1/31/2016

29-¿Quien quiere vivir para siempre?

El joven se adentró en el gran salón, todos los rostros de los presentes giraron a contemplar su entrada. Las mujeres se removieron inquietas. El hijo del noble señor honraba la fiesta con su presencia. Abanicos agitados, miradas indiscretas, murmullos ambiguos. El joven se daba cuenta de todo esto y no le interesaba. Tenía todo lo que deseaba. Eran los preparativos para su boda, la fiesta donde se anunciaba el compromiso. Todo se encontraba arreglado y conforme a sus deseos. El joven noble recorrió el salón saludando con inclinaciones de cabeza. Los hombres le demostraban respeto, aunque por detrás del rostro amigable existieran rencillas subyacentes. Las mujeres, mayores o más jóvenes, cuchicheaban entre sí. El joven sabía que el interés era por el rango y la fortuna. A él le gustaría tener a cualquiera de esas señoritas, pero eso no solo no agradaría a su prometida, sino que tendría que escuchar a su padre. “No arruines esta oportunidad de alianza”. El duque exigía a su hijo que fuera un objeto para forjar alianzas con su matrimonio y poder solucionar los problemas financieros que estaba teniendo su ducado. Las mujeres se le fueron acercando por turnos y paulatinamente, educadamente, el hijo del duque fue liberándose de unas y otras. La fiesta continuó como si las miradas de los hombres no fueran puñales por la espalda. Los bailes se sucedieron, pero la prometida llegó sobre el final. Cuando el joven la vio, solo un pensamiento ocupaba su mente, estar con ella a solas. Esto solo fue posible media hora después de la exhibición de rigor. Escondidos entre dos tapices del corredor, se besaban apasionadamente. Ella tocaba la espalda del joven por debajo de las ropas y el buscaba la forma más rápida de desnudar a su pareja. El deseo lo controlaba. Corriendo fueron a buscar un lugar más cómodo. En un balcón encontraron la intimidad que anhelaban, la pasión los inflamó y el ardor se hizo…
-No, eso no ocurrió de esa manera.-exclamó Ichinén para sí mismo.-Esto es todo mentira.-
Lo recordaba perfectamente, mientras se encontraban en el pasillo, los enemigos entraban por el umbral del castillo. Mientras llegaban al balcón, comenzaban a tomar su hogar. Su prometida había fraguado la caída de su casa y la introducción del enemigo en su refugio. Eso no sirvió de mucho, ya que ella fue traicionada a su vez, por esos mismos enemigos. Mientras que él llegaba al estado de infierno.
-Esto no está ocurriendo realmente, nunca ocurrió así. Es solo una ilusión.-reafirmó el guerrero.
-Pero podría haber ocurrido así.-le replicó Rokuten.
Ichinén se vio frente al rey demonio del sexto cielo, en un salón completamente blanco de su palacio.
-¿Esto es un intento de soborno para que abandone la búsqueda de Kosen Rufu?-
-Solo intento mostrarte que hubiera pasado si no hubieras sido tan iluso y podés volver atrás para enmendar los errores. Podrías tener a tu prometida de nuevo.-
Ichinén juntó las manos entrelazando los dedos, casi como en un rezo, pero apuntando al suelo.
-Desconoces como soy ahora, Rey Demonio, si crees que deseo regresar con ella. Yo no era la persona que soy hoy, y de hecho, no me gustaba la persona que era entonces estando con ella.-
-Tendrías tu hogar de nuevo, tu familia.-
Ichinén frunció el ceño y lo miró de hito en hito.
-¿Por qué tanto empeño en que no siga el camino a Kosen Rufu? ¿Dónde están mis amigos?-
Rokuten se acercó, moviéndose alrededor de Ichinén.
-Están aquí, en su propio deseo particular.-
Al decir esto, Ichinén vio las figuras de Teban y Dulce, durmiendo plácidamente, como solo los gatos pueden hacer.
-El deseo de los gatos es simple de complacer, aunque sean criaturas muy poderosas.-comentó el Rey Demonio.
-¿Y Victoria? ¿Qué hiciste con Victoria?-
-Yo no hice nada con ella. La pregunta es que hizo ella con ella misma. Poco te podría importar esa mujer, si aceptas mi oferta.-
-Nunca hubiera sufrido en el estado de infierno, pero así nunca hubiera encontrado la espada de la ley, nunca tendría a Daimoku.-
De repente, Ichinén recordó su espada y descubrió que no la tenía. Al mirar a su costado la espada en su funda se hizo visible, tal como había ocurrido con los dos gatos durmiendo.
-Ocultas lo importante con ilusiones. Me tomás por un simple mortal que puede ser engañado.-
-Te tomo por una persona sensata, Ichinén. Una con la que se puede lograr una clase de acuerdo.-sentenció Rokuten.
Ichinén extrajo la espada de la vaina y la blandió, haciendo que el sonido de Nam Myoho Rengue Kyo inundara todo el palacio de los deseos, haciéndolo temblar hasta los cimientos.
-¿Sería sensato si me doblego y abandono la lucha por alcanzar Kosen Rufu? ¿Si dejo a su suerte a mis amigos y huyo por una ilusión? Prefiero seguir siendo lo más temerario posible.-
-Idiota! Podría cumplir tus deseos.-
Ichinén se puso en guardia y levantó la espalda, presto a golpear.
-Mi único deseo ahora, es encontrar a Victoria y que todos mis amigos salgamos de aquí.-masculló entre dientes.
Ichinén golpeó contra una pared, que de tan blanca se descompuso en millones de colores fragmentados. Detrás vio a Victoria sobre una especie de asiento largo, inclinada de costado sobre una corta cama antigua con alto espaldar. El lugar estaba profusamente decorado con cortinas ocre y alfombras gigantes de color bordó. El guerrero corrió junto a ella e intentó despertarla.
-Soy la reina y protegeré con mi vida a la gente de mi pueblo, por esto voy a darla en bien de todos aquellos…-murmuró entre sueños, pero el guerrero continuó moviéndola hasta que rompió la ilusión del sueño.
Cuando ella reaccionó y reconoció a Ichinén, se levantó de un salto. Sacando la espada a su vez. Ambas armas, la de Ichinén y ella,  resplandecieron al unísono, como brillando en un latido. El guerrero la miró sorprendido desde la cabeza a los pies.
-Tu espada…-
-La tuya no es la única espada de la ley, Ichinén. Existen tres, Daimoku es la más poderosa, pero esta es la que más filo tiene. Su nombre es Karma.-explicó Victoria.
En ese instante entró en la sala el señor del palacio, hecho una furia.
-¿Creen que reunirse los hace más fuertes? Nunca van a poder escapar de mi palacio, cada rincón está custodiado, cada salida está sellada, cada ventana cerrada.-amenazó alzando una mano hacia ellos.
Ichinén se apegó la espada al cuerpo, como listo a estoquear.
-Entonces, inventaremos una salida.-
El guerrero se lanzó contra el Rey Demonio, haciendo un arco con Daimoku en el aire. La figura de Rokuten se desvaneció como otras ilusiones de ese lugar y reapareció en un balcón arriba de ellos.
Ichinén y Victoria agarraron cada uno a un gato y lo despertaron.
-Estoy despierto, estoy despierto.-maulló Teban rápidamente, para evitar que lo siguieran sacudiendo.
Los balcones aledaños y los costados del salón comenzaban a llenarse de esbirros del Rey Demonio.
-Tenemos que salir de aquí rápido o no vamos poder con todos, no durante mucho tiempo al menos.-dijo Victoria, mirando alrededor.
-Una espada de la ley me permitió romper la pared y encontrarte. Dos bien pueden crear una salida de este lugar.-acotó Ichinén.
El guerrero emprendió una corrida, agitando a Daimoku a uno y otro costado. Pero en vez de concentrarse en los enemigos, atacaba las columnas y paredes. Los esbirros de Rokuten se miraron desconcertados y luego persiguieron al guerrero.
-Están destruyendo mi palacio. Mátenlos!!!-gritó el Rey Demonio, más enfurecido que nunca.
-Rompé Ichinén, rompe.-gritó Teban, mientras saltaba de la cabeza de un demonio, para rasguñar el rostro de otro.
Dulce, no hacía honor a su nombre, por lo menos al entender de esos enemigos. Mientras que Victoria, siguió la idea de Ichinén apenas entendió que pretendía. Fue ella quien golpeó con su espada Karma, una pared que generó un ventarrón en la gran sala.
-Victoria encontró la salida!-gritó la gata y corrió en pos de su compañera.
Teban también se encontraba, mientras que Ichinén tuvo que abrirse camino mediante mandobles de Daimoku.
-Voy a matarte Ichinén, y a todos aquellos que te siguen. Sos un hombre mortal y un día llegarás a los reinos de mi dominio. Y ese día será el de mi venganza.-juró con odio el Rey Demonio del sexto cielo, golpeando la baranda del balcón.
-Todos deberemos morir alguna vez.-le respondió Ichinén antes de salir al exterior.
Los cuatro compañeros se encontraban fuera del palacio de los deseos, pero este no es un lugar común en nuestro universo. El cielo se extendía en todas las direcciones. El vacío rodeaba todo el lugar, cascadas y ríos que surcaban por allí, se perdían en el lejano infinito.
-Es el infinito océano del universo. Podemos perdernos en esas aguas eternas e interminables.-Explicó el gato.-Pero es eso o volver con los demonios.-
Ichinén no se lo pensó mucho. Tomó a Teban bajo su brazo izquierdo y salió en carrera hacia el borde del acantilado. Victoria lo imitó, haciendo lo mismo con Dulce, mientras sentían todavía a Rokuten profiriendo maldiciones.
-Al agua, gato.-comentó Ichinén un segundo antes de saltar al vacío del infinito.

