida previa y posterior. Dejando de lado el final, que aunque terminó siendo reprendido y tratado injustamente, el trayecto iba a quedar grabado como algo idílico, muy profundo en su interior.
Hoy, mientras avanzan por el mismo camino o similares, junto su extraña y diversa comitiva; Ichinén siente una gran desazón. No más árboles, en algunos sitios ni siquiera un tocón que dé cuenta que antes hubo algo allí. No más flores, nada vivo crece en los secos y muchas veces marchitos arbustos. Pocos animales, casi nunca algo de tamaño considerable, apenas ven carroñeros. Y lo más escalofriante de todo, muy poca gente. La reducida población que encuentran parecen más una sombra de vida que tener un hálito de respiración. Nadie se acerca a verlos, ninguno le dedica más que una mirada de desconfianza, algunos incluso huyen rápidamente al verlos llegar a lo lejos. Los asturien son un pueblo de guerreros duros y curtidos, pero incluso ellos se remueven inquietos mientras acompañan a Ichinén.
-Algo no me está cerrando.-comentó Teban, el gato guía de Ichinén.-No siento portales cercanos en estas tierras.-
-¿Eso qué significa?-replicó el guerrero.
-O no los hay porque fueron destruidos con alguna clase de magia o alguna criatura está interfiriendo mi capacidad para sentir o convocarlos.-explicó el felino, lamiendo luego su pata delantera.
-¿Hay alguna criatura que podría interferir en esa capacidad de los felinos?-inquirió Johan, el trovador de la partida.
-“Hay más cosas entre el cielo y la tierra, Horacio. Que las que sospecha tu filosofía.”-respondió Teban con una cita teatral, algo que ninguno entendió como tal, ya que el gato sabía más cosas de otros mundos que todos esos humanos juntos.
Avanzando por el camino, cruzaron espadas con algunos bandoleros y los hicieron correr, los que fueron algo inteligentes. Los que tuvieron más osadía que sesera, quedaron en el camino, o a su costado. 
-Lo que ocurrió en mis tierras es triste, pero aquí parece mucho peor.-acotó Elintari, la guerrera elfa.
Galja desbordada por un tsunami, el archipiélago orco desaparecido, la isla Kerkyra, bueno… Si el mundo ya estaba bastante vapuleado, Rokuten y toda su prole de demonios estaban despachando lo que quedaba. Aunque no galopaban a la carrera, algo inquietaba a Ichinén a moverse rápidamente. ¿Cuánto faltaba para que le tocara a Astur? ¿O a Taranis? ¿O incluso a su antiguo hogar en la Corona de Azalays?
Algo no estaba bien en todo aquello, algo lo carcomía por dentro, una extraña sensación de alarma. Pero no podía encontrar la razón, salvo la desolación a su alrededor. Aunque eso entristecía, no alarmaba. Existía algo que no encajaba bien en todo eso. No podía sacarse la idea de la cabeza, esa voz instintiva que le indicaba peligro y más peligro.
-Milord, mire. La capital.-informó uno de los soldados de Astur.
Ichinén fijó la vista en la lejanía y puedo contemplar algo tan hermoso como espeluznante. La fastuosa ciudad era casi tan similar a como la recordaba de niño. Conforme se fueron acercando, más se dio cuenta que alguien había reconstruido los edificios de la urbe, no así con los alrededores del reino. Estaban por llegar a las puertas, que no parecían estar demasiado fortificadas o enteras, cuando un batallón de soldados les salió al encuentro. Llevaban los uniformes rojos o en tonos de escarlata y anaranjado, propios de los nativos de Mitjaval y sus casas gobernantes. Ichinén no llevaba sus colores azalayanos, azul o celeste, pero esperaba poder presentarse antes que ir directo a una confrontación.
-Alto. ¿Quién lidera este ejército y que intenciones trae?-vociferó el que parecía el líder de la comitiva.
Elintari estaba pronta a desenvainar, pero Ichinén la refrenó con una mirada. El duque de Azalays se apeó y con las manos abiertas en alto se presentó.
-Soy Ichinén, duque de Menkalinam, de la corona de Azalays. Vengo a ver a quien esté como regente en el castillo.-respondió el guerrero, sabiendo que no había un rey desde el Gran Caos.
Los soldados se miraron y él creyó que aquello no terminaría bien, de nuevo. Por extraño que pareciera, los guardias bajaron las armas y le dieron el saludo formal que amerita a alguien de una casa noble, aunque sea de un reino periférico.
