8/04/2014

La ceremonia en el aire.

Allí se encontraban reunidos incontables seres, de todas las formas, géneros y especies. Tan diversos eran que Ichinén no podía jurar donde mirar primero y si ya había visto a ese o al de más allá. Todos le parecían novedosos y diferentes, aunque ya hubiera puesto sus ojos en ellos. El guerrero no estaba seguro si esos seres volaban o flotaban. Para el caso daba lo mismo.  Observó, observó, siguió observando, se quedó un rato más observando y… observó más. No importa como se rompiera los ojos o aguzara la vista, no veía nada notable a miles de metros por su cabeza. Esperó. Nada pasó. Intentó gritar, pero su voz no parecía llegar más que a un par de cientos de metros. Finalmente, se encaminó a escalar la cima. Por el camino, encontró a un rostro familiar.
-Me preguntaría que estás haciendo.-dijo el gato con el rostro que parecía enmascarado en gris.
-Y yo me preguntaba cuando aparecerías.-
-¿Debía hacerlo?-
Otro felino, se acercó a ellos, al parecer era una gata. Se notaba por sus tres colores en el pelaje y ser un poco más pequeña que el otro. El pelaje de la felina semejaba a un mármol por sus tonos  que formaban una melange perlada de colores sobre gris jaspeado.
-Yo lo traje, sin mí no podía hacer nada.-expresó la gata a modo de presentación.
-Mujeres, ya sabrás de lo que hablo cuando pase un poco de tiempo.-dijo a su vez el gato.
-¿Pariente tuyo?-preguntó Ichinén.
-No, por favor, no tengo tanta mala fortuna.-comentó la gata, demostrando que tenía pocas pulgas, por decirlo de alguna manera.
-No seas tan dura con mi compañero humano.-le recriminó el gato.-Hemos venido a ver al Príncipe.-
-¿Por qué debería molestarlo con recién llegados advenedizos.-replicó la gata de soslayo. 
Casi parecía mantener una expresión recia, sin humor o simpatía por los otros dos. O ni tan siquiera alguien más.
-Estoy en busca de Kosen Rufu, para hallar ese país, debo encontrar a los tres maestros. Me dijeron que el primero de ellos, se encuentra en esta ceremonia.-le explicó el guerrero.
La felina lo miró con unos ojos de cierto desdén, casi como su gesto fuera de un humor de mil demonios. Pero su voz fue muy apaciguada.
-Si, el Príncipe se encuentra allí, de hecho él la está presidiendo en ese momento, es aquel a quien buscas.-
Ichinén miró en derredor y luego a ambos animales, como esperando. Ninguno de los dos felinos hizo el menor movimiento. Excepto la gata, que a los pocos segundos,  se reclinó sobre una piedra, como si esta fuera una almohada donde recostarse. Acodada sobre la roca, miró al guerrero con extrañeza algo jocosa.
-¿Cómo así? ¿Acaso estás esperando que lo baje para ti? ¿No querrías que te baje la luna también? Si tengo tiempo en un par de eones, quizá.-
Con expresión algo desconcertada, el guerrero se intentó explicar.
-Solo quiero que me guie en mi camino, no es mi intención molestarlo, ni perturbarlo, ni distraerlo.-