12/31/2015

28-En las fauces del dragón.

El sonido de los huesos al partirse por acción de la dentellada fue escalofriante. Los del morboso público, interesado en la ejecución, abrieron sus bocas como si fueran una sola persona. Ichinén fue el más sorprendido al no sentir esos sables de hueso sobre su cuerpo. El que estaba siendo devorado, era uno de los soldados que había llevado a Ichinén hasta su destino final. El otro fue expulsado de su lugar, hacia abajo en el vacío, por la pata delantera del dragón.
-Creen que acaso soy su perro de ejecución! Soy un dragón, cabeza de vasija!-Vociferó Seiryu, haciendo temblar la ladera de la montaña.-¿Por quién me tomaron, imbéciles? Uno de mi estirpe no es el lacayo de unos pichis como ustedes.-
Un batallón de soldados se adelantó y rodeó a los líderes del pueblo, Ichinén intentó forcejear con sus cadenas, por si la bestia volvía su atención a él, pero era inútil. 
-Como me enseñó mi vieja: A la gilada, ni cabida.-se rió el descomunal monstruo cambiando el tono de voz.-Debieron prestar más atención y hacer la tarea, hubieran llamado a otro dragón en tal caso.-
En ese momento, el dragón con carne aun colgando de su mandíbula miró a Ichinén de cerca. El guerrero nunca había visto de esa forma tan íntima a un animal de esa especie.
-¿Es cierto que sos seguidor del Príncipe?-indagó Seiryu, pero al no comprenderle Ichinén se explicó un poco más.-¿Si sos de la banda del príncipe, vos andás parando con él?-
Ichinén no entendía muy bien el dialecto del monstruo o si hablaba en dragonil muy cerrado o era solo Seiryu en particular.
-Respondé!!!-gritó el dragón, perdiendo la paciencia.
-Si, lo soy. Me considero discípulo del príncipe…-
El dragón sonrió malignamente, en toda la extensión de sus fauces azuladas, interrumpiendo al guerrero en el medio de la frase.
-Todo piola, igual que mi madre.-
Ichinén se quedó duro de sorpresa. No caía en nada de lo que había escuchado apenas un segundo antes. 
-Eso es lo que estos ingenuos debieron investigar antes de mandarte a ejecutar a mi montaña. Soy el hijo de Butsu Ryu, la hija del rey dragón, soy descendiente de Sdagara.-
La mente de Ichinén voló a su pasado, recordando al rey Dragón y su encuentro en la Posada de los Muertos. En aquel momento no sabía que le deparaba el camino, no conocía a sus actuales amigos, allí comenzó a buscar a los tres maestros. El rey le había dicho que recién en el décimo estado encontraría al primer maestro, pero finalmente lo halló mucho antes. No pudo pensar demasiado en ello, ya que el dragón se removía inquieto ante las acciones de los pueblerinos, que se aprestaban para la pelea.
-Conocí a tu abuelo, él me contó que tu madre era discípula del primer maestro.-
El dragón enarcó las cejas y asintió.
-Así es, ella alcanzó la iluminación al escuchar a Manjushri, otro discípulo del Príncipe.-
En ese preciso momento que Seiryu le explicaba toda la relación entre ellos, llegaban hasta ese sitio, Victoria con Dulce y Teban.
-¿Estás bien?-preguntó Victoria mientras con su espada cortaba las ataduras del guerrero.
-Que bueno que estás bien!-lo saludaron ambos felinos y se le fregaron por los tobillos. Al girarse, Ichinén contempló como Devadatta venía caminando muy tranquilo con su espada envainada aun sujetada a la cintura. El primo del príncipe lo miró con desprecio al detenerse y llevó la mano a la espada.
-Se nota que deberé ocuparme personalmente de esto. Irónico que lo haga con tu propia espada.-comentó Devadatta, pero al intentar sacar la espada de la funda no pudo hacerlo.
El dragón se rió a carcajadas, haciendo un fuerte eco en las montañas, burlándose.
-Este es un pancho del año cero. No sabe que esa es una espada de la ley, solo responde a los puros de corazón.-y luego de decir esto, apretó los dientes siseando el resto.-Solo Ichinén puede blandirla y quizás alguien más con buenas intenciones, claramente no las tuyas.-
Ichinén no se lo pensó más y fue en busca de su espada. Ni había dado dos pasos con la mano en alto en gesto de arrebatársela a Devadatta que Daimoku vino a sus manos, dejando las del pérfido hombre. Este lanzó una mirada furibunda en torno a ellos.
-Si, te conozco, Devadatta. Envidioso, botón, gil, Baka, ortiva, petaj, Kimochiwarui...-y Seiryu continuó la letanía de insultos en diversos idiomas.
El primo maldito hizo una seña a la gente a su espalda y tres escuadrones de soldados se lanzaron al ataque. Los tres líderes del pueblo, se empezaron a retirar discretamente. Los tres enemigos poderosos, demostraban su valentía dejando la batalla. Lo siguiente fue un ataque a traición contra Seiryu, con diversos aparejos le lastimaron por donde no veía. Ichinén golpeó a diestra y siniestra, Victoria rodaba por el suelo y apartaba adversarios en cada golpe, como si fueran muñecos de trapo. Incluso Teban y Dulce se las arreglaban bien, cada uno pegándose a un compañero humano. Teban junto a Ichinén y Dulce con Victoria. El siseo de los gatos no era tan atemorizante como el humor del dragón, pero las uñas dolían bastante a esos soldados. Seiryu gritó desgarradoramente cuando una andanada de ballestas le dio completa en un ala.
El dragón agitó la cola a su alrededor y barrió todo enemigo en las cercanías, algunos siendo aplastados y otros cayendo al vacío.
-¿Creyeron que venía solamente con un plan hasta acá?-se mofó Devadatta, al decir esto sacó de entre sus ropas algo que no lograron ver bien, pero parecía un arma corta.
Un rayo tenue y pálido salió del arma, yendo a dar a la cima de la montaña, colmada de nieve. El primo del príncipe, apretó algo en su cintura y se elevó en el aire, alejándose hasta perderse de vista. En principio no ocurrió nada, pero luego escucharon el sordo quejido de la avalancha formándose. Todos los pueblerinos y los soldados corrieron montaña abajo, presas del pánico. Ichinén y Victoria se reunieron y se miraron sopesando opciones.
-Que hijo de una gran legión de p...-empezó maldiciendo el dragón, siendo tapado por el fragor de lo que se les venía encima.
-¿Seiryu, podés sacarnos volando?-preguntó Teban a los gritos.
-Mi ala, no sirve, puedo aguantar la nieve y tratar de protegerlos.-
Victoria miró a Ichinén y con eso se dijeron que muchas más opciones no tenían. 
-¿No hay una puerta por aquí? Algún portal a otro mundo.-
Teban negó con la cabeza, pero Dulce le retrucó.
-Si, hay uno.-
-Usémoslo.-ordenó Victoria.
-No, yo también siento ese pasaje, pero lo que siento del otro lado no es para nada positivo. Podemos llegar a caer en lugar peor que este.-replicó el gato.
El alud cayó sobre ellos con toda la furia posible, como si el mundo la tuviera contra ellos. Seiryu intentó frenar el empujón pero su cuerpo estaba dañado, los cuatro se agarraron unos a otros y a su vez al dragón. Pero la avalancha los seguía arrastrando y pugnaba por separarlos.
-Tomemos ese portal, adonde sea que nos lleve, no puede ser peor que esto.-gritó Ichinén por encima del ruido del alud.
-No te va a gustar donde está el portal.-respondió Teban.-Dentro de las fauces de Seiryu.-
La desazón estuvo por invadirlos, pero Ichinén descartó rápido el temor a meterse en la boca del dragón, era la única otra opción.-
-Vayan…-les dijo Seiryu.-Yo puedo aguantar la nieve, pero ustedes no la cuentan.-
Sin decir más, abrió las fauces lo más grande que pudo y Teban junto con Dulce convocaron el portal. Un leve resplandor se notaba en el interior del animal. Dos gatos convocando, cuatro que podían pasar. Desaparecieron dentro del dragón, yéndose a otro mundo y Seiryu se dejó enterrar. Él era el dragón del agua, la nieve solo era agua congelada, nada le haría. Pero cuando saliera debajo de la nevada, se juró que el pueblo de esos osados humanos la iba a pagar. La furia del dragón no es algo que se desprecia así nomás.
Ichinén cayó con las manos sobre un piso embaldosado. Vio a Victoria rodar hasta sentarse cerca suyo. Los gatos como siempre, caen de pie.
-Te lo dije, sabía que este lugar no me iba a gustar.-exclamó Teban.
-Oh, no.-corroboró Dulce.
Ichinén levantó la vista y lo que vio no alcanza el tiempo para describirlo. Era una habitación inmensa, con balcones interminables hasta lo alto donde se pierde la vista y al fondo, no había paisaje o aire, solo energía, vacío, quien sabe qué. Columnas que parecían infinitas sostenían ese gran palacio.
-Bienvenidos a mi grandiosa morada.-se escuchó una voz, que los hizo temblar a todos y a Ichinén le resultó desagradablemente familiar.
-Rokuten.-murmuró el guerrero.
Ante ellos, en toda su pompa y circunstancia, desde un balcón cercano; se mostraba el Rey Demonio del Sexto Cielo.
-Chicos.-se escuchó decir a Teban en tono ominoso.-estamos en el palacio de Tenyi-Ma, el demonio del Sexto Cielo.-

