10/03/2017

49-Yo, Nichirén.

-Sufre lo que debas sufrir, goza lo que debas gozar.-dijo Nichirén.
Ichinén le acababa de contar sus últimas desventuras en el mundo de Innocenza. El Daishonin cabalgaba al lado de Ichinén y Teban, los corceles habían sido provistos por Shijo Kingo. Delante iba montada Victoria con Dulce, un poco para disfrutar el paisaje nipón y un poco para apaciguar su ansiedad. Ichinén y su compañera llevaban un par de días cabalgando con el monje y el samurái. 
-Pronto ya llegaremos al bosque que el maestro indicó.-comentó el médico y samurái a la joven, mientras acercaba su montura al trote.
-Si, no es que tenga apuro.-respondió ella.
-Pareciera que su pareja lo tiene aún menos.-acotó el samurái.-Es de un carácter férreo, pero no diría que sensato.-
Kingo no era precisamente un estanque en invierno, por lo tranquilo, ardía su carácter con facilidad. Aunque también era proclive a perdonar y olvidar con idéntica rapidez. En los días previos, Ichinén y Kingo habían descubierto que no eran de caracteres complementarios. El menor roce, enardeció la combustibilidad del samurái, mientras que a Ichinén le chocaba la impulsividad del otro. Nada grave había ocurrido entre ellos, pero algún comentario, o mirada con el ceño fruncido; habían cruzado. Nichirén les comentó con seriedad que si iban a ser discípulos celosos de su maestro, que lo fueran ante aquellos que los perseguían. Un poco retó a Ichinén con respecto a que era vergonzoso que se comportara en forma tan infantil. Como las cuestiones menores que eran, no pasaron de un dialogo apenas y una leve amonestación del Daishonin. Se detuvieron a media tarde no muy lejos de donde vivían otros discípulos de Nichirén. Kingo se alejó con su caballo y regresó con comida, provisto como una ofrenda al Daishonin. Ichinén se manifestó en desacuerdo, prefería cazar algo, pero el monje lo disuadió. Solo esa excusa necesitaba algún noble de aquellas tierras, para que Ichinén fuera un perseguido en ese mundo también. El guerrero se removió intrigado sobre como el maestro sabía tanto de su vida previa, antes de que se conocieran.
Luego saciadas las ganas de comer y de beber, reemprendieron el camino, momento que aprovechó Ichinén para inquirir sobre el conocimiento sorprendente que el tercer maestro tenía de la vida de Ichinén.
-Conozco muchas cosas, las he visto en lo profundo de la esencia de la vida. Si controlaras tu mente de tal manera, podrías lograrlo también. Algunos pocos lo logran en esta misma existencia. Otros en tres como máximo, si el propósito es claro y la determinación férrea.-
-Yo tengo una determinación férrea.-
-¿Pero un propósito claro?-
Ichinén tambaleó en su argumentación.
-Mi propósito es Kosen Rufu.-
-¿Por qué quieres llegar a Kosen Rufu?-
Aunque dudó, el guerrero quiso articular una explicación.
-Desde que escuché la historia, sentí que hacía allí debía ir.-
-Y tu intención es honesta, pero el motivo no es claro. En este mundo, mi mundo, Kosen Rufu no es un lugar. Es un ideal, adonde deseo que llegue mi nación, la humanidad entera. Sé que es un objetivo tan grande que necesitara de numerosas existencia para construirlo. En tu caso, es arriesgado pensar que alcanzaras Kosen Rufu en esta existencia.-
-¿Eso quiere decir que tal vez lo logre en la próxima existencia? ¿Cuándo sea otro y tal vez no recuerda que estoy haciendo?-
-¿No es acaso así con todo?-replicó el maestro, para luego sonreír.-Como la iluminación, se puede lograr en esta misma existencia. Pero que te sirve como referencia, el Kosen Rufu no es algo que se nos da, algo que allí está y lo encontramos. Se debe construir, día con día, paso tras paso.-
El guerrero no sabía si sentir esperanzas o desalentarse ante esas palabras. El maestro seguía cabalgando a su lado, mientras el sol caía sobre el horizonte.
-Quiero llegar a Kosen Rufu, para llevar a Victoria a casa. Si yo no lo logró encontrar, al menos quisiera que ella lo hiciera.-
-Veo que amas mucho a la joven.-
Ichinén se removió inquieto en la montura, casi tanto que temió caerse del caballo. Balbuceó excusas y trató de explicar que no era de esa forma.
-Si tu intención es que ante tu sacrificio, ella lograra su cometido y tú no; no creo que exista razón de amor más grande. Esa es la diferencia entre el amor verdadero y el mero apego fenoménico. El apego es un vano intento de aferrarse a lo que se puede perder y que en todas las ocasiones se llega a perder. Sufres tanto tiempo ante la perspectiva de perder y luego otra vez ante la pérdida manifiesta. La joven de la que me contaste, tuviste un acto de amor al pensar en sus intereses y seguir adelante. El rey demonio utilizó eso en su favor, esa es la verdadera raíz de su maldad, utilizara tus propios sentimientos y deseos para que caigas preso en sus garras.-
-No debí dejarla.-
-El pensar que si de haber hecho lo contrario, la situación hubiera sucedido de otra forma, es tan inútil como querer frenar el viento con las manos. Lo que es, es. Lo que sucedió, sucedió. En su vida estaba inscripto que aquello sucedería, quizás sin tu intervención. Refuten solo quiso llenarte de culpa.-
-No se equivocó.-
-El equivocado eres tú, Ichinén, si se lo permites.-
-Su intención fue clara y la culpa me llena.-
-Y eso te aleja de Victoria. Ya dije que la amas, aunque lo niegues. No es casual que te involucraras con su versión en otro mundo, es causal. Así como tampoco fue azaroso que la encontraras y se conocieran. Es muy particularmente kármico que dos personas se encuentren y compartan su camino, entre todas las variantes de los mundos posibles.-
-No creo que ella y yo pudiéramos ser pareja. No solo por su carácter tan avasallante, sino que también está destinada a casarse con alguien más.-
-Lo que consideras como destino es solo la percepción meramente fenoménica que antecede a los hechos ya manifestados. Es como si vieras todas las secuencias de tu vida sobre el tapiz. El orden puede variar, los retoques son posibles.-
Ichinén iba a preguntar si eso significaba que el destino predeterminado de Victoria se podía modificar o si se refería a algo más; pero no pudo hacerlo. Acababan de llegar al bosque indicado. El Daishonin desmontó y se internó en el bosque. Con una seña indicó que los demás esperaran allí. Ichinén siguió al maestro a través de la vegetación.
-Lograr llegar a Kosen Rufu, requerirá de más sacrificios de los que estás creyendo afrontar. No solo vidas pueden perderse.-
-Siento que aún no he logrado nada, no estoy más cerca de Kosen Rufu que antes. De hecho, esto viniendo aquí, en busca de la guía para saber donde ir. No me siento más cerca que cuando oí por primera vez sobre esa tierra.-
Nichirén Daishonin se detuvo en donde estaba y miró al guerrero gravemente, luego de un segundo le señaló en derredor.
-Dime, Ichinén. ¿Sabés que son esos árboles que nos rodean?-
La pregunta parecía tener un matiz de afirmación. Si, el guerrero las conocía, eran alguna clase de bambú. Árboles similares crecían en un lugar más alejado de las tierras de Menkalinam, donde había crecido. Así se lo hizo saber al Daishonin. El maestro no habló hasta pasados unos segundos.