-Pero ya tu interrupción es una molestia. El Príncipe está dando su enseñanza y no puede parar la rueda del universo porque el gran rey Ichinén intenta hablar con él.-
El guerrero se quedó más desconcertado, el gato macho tosió como interrumpiendo la charla.
-Ese rey no es él, no aquí al menos.-
Ichinén lo miró y asintió.
-Te confundes con otro, no soy un rey.-
La gata cerró un poco los ojos, como dudando.
-Claro que lo sos, aunque no aquí claramente. Ichinén es único, como todos nosotros. Aquí o en cualquier mundo.-
-¿Podés solicitar respetuosamente una audiencia con el Príncipe para Ichinén o no?-la amonestó el gato.
La felina pareció lanzar un gesto de fastidio, yéndose por donde había venido. Ichinén y el gato se miraron.
-Supongo que eso es un si.-comentó Ichinén.-¿Amiga tuya entonces?-
-Diría que si, pero solo coincidimos en espacio y tiempo en ocasiones, muy frecuentemente incidentales. Más de lo que me gustaría.-
-Supongo que debe ser un amor de gata.-ironizó el guerrero.
-Es buena, diría que es dura por sus experiencias, pero bueno. Las vivencias nos modifican según nuestras particularidades personales.-
-A propósito, no sé como llamarte, aparte de gato. ¿Cuál es tu nombre?-
-Tengo muchos nombres, muchos cuerpos, depende de que mundo estemos hablando. En este podés llamarme “Teban”, aunque donde tenía ese nombre originalmente, tenía rayas naranjas en vez de todo gris.-
Ichinén sopesó esa novedad de los diferentes mundos, quizá esa Estación de paso, solo era un lugar de transición para ir de uno a otro. Eso explicaría porque encontrar Kosen Rufu no era para cualquiera, podría ser que estuviera en otro mundo. Y solo haciendo un camino y pasos determinados es como se podía acceder.
-Y el nombre de tu “amiga” es…-
-Dulce, se llama Dulce, aunque en otro idioma que no se aplica aquí.-
-Es un chiste.-lanzó Ichinén con sorpresa.
-¿Me estás viendo reírme?-inquirió el gato.
Ichinén mantuvo el silencio por unos minutos, hasta que finalmente una duda lo asaltó.
-¿Por qué dos gatos son los que me están ayudando?-
-Somos los guardianes de todas las puertas.-explicó Teban, pero se frenó y giró repentinamente su rostro hacia la espalda de Ichinén, como solo los gatos pueden hacer cuando algo atrae su atención.
El guerrero se giró y vio un hombre vestido con una túnica, llevaba el pelo recogido arriba de la cabeza y todo su ser parecía resplandecer.
-He aquí al primer maestro. El Príncipe.-presentó Dulce, la gata con el nombre paradójico, al acercarse a ellos.
Ichinén quedó maravillado por la energía que irradiaba el Príncipe, tanto que se quedó sin palabras. La sonrisa del maestro era tan cálida y discreta que lo mantenía distraído.
-Veo que se venían riendo.-comentó el Príncipe.-Dicen que donde está la risa, estoy yo. Porque si hay llanto, están los demonios.-
Ichinén volvió a la realidad al escuchar esto último y estaba a punto de hablar cuando el Príncipe hizo un gesto.
-Caminemos juntos y explicaré lo que necesitas saber.-
Ichinén acompañó al que ya consideraba su maestro. El primero.