11/30/2015

27-En el día más oscuro.

 
El juicio fue todo lo farsesco que Ichinén esperaba y más. Una multitud se agolpaba a ver que ocurría. Para ellos era tan solo un espectáculo, un entretenimiento. La gente paseante no entendía porque razón ese hombre estaba siendo juzgado. En el estado de la ira, la intolerancia es primera regla, porque se actúa de esa forma. En este reino, Ichinén sabía que poco se podía razonar con los furibundos agitados por el traidor Devadatta. Intentó escapar un par de veces, incluso llegó a huir por un pasillo, pero todas las puertas estaban cerradas. Solo consiguió castigos y más golpes. Aunque los captores no salieron indemnes tampoco. Ichinén decidió esperar la oportunidad cuando saliera de la prisión, quizá en camino a la ejecución previamente gestionada por el enemigo. Los captores tomaron en este caso, la precaución de encadenarlo fuertemente, siempre que lo sacaban de la celda. En el juicio, un ominoso jurado lo observaba silencioso, al fondo una silueta más alta, que tardó en identificar. El juez era apenas una figura decorativa, aunque sombría ciertamente. Le preguntó a Ichinén si se confesaba culpable de los crímenes, aunque sin aclarar cuales eran ellos.
-¿De que crimen se me acusa, acaso existe verdaderamente una razón o solo es un invento?-
-Agitador, revoltoso, ir en contra de las creencias establecidas... ¿Sigo enumerando?-
Citaron el episodio en la posada de los muertos, aunque nadie de los presentes había estado allí ni se había visto afectado. Simplemente, el traidor primo del príncipe tenía buenos informantes.
-¿Que no crea o piense lo mismo que ustedes es un crimen? Se nota que es la tierra de la intolerancia esta, solo la ira es tan obtusa.-respondió el guerrero.
Esto no ayudó mucho a Ichinén. Lo devolvieron a la celda. Dos días, duró esa comedia. En la víspera del tercero, Ichinén se encontraba solo en su celda y sentía flaquear sus  fuerzas. El alimento era escaso o nulo y su firme voluntad oscilaba ante el viento de las circunstancias. Esa noche fue quizá la más larga de su encarcelamiento. Pensando que el día siguiente sería el veredicto final, se recostó en el suelo de la incómoda prisión y trató de dormir. En el punto que dista entre el sueño y la vigilia, sintió una presencia familiar, pero que no reconoció. Una voz, firme y recia, decía:
-"De todas las persecuciones que he sufrido, las peores fueron el intento de ejecución en Tatsunokuchi y el atentado en Tojo. Ninguna de las otras representó una agresión directa hacia mi vida. He sido calumniado, denunciado, desalojado, falsamente acusado y golpeado en el rostro, pero todos estos, en comparación, fueron incidentes menores."-
Ichinén se levantó de repente y miró en derredor desconcertado. La voz había sido tan clara que no podía decir que había sido un sueño. Sacudió la cabeza y se miró las manos. Mañana o tal vez un poco más, iba a morir.
-Si he de perecer, seguirá pugnando por lo que creo y lo hago en los valores de Kosen Rufu. Aunque no llegue a esa tierra, no traicionaré sus valores. Por que de lo contrario no merezco lograr mi objetivo de alcanzarlo.-
La noche le trajo millares de dudas, pero no había escapatoria ante lo evidente. La sentencia sería dictada. Y así fue, como premeditadamente había sido planeada. Su ánimo oscilaba entre las inamovibles circunstancias desesperantes y la vana esperanza de un clavo ardiendo.
El día no fue mejor, temprano lo levantaron para prepararlo para el tribunal. El juicio culminó más farsesco que nunca antes, con clowns y reidores. Cuando le pidieron que expresara su alegato, Ichinén les dijo a todos los presentes.
-Yo no he cometido ningún crimen, excepto el de no pensar lo mismo que ustedes, ni creer en lo mismo que ustedes. Y como me niego a aceptar la derrota, la muerte y sucumbir ante la oscuridad; desean eliminarme. Sepan que eliminarme a mi no solucionará nada, siempre surgirá gente que se opondrá a la derrota, a la muerte y que luche por la libertad. Todos ustedes son todos prisioneros, de sus miedos, de su ira, de su estupidez.-
El público, el jurado, incluso el juez se removieron inquietos y demostraron su desagrado. Ichinén fue arrastrado de las cadenas que lo maniataban. Lo llevaron por el camino a las montañas. Llegados a un punto, la multitud que lo seguía en peregrinación sumaria se fue quedando rezagada. Solo tres soldados lo llevaban. Pero aun con todo, Ichinén no podía zafarse de las cadenas y estaba muy agotado como para correr en esas circunstancias.
-Aquí viene Seiryu.-gritó uno de los soldados, por encima del ventarrón que se levantaba en lo alto.
El dragón llegó de apenas un corto vuelo desde lo alto de un pico y se posó abriendo las alas en toda su extensión. Toda la magnificencia de la bestia hizo temblar a Ichinén. El dragón azul miró a las criaturas a sus pies como quien observa hormigas caminando junto a su pie.
-Así que este es el que debe ser ejecutado. ¿Cual es el cargo?-
El soldado que no sostenía las cadenas de Ichinén fue el que respondió.
-Se le acusa y se le condena, por asociación con un conocido hereje agitador como es el príncipe Sidda...-
-Si, si, ya conozco todo eso.-lo interrumpió Seiryu de mal talante, como todo dragón que se precie cuando lo aburren.-Terminemos de una vez con esto.-
Ichinén vio una ladera a las espaldas del dragón, sobre la cima más cercana, veía clara la silueta de Teban, su compañero gato. El dragón azul se acercó adonde Ichinén era retenido y la fugaz visión fue entorpecida por la descomunal criatura. Las fauces del dragón se cerraron sobre la carne.

10/30/2015

26-El encarcelamiento de Ichinén.