-Existe una variedad particular de bambú en el Japón. Tiene una rara peculiaridad que no muchas plantas comparten. Al plantar una semilla de este árbol, no sale ni un brote. Nada, como si la semilla estuviera podrida, ni siquiera un asomo de algo, al menos durante siete años. Luego de siete años, sale el bambú a la superficie por primera vez y alcanza treinta metros de altura en tres semanas. ¿Por qué entonces no se muestra por siete años que está creciendo? ¿Qué ocurre en ese tiempo? Durante esos siete años, el bambú extiende sus raíces profundamente a lo largo y a lo ancho, para poder tener una sólida y firme raíz que sostenga esa altura. Tu situación es idéntica. Estás profundizando en la enseñanza para construir los cimientos sólidos para el Kosen Rufu.-
La cabeza de Ichinén se le antojaba como un astro enloquecido, de como daba vueltas sobre sí. Se mantuvo pensativo hasta que llegaron a una parte del bosque. Por como el maestro se había detenido, era donde debían llegar. La vegetación estaba torcida y parecía manipulada como para formar una puerta. Antes que Ichinén dijera nada al respecto, el Daishonin lo aclaró.
-Esta es la puerta a un mundo. Un mundo muy reducido, del tamaño de una habitación, pero que contiene tres mil mundos. No existe más que lo que verás, pero no confundas lo que es con lo aparente. El Ño ze so, con el Ño ze sho o el Ño se tai. Una cuestión es la apariencia, otra la entidad, y otra la naturaleza.-
-¿Qué hay allí?-
-Podría decirse que te encontrarás contigo mismo, pero eso sería demasiado escueto y pobre como definición. Dentro, hay un cristal, pero eso es solo la apariencia y la entidad.-
El guerrero asintió, comprendiendo que allí habría algo más que solo un cristal. Entraron por ese portal, tanto el maestro como el discípulo. Al otro lado, no había bosque, solo un cuarto blanco con apenas un pedestal plateado. Sobre este sitio, un cristal, que a Ichinén se le antojó como un prisma.
-Me recuerda a mi infancia, el hombre que hacía luces y colores con un cristal como este, sosteniéndolo apenas sobre una ventana. Dijo que se llamaba prisma.-
-Si, podría ser exacto eso. Es el prisma de Ichinén Sanzén.-
El guerrero dio un leve respingo. 
-En este prisma te encontraras a ti mismo, como te dije. Podría decirse que te estaba “destinado”, pero es solo un camino más de la Ley. El cristal te pertenece, por eso debes mirarlo para saber que decidir a continuación.-
El guerrero centró su vista en el prisma. Lo que allí vio, fue como vivir tres mil años en un solo instante. O tres mil mundos en un aliento de vida.

8/28/2017

48-El Tercer Maestro.

Era la medianoche, cuando los pasos comenzaron en el camino. Hei No Saimon estaba molesto, deseaba terminar con esa molestia lo más pronto posible. Pero aun, faltaba mucho para deshacerse de su prisionero.
-Este agitador está incordiando a la gente equivocada, no debe permitírsele continuar. El exilio a la isla de Sado no es la solución, pero si de ser posible fuera ejecutado por el camino… digamos que convendría más a nuestros planes.-
El tan atribulado jefe de asuntos policiales entendió bien la indirecta que le habían inducido. Ya tan personas querían ver fuera de juego a ese revoltoso, que él no sabía a quién complacer primero. El exilio o la ejecución, lo segundo era más definitivo. Ni tan siquiera problemático. Al llegar a Mastubagayatsu, esperaban encontrar al agitador y a otros cómplices armados, o a lo sumo un arsenal escondido. La numerosa tropa que acompañaba Hei No Saimon, se sintió desconcertada de solo encontrar a un monje, fornido y de aspecto recio; pero solo un religioso al fin. Debió aclarar enfáticamente que ese era a quien venían a arrestar. No muchos quisieron reaccionar, un hombre religioso solo era demasiado fácil para tan concurrida soldadesca. Uno de ellos, Shofu Bo, tomó uno de los rollos de lectura que el monje estaba estudiando y que llevaba entre sus ropas. En esa época, se escribía en grandes y largas tiras de papel para luego enrollarse en torno a una vara de madera. Esgrimiéndolo en alto, golpeó en pleno rostro al monje. La respuesta del agredido fue:
-Insensata la actitud de Hei No Saimon. Has derribado al pilar del Japón!-
Aunque revolvieron las mamparas de la casa y levantaron las tablas del suelo, no hallaron armas. Nichirén Daishonin era solo un monje denunciando la corrupción y los privilegios del clero imperante. Y como esto repercutía en los sufrimientos de la población. Por esas razones era que había sido marcado para morir, por gente que no deseaba seguir soportando sus denuncias ni perder sus lujos.
¿Iba a ser trasladado a la inhóspita isla de Sado o no llegaría nunca a destino? Nadie había muerto por el Sutra del Loto, sabía que no podía retroceder ante el avance de las fuerzas negativas. El rey demonio del sexto cielo sonreía desde su palacio. Los soldados comentaban o bromeaban, sabían que llegarían hasta la playa, donde realizaban generalmente ejecuciones. Ese sería el destino final. Nichirén Daishonin estaba en paz consigo mismo, si ese era su destino lo aceptaba. Pero algo lo movilizaba en otra dirección. No era correcto que prevalecieran los infames y los hipócritas. Él no podía ser asesinado como un vulgar criminal para que ellos pudieran anunciar ante todo el pueblo que el Daishonin no había podido salvarse a sí mismo, por lo que su enseñanza era falsa. Una revolución se dio en su interior, como la que la Luna realiza en torno a la tierra o esta sobre sí misma.
Era la medianoche, cuando la procesión pasó por Tsurugaoka. El Daishonin pidió apearse del caballo ante el santuario de Hachiman. Caminó hasta la estatua del bodhisattva y en tono vehemente, lo increpó:
-Bodhisattva Hachiman. ¿Eres en verdad una deidad? Yo, Nichirén, soy el devoto más grande del Sutra del Loto en todo el Japón y estoy libre de la más mínima culpa. Cuando el Buda Shakyamuni predicó el Sutra del Loto, el buda Taho y muchos otros budas y bodhisattvas aparecieron brillando como numerosos soles, lunas, estrellas y espejos. En presencia de los incontables budas y deidades de la India, la China y el Japón, el Buda solicitó a cada deidad que jurase proteger al devoto del Sutra del Loto en todas las épocas. Todas y cada una de ustedes, proclamaron este juramento. No tendría que estar recordándoselo. ¿Por qué no están aquí para cumplir su promesa, ahora que el momento ha llegado? Si esta noche me ejecutan, y llego a la tierra pura del Pico del Águila, informaré de inmediato al buda Shakyamuni que Tensho Daijin y Hachiman han quebrantado el juramento que hicieron ante él. ¡Si sienten que eso les pesará demasiado, será mejor que hagan algo al respecto cuanto antes!-
En las palabras del monje Nichirén estaba expresado lo que era un secreto a voces, iba a ser ejecutado sin más excusa. Para eso lo llevaban a Tatsunokuchi. No iba al exilio como había sido barajado y anunciado. Los soldados no salían de su sorpresa por la amonestación a Hachiman por parte del Daishonin. Este se dirigió a su caballo nuevamente, montó y cabalgó con dignidad.
El destacamento de la muerte estaba llegando a la playa de Yuigahama, por lo que solicitó que se le avisara a un discípulo suyo. Un niño llamado Kumao, rápidamente llevó el mensaje a destino.