5/15/2014

Tensión entre amistades.

La marquesa recibe con desagrado la impertinencia del guerrero Ichinén:
"-¿De que hablas?-respondí confundida, habia tomado mi brazo percatandose de mi origen... era imposible que lo supiera. Suspiré cansada-¿alguien que te sigue?... lo dudo Duque-sonreí maliciosamente-Creo que me ofreció una baratija...e interrumpió mi sueño-
Miré a
Enrika-No te preocupes amiga mía, no me hará daño.-volví a sonreir pero con dulzura.- ¿Acaso tengo creer que soy una amenaza para ti?... no eres rival para mi, Duque Ichinén.-
Markesa Dollche Giska."

En tanto, fuera de este ámbito, Anya se encuentra cavilando sobre los movimientos que se han suscitado:
"Estaba fuera de la puerta donde Lord Ichinén se reuniría con Enrika.
¿Que misterioso secreto tendría Ichinén con Enrika? Anya sabía que a Valois no le gustaría aquello, ella era su favorita, muy a pesar de Anya, eso era evidente, le había entregado Ungoliath, así nada mas, como quien entrega un puñado de sal.
Ungoliath estaba cada vez más enrarecido y Enrika ahora solo aparecía en público cuando la ocasión lo ameritaba, sino estaba todo el tiempo oculta, claro, era un condición innata en los de su clase, eso era entendible, pero hacía mucho que no se la veía.
Anya ansiaba el enfrentamiento, Ungoliath le pertenecía, pero no lucharía con Enrika, ahora lo unico que le importaba era proteger a Ichinén, aun a costa de su propia vida, aun a costa de perder el favor de Valois. 
Al parecer ella era la única que conocía la anterior historia del extinto Azeroth, ella y Enrika, y sabía bien quien y que era Ichinén.
Anya."

Enrika zanja el asunto, evitando una nueva confrontación entre la marquesa y el guerrero:
"Estuve un rato largo observando la situación, al parecer había cierta tensión entre ellos: si Dollche no había intentado todavía partirle la cabeza a Ichinén era porque sabía qué buen rival era él, aunque lo desmintiera y que yo lo apreciaba en extremo... De hecho su comentario fue, digamos, una sutil invitación a la batalla, pero yo ya la conocía y sabía que la marquesa gustaba de pelear por placer puro: sus contrincantes rara vez eran unos don nadie, buscaba lo mejor de lo mejor.
-Habla sin temor Ichinén, ya nos encargaremos de tu amigo si hace falta... ¿Qué tienes para decirme?- 
Enrika."

Ichinén encuentra que las respuestas que busca lo eluden más de lo esperado:
"Mi pregunta fue clara. ¿Quien es? No se que es la presencia que nos venia pisando los talones a mi y a mis compañeros. Y esta mujer apesta a esa presencia, estuve en contacto hace poco con quien quiera que fuese. Un ser conciente al parecer, mas que presencia, es un ser. Aunque no aseguraria humano.
Miré a Enrika fulminante, la ira contenida se me notaba.
-No me preocupa esa "cosa" o lo que sea. Me preocupa que esta amiga tuya me este entregando en bandeja de plata a un enemigo. Eso es lo que me enerva.-
Ignorando por demás el hecho del ser misterioso, le relaté rapidamente lo que Faerkus me había contado en su agitación. La otra mujer quiso intervenir, pero antes de que dijera algo, salí mirandola de reojo. No deberia sentirme así, pero creo que este lugar me estaba afectando. No se que hará Enrika con lo que le dije, aunque su expresión era de completa tranquilidad. No me gusta mucha de la gente que veo aqui, en especial esa Gishka. Salí afuera, mirando el oscuro horizonte. De repente, lo sentí, algo no andaba bien. El perseguidor finalmente me había encontrado.
Sir Dai Ichinén El Guerrero Oscuro."

5/10/2014

Efluvios extraños en la ciudad.

Enrika presiente que algo extraño va a ocurrir, el mal circundante y la extraña presencia de Ichinén en el escenario de acción:
"El aire tenía un tinte extraño, peculiar. Se percibían fuerzas poderosas y contrarias como vibraciones que se desplazaban caprichosamente, describiendo erráticos recorridos... pero yo sabía que de seguro no eran para nada caóticos.
Por un lado percibía una presencia ajena y misteriosa, una vieja maldad que me sonaba conocida, quizás de algún libro, o alguna leyenda.
Por otro, estaba Valois cuyo rastro, al igual que un perfume delicioso con aroma a muerte, se acercaba y alejaba alternativamente, siempre rondando próximo y luego desvaneciéndose imperceptiblemente...
Tal vez estos asuntos oscuros lo atraigan hasta aquí, pensé para mì misma y, de pronto, me sentí sola, dejada de  la compañía de los de mi raza nuevamente.
Tenía que hablar con Ichinén, era primordial que no perdiéramos contacto, por si acaso llegáramos a necesitarnos. 
Enrika."