De la primigenia prisión, Ichinén fue traslado luego en un carro. El lugar donde lo encerraron a continuación parecía bajo tierra, la mazmorra de algún castillo suponía. No pudo ver mucho del trayecto ni en otros momentos del traslado. Apenas si le permitieron visitas. Maverick le llevó comida, ya que sus carceleros apenas lo habían alimentado. Su amigo se lamentaba que era una ración algo pobre, Ichinén se la agradeció de corazón.
-Mucho no me han dejado pasar. Sospechan que intentaría traerte algo para que puedas escapar. Vigilan mucho eso.-
-Gracias, es más que suficiente esto. Bastantes peligros has corrido para traerme esto. El tribunal se reúne mañana, no hay tiempo para más. Es demasiado peligroso que me traigas raciones otra vez.-
Maverick se agarró de un barrote de la celda embargado por la impotencia. La mazmorra estaba sucia y oscura, era un lugar donde apenas había luz de antorchas, ni esperanza de ver la del sol.
-No tengo muchos tesoros, con los que pueda sobornar a los guardias. Lo lamento, Ichinén.-
-Yo tengo un gran tesoro. Un amigo que me trae estos manjares.-
-No son gran cosa.-
-Después de que apenas me alimentaran este es el más rico manjar. Te lo agradezco, amigo.-
El compañero le contó que Teban había llegado herido pero que estaba bien ahora, después de unos cuidados. Esto tranquilizó a Ichinén parcialmente.
Maverick suspiró hondamente y removió el polvo con el pie.
-No comprendo todavía la razón de tanto horror ante tu fe. Es tu fe sincera, no has molestado a nadie con ella.-
-Yo tampoco lo comprendo, pero algo más está ocurriendo aquí.-
-Un comerciante me dijo una vez que quien dice la verdad siempre se ganará enemigos.-
-El príncipe me dijo algo similar con otras palabras.-respondió el guerrero Ichinén.
La voz estentórea y cascada del gordo carcelero se sintió en todo el túnel de la mazmorra. 
-Se acabó la visita! El prisionero morirá mañana.-
Maverick se removió inquieto pero no dijo nada. Ichinén fue quien respondió clavándole la vista.
-Mañana me van a juzgar.-
-Entonces morirás pasado.-replicó ofuscado el obeso sujeto, rascándose un grano en el rostro.-No me hace ninguna diferencia.-
-Si, noto que la diferencia entre una serpiente y una cuerda no te es clara, ten cuidado la próxima vez que ates algo.-
Maverick se retiró tratando de contener disimuladamente una sonrisa, mientras el carcelero agitaba un puño en el aire.
-Ya verás cuando salgas de esa celda, no estarás tan contestador.-
-¿Qué vas a hacer? ¿Intentar matarme? Creo que eso es lo que ya planean hacer, con un juicio antes para guardar las formas, pero el resultado será el mismo.-
Ichinén lo miró con divertido desdén, como marcando algo demasiado obvio. El hombre no supo que responder y se retiró.
Al quedarse solo, terminó la comida que su amigo le había llevado. Si eso lo ayudaba a sostener su cuerpo para poder resolver este aprieto y así poder continuar el camino a Kosen Rufu. Maverick había colaborado sobradamente en ese destino. Las horas fueron pasando, pese a que no se veía, sabía que el sol  se estaba poniendo. El sol descendía en paralelo con su ánimo. Aunque pensaba y pensaba, no veía como salir de ese atolladero. Se encontraba atormentado por todos esos pensamientos, cuando recibió una nueva visita.
-El gran Ichinén, no es algo precisamente impresionante.-se burló el hombre desde dentro de su capucha.
-Sal de las sombras, para que pueda verte. Ya sospecho tu identidad.-le increpó Ichinén.
El hombre se acercó a los barrotes y se echó la capucha hacia atrás. El rostro se le hacía familiar, pero no era el que esperaba. Su sospecha que fuera Rokuten era errada.
-¿Quién esperabas que fuera?-
Algo en ese rostro lo ponía en alerta, pero no podía precisar que era. Mirándolo con desconfianza, Ichinén le respondió.
-Un viejo enemigo, que le encantaría verme en esta situación.-
-Muchas fuerzas desean verte en esta forma, apresado e inútil. Pero solo yo he conseguido lograrlo.-
El guerrero alzó las cejas con asombro.
-¿Por qué razón? Ni siquiera te conozco.-
-Oh, pero para quien trabaja conmigo si eres conocido, alguien que aborrece tu arrogancia de intentar llegar a Kosen Rufu. Como si lo merecieras, y encima llevar más gente contigo.-
Ichinén sintió que algo ignoraba de todo aquello, esas fuerzas que se le oponían, no la veía claramente. Se dio cuenta que al emprender el camino, muchas fuerzas negativas se habían resentido. No solo porque el fuera por ese sendero, sino tan solo por la posibilidad de que otros lo siguieran. 
-Creo saber para quien trabajas.-agregó el guerrero.
-No trabajo para él, sino en conjunto. Mi interés en esto es apartar de tu asociación con el Príncipe.-
La mención del primer maestro le trajo a la memoria una alusión.
-Si, ese es nuestro vínculo, Ichinén.-
-Pero yo no te vi nunca.-
-No, viste a mi primo, el Príncipe, tu primer maestro.-
-Y el primo que conocí, Ananda…-
-Ese es mi otro primo, un iluso que siguió las enseñanzas del arrogante príncipe y primo mío. ¿Sabías que el abandonó su hogar, su hijo, todo; por perseguir ese sueño? Dejó el reino y se fue en busca de su tan preciada iluminación personal. Muy arrogante de su parte por cierto.-
Ichinén se acercó a los barrotes y le clavó la vista, examinándolo.
-Arrogante me parece tu actitud de juzgar a otros, como si hubieras hecho algo importante. Tus primos no te mencionaron, debes ser claro candidato para el olvido.-
Esto ofuscó al hombre y casi escupiendo soltó toda su voz.
-Yo soy Devadatta, mi primo me debe mucho, sin mi no hubiera logrado grandes cosas. ¿Y así es como me lo paga? Tomando en cuenta a cuanto soñador pulula por ahí, Ananda, tu; siempre hay alguien persiguiendo ilusiones. Justamente lo contrario a lo que dice enseñar.-
-Confundes soñar con ensoñación.-le refutó Ichinén.-Mi padre me enseñó una vez, está bien pensar que el cielo es el límite, mientras mantengas los pies sobre la tierra.-
Devadatta torció el gesto con desprecio, Ichinén ni se inmutó.
-Mírate, patético ser humano. Encerrado en esta prisión por seguir a mi primo. Solo otra ilusión.-
-Peor es tener una cárcel como la tuya, la de la envidia y el resentimiento. Por lo menos mis barrotes son concretos y reales, impuestos por otros. Los tuyos solo tú los has puesto allí.- 
Esto no gustó para nada a Devadatta, en su rostro se transfiguraba la viva imagen de la ira. Esto en principio le parecía hasta cómico al guerrero, pero al ver la furia en el rostro del hombre cayó en cuenta de algo que se le había escapado hasta el momento. Se reprendió por dentro por no darse cuenta antes.
-Ahora comprendo. Estamos en el estado de la ira. Por esto esa gente se encuentra tan cegada ante todo, por eso la violencia. Por eso, eres tu quien me viene a confrontar. El Príncipe dijo que debía atravesar los cuatro estados más bajos. Él dijo que me faltaba el último y aquí estoy. Claro, no existe un cartel a la entrada de esta tierra donde diga: usted ha entrado al estado de Ira. Uno simplemente es arrastrado dentro. ¿No es así?-
Devadatta lo observaba fríamente, con una media sonrisa irónica.
-Y has caído en la trampa como un ingenuo. Mañana te juzgarán, te condenaran y morirás a manos de Seiryū, quien será tu verdugo, la viva imagen de la Ira.-
-Ya veremos que es lo que ocurre. Y veremos si ese Seiryū es tan bravo como dices.-
El hombre soltó una sonora carcajada.
-¿No sabés quien es Seiryū? Es el dragón azul, serás un tímido bocado para él.-
Diciendo esto, Devadatta dejó solo a Ichinén.

9/28/2015

25-Los tres enemigos poderosos.