-Bienvenido, milord. El marqués de Alstroemeria lo recibirá de inmediato. Pero no puedo dejar que todo su ejército entre al castillo, son órdenes.-
El tan temido “ejercito” eran apenas unos pocos asturien, algunos elfos que no habían viajado a la frontera con Azalays, Johan y un gato. Ichinén se hizo acompañar por Johan, Teban, Elintari y dos asturien nomás. No deseaba levantar suspicacias. Entrando en la ciudad, todos los soldados se cuadraban y saludaban marcialmente. Aquello le pareció exagerado o fuera de lugar a Ichinén, pero no podía precisar la razón. En el interior del castillo, fueron conducidos a pie, por un ayudante de la corte, vestido muy elegante. Cada sirviente que cruzaban, saludaba con una larga reverencia. 
-¿Qué le pasa a esta gente?-musitó Elintari, cuyas costumbres eran bien distintas en su Galja natal.
Sin embargo, a Ichinén le llamaba la atención también, no recordaba costumbres tan serviles ni en los viejos tiempos del rey Artus, previo al Gran Caos.
El salón al que finalmente llegaron, más que ostentoso era grosero por demás. El lujo, el oro, los elementos acumulados incluso de forma algo brusca; daban una referencia barroca que no era de ese mundo.
-Marqués, presento al duque de Azalays, Ichinén, hijo de Rudolf.-
El marqués de Alstroemeria era un hombre de su misma edad, con una gran barba, algo desordenada, haciendo juego con el cabello castaño claro, con un largo más allá de los hombros. La armadura que vestía, parecía más de duelos para justas que para la batalla. Alrededor de dos mesas a los costados, se encontraban innumerables señores o caballeros, que miraban a Ichinén de forma torva. Eso no tranquilizaba mucho y solo acrecentaba la alarma interna. Elintari parecía una serpiente a punto de saltar al ataque.
-Bienvenido, duque Ichinén. No creo que nos hayamos conocido anteriormente. Tampoco tenía conocimiento que quedara algún gobernante en esas tierras luego del Gran Caos.-comentó el marqués sureño.
Alstroemeria, como recordaba Ichinén, era la marca al sur de Mitjaval, en la frontera con Taranis. Esa tierra debía su nombre a unas bellas flores que crecían por todo el lugar. Aunque luego del Gran Caos, quizás fuera dudoso que aun existiera, el nombre permanecía. El marqués se largó a una larga perorata, exaltando las relaciones fraternales entre Mitjaval y Azalays, las cualidades de Ichinén aunque poco sabía sobre él, y sobre todo como estaban reconstruyendo el reino. Ichinén alegó que había estado muy lejos, de viaje y buscando regresar. No aclaró que los viajes eran en otros mundos, universos alternos y cosas así; o las cabezas de los presentes explotarían o las suyas rodarían, si los tomaban por delirantes. El marqués de Alstroemeria continuó con su relato de las hazañas logradas, las mismas que Ichinén no pudo ver de camino, pero que el hombre alegaba existían. Parecía encantado con el sonido de su propia voz. Se lamentaba estar tratando siempre con gente bruta y sin cultura, luchando por lograr la reconstrucción.
-Pese a las oposiciones de la Dama Blanca, hemos logrado muchos avances en Mitjaval.-repuso para finalizar el anfitrión, mostrando su desprecio en la mirada.
-Me han hablado algo de esa duquesa… de Altahea. ¿No es cierto?-preguntó el azalayano, recordando algo sin precisión.
-Ciertamente, mi querido duque. La señora se niega a conformar con nosotros el consejo de nobles, con el fin de nombrar un nuevo rey y recuperar una línea sucesoria para la continuidad de Mitjaval. Ha divido al norte con el centro y sur, llevándose a algunos traidores con ella, formando el reino rebelde de Caerleon.-explicó el marqués.
Aquello se estaba volviendo una intriga política para la cual, veía Ichinén, no había tiempo. Intentó comentar la razón de su llegada, pero el noble al costado del marqués lo interrogó para conocer sus orígenes. 
-Su padre es Rudolf, duque de Menkalinam. ¿Es así?-
-Correcto. Hijo de Ulfrid.-completó el guerrero.
De forma intempestiva, un encapuchado levantó repentinamente la cabeza, la tela marrón onduló de forma demasiado súbita como para que Ichinén no lo viera. Debajo de esas ropas, unos ojos celestes con barba y bigote blondos lo miraban fijamente.