Ichinén entra impetuoso al castillo de Ungoliath y habla como si estuviera en su propio reino, hecho que no gusta a nadie pero que siembra desconcierto:
"Me fui directamente al primer guardia que encontré. Lo increpé, quizás mas duramente de lo que debía.
-Dime, soldado, donde se encuentra tu señora?-
Tal fue mi ímpetu que lo dejé anonadado.
-Rápido tiene que ser, es cuestión de vida o muerte, su vida. Apurate, ve a buscarla. Tengo que decirle algo urgente.-
El soldado ni se preocupó en contestar, tanta mi agitación que se la contagíe. Salió rapidamente por un pasillo. No sabia que mas hacer, excepto esperar que Enrika me encontrara.
Sir Dai Ichinén El Guerrero Oscuro."

Enrika se apersona junto al guerrero que la solicita:
"Un soldado vino a verme al salón Blanco y me informó acerca de lo que Ichinén le había dicho: esto no hacía si no confirmar mis presentimientos.
Salí detrás del guardia hasta donde se encontraba mi amigo, con el rostro lleno de una evidente agitación.
Hice un gesto con la mano al lacayo para que se alejara e inquirí a mi Guardián: 
-Dime, ¿qué es lo que ocurre? Te escucho, me ha dicho el soldado que es urgente y aquí estoy.-
Enrika."

La marquesa Dollche entra en escena para demostrar su sentido de la oportunidad:
"Encontré a la Condesa en compañía de un desconocido, el cual se mostraba agitado y perturbado.
 "¿Que sucede?" pregunté mentalmente, "Deje entrar a uno de los míos, pero no te preocupes no es peligroso..."
-Buenas noches, Marquesa Dollche Giska-me presenté, ¿por que no me gusta este hombre?
Markesa Dollche Giska"

Ichinén presintió algo, quizá una trampa, o algún plan que se gesta en las sombras; pero lo que no ve lo ciega a vislumbrar un poco:
"Ambas mujeres se miraron. Los ojos de la recién llegada se clavaron en los míos. Se presentó y yo hice lo propio. 
-Soy Dai Ichinén, duque de Menkalinam y guardián del reino de Azalays.-mientras decía esto no sacaba los ojos de ella y de repente, noté algo.
Era como una sensación familiar, algo me llamaba mucho la atención en esta mujer. La tomé por un brazo, sin poder evitar el impulso.
-¿Que es esto? ¿Quien sos realmente? ¿Que sos?-algo demasiado familiar había en ella. 
-Sueltame, extraño o te sacaré de mala forma.-me respondió con frialdad.
Enrika intentó detenerme con su mano en mi hombro. 
-Ella es amiga mía, Ichinén, confío plenamente en ella. Soltala.-
Hice lo que pedía, después de todo, sentir algo así en este lugar no parecía descabellado. Pero había algo más...
Tenia un olor encima, al darme cuenta que era, descubrí porque me llamó tanto la atencioón. La presencia que me siguió todo Morgul.
-¿Quien es? ¿Con quien estuviste que me viene siguiendo? ¿Lo estás ayudando?-
Sir Dai Ichinén El Guerrero Oscuro."

4/29/2014

Una visita imprevista.

La marquesa Dollche Giska tiene un encuentro inquietante con un viejo conocido, aunque bajo una nueva forma:
"-Ya es de noche... la segunda en esta ciudad maldita, tantos visitantes, amigos y  enemigos.-Pensaba Dollche, se había puesto un vestido de seda verde oscura, que le llegaba a las puntas de las botas negras. Este tiene dos tajos laterales a la altura de los muslos y estaba sostenido por un corset de cuero negro.
Los cabellos permanecen sueltos y húmedos; el perfume de las flores del balcon la adormecían...
-¿Quien eres?-
Los pasos tras ella vacilaron...
Marquesa Dollche Giska."