Paradójicamente, este lugar paradisiaco y hermoso era el sitio que llevaría tan mal recuerdo, donde la trampa sobre Nichirén se cerraba. Claramente, el monje no deseaba escapar, esa sería la excusa perfecta para sus vigilantes. Shijo Kingo, el discípulo convocado, llegó con sus hermanos y lágrimas en sus ojos. Al ver ese grupo numeroso, apretó el Tsuka maki de su katana y se aferró con la otra mano a las riendas del caballo de su maestro.
-Si han de ejecutarlo, van a matarme a mi primero. Moriré con mi maestro.-
Los soldados estaban más que complacidos con ese desafío, apoyados en su superioridad numérica y la oscuridad de la noche.
Nichirén detuvo a Kingo, bajó del corcel y de frente le habló a los ojos.
-Esta noche, seré decapitado...-siguió un largo debate entre maestro y discípulo.
Shijo Kingo era de un carácter muy impulsivo, pero era extremadamente honorable y leal.
-Son sus últimos momentos.-le respondió al Daishonin, sin poder contemplar el llanto.
-Hasta ahora, nadie ha muerto por el Sutra del Loto. Nací para convertirme en un pobre sacerdote, incapaz de saldar por completo la deuda de gratitud que contraje con mis padres y con mi país. Ahora, ofrendaré mi cabeza cercenada al Sutra del Loto y compartiré los beneficios que me esperan  con mis padres, y con mis discípulos y creyentes, tal como a usted se lo he prometido.-
Fue Kingo quien guió las riendas del caballo de Nichirén. “La ley de fuga” se aplicaría, aunque en esta época no la denominaran así. El pretexto sería que Nichirén había intentado escapar y por eso había sido ajusticiado. Tal vez por eso, el Daishonin refrenó a su discípulo samurái y médico, Shijo Kingo. Ese fraudulento trato al prisionero y las ordenes que debían ser obedecidas, no tenían muy tranquilos a algunos soldados. En esos tiempos, mucho más entre los soldados, existían numerosas supersticiones con ejecuciones injustas o mal gestionadas. Creían también que si el ejecutado miraba a alguien en el momento de su muerte, su espíritu los visitaría de por vida. Por lo cual, esa decapitación se llevaría a cabo bien de madrugada y en una playa desolada como Tatsunokuchi, a “La Boca del Dragón”, como se le decía a ese lugar de ejecución, para criminales y conspiradores. Los soldados se distribuyeron en arco, Hei No Saimon se sentó en la silla del testigo oficial, el verdugo permanecía de pie detrás suyo. Nichirén se sentó en una estera de paja y entonó tranquila pero firmemente.
- Nam Myoho Rengue Kyo. Nam Myoho Rengue Kyo. Nam Myoho Rengue Kyo.-para luego extender el cuello, esperando el golpe.
No faltaba mucho para amanecer, pero esa es precisamente la hora más oscura, como lo es la de Nichirén Daishonin. La penumbra era lo suficientemente densa como para apañar la superstición. El arma estaba a punto de caer y separar la cabeza del cuerpo.
Cuando el cielo se iluminó. La noche ya no fue tan oscura. Nichirén se giró y entrecerró los ojos en dirección a la fuente luminosa. Distinguió un cuerpo que emitió un gran resplandor, brillante como la luna. Parecía provenir de la dirección de Enoshima, saliendo disparado a través del cielo. Antes de ese evento, todo estaba demasiado oscuro para que se viera el rostro de nadie, luego de esto, todo había cambiado. El verdugo cayó de bruces, cegado por la luminosidad, tan clara como la luna llena. Los soldados, en principio se vieron paralizados. Luego, algunos huyeron, otros se arrojaron de los caballos y se hincaron en el suelo, mientras que algunos otros se agazaparon detrás de sus monturas. La luz pasó en dirección sudeste al noreste, lo que hizo huir a los que quedaban.
-Vuelvan! ¿Por qué huyen de este miserable prisionero?-les gritó Nichirén Daishonin.-¡Acérquense! ¡Más Cerca!-
Aunque el caos ya había tenido su fiesta en esos corazones. Nadie quedó que no fueran partidarios del condenado. Kingo, sus hermanos y el propio Daishonin.
Nichirén miró perderse el objeto luminoso en el horizonte, continuando la espera. Él sabía que debía morir si era necesario. Y en realidad, le pareció que así era. Un mortal común llamado Nichirén había muerto en la playa de Tatsunokuchi, pero un buda conocido como Nichirén Daishonin había renacido. Varios minutos pasaron y el cielo comenzaba a clarear.
-Vamos!-le dijo el Buda Nichirén a Shijo Kingo.-Si no me han cortado la cabeza ahora, no me la van a cortar jamás.-
Esas palabras serían proféticas, ya que pese a numerables persecuciones y exilios, no podrían asesinarlo.
El Daishonin guió al grupo que lo seguía a través del bosque. Algunos tenían mucho miedo en ir por donde había desaparecido el objeto luminoso.
-No teman, esa parte última del trayecto debo hacerlo en solitario.-
-Yo lo acompañaré, maestro.-aseveró Kingo.
-No corro peligro, no tema por mí.-le respondió el Daishonin.
Aun así, el médico y samurái insistió en seguirlo de cerca.
¿Qué fue ese objeto de luz? ¿Qué iluminó el cielo de tal forma que hizo huir a los que deseaban matar al Daishonin? La respuesta más real y más simple es, que las fuerzas protectoras del universo, obraron para salvar al Daishonin. Hachiman, una de estas Shoten Zenjin, propició que ciertos elementos se movieran para lograr el objetivo de salvar a quien lo había amonestado. Se cree que no deseaba recibir una reprimenda del Buda, por haber faltado a su juramento en el Pico del Águila. Pero claramente, cumplió, así que puede descansar tranquilo.
La respuesta más detallada, es un poco más difícil de desarrollar. Se refiere a una pequeña, apenas un transbordador de corta distancia, conocido como “Wittgenstein”, número de código NMRK – 1975, de la nave “Karma.”
-Dijiste que tenías claro como manejar esto.-se quejó Ichinén.
-Su contraparte le explicó lo básico. Todo activado por voz.-explicó Dulce, saltando del asiento al suelo.
-Si, sacando que no esperaba que nos cruzáramos con unos árboles al tratar de aterrizar. La idea era buena.-replicó el guerrero.
-Salgamos afuera que ya me siento como una sardina.-intervino Teban.-Computadora, active el programa Victoria 87 Omega Tango.-
Un silbido electrónico resonó en la cabina, que los hizo sobresaltar.
-Alerta, secuencia de autodestrucción activada. 20 segundos y contando. No habrá más avisos.-se escuchó decir a la voz de la computadora.
-¿Qué hiciste?-le gritó Victoria.
-Lo que prometimos a tu otro yo.-respondió sin entender tanta alharaca repentina.
-Si, pero eso una vez que saliéramos de la nave.-
La huida de la nave fue electrizante, por decirlo de alguna manera. Ninguno había estado seguro de cuanto podía correr en menos de 20 segundos. La explosión no fue tan devastadora ni tan llamativa, pero no hubieran contado el cuento de estar dentro, eso seguro.
-Gracias, Teban. No teníamos suficiente acción últimamente.-se mofó el guerrero Ichinén.
-Era para saber si estaban despiertos.-replicó el gato, con mirada displicente y corriendo el rostro.
-Chssst. Alguien se acerca.-anunció la gata.
Nichirén Daishonin y Shijo Kingo entraron al claro en el bosque donde el guerrero y sus amigos recuperaban el aliento.
-No se quejen.-protestó el felino.-Vinimos en busca del tercer maestro. Él ya nos ha encontrado.
El Daishonin se acercó y estrechó ambas manos al guerrero.
-Ichinén, es un gusto conocerte, te estaba esperando.-




7/30/2017

47-Hacia una galaxia muy cercana.