Mucha gente se ha reunido en un hogar. En el living de esta casa, una como tantas otras, el hombre paseó la mirada por todos los reunidos allí. Acomodó sus notas y saludó, viendo que estaban todos sentados y acomodados en círculo. Ya era el momento de hablar.
-Hola. ¿Cómo están? Gracias a todos por llegar. Muy bienvenidos.-
Algunos de los presentes asintieron y saludaron con la mano en alto.
-En la reunión de hoy vamos a charlar sobre un tema un poco técnico, pero es de esos que siempre conviene repasarlos de vez en cuando. El tema a dialogar hoy es “los tres enemigos poderosos.” Para ello, lo explicaremos con un relato del guerrero Ichinén.-
Algunas personas sonrieron en señal de aprobación, mientras otro de los moderadores iba repartiendo hojas en las que estaba escrito el relato.
-Este relato se ubica en la etapa en que el guerrero Ichinén va junto con Teban, el gato. Ambos llegan a un pueblo en busca de una persona que les daría un trabajo. Esto solo como un medio hábil para poder seguir su camino a Kosen Rufu…
El guerrero Ichinén y Teban llegaron a la plaza central del pueblo. A quien pudieron le preguntaron por el que buscaban. Solo tres personas tenían una leve idea o intención de ayudarles. Con esas vagas indicaciones llegaron a lo de Maverick. Parecía que la calidez no era cosa común por esos lares.
-¿Tu eres Maverick?-preguntó Ichinén, luego de saludar.
Un hombre joven, de cabello claro los recibió con una sonrisa. Estuvieron charlando largo rato sobre los pormenores del trabajo. Su actitud cordial y afable lo diferenciaba marcadamente del trato que habían recibido hasta el momento. Podía escuchar y hablar con Teban, eso era un buen signo. Mucho podía significar que comprendiera el idioma de los gatos y que pudiera oírlos.
-Soy un comerciante itinerante, llevo mayormente mensajes o algún que otro presente para alguien. Siempre se pueden utilizar un par de manos más. ¿Estás dispuesto para trabajar?-
Ichinén asintió con determinación.
-Tengo que subsistir, antes de continuar mi viaje al oeste. Este trabajo me ese necesario para conseguir los medios para continuarlo, y puede que me acerque un poco más a destino, aunque más lentamente.-
Así, pasaron varios días en que Ichinén, ayudó a Maverick a preparar pedidos y algunos otros encargos para emprender viaje hacia el suroeste, como primera parada. La tarde iba acompañada de una ligera brisa que presagiaba tormenta. El rumor de muchos pasos hizo que el guerrero levantara la vista de su tarea. Un numeroso grupo de gente se le acercó, los modos amenazantes lo desconcertaron antes que alertarlo. No sabía que alguien estuviera enojado con él por ninguna razón.
-Ahí está, Domon Zojoman. Ese es el que proviene del Monte Gridhrakuta.-
Ichinén enarcó una ceja no entendiendo a que se refería el sujeto. El tal Domon Zojoman avanzó entre el gentío se malencaró a Ichinén. Sus ropas de monje no escondían su furia contenida.
-¿Así que tu eres el asociado con ese agitador?-
-No conozco a ningún agitador, ni vengo de ese monte.-replicó Ichinén.
-Si, hermano, es verdad. Proviene del Pico del Águila.-intervino otro hombre, que por el parecido, debía ser hermano del monje.
-Te creo, Sokushu.-afirmó Domon, para luego llamar a gritos.-Sensho, ven hermano. Este es el hombre que debes poner bajo arresto.-
El aludido Sensho, uniformado como guardia del pueblo, tomó a Ichinén por un brazo. Maverick miró la escena entre sorprendido y alarmado.
-Un momento, bajo que cargos intentan arrestarme?-exclamó el guerrero.
-Asociarse con agitador y propagar mentiras en contra de nuestra fe.-
-En contra de su fe? Si yo no sé ni en que creen.-
-Nosotros creemos que debemos pasar a la otra vida para recibir los premios que nos merecemos, no debemos hacer nada ni tan siquiera tener hijos de ser posible, aunque eso es difícilmente evitable. El príncipe que sigues es un agitador que proclama una enseñanza contraria a esto. Los seres humanos debemos rendirnos a las circunstancias, no tratar de trascender y elevarnos por encima de las dificultades. Tu líder es un hereje y un mentiroso.-
Ichinén intentaba mantener la calma ante tanto razonamiento ilógico. La calumnia contra el príncipe fue más de lo que podía soportar.
-No había escuchado nunca sobre tu fe, pero ahora que lo hago no me parece interesante. Igualmente, bien podrías dejar que la gente decida por si en que desea creer. Por lo que a mí respecta, mi decisión es no creer en tus ideas.-
La turba reaccionó a los gritos, así como el rostro de los tres hermanos Zojoman se crispaba en ira.
-Lo han oído de sus propios labios, reconoce su mentira y persiste en ella. Es un blasfemo y un hereje. Muerte para el.-
El guerrero intentó forcejear, pero el gentío lo apretó y sujetó firmemente con cuerdas que ya traían preparadas. Los tres Zojoman dejaron que otros se encargaran de apresar a Ichinén. Teban maulló y se apegó a Maverick. Ichinén los miró y les negó con la cabeza. Si hacían algo, se los llevarían a ellos también y no se ganaría nada con eso. Solo venían por Ichinén, así que sus amigos estarían a salvo. Algunos enfervorizados captores golpearon al guerrero, pero el monje los detuvo.
-Esperen, enciérrenlo un calabozo y lo condenaremos a morir a manos de Seiryū, después de juzgarlo.-
La multitud llevó a Ichinén a la rastra, largas manzanas hasta un cuarto con rejas y lo encerró allí. La puerta de madera reforzada con hierros, resonó ominosamente al cerrarse. Ichinén se encontró en la celda. Todavía sin poder creer como habían variado las circunstancias de un momento a otro. Una ventana redonda, enrejada por supuesto, era su única visión del mundo exterior. La cual no era gran cosa, la abertura daba al callejón trasero, y solo veía la pared del fondo de la construcción vecina.
Llegada la noche, Ichinén recibió la visita de su felino amigo, esto lo alegró un poco. El gato trepó hasta la ventana, pero no podía pasar entre los huecos de la reja.
-Es bueno verte, Teban. Aunque es peligroso que te vean aquí.-
-Voy a ir en busca de ayuda. Quizá Victoria pueda organizar un rescate. Ella es una gran guerrera.-
-No quiero poner en peligro a los demás.-
-Maverick que partirá del pueblo como habíamos previsto. Dijo que si podemos organizar un rescate y reunirnos con él, nos estará esperando en el siguiente punto. Podría traer a Victoria y sacarte de esta celda.-
-No llegaría a tiempo aunque lo intentara. Va a haber un juicio mañana a mediodía y al atardecer una ejecución a manos de un tal Seiryū, supongo que así se llamará el verdugo local.-
El gato bufó de rabia, como nunca lo había visto hacer antes.
-Algo debemos hacer.-
-Están acusando falsamente y mintiendo sobre el príncipe. No puedo hacer otra cosa que esperar y aprovechar la primera oportunidad para escapar. Si utilizo la violencia, usarán eso como argumento en contra de mi maestro.-
-Pero no podés quedarte de brazos cruzados. Siento que hay algo más en esto. Alguien les plantó esas ideas a estos fanáticos.-
-De ser así, el resultado es el mismo. Solo queda esperar, Teban.-
Ruido de pasos alertaron al gato y este saltó de la ventana. Risotadas y burlas sobre algo que Ichinén no llegaba a entender del todo.
-Oh, miren un gatito, podemos comerlo.-se escuchó decir.
-Creo que podemos hacerlo gritar, es divertido cuando lo hacen.-
Ichinén escuchó con el corazón en la boca, como los hombres corrían, un maullido largo y quejumbroso se sintió. Parecía como que habían atacado a Teban. No sabía si lo habían lastimado o peor. Ichinén gritó el nombre de su amigo, aferrándose a la reja de la ventana. Esta no cedió ni un milímetro. No se sintió ni un sonido más. Rogó porque el gato hubiera podido escapar. Pero la duda lo acosó toda la noche. Ni un pan duro le dieron de comer. El sol se asomó sin esperanzas. Ichinén se aferró a su determinación de salir de esa situación como fuera.
Los concurrentes a la reunión se quedaron sobrecogidos por el cierre del relato. El moderador dio un cierre al tema y al relato.
-Este cuento termina aquí, ya que solo sirve para mostrar en acción la definición  teórica de los tres enemigos poderosos: uno laico, uno del clero y el que pertenece al gobierno.-
-¿Que pasó con Ichinén y Teban?-preguntó una mujer, preocupada por el destino del felino.
El moderador volvió a hablar.
-El relato aun continúa, mucho queda de Ichinén y sus compañeros en el camino a Kosen Rufu.-

8/31/2015

24-La Oscuridad Fundamental.