El demonio respondió ante la imprecación de la mujer:
"-Dollche Giska-susurró mi voz.
Ella se giro, observando las sombras que me amparaban.
-Estaba esperando encontrar a algún nativo, quiero pasar donde se encuentra un guerrero recién llegado. Una magia muy poderosa me evita entrar. Debo entrar bajo permiso de alguien, cualquiera. ¿Me ayudaras?-
Sathanas."

La mujer no dejando de dar puntada sin hilo, le intenta sacar redito a la situación:
"-¿Que me ofreces?- contesté sin sorpresa, podía ver la furia en sus pensamientos.
Me levanté mirandolo directamente:
-Muestrate y tal vez me interese...-sonreí.
¿Quien seria el guerrero al cual quiere visitar?
Marquesa Dollche Giska."

Sathanas intenta ser lo más circunspecto y diplomático posible para lograr así su objetivo:

"-Señora, te ofrezco el anillo de la sabiduría. Es necesario que yo entre allí y encuentre a mi amigo.-
Solo esperaba que ella me permitiera el paso, no debia perder mas tiempo.
Sathanas."

Algo ofendida, la mujer rechaza el obsecuente regalo:
-Pasa, quédate con esa baratija...-contesté, ¡Que desperdicio de tiempo!. Algo extraño sucedía, me dirigí adonde se encontraba Enrika.
-Adiós!-saludé mientras cruzaba el lumbral.-Que  encuentres a "tu amigo"-
sonreí, una pelea se acercaba.
Marquesa Dollche Giska."

El demonio complacido, ahora tiene el acceso, pero en su mente se urden intrincados planes muy al futuro:
"Pasé sin mirarla, apenas la observé de reojo mientras se iba. Jajajaja, no sabes el poder que acabas de rechazar niña. Espero que Ichinén nunca te de la espalda, no deberá confiar en ti. Pequeña mujer traicionera, como todas, caerás con el resto si no puedo evitarlo.
Sathanas."

2/16/2014

La sorpresa en la frontera.

El sumo prelado de la escuela Fuji, parlamenta con el anciano alquimista:
"Estimado anciano, jamas un discipulo de Nichiren se ha dejado llevar por las apariencias. "Uno no rechazo una bolsa de oro, porque el envoltorio esta sucio." Me gustaria ayudarte, se que mi primo esta en una busqueda, aun se siente perdido. Desde que regreso lo unico que ha hecho es darse cuenta de todo lo que ha cambiado en el mundo que el conocia. Quizas pueda hacerle la transicion mas facil, lo intente, pero no pude evitar que se fuera. Ahora, se encuentra en Ungoliath, en el reino de Morgul. En esas tierras de licanos y vampiros, fue en busca de una vieja amiga. Pero puede que nada sea como el espera.
He llamado a un amigo, fue el quien encontro a nuestro duque de Menkalinam. Quizas Bastiasis nos ayude, en el camino a las tierras oscuras. El conoce bien el camino. Esperemos que llegue para ir en busca de Ichinén.
Nikko Shonin, sumo prelado de la escuela Fuji."

Bastiasis relata así su viaje con los dos hombres:
"Mi mision consistia en guiar a  a aquellos dos hombres hacia la oscura tierra de Morgul.Me  daba algo de verguenza admitir que  si bien conocia los bosques de Azalays ,nunca me habia adentrado a los bosques de Morgul, que suponia mas sombrios y peligrosos. En lo posible, buscaba evitar el tema y dar por supuesto que con mi experiencia me las arreglaria para llevarlos en una pieza a nuestro destino. En mas de una ocasion fue  necesario demorar el paso e incluso detenerse para dar un respiro al anciano que era incapaz de seguir nuestro paso. En mas de una ocasion le propuse a Nikko dejarlo en azalays y partir sin él, pero por alguna razon insistia en transportar al viejo hasta Morgul.
Debimos incluso atravesar los bosques por la noche sin otra iluminacion que  la majestuosa luz de la luna , que me guiaba  generosamente  hacia algunas rutas olvidadas y sendas desoladas. Cada paso que daba era un paso mas cerca que estaba de mis mas oscuros temores. Podia sentir como aquellos arboles amables se tornaban indiferentes y permitian a sus terrorificos hermanos jugarme malas pasadas. Era asi que cada  vez que pasabamos un nuevo paraje, la velocidad en que latia mi corazon aumentaba y me surgia un frenetico deseo de huir asustado , como una presa que teme acercarse al territorio de su depredador.
Bastiasis."