Las galaxias se alejan unas de otras a velocidades inconcebibles. Las estrellas a tal velocidad que no existe mecánica que pueda igualarla. Pero incluso así, visto desde lejos, a una distancia como la que existe entre la tierra y su estrella más cercana; parecieran no moverse casi nada. La ligereza o lentitud implica también el punto del observador. Victoria se encuentra mirando por el gran ventanal del comedor de oficiales de la SGI Karma. A esas horas se encuentra vacío, nadie está siquiera tomando un aperitivo. Todos están demasiado ocupados en reparar la nave después de la última batalla con los Nagas. Y con el agregado de tener que acomodar a toda la tripulación de la Daimoku, por lo menos hasta llegar a estación espacial más cercana.
-El universo es un lugar muy grande, tanto que incluso a mi me cuesta ponderar su inmensidad correctamente.-escuchó decir a su espalda, una voz que era la suya, pero no lo era.
La capitana Rivercraft se encontraba de pie, mirándola, casi como si fueran un espejo. Aunque el uniforme de la oficial de la flota poco tenía que ver con el de una joven como Victoria que provenía de un mundo pretecnológico.
-¿Algo para desayunar?-inquirió la capitana.
-No quiero comer nada.-
-Un té, entonces.-
Victoria accedió no demasiado convencida pero sabía que algo debía ingerir. La capitana fue hasta una consola en la pared y le habló al aparato.
-Dos tazas de té negro, Earl Grey.-
En el panel aparecieron dos tazas y la oficial las tomó.
-Ten cuidado que están calientes, aun no saben regular bien las temperaturas ideales estas maquinas.-
Victoria le agradeció y por largo rato ambas permanecieron demasiado calladas. Ella notó como su contraparte en ese mundo añoraba al Ichinén que había perdido. Casi la hacía sentirse culpable por no apreciar del todo, su propia versión de Ichinén. Pero ella tenía menos libertades que esa otra Victoria. En ese mundo, sin tecnología y todo lo demás, había vivido en Kosen Rufu. Jamás se había ido de su hogar, nunca tuvo que emprender el difícil regreso. No había cometido ninguno de los errores que ella había cometido. Y tampoco estaba destinada a ser casada con otro. Eso la hacía preguntarse. ¿De haber estado libre, hubiera elegido a Ichinén? En ese mundo lo había hecho, al menos.
-No es la primera vez que me encuentra con una versión mía de otro mundo.-rompió el silencio la capitana, saliendo de su melancolía.-Al verte en el puente de la Daimoku, me temí lo peor. La versión mía que conocí era de un mundo completamente opuesto como si fuera un espejo, pero que convirtiera lo negativo en positivo. Luego comprendí que en todas las posibilidades cuánticas existentes, la versión tuya no era tan distinta de la mía, sacando las diferencias culturales o técnicas.-
-En algún lugar de todo ese inmenso universo, se encuentra mi mundo, mi Kosen Rufu.-
Por un rato compararon historias y notas, Victoria describió el reino de Kosen Rufu, sin poder ocultar la añoranza.
-Ven, vamos al puente, hay algo que debo mostrarte.-
Tomaron un elevador y las puertas del puente de mando se abrieron para darles paso. Victoria se sentó en la silla de comando y apretó unas luces en las pequeñas pantallas en su posabrazos.
-Computadora, accese a la rejilla de sensores del planeta, autorización Rivercraft VR87.-
La pantalla cambió de un cosmos estrellado en movimiento a una amplia ciudad que ocupaba todo el paisaje hasta donde llegaba el horizonte. Altos rascacielos, jardines en largos balcones. Se veía lo que parecía un pequeño bosque en lo alto de la terraza de una de esas moles. Naves surcaban el cielo con total naturalidad y elegancia entre los edificios, sin riesgo a tocarse unos a otros o a las estructuras. El sol resplandecía sobre una cara espejada de los colosos arquitectónicos.
-Es… hermoso. Tan diferente, pero a la vez puedo reconocer el estilo. Allá está el Kaikan, eso debe ser….-
-Eso es el Centro Cultural de la Mujer.-aclaró la capitana.
Victoria no pudo evitar sentirse conmovida por ver esa leve reminiscencia a su hogar, aunque no fuera su mundo, el camino a casa ya no parecía tan lejano.
-Gracias, capitana.-
En ese instante se abrió la puerta, pero no vieron a nadie. Prestando más atención, a nivel del suelo, pudieron distinguir a los dos felinos que los acompañaban en ese viaje. Teban y Dulce parecían venir discutiendo a los maullidos.
-Victoria, tenemos problemas.-lanzó el gato sin preámbulos.
-¿Qué clase de problemas?-exclamó Victoria, pero no a la que se había referido, la respuesta provenía de la capitana Rivercraft.
-Ya lo había dicho antes de partir del planeta… pero alguien me escucha? No, el gato maúlla y solo les parece muy tierno. No importa que les esté avisando del desastre.-
-Tampoco es para inmolarse, Teban, no exageres.-le replicó con fastidió, la otra gata.
-¿De qué están hablando?-inquirió esta vez si la Victoria indicada.
-El portal al tercer maestro estaba en algún lugar de ese planeta, ahora que lo dejamos tuvimos que buscar otro.-respondió Teban.
-¿Y lo encontraron?-
-Si, pero ese no es el asunto que lo molesta.-respondió Dulce.
-Claro, que creen? Soy un geolocalizador felino. Como si fuera lo más fácil.-protestó el gato, corriendo de lado el rostro con evidente gesto de fastidio, como solo ellos saben hacer.
-Teban, al punto.-enfatizó Victoria.
-Lo encontramos, pero no te va a gustar.-intervino Dulce.
-¿El portal se encuentra en algún lugar del planeta Kosen Rufu?-preguntó la capitana, demasiado intrigada para no interferir.
-Sobre él.-agregó Teban.-El portal se encuentra en órbita.-
A Victoria le costó entender a lo que se referían, no así con su contraparte. La capitana ordenó al tripulante más cercano que escaneara el área en busca de emisiones de neutrinos. Todos parecieron entender de que se trataba eso, pero no Victoria y sus compañeros felinos.
El señor Maverick, oficial de la Daimoku, temporalmente asignado a la Karma; encontró la respuesta.
-Existe una fuerte emisión en las coordenadas, 20.50, capitán.-
-En pantalla.-
El espacio sobre el planeta y una estación más lejana, es todo lo que se veía.
-¿Podemos observarlo de alguna forma sin activar el agujero de gusano?-
-Si, cambiando el espectrómetro, se puede ver el origen del horizonte eventual.-respondió el oficial Reims.
-Hágalo.-
Apenas se distinguía nada, pero un rayo de energía pareció mostrar un punto de luz en algún punto de la órbita planetaria.
-Ese es. Ahí tienen nuestro portal.-comentó Teban.
-Es lo que llamamos un agujero de gusano.-explicó la capitana.-Aunque no podría jurar adonde los lleva.-
-Nosotros si.-replicó la gata.-Conduce al tiempo y lugar del tercer maestro. Donde debemos ir.-
La capitana Rivercraft no tenía argumentos para discutir, por lo que aceptó lo que le decían. Que oyera hablar a dos gatos era igual de sorprendente que estos supieran adonde llevaba ese agujero en el espacio-tiempo.
-El problema va a ser alcanzarlo en el pleno vacío estelar.-se quejó Teban, bufando y moviendo un bigote.
-Señor Malcom, podemos usar los transportadores.-
-Podríamos, capitán, pero sus patrones de materia podría perderse y ser irrecuperables.-
-Gracias, la diseminación molecular no es lo mío.-retrucó el gato.