Teban miró el fuego desde donde se encontraba echado. Parecía estar agotadísimo, aunque Ichinén no podría asegurar que estuviera más cansado que él mismo. Habían hecho la misma cantidad de trayecto, pero decidieron descansar un poco. Ya el sol estaba cayendo. El gato abrió los ojos y levantó el hocico como oliendo, las fosas nasales se le removieron espasmódicamente. Como rayo se irguió en sus cuatro patas y se quedó mirando fijamente el horizonte con su claroscuro. 
-El cielo se ve negro.-
Ichinén miró adonde su compañero lo hacía, una ligera brisa le hizo sentir un escalofrío.
-Si, se está haciendo de noche.-
-No solo eso.-replicó el gato.
-Bueno, puede que venga tormenta.-
El gato se giró y lo observó, Ichinén se sintió incómodo ante esta mirada.
-No, Ichinén, eso no es una tormenta normal. No es una tormenta en absoluto. Eso solo puede ser una cosa.-
El gato se deslizó elegantemente en sus cuatro patas y fue hasta un costado, más lejos del fuego y de donde estaba Ichinén.
-¿A que te referís? ¿Qué es lo que estás diciendo, Teban?-
-Quiero decir que nos estamos quedando sin tiempo.-
El guerrero se tensó en todos sus músculos. La ignorancia sobre lo específico de los dichos de su compañero lo llenaba de pavor.
-Desde que algunas fuerzas se enteraron que emprendiste el camino a Kosen Rufu, algunas te desean ayudar y otras detenerte. Eso que se ve en el cielo, es una fuerza sin conciencia, sin identidad, un mero ente. Pero que va influenciando a todos los seres que sobrevuela, y no para bien precisamente.-
-¿Esa fuerza está intentando detenerme?-
-No estoy seguro, quizá fue Tenyi Ma quien la dejó libre, detrás de nuestra pista. Tal vez no tenga nada que ver, aunque lo dudo. Pero puede que simplemente esa fuerza se sienta atraída hacia nosotros, como fuera, el rey demonio del sexto cielo se verá beneficiado si esa penumbra nos alcanza.-
Ichinén miró al horizonte y consiguió distinguir lo que veía Teban. No era un atardecer, o tormenta o nada que fuera natural. Algo ominoso había en esa negrura.
-¿Qué es eso?-
-Se llama la Oscuridad Fundamental. Y lo que sea que logres con llegar a Kosen Rufu, la dañaría, por eso es que quizás desea alcanzarte antes de eso. O tan solo es una reacción prefijada, no creo que ese monstruo tenga mente.-
-Y si nos alcanza… ¿Fracasaré?-
-Mucho antes de que esté sobre nosotros, su influencia prevalecerá sobre otros, ellos serán el verdadero peligro. Los envenenados por la oscuridad.-
-¿Y que podemos hacer al respecto?-exclamó el guerrero, encogiéndose de hombros, sintiendo el corazón con mucho peso.
-Avanzar, adelante, siempre adelante.-Respondió el felino, empezando a andar.-No detenernos ni mirar atrás. Debemos encontrar a Maverick. Luego veremos que más nos trae el camino.-
Ichinén ni se detuvo a sofocar el fuego, estaba entremedio de rocas, con lo cual era imposible que se propagara más allá. Por lo menos, era una tenue luz ante la oscuridad creciente que se acercaba. Siguieron avanzando, el guerrero apretó los dientes y se ajustó un poco las ropas. Comenzó a sentir cierto frío mortal, algo que le resultaba desagradablemente familiar.

7/31/2015

23-El general Tigre de Piedra.

Ichinén y Teban salieron del umbral que los traía de la estación de paso. El lugar era un hermoso bosque, muy tupido. Algunos tenían frutos comestibles, algo parecido a bayas o avellanas, por lo que entre eso y un poco de agua de un arroyo que cruzaron, el guerrero pensaba hacer un alto para ingerir lo recolectado. El clima era templado y la caminata fue agradable.
-La siguiente puerta no es lejos, pero este mundo no es precisamente un cultivo de umbrales.-explicó el gato, mientras avanzaban por el sendero.
Ichinén intentó comprender más, inquiriendo a su compañero sobre la naturaleza de estos pasajes entre mundos. Según la explicación del felino, algunos mundos tenían puertas que llevaban a lugares predeterminados, otros a varios lugares diferentes, otros a sitios más lejanos y algunos portales solo transportaban a los más cercanos. En algunos mundos, como ese, no existían tantas puertas, por ellos existía una amplia distancia entre una y otra. El bosque se convirtió en algo más parecido a una selva, por lo que el camino se convirtió en algo más aventurero. Cerca de un claro, existía unas formaciones de roca, lugar que Ichinén eligió para descansar y comer.
-Observa Teban, esa roca se te asemeja.-exclamó el guerrero al ver una roca contigüa a ellos.
-Con un poco de imaginación esa roca parece un mastodonte.-replicó el gato.
-¿Qué es un mastodonte?-preguntó Ichinén, mientras se encaramaba sobre otra roca cercana y abría el bolso improvisado con la comida.
Por lo menos hasta que llegaran a encontrar a Maverick y que tal consiguiera una tarea, no moriría de inanición. El felino comenzó a responderle:
-Es un animal, una especie de ser que…Mueeuuuh!!!-gritó en el medio de la frase el gato, saltando al unísono. Una flecha había aparecido de la nada, Ichinén de hecho no la identificó como tal hasta que la vio clavada en la roca que llevaban comentando hasta hace un momento. La saeta salida sin origen aparente lo sorprendió y puso en alerta. Pero más sorpresivo fue verla profundamente metida en la roca, por lo menos un tercio, si la perspectiva no lo engañaba. El guerrero se puso en pie y escuchó a alguien acercarse. Los siguientes segundos fueron una sorpresa nueva. El hombre que apareció en el claro de las rocas, tenía los ojos rasgados y un grueso bigote, vestía ropas ligeras y llevaba un arco en las manos.
-¿Dónde está?-inquirió con furia el hombre dirigiéndose a Ichinén.
El guerrero lo miró con extrañeza, sin saber a que o quien se refería.
-La bestia, dónde está?-volvió a increpar el hombre.-Estoy seguro que le di.-
Ichinén se giró y le señaló la tan mentada flecha, clavada en la piedra y no en ninguna bestia como esperaba el recién llegado. El ánimo del hombre se vino abajo, masculló una maldición e insultó al aire. El guerrero entendía cada vez menos. Teban regresó de donde fuera que se había escondido.
-Los únicos que estamos aquí, somos mi gato y yo. Es un animal, pero no sé si califica como bestia.-
-No es para tanto, seguro son habladurías.-comentó Teban.
El hombre parecía muy angustiado, pero trataba de contenerse, oscilaba entre el desespero y la furia. Se sentó ofuscado, aunque pronto dio paso a la sorpresa de ver algo tan insólito como una flecha en la piedra.
-Soy el general Li Kuang, descendiente de Li Hsin y servidor del emperador Wu. Estoy buscando un tigre, mucho más grande que este felino que veo aquí. Esa bestia ha matado a mi madre. Es una bestia feroz que ronda por estos lares. Conocerá mi furia cuando lo encuentre.-
-Soy Ichinén, y mi compañero es Teban. Lamento oír lo de su madre, pero no hemos visto ningún tigre.-
-Estaba seguro de haberle dado, pero ahora veo que solo le di a una roca. Mi vista me engañó, el odio me hizo ver un tigre donde no lo había. Es una completa tragedia. Malvada bestia.-
Ichinén se sentó junto al general y trató de confortarlo.
-Es cierto que no alcanzó un tigre, pero enterró una flecha en la roca, eso no es algo que veo todos los días, mi amigo.-
-Podría lograrlo de nuevo… pero encontrar al tigre ya se me hace imposible. Pronto será de noche y para mañana la bestia estará muy lejos.-
Ichinén hizo un gesto de duda, el general entendió la expresión.
-¿Crees que no podría disparar de nuevo y clavar la flecha en el mismo sitio?-
-Darle al mismo lugar seguro que si, pero dudo que penetre en ella.-
El general se levantó y juntos fueron al lugar desde donde había disparado. La flecha fue justo donde estaba la otra clavada pero rebotó contra la piedra y salió hacia cualquier lado. La segunda ni siquiera se acercó. El general dio unos pasos más cerca para tener mejor tiro y disparó, mismo lugar pero no quedaba clavada. Con la tercera se tomó su tiempo y dio casi en el mismo sitio, pero se partió al chocar el material. La siguiente, la siguiente a esa, las tres que vinieron después, todo el carcaj; ninguna pudo repetir la primera flecha clavada en la roca. Incluso trató de recuperar algunas, casi no le quedaron flechas sanas luego de eso. Ichinén lo miraba sin decir nada, lo ayudaba a recoger saetas perdidas pero no emitía comentario alguno. Extrañamente Teban tampoco, pese a que se notaba que el general no podía percibir su voz.
-Creo que su determinación lo ha llevado a lograr algo que es real y prácticamente imposible. Aun cuando repita la misma acción, bajo las mismas condiciones, no logrará los mismos resultados. Algo ha de faltar, es su determinación inicial, su determinación certera.-
El general desistió de seguir en vano rompiendo flechas y sufriendo de amargura. Se sentaron cerca de la tan saetada piedra y compartieron las vituallas. Conversaron un poco sobre sus vidas. Li Kuang comentó sobre sus últimas batallas contra un salvaje y barbárico pueblo a los que llamaba Huns. Ichinén por su parte le relató su búsqueda de Kosen Rufu y como para eso antes debía encontrar una forma de proveerse de alimentos.
-Si alguna vez estás por la región de Chengchi in Lunghsi otra vez, ven a verme. Encontrarás ayuda si de mi depende, tu propósito es encomiable.-
-Lamento el fallecimiento de cualquier ser, pero los animales salvajes son imprevisibles, no puedes culpar al tigre por ser tigre. Así como no se puede culpar al viento por soplar, sea este una brisa o un huracán.-
El general asintió, su sufrimiento era grande, pero ser arrastrado por el dolor solo lo acrecentaría. Su madre no hubiera querido eso.
Se despidieron estrechándose las manos y el general partió por donde había llegado. Con otros pensamientos en la mente y una perspectiva distinta.
Ichinén siguió camino con Teban, caminando hacia lo alto de una ladera.
-Más allá de esas lomas, siento la puerta.-comentó el gato.-Li Kuang, sabía que me sonaba ese nombre.-
-¿Si? ¿Lo conocías de antes?-
-No hasta ahora, pero es un hombre famoso, figura en los registros del Shih Chi, son como un registro de la historia de su pueblo.-
-¿Estamos en el pasado de un mundo?-exclamó el guerrero sorprendido.
Si hubiera podido reír a carcajadas, el gato lo hubiera hecho, pero apenas soltó un ronroneo divertido.
-¿Qué es el tiempo, Ichinén? Tal cosa no es tan solo una percepción. En cualquier mundo que vayamos, no es diferente aparecer en su “pasado” o en su “futuro”. El tiempo es un mundo en si, una forma de ver los mundos. Cada instante en el tiempo quizá sea un mundo distinto del instante siguiente.-
Ichinén quedó sobrepasado por esa explicación, por lo que prefirió guardar silencio. Pero fue Teban quien siguió comentando, casi como para si mismo.
-Si, Li Kuang, gran arquero y comandante de la guardia imperial. Será conocido como el General Tigre de Piedra.-