Nikko Shonin se encuentra con una sorpresa antes de cruzar la frontera, él y el alquimista no son los únicos movilizados por el sendero de Ichinén:
"Estabamos llegando a la frontera limite con Morgul. Viendo como de pronto, un ejercito muy numeroso se nos acercaba. Eran los ejercitos del norte y del sur. Comandados por el duque de Nascira y Shijo Kingo. Me reuni con el duque de Nascira, dejando al viejo al cuidado de Bastiasis. Y el duque me explico lo que ocurria.
-Ichinèn se encuentra en el castillo de Ungoliath. Por lo que nuestro informantes dicen, el peligro esta sobre el, quizas en este mismo momento fuerzas de la oscuridad esten intentando destruirlo.-
-Y van hacia alla a pelear? Yo estaba yendo en su busca tambien, pero no con la intencion de invadir.-
-Si ellos quieren dañar a nuestro guardian y heroe, nosotros los dañaremos a ellos.-
Nunca me entendi bien con los hombres de armas, asi como tampoco con mi primo. El duque estaba concentrado en planes de batalla. Lo dejo y volvi a cuidar a Hiram y juntos debatimos que hariamos a continuacion. Por ahora, nos convenia mantenernos junto al ejercito, pero nuestra mision quizas peligraria si permaneciamos en el foco de los acontecimientos.
Nikko Shonin, sumo prelado de la escuela Fuji."

2/04/2014

El monje y el alquimista.

Nikko Shonin, descubre que su parte en esta historia aun dista mucho de terminar:
"Saliendo del castillo de Nascira, donde dejé a sir Seiferín, me enteré que un anciano andaba preguntando por mi primo. Un posadero me dio con la forma de encontrar a tal personaje. Me tomó tres dias conocer a este anciano. Cuando lo encontré, comprobé que no debía temer un peligro, aunque no quería guiarme por las apariencias. Parecía un ser bastante débil, usaba un bastón rustico para apoyarse al caminar. Ni bien, lo tuve ante mi, lo interrogué.
-Dicen que estas buscando al guardián real Ichinén. Que necesitas de él? Y porque deseas encontrarlo?-
Nikko Shonin, sumo prelado de la escuela Fuji."

El alquimista que va en busca del Resurrecto se enfrenta al monje:
"-¡En el Nombre del Graciabilísimo! Eres de la sangre del Resurrecto. Es obvio. En tus ojos se ve el fuego sagrado, el que funde los elementos. Pero sólo aquel conocido como Ichinen ha podido lograr en su interior la  esencia del Mercurio.  Deseo que me lleves ante él, pues la misión que cargo sobre mis espaldas es demasiado pesada para mis viejos huesos.
El anciano se dirigió al extraño. Lo tomó por los hombros con sus manos, curtidas por la edad, con sus dedos, secos como raíces, y le dijo:
-No mires mi apariencia, ni te guíes por ella. Mejor observa con atención. La vida de este cuerpo se consume, pero el ser que lo habita es inmortal. Yo contemplaba el nacimiento de tu mundo siendo ya maduro, así que mejor cuida tus pensamientos. Sí, puedo ver muchas cosas que aún no imaginas que ocurrirán, por eso me urge encontrar al único con quien puedo compartir el secreto que me acompaña y que motiva mi periplo por estas tierras. Se acerca el momento en que transmita los misterios, para que el poder ancestral sea utilizado nuevamente. No cualquiera puede asumir esa responsabilidad. No debe temerse a la muerte para comenzar. Y el Gran Ichinén no sólo no le teme, sino que la ha vencido.-
Sus ojos revelaron una profundidad oscura, inusitada en los ojos de un mortal. Su rostro se ensombreció cuando dijo:
-Se acercan tiempos difíciles, y pronto mi vida material acabará como tantas veces lo ha hecho. Pero mi conciencia hallará otra morada, desde donde seguiré mi camino. Sé que hay fuerzas que temen mi poder, y que harán lo imposible para que falle. Pero no es fácil acabar con la convicción de un maestro. No saben a quien se enfrentan.-
Hiram Ibn Sulayman."