Luego de algunas otras ideas, que Victoria no entendió ni la décima parte, la capitana decidió que les iba a prestar un transporte de corta distancia, transbordador le llamó.
-Todas las reglas de la flota me prohíben enviar nuestra tecnología a un mundo con un nivel distinto o que desconozcan el viaje espacial. Si no pueden regresarlo por el portal, va a quedar programado para activarse la autodestrucción con un comando de voz. ¿Está claro?-
En poco menos de tres horas, ya habían arreglado los últimos detalles para la partida. Fue Dulce quien se dio cuenta que Ichinén no estaba presente. Tan entretenidas estaban ambas Victorias, que entre vidas comparadas y relatos de Kosen Rufu; nadie había preguntado por Ichinén.
-Yo voy a buscarlo, quizás quiera preparar algunas cosas para la partida.-comentó Victoria.
El guerrero Ichinén había permanecido todo el rato al parecer, en el cuarto que le habían asignado. Victoria lo encontró sentado de rodillas, como meditando, mirando al frente fijamente, con los ojos en las estrellas más allá del cristal de la nave. La espada estaba delante suyo, como extendida y presta para salir a la batalla. Casi que no sabía si importunarlo, pero antes que dijera nada, él notó su presencia y se giró levemente.
-Ya tenemos todo listo para partir, el portal está encima del planeta, pero ya lo hemos solucionado con la capitana. Nos dará una pequeña que se maneja sola casi…-
Ichinén solo asintió y esto la hizo frenarse.
-¿Estás bien, Ichinén? No saliste para nada de este cuarto.-
-No quería ver a nadie. Apenas fui a caminar un segundo y dos tripulantes me miraron como si vieran a un dios o a un fantasma. Da lo mismo, para el caso.-
-El capitán Ichinén era su líder y todos lo querían mucho. El verte les debe generar muchas cosas distintas.-
-Me hace acordar a cuando en la casa de mi padre, él estaba complacido por manifestaciones similares entre los que consideraba a su servicio. Siempre me pareció que la idolatría era el peor mal de todos los que debemos enfrentar.-
-Esta gente creo que va más allá de la idolatría…-
-Si, bien.-la cortó él secamente.-¿Cuándo partimos?-
Victoria no supo como seguir, salvo explicar lo que ya se había definido con la capitana Rivercraft.
-Si lo ocurrido en este mundo es un indicativo de algo, puede que esta empresa también me cueste la vida.-
-Ichinén…-
-Eso no es algo que me preocupe o atemorice.-
-Si es por eso, también deberíamos estar casados y ya sabés con quien debo desposarme yo. Eso no significa nada, cada mundo es diferente, no confundas las coincidencias con el destino.-
Ichinén se acercó a la puerta donde estaba ella de pie y salieron hasta el corredor de la nave, mientras seguían hablando.
-No creo en el destino, Victoria. Pero si es ese, no le temo ni lo esquivo. Aun si fuera la única opción, y mi vida sea el precio, voy a hacer que vuelvas a Kosen Rufu. Dar mi vida por una causa justa es tal vez lo más importante que haga en este universo. No me importa que alguien haya pensado que estaba para algo más. O que tan grandes campañas imaginaron que llevaría a cabo. Ni que guerras libraría heroicamente, aun si todo eso fue predicho por mil hechiceros. No creo que mi vida sea algo más de lo que ya es, la de alguien en busca de un objetivo, después de perder todo lo que tenía. Si esto solo es lo más importante que haré en el universo, puede sentirme satisfecho.-
Sin darle tiempo a más nada, se alejó por el corredor. Victoria se quedó de pie, mirándolo irse. No sabía si debía replicar o no, ella ya tenía bastante con lo que lidiar. Esta parte del viaje le había despertado viejas nostalgias y eso no era algo que le agradara.
Se vieron brevemente en el ceremonial para el capitán Ichinén. Solo ellos y el staff superior de cada nave estuvo presente. La capitana intentó dar un discurso, pero la voz se le cortó y luego de unos segundos en que parecía querer continuar, solo ordenó:
-Presenten honores.-
Los oficiales se giraron al unísono hacia la ventana del cuarto y observaron como era disparado un torpedo vacío, ya que nada se pudo salvar del capitán Ichinén. El guerrero no dijo nada, y se mantuvo extrañamente silencioso durante todas las exequias.
Volvió a encontrarlo cuando ya estaban listos para partir, en el camino a la bahía de transbordadores. Una hilera de oficiales se había puesto a lo largo de todo el pasillo. Era toda la tripulación de la Daimoku. La capitana Rivercraft hizo caso omiso del comentario de Victoria al respecto.
Ichinén pareció frenarse en seco al ver esa escena, pero luego continuó como si nada. Cada oficial se cuadraba firme y saludaba, casi como si ese fuera su capitán. El guerrero entendió que era lo único que cada uno de esos hombres y mujeres podía hacer para despedir a su capitán.
-Es un honor.-
-Mucha suerte, señor.-
-Ha sido un gran honor.-
-Largos días tenga usted.-
El guerrero estrechó las manos y saludó cordialmente, un poco como si estuviera avergonzado o cohibido. Victoria no supo si decir que se encontraba incómodo con la situación o solo que le parecía incorrecto recibir aprecio por otra persona. Subieron al pequeño transbordador, una nave no más grande que un dormitorio. La capitana Rivercraft los guió con algo llamado “conducción remota”, pasando el portal en órbita, seguirían de forma automática y luego el vehículo regresaría. Y si el regreso no era posible, se activaría la autodestrucción.
-Ichinén, Victoria, felinos amigos; mucha suerte. Les deseo lo mejor. Y que alcancen su objetivo.-se despidió la capitana de la Karma.
Ichinén miró fijamente el portal que se abría, diferente a los anteriores que habían atravesado. Este semejaba a un remolino azul con matices blanquecinos.
-Encontraremos el camino a Kosen Rufu, lo sé. Ahora que vamos al encuentro del tercer maestro. No hay dudas al respecto.-
Ninguno de sus compañeros dijo nada, pero el sentir era el mismo.

6/30/2017

46-To boldly go...

Victoria se armó de coraje, su único refugio en aquel momento. Se concentró en lo que podía hacer, y no en todo lo no podía, que en ese mundo era demasiado. Estando en el puente su doble, capitana de la nave; ella se sentía de más. Desde su silla la Victoria de ese mundo, lanzaba órdenes al timón o al de táctica. Estallidos por todos lados, la alarma la aturdía
-Escudos bajaron un 30 por ciento!-informó un oficial a su espalda.
-Tácticas, dispare a discreción!-vociferó la capitana por encima del ruido de una descarga.
Un panel del puente explotó y un tripulante fue despedido hacia atrás de su sitio. Victoria fue hasta allí y lo intentó asistir, rompiendo su manga, la uso para enjugar la sangre.
-La Daimoku está recibiendo fuego intenso, capitán.-escuchó decir a alguien.
-Patrón de ataque Omega, intente darle cobertura.-respondió la capitana Rivercraft.
Al girarse a su doble, le comentó:
-Aunque la Daimoku es superior en armamento y propulsión, los han castigado mucho.-
Victoria no entendía mucho de batallas navales, mucho menos en el espacio, que era lo más análogo que se le ocurría.
La batalla seguía y seguía, no parecía terminar más. Veía cruzar por su vista a las naves Naga disparando y a la Daimoku responder a su vez. La Karma, que era en la que estaban, se sacudía cada tanto.
-Un mensaje de la Daimoku, es el capitán Ichinén, solo audio.-informó el oficial de comunicaciones.