-¿Qué le ocurre a este sujeto? ¿Y porque reacciona así al oír mi genealogía?-pensó el guerrero para sí.
-Bueno, bueno. Dejemos descansar al duque y su séquito.-ordenó el marqués como un buen anfitrión que se precie.-Son muy bienvenidos y por eso, daremos un banquete para agasajarlos, no bien los siervos lo tengan listo.-
A una seña, el ayudante que los había guiado los llevó a unas habitaciones en un ala del castillo. Ichinén giró el rostro al salir, para buscar al encapuchado, pero no lo vio. Si algo le daba mala espina, la reacción de ese sujeto era como una daga clavada en su espalda.
-Simpático el marqués, solo me miró treinta veces el escote.-comentó Elintari con ironía.-Las conté.-
-Debe sentirse a gusto en este castillo, que parece ver como propio.-agregó Johan, un poco sonrojado ya que ella lo había descubierto haciendo lo mismo en ocasiones aunque no de forma tan evidente.
-Pese a que es algo grosero, pareció estar contento con nuestra llegada.-manifestó uno de los guerreros asturien, el llamado Reuel.
Una voz apaciguada cruzó el cuarto, lo que hizo saltar a más de uno, Elintari fue la primera de todos.
-Yo no confiaría en el marqués ni aunque dijera que está lloviendo a cántaros. Abriría la ventana para confirmarlo.-
El que había hablado era el encapuchado del salón, quien no pudo seguir hablando, ya que una mano élfica le sujetó el cuello.
-Elintari, espera. Que explique sus intenciones.-la refrenó Ichinén.
El extraño se tiró la capucha hacia atrás y miró fijamente a Ichinén, mientras se arreglaba la ropa en el pecho.
-¿Ciertamente eres el hijo del último duque de Azalays?-
-Soy el duque ahora, ya que mi padre falleció durante la guerra del Gran Caos. ¿Qué hay con eso?-
El sujeto asintió con aire preocupado, como si confirmara algo que temía en gran medida.
-¿Qué? ¿Qué es lo que pasa? ¿Quién es usted?-se impacientó Johan, casi tanto como Elintari que ya estaba por desenvainar.
-Mi nombre es Malcom, disculpen mi intromisión. Pero todas sus vidas corren peligro. En especial la de Ichinén.-
El guerrero lo miró como diciendo que era casi evidente en un mundo asolado por demonios, destruido por un caos arcano y sumido en el desorden completo. Era como decir que te mojás si caes al mar.
-No, no me entiende.-repuso Malcom.-El marqués de Alstroemeria tiene la clara intención de ser el próximo rey, una vez que venza a los rebeldes del norte. Es el número 86 en la línea de sucesión.-
La rota línea de sucesión, terminada en Artus y su hijo no coronado, retrocedía a los primos del rey. Si no los hubiera o estuvieran muertos, seguía retrocediendo hasta que encontrara antecesores vivos o capacitados para gobernar. Se había hecho así, en casos de reyes sin descendencia, muertes masivas de una casa noble por pestes o guerras; o cualquier otra desgracia que rompiera la línea genealógica.
-Bien por el marqués!-exclamó Ichinén con total sinceridad.-Lo que haga o deje de hacer me tiene sin cuidado.-
Malcom se le acercó con una mano en alto, que casi le vale un ataque por parte de la elfa.
-No, milord. No me está entendiendo. Yo conozco las genealogías de Mitjaval, tan bien como su historia. Sé quiénes son propicios para ser reyes y quiénes no. Pero en esta elección del consejo de nobles, pesará siempre la línea sucesoria. Si el marqués es el número 86, usted milord Ichinén, es el 64.-
El guerrero abrió grandes los ojos, maldiciendo el contratiempo. Venía por una cuestión importante y terminaba enredado en banales rencillas por el poder.
-En tanto hablamos, el marqués está enviando a cada soldado a este cuarto, con la intención de matarlos a todos.-explicó Malcom.
-¿Cómo estás tan seguro?-inquirió Johan, temblando un poco.
-Porque ya ha ocurrido con otros nobles que estuvieron aquí. Extermina cualquier oposición o competencia.-
Todos se miraron, anonadados. Estaban cayendo en cuenta de la trampa, o sobre ella. Elintari miró al duque de Azalays, que permanecía con la mirada fija y concentrada.
-Saquen sus armas.-susurró simplemente Ichinén.
Mientras, un gran estruendo de pasos se escuchaba acercándose por el corredor.