Bastiasis por su parte, recuerda los últimos hechos, sintiendo si que está por terminar su intervención en estos eventos extraños, así lo prefiere:
"Hace ya un largo tiempo desde aquella noche en la cual encontré  al guardián Ichinén. Fue ese mismo día, la primera y la ultima ocasión en que pude verlo. En cierto sentido me avergonzaba admitir que nunca había sabido de él anteriormente  salvo por lo que había podido recopilar vagamente de los chusmerios del mercado. 
Aquella noche, un desorden alimenticio o quizás un ataque de insomnio terminaron en una lucha contra el tiempo por salvar la vida de una leyenda "creída muerta".
Mi ultimo encargo fue dar a conocer el paradero del guardián a su propia sangre, su primo quien aguardaba en el templo Nihonwa. Desde ese momento no volvi a saber que fue del hombre que había salvado. Los monjes me cuestionaron, preguntando y repreguntando sobre las circunstancias en las que había encontrado al guardian de la Corona. Algunas preguntas eran incluso ridículas, y hasta llegaron a preguntarme si estaba loco.
Los días siguientes tampoco fueron mucho mejores. Algunos me trataban como heroe y otros me trataban como un falso profeta. Intente por todos los medios escapar de aquella masa de gente y hacerme paso a mi hogar pero me vi envuelto en un choque de ideas que termino en algunos disturbios. Para colmo de males, algunos guardias no se molestaron en preguntar y decidieron encerrarme, por medios no muy amables. Alli permaneci por algunos dias hasta que finalmente Nikko Shonin medio para que me dejaran libre. Debo decir que esos no fueron mis dias mas felices. Por gracia del destino los días que siguieron fueron mejores y el sacerdote quiso recompensarme por mi buena acción (y quizás hacerme sentir un poco mejor luego de mi mala racha) y me ofreció hospedaje en el templo, a cambio de ayudarle en algunos labores. 
Mi hogar estaba lejano y el sacerdote buscaba encontrar la solucion a su dilema. Poco me conto sobre lo sucedido luego de mi partida.Me hablo vagamente de su conversacion con el guardian y finalmente insistio en que me quedara. Hoy volvio a llamarme, tampoco me explico bien su plan pero al parecer partiriamos junto a un extraño viejo a encontrarnos con Ichinen. Me pregunto si podia guiarlos por el bosque de forma de pasar desapercibidos. Asentí. El bosque es como mi segunda casa.

1/25/2014

La busqueda espiritual.

Arthur Noasim se encontraba realizando sus preparativos para su partida, cuando se enteró que había partido un deseo de su Amo. Escribió rápidamente en un papel unas letras, que a pesar de su velocidad eran de suma prolijidad. Cargó su caballo, aseguro la silla, se subió, tomo agua (en el camino no iba a ver tiempo de frenar) amarro las riendas y miro al segundo mayordomo de Sir Seiferin, Thomas Relmington y le dijo: “Sabes que los interés del Amo son pocos, pero lo debes cumplir con toda exactitud. Cuando llegu,e cúmplele ese deseo lo más rápido posible, es tan importante como si el mismo Señor viniera. ¿Estas Bien? Pues me voy”. Hizo un movimiento brusco con todo su cuerpo sobre el caballo, y este partió a todo galope perdiéndose en las calles de la ciudadela del castillo de Nascira.
La nota que dejo Arthur decía:
“El Señor quiere ver inmediatamente al extranjero que se hará presente en algunos días, debes tratarlo como tratarías al mayor de los Señores, ya que es primo del Amado, y esto habla mucho de una persona. Llévalo inmediatamente ante Sir Seiferin al sumo prelado de la escuela Fuji, Nikko Shonin.” 