-Escuchémoslo.-
Por los parlantes o por algún sistema similar, entre estallidos de luz y pitidos de alarma, se escuchó la voz del capitán Ichinén.
-Capitana Rivercraft. Estamos sin casi soporte vital, nuestros escudos están por fallar y ya casi nos quedamos sin el sistema de armas. Estoy enviando a todo el personal a las capsulas de escape. Voy a pedirle que…-
La voz se cortó de pronto, tanto como la estática que tenía de fondo.
-¿Qué pasó? Recupérelo!-
-Lo intento capitán, pero al parecer dejó de transmitir.-respondió el oficial.
-Puede que ese sistema ya también esté comprometido. Teniente Reims, maniobre para alcanzar esas capsulas con el rayo tractor, vea si puedo acoplarlas a la bahía de carga.-
-Creo que puedo hacerlo.-
Uno de los mejores pilotos de toda la flota era Reims, capaz de maniobrar una nave de ese tamaño por un tupido campo de asteroides. Si alguien podía enganchar las capsulas y jugar al “palo y a la bolsa”, era él.
La tensa operación duró unos cuantos minutos, en tanto seguían disparándose. En un momento dado, una de las  naves Naga quedó a la deriva. El vitoreo de festejo fue de apenas un segundo, pero al menos fue un aliciente.
-Concentre todo el fuego en las otras naves, olvídense de esa, ya no es una amenaza.-gritó la capitana, mientras un chorro de llamas surgía a menos de un metro, de una pared cercana.
De las dos naves Naga todavía operativas, solo una disparaba. La otra, debía estar sin armas o con estas fuera de línea, al menos. La Daimoku parecía un “muerto en el agua”, como se dice en estos casos, casi ninguna luz provenía de su interior. Los Nagas intentaban acercarse, seguramente para abordarla. La capitana maldijo para sus adentros viendo su intención. En su estado actual, tampoco podía hacer mucho por impedirlo, estaba concentrada en salvar la tripulación de la otra nave.
-Están intentando acceder a la nave de Ichinén.-
-Tengo todas las capsulas, capitán.-informó el teniente Reims.
-Pónganos a una distancia prudencial. Aunque no creo que nos disparen, están muy entretenidos, haciendo su pillaje.-
Impotentes y con furia, vieron como la nave de sus enemigos iban rodeando a la Daimoku, usando un rayo tractor para sujetarla.
En el puente de mando entró el capitán Ichinén, con su uniforme casi reluciente, salvando algunos manchones de algo que parecía hollín. Victoria se preguntó alarmada donde estaba su Ichinén, pero por el momento no dijo, creyendo que estaba en otra capsula de escape en la bahía de carga.
-Necesito hablar con Shesha, abra un canal a la nave líder.-expresó Ichinén.
A un asentimiento de la capitana, el oficial de comunicaciones lo contactó.
-Canal abierto, capitán.-respondió el joven, aunque no aclaró a cuál de los dos se refería.
Por unos segundos, no pasó nada. Pero Shesha no resistió la tentación de jactarse de su botín.
-¿Qué ocurre Ichinén? ¿Molesto porque tengo tu nave?-
-Shesha, estoy a punto de activar la autodestrucción desde aquí. Le sugiero que se retire.-
El naga rio con ganas, no creía una palabra.
-Ese sistema debe ser activado desde dentro, no me tome por tonto, capitán.-
-Está errado, puedo activarlo desde esta nave, de hecho, lo haré ahora.-
Dicho esto se dirigió a la consola del timonel y accedió a los sensores de largo alcance. La capitana Rivercraft lo miró sin entender, estaba tocando botones y pantallas sin ton ni son.
¿Cómo esperaba acceder a la otra nave, usando el sistema de sensores? Por otro lado, Shesha estaba en lo cierto, Ichinén tenía que estar en la nave para activar la autodestrucción.
La Daimoku parecía un monstruo que apenas se sacude la modorra, unas pocas luces se activaron. El oficial que estaba junto a Ichinén vio sorprendido como el sistema de la otra nave se encendía. La repentina reacción de Shesha confirmó que Ichinén no mentía.
-Se activó la autodestrucción… ¿Cómo es posible?-gritó el naga.
-Secreto profesional.-se mofó Ichinén.
El nombre del capitán se convirtió en un grito de resentimiento en la boca del naga. Sin más, el alienígena cortó la comunicación.
Las naves nagas comenzaron a alejarse, pero en vez de hacerlo en cualquier dirección fueron directamente hacía la Karma.
-Capitán, no tengo más propulsión que un cuarto de impulso.-comentó Reims.
-Todos los sistemas de armamento están fuera de línea.-
Un sacudón les notificó que los nagas estaban en mejor forma.
-Al parecer la de ellos si.-acotó sin alegría la capitana Rivercraft.
Ichinén tocó el comunicador en su pecho y habló para sí mismo.
-Capitán, estamos en problemas. La Karma está por ser alcanzada por ambas naves Nagas, no tenemos armas y apenas propulsión.-
Todos creyeron que hablaba con la capitana o al aire, tal vez estaba traumatizado por la situación, aunque tal cosa fuera muy inverosímil. Sin embargo, la Daimoku se movió velozmente, quizás lo único que aun podía hacer. Yendo en pos de las naves enemigas, no tenía armas al parecer, ninguno torpedo o rayo era disparado de ella.
Victoria Rivercraft y la otra miraron a Ichinén. El guerrero vestido del capitán protestó.
-El plan no salió tan bien. La idea era ahuyentarlos.-
Sin poder hacer otra cosa que observar, vieron como la Daimoku se acercaba a la nave de Shesha, la atrapaba con un rayo tractor y la hacía colisionar con la otra nave. Debido al daño a sus sistemas, los nagas poco pudieron hacer para evitar ser “enlazados”. Al estallar la otra nave por el choque, la Daimoku soltó el rayo y se dirigió con toda intención contra la nave líder de los naga, donde se encontraba Shesha. La colisión, enganchó metal con metal y si hubieran estado allí en persona, les hubieran dolido los oídos del chirrido producido. Eso, si en el espacio se pudiera propagar el sonido. La Daimoku encendió los impulsores en reversa, arrastrando a la nave nada en dirección contraria a la que llevaba la Karma.
-Capitán, tengo una transmisión desde la Daimoku.-
 En pantalla, apareció la imagen del capitán Ichinén, con el uniforme más raído y sucio.
-Capitana Rivercraft, voy a contenerlos todo lo que pueda con el rayo tractor, la autodestrucción ocurrirá en tres minutos. Espero les de suficiente tiempo para alejarse del rango de la explosión.-
-Ichinén… Pero entonces…-
-Es la ventaja de tener dos Ichinén. Use como señuelo a nuestro guerrero de otro mundo. Le di un uniforme mío de repuesto. Mi plan era engañar a Shesha y que se fuera herido y con las manos vacías, para luego usar la última capsula, antes que la nave explotara. Pero ese lagarto no sabe cuando dejar ir las cosas. Quiere hacer carroña con mi nave o destruirlos a todos, no pienso permitir ninguna de las dos cosas.-
-Ichinén, voy en tu ayuda…-
-No, no estás en condiciones, tu nave no lo resistiría. Además, la prioridad es mantener a tu tripulación a salvo, y a la mía.-
-¿No se puede poner el control en automático...?-
-No, las modificaciones que debo hacer sobre la marcha para que no escapen, requieren que alguien esté aquí. Es como se dice habitualmente, un capitán se hunde con su nave.-
La capitana Rivercraft sintió un tenso nudo en la garganta y un retorcimiento en el estómago.