6/29/2015

22-Mateo.

El gato atravesó el portal y del otro lado se encontraron en la Estación de Paso. El lugar estaba bastante abarrotado de gente, pero no tanto como para que les disgustara. Sin apenas una mirada alrededor, el guerrero y el felino se dirigieron a la barra. El hombre que allí se encontraba los miró llegar con una extraña expectación, no hostil, pero si quizás un poco intrigado.
Mateo. Así se llamaba el que atendía el bar en la estación de paso. Ichinén lo había visto brevemente la primera vez que había estado.
-Hola Mateo.-saludó Teban.
-No se permiten animales aquí.-
-No muerde.-se adelantó a responder Teban.-Es humano y tiene dientes, pero lo tengo bien enseñado. Es mansito.-
Ichinén lo miró de reojo, pero no pudo esperar que el gato sonriera, podría jurar que lo decía en serio.
-Lo decía por ti, gatito lindo.-les replicó Mateo.
-Vamos, Mateo, me lavó más seguido que vos.-
El rostro del hombre reflejó la impotencia para responder ante eso y prefirió guardar silencio. Con un quejido de mala gana el hombre se alejó hacia el fondo. Aprovechando que debía buscar una bebida o usándolo de excusa para no seguir discutiendo con el felino. Para cuando volvió, Ichinén ya se encontraba sentado en un banco.
-Bueno, gente. ¿Qué les sirvo?-inquirió Mateo.
-Lo de gente habrá sido un error.-exclamó el gato.
-Es la costumbre, Teban. Bueno, que será?-
Ichinén rebuscó en sus bolsillos, sus existencias pecuniarias eran más bien flacas.
-¿Qué puedo comprar con esto?-
Ichinén apoyó diversas monedas, de distintas regiones, sobre la mesa. Todas tenían baja denominación, incluso en el lugar más humilde, no compraba mucho con todo eso.
-Fiuuu. He visto desiertos menos secos que este muchacho.-
-Está un poco corto de liquidez, anótalo en mi cuenta, invito yo.-
Ichinén miró sorprendido a su compañero, pero a Mateo le pareció perfectamente normal.
-Un batido de Foié, de esos que sabés hacerme especialmente.-
-Y el “duque quebrado”, que se servirá?-
-Emmm, si, un poco de hidromiel, por favor.-
Mateo se puso a preparar los dos pedidos. El guerrero sentía cierta vergüenza al ser invitado a tomar algo por un felino.
-Gracias, por invitarme a tomar esto, no pensé en el poco dinero que tengo.-
-No te preocupes, Ichinén. Por esta vez, pasa. Te tengo afecto, mi buen muchacho.-
Una copa y un tazón aparecieron en la barra, traídos por las manos de Mateo. 
-Servidos, los señores.-
Teban se concentró en su tazón y rápidamente paladeo lo que parecía una masa grumosa y de color ocre.
-¿Está sabroso?-preguntó el guerrero, pero al ver que el felino no respondía se giró al hombre.-¿Con que está hecho?-
-Con hígado.-respondió Mateo no sin mostrar cierto desagrado.
Ichinén hizo un gesto de extrañeza similar al del barman.
-Salud.-acotó el guerrero y se concentró en su bebida.
-Bueno, que te trae por aquí, en esta compañía tan felina?-
Ichinén le explicó su búsqueda, aunque como en otras tantas ocasiones no supo como describir la sensación de pertenencia a ese lugar, razón por la cual había determinado ir en su búsqueda.
-No es necesario que me lo expliques. Lo entiendo perfectamente. Mirá a tu alrededor, verás viajeros, de todos y hacia todos los mundos posibles, o gran parte de ellos al menos. Todos tienen una razón para existir, si no tuvieran esa que los moviliza, simplemente buscarían otra. Es triste ver en otros lugares como hay gente que no tiene idea de porque vive o para que, más exactamente. Yo vivo para esto, hablar con mis clientes, amigos, o jugar a las cartas o a los dardos. La Estación de Paso es mi lugar en el universo, aquí pertenezco.- 
-Será hermoso, cuando Ichinén encuentre Kosen Rufu, su lugar en el universo. Pero no creo que lo haga sin un céntimo en el bolsillo.-agregó el felino al levantar el hocico del tazón.
-Voy a tratar de solucionar esa parte, conseguir dinero de alguna forma. Mientras no implique nada ilegal o negativo.-le respondió Ichinén, haciendo gestos con su copa.
-¿Estás buscando trabajo?-
Ichinén se encogió de hombros, dudando que responder primero.
-Recién llego de otro mundo, no sé bien donde debería ir a buscar algo que pueda hacer o quien podría emplearme.-
-¿Qué sabés hacer?-inquirió Mateo.
-Se especializa en darle de palos a demonios.-explicó el gato, dejando el batido de Foié solo por un segundo.
-Ah, entonces no es un espectro tan amplio de actividades a realizar.-comentó jocoso el hombre.
-O quizás la existencia de demanda, depende del lugar.-agregó Teban, lamiendo su pata ya que había terminado de comer.
-Puedo hacer casi cualquier cosa, no me amedrento ante ninguna tarea.- intervino Ichinén, alzando una mano para frenar la verborragia ajena, ya cansado que hablaran por él.
Mateo se lo pensó un momento, pasándose un dedo por la perilla y alzando luego un vaso al que se dedicó limpiar.
-Lo que más te conviene es encontrar a Maverick, siempre tiene algún encargo que hacer. Se la pasa viajando. Él debe saber en que lugar podrían usar tus habilidades. Teban te guiará.-
El hombre le escribió en un papel con un grafito que tenía debajo de la barra. La dirección no le parecía una indicación que él conociera. El papel: Diamante, Esmeralda 1930. Teban acotó con total confianza gatuna autosuficiente.
-Conozco perfectamente ese sitio, llegaremos en apenas un par de cruces de puertas.-
Los tres siguieron charlando un poco más. Algunos clientes pasaron y se fueron, otros llegaron. Mateo intentó explicarle a Ichinén un extraño deporte que le fascinaba, pero el guerrero no consiguió entenderlo del todo. Algo parecido a lanzar piedras con una espada, o una cosa por el estilo, no le había entendido correctamente. Comieron frugalmente, invitando el gato, claramente; y partieron hacia otros rumbos.
-¿Pensaste que esto puede ser una demora en tu camino a Kosen Rufu?-le preguntó el felino al guerrero.
-Para llegar allí, debo comer, vestirme y otros menesteres. Todo lo que sirva o ayude para el camino, no lo considero un retraso.-
Al cruzar la puerta, el gato le respondió.
-A veces Ichinén, pienso que sos un humano tonto, pero en ocasiones como estas… me sorprende ver que entendiste más que muchos otros.-

5/03/2015

21-El príncipe.