Parecía a punto de saltar de su silla para gritarle a la pantalla.
Los nagas disparaban a quemarropa sobre la Daimoku, pero poco podía acertar estando tan cerca, era más el daño que se hacían ellos mismos.
-Ichinén, debe haber algo…-le intentó decir la capitana.
-Nada, no se puede hacer nada.-el capitán se dirigió a su doble, mientras otra explosión surgía en el puente de la ya muy dañada nave.-Ichinén, no te rindas ante los sacrificios. Este es el mío por las personas que aprecio y que cuentan conmigo. Llévalos a casa a todos, como es tu misión, aunque en el trayecto tengas que dejar algo. Lo que importa es el triunfo. Muchos darán la vida gustosos por una causa justa y noble. Llegar a tu Kosen Rufu, puede que requiera mucho esfuerzo. No cejes en ese empeño, ni te desanimes.-
Una congoja que nunca había experimentado, demasiado extraña para que un mortal común la entendiera, lo invadió.
-Si, capitán, así lo haré.-
-Sé que no me defraudarás.-
La capitana Rivercraft quiso intervenir, pero no sabía que decir o hacer.
-Adiós, esposa. En otro mundo tal vez…-
Una luz cegadora cortó las palabras de Ichinén. Y la pantalla cambió a la imagen de la Daimoku explotando desde dentro, llevándose a la nave enemiga consigo.
El silencio fue total, ni Teban ni Dulce dejaban de mirar la explosión, achicando los ojos. Ichinén se mantuvo en pie, hasta bajar el rostro de pesar. Victoria se tapó el rostro con una mano, al mismo tiempo que su doble se levantó de la silla del capitán como si quisiera alcanzar la imagen en pantalla. Llamó a su esposo una vez más, pero sabía que ya no era posible. La capitana de la Karma se giró a un tripulante a su derecha. La voz de ultratumba que le salió parecía estar apenas impulsada por un hilillo de aire.
-Timonel, diríjase al sistema Kosen Rufu, avise a la base estelar Kofu que llevamos heridos y estamos en malas condiciones.-por un momento, pareció no poder seguir hablando. Respiró y continuó.-Alférez, anote la fecha estelar y comunique a la flota nuestra baja, el capitán Ichinén de la Daimoku.-
Mirando a la pantalla, no pudo evitar que una lágrima le corriera por el rostro.
-El universo no conocerá otro igual.-

5/31/2017

45-Un universo muy pequeño para dos Ichinén.

Existe gente con toda clase de tonalidades de piel. De color oscuro, de color aceitunado, de tinte más  amarillo y también, los más pálidos. El guerrero Ichinén era de este último grupo y hacía muchos años, uno de tono más amarillento, lo había bautizado con el nombre que hoy llevaba y no el primero que sus padres le habían puesto según era costumbre. En su tierra natal, había existido un gran aluvión de inmigrantes de esa etnia, refugiados de una tierra al sur. La diversidad no era algo que le resultara ajeno, ni lo ajeno tan extraño. Pero nada lo había preparado para lo que veía a bordo de la SGI Daimoku. Diferentes seres de todo lo conocido o posible de imaginar. Alienígenas con orejas como elfos del bosque o sátiros diablillos. Algunos con escamas o con crestas de hueso como si provinieran del océano, aunque es probable que sus ancestros lo hicieran y el guerrero no pudiera confirmarlo. El capitán Ichinén miraba a cada oficial o tripulante que cruzaban, dando alguna orden si era necesario. El guerrero observaba cada situación con curiosidad. Les hablara o no, cada tripulante se ponía de firme y saludaba al capitán con una venía algo marcial. Si eso era el futuro, algunas cosas no habían cambiado de mundos como el de su origen. Los ejércitos con espada, no eran muy diferentes o menos disciplinados que los del espacio.
-Le estoy todo lo que puede hacer, capitán.-comentó el jefe de ingenieros, cuando bajaron al cuarto de máquinas.
El ingeniero en jefe era el equivalente al Mateo que conocía, el que atendía el bar en la estación de paso. Era también un hombre grande, vestido con el uniforme de la flota, llevando las canas con estoicismo. El capitán comentó algunas cuestiones técnicas que el guerrero no entendió.
-Es igual al Mateo que yo conozco.-le comentó a su equivalente cuando salían del cuarto.
-¿A Niki? Si, el Mateo de este mundo no será muy distinto al tuyo, al menos en lo general. Es un principio de la teoría que te comentaba antes, la del multiverso, múltiples universos.-
Aquí el capitán intentó explicarle algo llamado teoría del Big Bang, pero solo su cabeza tuvo una gran explosión con eso.
-Imagina el universo nuestro como una burbuja, conteniendo todos los planetas y las galaxias, los sistemas; todo en su interior. Podríamos ser parte de un organismo infinitamente más grande, y aunque fuéramos parte constitutiva, no seriamos mayores a una molécula. El universo nuestro o el mío al menos, lleva varios millones de millones de años. Los seres humanos hemos estado en él muy poco.-viendo que su contraparte no se percataba del alcance de esta comparativa, utilizó una analogía.-Si la vida completa del universo estuviera contenida en un solo año, los seres humanos hemos estado la última hora del último día de ese año.-
-Del universo del que vengo, no la he pasado muy bien.-respondió el guerrero, con un leve pesar en el rostro.
-Creo que no hace falta preguntarte nada, supongo que nuestras historias serán similares.-agregó el capitán.
-No me refiero a mi lugar de origen, o no solo a eso al menos.-haciendo una pausa, Ichinén se quedó contemplando la nada, en uno de los tubos de mantenimiento.-El mundo que visitamos, fui llevado engañado por Rokuten, allí había una versión de Victoria, que aunque muy distinta, nos involucramos. No terminó bien. Ella fue asesinada.-
Ichinén le relató con detalles, como había sido llegar al mundo de Innocenza, como había sido la relación y como había terminado.
El capitán no habló por varios segundos, detenido frente a su contraparte, mirándolo de hito en hito.
-Hace un par de años, cuando Victoria era aún mi primer oficial, tuve un tripulante. Lo había amonestado por no sé que falencia en su uniforme o en algún procedimiento. Algo estándar, nada demasiado grave. No sabía ni el nombre de ese chico. No había pasado un mes que nos vimos en una misión, donde todo resultó mal. El lugar para el encuentro diplomático era una trampa de una raza belicosa como los nagas. El chico olio la trampa y salió a defender a su capitán, yo. Quien ya era prisionero del enemigo. Le costó la vida esa pelea. Sus últimas palabras fueron para saber si yo me encontraba bien. Y hasta que me llegó el informe no conocía el nombre de ese joven alférez.-
El guerrero sintió una revolución dentro suyo, una conmoción como la muerte. El capitán reanudó la caminata y siguió hablando.
-El acuerdo de paz se hizo pese a los impedimentos que los belicosos quisieron poner. La culpa me llenó por meses, eso es lo que sentís, Ichinén. O ese era el objetivo de tu enemigo. No conozco a ese sujeto, aunque he encontrado criaturas como dioses o con facultades más allá de las humanas. Si los nagas son sus lacayos en otro mundo, puedo imaginar de que acero está hecho.-
Para el capitán era extraño usar su propio nombre para referirse a otro. Charlando con su contraparte, encontraba historias paralelas entre ellos, gestos comunes a ambos.
-¿Y cómo se resuelve la culpa?-inquirió el guerrero.
-No existe la culpa. Eso comprendí. Existe la responsabilidad. No era útil sentir culpa, cuando el alférez estaba cumpliendo con su deber. Es el objetivo el que nos da coraje. La culpa solo lleva a la cobardía, es la excusa para no plantar cara a nuestras verdades. Mi verdad es que no tenía culpa, tenía la responsabilidad de cuidar todos en esta nave, de salvaguardar las vidas de cada hombre y mujer de esta tripulación. Y algunos han de dar la vida por lograr eso, si no podemos evitarlo y prevenirlo, no debemos sentir la culpa del superviviente.-
El guerrero se quedó pensando en ello, bajando la vista al suelo de goma y metal. El capitán sonrió como si eso fuera un chiste.
-Esa es mi expresión de “muy lindo lo que decís, pero no me creo ni media palabra”.-
-No es eso…-
-La verdad es que… No se puede lograr cambiar esos sentimientos de la noche a la mañana. Las acciones valen más que un millón de palabras. Pero un día vas a entender que incluso Innocenza siendo víctima en esto, estaba dispuesta a sacrificar todo para oponerse a los opresores de su pueblo. Incluso dando su vida para aquellos que quería. Yo vencí la culpa, la arranque de mí con el tiempo, en tanto me dedicaba a Daimoku. A la nave y a los que estaban en ella. Algo productivo te lleva a salir de ese estado bajo.-
Siguieron andando hasta la sala de transportación, donde el capitán cotejó que algunos transportadores ya funcionaban. Luego de seguir camino a otra sección continuaron hablando.
-Esa sería una diferencia entre nosotros. Vos no te casaste con tu Victoria como yo lo hice, además de que Daimoku es la nave y en tu caso una espada.-
-No, bueno… Como dijimos antes, Innocenza era la Victoria de otro mundo, aunque muy diferente, incluso físicamente, no como la capitana Rivercraft que es idéntica a la Victoria que conozco.-
-Mmm, eso puede significar que te interesa tu Victoria.-
Ichinén dio un respingo de asombro, no solo no lo había pensado, sino que luego de Innocenza, estaba muy conmocionado al respecto. Intentó balbucear alguna respuesta, pero era inútil querer engañarse “a sí mismo”.
-En realidad, ella tiene un destino, adonde vamos, la espera un casamiento con el fundador de su tierra, Kosen Rufu. No me explico como alguien que habrá vivido hace miles de años, se va a casar con ella… pero bueno, no es mi asunto. Fue profetizado y todo. Así que muchas ilusiones no podría hacerme.-
-No cierres del todo esa puerta. Yo creía lo mismo. Hay algunas que nunca lo hacen del todo.-
El guerrero estaba a punto de preguntar al respecto, pero el gesto melancólico del otro lo detuvo. En otro lugar, una conversación similar tenía lugar, aunque con menos silencio. Luego de supervisar algunas cuestiones de su nave, la capitana Rivercraft había regresado a la Daimoku para coordinar con su colega y antiguo esposo, los pasos a seguir. Aunque en tanto, solo quedaba hablar con su otra versión de otro mundo.
-Siendo oficiales de la flota no estaba permitido que tuviéramos relación, por lo que por un corto tiempo, pude dejar de lado mi carrera y nos casamos.-explicó la capitana Rivercraft.
-¿Y qué ocurrió luego?-inquirió la otra Victoria.
-Me ofrecieron otro puesto, no uno en un puerto espacial, sino mi propia nave, la “Karma”. Estando uno en un sector del espacio y el otro en el contrario, bien… no funcionó del todo el matrimonio.-
Victoria asintió, entendiendo la responsabilidad de la capitana de la flota. Y esta a su vez, miró con curiosidad a su contraparte.
-¿Y que hay al respecto de ustedes dos? ¿Te interesa sexualmente Ichinén?-inquirió con total naturalidad la Victoria de ese mundo.
La otra no pudo más que atragantarse con sus pensamientos y tratar de argumentar algo con sentido.
-No, yo… claro que no. Somos compañeros de ruta. Él ya tuvo sus romances con una versión mía de otro mundo.-
En vano intentó explicar sobre lo que Ichinén acababa de contar al otro, acerca de la profecía, el casamiento previsto con el fundador y demás menesteres. La capitana la miró como si ella estuviera poniendo peros para algo que tenía miedo de afrontar.
-No, Ichinén no es mi tipo.-
La otra largó una risotada tan sonora que casi la pudieron escuchar los tripulantes del puente, puerta de por medio.
-Ya  escuché esas palabras, de mi misma.-
Aunque aquello la contrariaba, Victoria no pudo evitar sumarse a la risa y otras chanzas de su versión en ese universo.
Estaban bromeando y contándose recuerdos, que obviamente encontraban semejantes; cuando ambos Ichinén regresaron.
-Debemos volver al puente, las reparaciones están en proceso de finalización y es posible que tengamos una lucha en breve.-informó el capitán Ichinén.-Capitana, ¿Cuál es el estado de la Karma?-
-Mi nave se encuentra operativa, aunque están reparando ya los bancos de fasers que está fundidos, la mitad no servirá. Estamos ya sin torpedos, salvando dos de un conducto que está obstruido. La Karma puede salir de aquí, pero no sé si podría remolcar a la Daimoku. ¿Cómo están los motores de tu nave?-
-Tenemos los de impulso únicamente. A esa velocidad no podríamos alejarnos de los nagas ni aunque ellos fueran de rodillas.-replicó el capitán Ichinén, haciendo una broma que incluso los visitantes entendieron.
Los nagas eran como serpientes, por lo que carecían de rodillas.
Cuando llegaron al puente de mando, apenas cruzando la puerta de la oficina del capitán. Los cuatro se encontraron con Teban y Dulce, recostados en paneles cerca de la silla de mando, lugar estratégico desde donde los gatos pudieran ver todo. En el preciso instante, en que el capitán iba a dirigirse al primer oficial, una alarma sonó. La teniente Hesse se volvió en su silla giratoria.
-Una de las naves naga estaba emitiendo señales de energía en los motores, se mueven, señor.-
El capitán apretó los puños, maldiciendo por dentro.
-Esta pelea nos encuentra menos preparados de lo que esperaba.-musitó para sí mismo.-Alférez, conduzca la capitana y al resto de los visitantes al transportador.-
El tripulante aludido, se cuadró y con un gesto indicó a los mencionados que lo acompañaran.
-Yo me quedo.-comentó el guerrero Ichinén.
Victoria quiso ver si estaba intentando alguna locura, tendencias suicidas o algo por el estilo, movido por la culpa. La discusión o argumentación subida de tono, tuvo que ser postergada. La voz de alarma de otro tripulante indicó que los nagas se movían en conjunto para atacar, las tres naves.
El alférez se acercó a ella y el capitán le indicó que los guiara a todos, exceptuando al guerrero Ichinén.
La capitana tomó del brazo a Victoria y ella solo pudo quedar mirando como era alejada de Ichinén. Le deseaba gritar que no tirara su vida en ese mundo, que no se matara por lo ocurrido a Innocenza; pero no dijo nada. Estando en la otra nave con ambos felinos se sintió muy mal de no haber dicho nada.
El capitán Ichinén ordenó en voz alta y firme.
-Alerta roja. Escudos arriba!-
Ichinén, ambos, miraron la pantalla donde estaban las naves naga. Si sus ojos hubieran sido rayos lasers, hubieran volatizado las tres naves allí nomás.
En la otra nave, la capitana tomaba asiento en su silla de mando y exclamaba órdenes similares, para luego agregar:
-Pobres nagas, van a enfrentarse a dos Ichinén. Ya uno es bastante pesado de tolerar, no quieras saber por partida doble.-
La capitana le sonrió a Victoria, mientras las naves se iban acercando a batallar. La joven esperaba que aquello fuera verdad y salieran de esa, enteros.