La mano tironeó de la muñeca de Ichinén y se vio lanzado hacía el portal. Al atravesarlo se encontró en un lugar muy distinto. Por empezar, era seco y mucho más cálido que el que acaba de dejar. El shock de la amplitud térmica lo hizo lanzar un estertor y toser largamente. Los ojos se le pusieron rojos hasta que se normalizó su respiración y temperatura. Lo primero que vio fue a una mujer joven, la que lo había sacado de allí, descubrió al ver sus manos. Escupió un poco de agua que había tragado y a su derecha, Ichinén vio a Teban sentado junto a él, igual de empapado y tembloroso. De hecho, su pelaje estaba tan revuelto y frenético por el agua, que le daba cierto aspecto cómico.
-Casi lo perdemos, Victoria.-escuchó decir el guerrero, lo que identificó como la voz de Dulce, la felina compañera de Teban.
Ichinén observó el lugar, parecía un bosque o jardín. Era muy bello, los árboles eran altos, aunque no muy frondosos. Sus ramas eran espaciadas. 
-Tengo que agradecerles, señoritas, que lo hayan rescatado.-comentó Teban.
-Si, gracias, muchas gracias.-acotó el guerrero, aun desorientado.
La joven mujer lo miró fijamente, como examinándolo.
-Dulce, decime que hay alguien más para buscar Kosen Rufu que este empapado… Bueno, sujeto, por decir algo.-
Ichinén la miró desconcertado, no esperaba ese recibimiento después de casi morir congelado.
-No es necesario ser tan duro.-exclamó el guerrero.-No sé que relación tengas en todo esto, pero no es mi intención complacerte o generarte disgusto. Ni uno ni otro. Solo estaba cumpliendo un pedido del príncipe, mi maestro.-
Ella lo miró como risueña, aquello parecía hacer una nostálgica gracia.
-Ahora entiendo, sos un pichón de aventurero.-replicó ella.-Arreglate un poco, nos vas a presentarte ante él todo mojado y desaliñado.-
Ichinén no supo a que se refería, por lo que Dulce intervino.
-Teban te llevará con el maestro, cuando él también se emprolije a su vez.-
Las ropas tan extrañas que llevaba en el barco no existían aquí, volvían a ser las suyas de siempre. Daimoku también había vuelto a la normalidad, colgada de su cinturón. 
Victoria regresó, con un bulto bajo el brazo y se lo tendió a Ichinén.
-Cambiate detrás de esos árboles, y péinate un poco esos jirones que llamás cabello. El príncipe merece que se lo reciba con sobriedad, al vestir al menos.-
Ichinén se quedó intrigado por el humor de esa mujer y fue donde ella había señalado. Teban lo acompañaba, afilándose las uñas en un tronco mientras el guerrero se desvestía.
-¿Quién es ella?-
-Es largo de contar, digamos que solo el tercer maestro te lo podrá explicar, o cuando lleguemos con él podrás entenderlo.-
-O sea que me tenga que aguantar el suspenso hasta entonces.-
-Exacto.-
-Eso no tiene gracia.-
-¿Me estás viendo reirme?-
-Nunca vi un gato que pudiera sonreir.-
-O llorar.-
Ichinén miró el bosque que parecía interminable. Corría una brisa fresca y el guerrero sintió una fea reminiscencia con lo ocurrido en el barco.
-Hermosos árboles.-comentó él, para despejar esa última idea. 
-Se llaman Shorea Robusta. Más comúnmente conocidos como árboles Sal.-
Terminado el aseo, el gato lo guió por entre los árboles. Llegaron a ver a Victoria y la gata sentadas entre las raíces de un árbol, dándoles la espalda, pero mirando en la misma dirección. Ichinén se preguntó que estaría observando, cuando al pasarlas por un costado divisó un grupo de gente reunida. Vestían togas de diversos colores, parecían congregados en torno a alguien en su centro.
-Adelante, Ichinén. Ven más cerca.-
Era la voz del maestro, aunque algo cambiada. Ichinén descubrió al acercarse porque era diferente. El príncipe parecía haber envejecido mucho desde la última vez que se encontraron. La sorpresa y el desconcierto lo invadieron.
-No tengas esa preocupación, Ichinén. Para mi han pasado cuarenta años o más desde que nos vimos.-
El guerrero se vio más desconcertado aun. El maestro se encontraba acostado sobre un catre improvisado en el pasto. Ichinén se arrodilló a un lado.
-Viajamos en el tiempo, además de a otro mundo. ¿Cierto?-
-¿Qué es el tiempo? ¿Acaso existe? ¿O es solo una forma subjetiva que tenemos nosotros de comprender el mundo y nuestras vidas? Mira si no, tu buscas una tierra que se encuentra en el extremo opuesto de este mundo y que te tomara toda una vida llegar.-
Al terminar de decir esto, un estertor convulsionó al maestro. Uno de los reunidos, casi tan grande como el maestro se le acercó y le susurró.
-Por favor, si han de hablar que sea rápido, no se encuentra bien.-
-Estimado primo, dile a todos que nos dejen a solas.-
El primo del príncipe asintió pero no tan a gusto como quisiera. Se le notaba preocupado.
-No quiero molestar, maestro.-
-No es molesto, lo inevitable. Son mis últimos momentos, Ichinén.-
Aquello conmocionó visiblemente al guerrero. 
-No estés triste, Ichinén. Aunque crean que entro en la extinción, no es así. Pero más importante para ti que esto, es tu misión.-
-Debía salvar a esas personas. ¿No es así? Fue como una prueba.-
-A esas, a otras. No había una opción correcta. Solo aprendizaje. Esto te preparara para el segundo maestro. Has pasado tres de los cuatro estados más bajos, falta el último. Y también has de volver a pasar por todo eso. Vislumbraste el primer pilar de tu camino a Kosen Rufu.-
El guerrero lo miró sin comprender, no entendía a que pilar se refería.
-Fe, Ichinén, lo importante es que tuvieras fe en ti mismo. En que pese a que las dificultades surgieran, los sacrificios que debías hacer y las puertas que estuvieran vedadas; saldrías adelante.-
-Casi no lo hago.-
-Gracias a que no estás solo, lo has logrado. Tus compañeros en este viaje serán fundamentales. Solos nacemos y hemos de valernos así, pero no también existen compañeros en el camino.-
Ichinén pensó en la soledad y en como esos eran los últimos momentos del maestro. El príncipe intuyó sus pensamientos.
-No creas que este mundo y el otro son iguales, existen muchos mundos. Y si en este nacemos solos, no es cierto que así morimos. Al dejar este mundo y entrar en uno más incorpóreo, nos fusionamos con el universo. Allí ya no existen soledad, todos nuestros antecesores en esta vida nos esperan allí.-
Aquello no aplacó la desazón de Ichinén, la cercanía de ver al maestro tan frágil, con tan poco tiempo. 
-Son los caminos de la Ley, los aprenderás, ya que portas la espada de la Ley que rige el universo.-
El primo del príncipe regresó junto a ellos.
-Perdoname, honrado por el mundo. Hay aquí un caminante que desea verte, entender la Ley y conocer tus enseñanzas. Le he dicho que no te encuentras bien, pero he venido a preguntarte si deseas recibirlo.-
El príncipe se incorporó apenas.
-Acompaña a nuestro invitado hasta aquí, es libre de preguntarme lo que quiera.-le respondió a su primo.
Con una reverencia, el pariente se alejó.
-Esta será la última persona a la que le exponga la Ley en esta vida.-
Ichinén no pudo contener una lágrima que rodó por su mejilla.
-No llores por mi ser, Ichinén. Todas las cosas están sujetas a la caducidad que produce el paso del tiempo. Se diligente en tu esfuerzo y completa tu objetivo.-
El guerrero asintió, llevándose la mano al pecho como señal de promesa. El felino se acercó a su lado, instándolo con la vista a seguir el camino.
-Gracias por todo, mi maestro, no tengo manera de retribuirle todo lo que ha hecho por mi.-
El maestro sujetó la mano del guerrero y este se levantó. Mientras se alejaba, cruzó su camino con el primo del príncipe y lo que parecía un viajero errante. Ese sería el último alumno del primer maestro. Una nostalgia lo llenaba todo, parecía que hasta en las hojas se encontraba.
-Vamos, debemos seguir nuestro camino.-le dijo Teban.
Ichinén se alejó del lugar donde yacía el maestro, sabiendo que esos eran sus últimos momentos. Sentía tristeza, pero a la vez, el aliento que le había dado el príncipe lo reconfortaba. La felina compañera de Teban y la mujer no estaban donde las habían dejado. 
-¿Dónde se fueron?-se preguntó Ichinén, aunque no esperaba una respuesta.
-Han debido a irse por algo importante. O simplemente fueron a comer algo.-bromeó el felino.
Ichinén lo miró de reojo no sin cierto desdén, como si lo empujara a ponerse serio. Acababan de pasar un momento triste y fuerte.
-No entendiste mucho, Ichinén. Donde se encuentra la risa está el maestro, donde hay llanto, está el demonio.-
El guerrero intentó no argumentar ante eso.
-¿Adonde vamos ahora?-
-Vuelta a tu realidad, que es donde está Kosen Rufu, a la estación de paso.-
-¿Algunos otros mundos visitaremos? ¿Saldremos mucho de mi realidad?-
-No te das una idea.-