El sumo prelado relató así este encuentro:
"Llegue al castillo de Nascira, que parecía bastante venido abajo de lo que recordaba, se notaba que su señor estuvo ausente. Me recibió un tal Thomas Remilgton, que decía ser segundo mayordomo del duque de Nascira. El duque se encontraba mirando un libro grande y antiguo en un salón, me miro reconociendome al instante, pero sin mostrar alguna expresión, más que levantar los ojos.
Nikko Shonin, sumo prelado de la escuela Fuji."

 El alquimista seguía en la busqueda de Ichinén mientras Nikko se encontraba con Noasim:
"En el Nombre del Graciabilísimo:
A pesar de mis achaques de anciano, más anciano que el polvo, he decidido proseguir en mi búsqueda, en la búsqueda del Resurrecto, del Mercurio Vital encarnado.
Muchos han sido los caminos recorridos y muchas las penurias desde el día en que ese resplandor en el horizonte cambió mi destino de simple alquimista itinerante a un verdadero iniciado en la senda del conocimiento.
Todavía resuenan en mis oídos las palabras de ese niño...
Recuerdo que estaba a tres días de llegar a la corte del Gran Antonien, camino a Desertus. El frío, la oscuridad impenetrable y el constante acecho de los animales salvajes (sin contar mis achaques de anciano),me habían obligado a hacer una parada, encender un pequeño fogón con las pocas ramas que pude conseguir, y detenerme a esperar el día, a pesar que para su llegada sólo faltaban pocas horas. Aún estaba ahí, sumergido en la contemplación, cuando un destello enceguecedor trepó por el horizonte y creció como un incendio etéreo por todos los alrededores. Ardieron  mis cicatrices ante este espectáculo, y esta situación me daba la pauta que esta luz no había sido provocada por ningún fenómeno natural.
Descubrí que esa era la señal que por tantos años había rogado obtener para saber cuál era el verdadero camino de mi vida, así que me incorporé lo más rápido que mi cuerpo agarrotado por la postura me permitió hacerlo, y me dirigí directo al horizonte.
El dolor había desaparecido, el cansancio se había evaporado como el rocío en una mañana de primavera. Caminaba ágil y liviano como si fuera un púber en busca de su amada. Pero mi objetivo estaba frente a mis ojos. Mi destino era incierto, pero mi objetivo estaba allí, en alguna parte
Yo, que había sido iniciado en los Misterios de Isis y Osiris, que había bebido en las fuentes de la sabiduría de Eleusis, sólo había logrado comprender la infinita magnitud de mi ignorancia. Y ahora me maravillaba al presenciar un resplandor que cualquier derviche de pueblo podría simular con un poco de potasio y azufre. Pero yo sabía que tras ese resplandor había cambiado la historia del mundo hasta ahora conocido. Sentía  que esa oscuridad que había poblado la tierra se aletargaba en los rincones más recónditos, disminuía su influencia aparente, pero no desaparecía.
Casi al mediodía de ese día, llegué a una pequeña aldea de porqueros. Por algunos filtros de amor cambié unos trozos de carne, habas cocidas y unas hogazas de pan, sustento suficiente para este consumido cuerpo. Por varios días no debería preocuparme.
Fue entonces cuando un gran alboroto de gritos y corridas llegó ante mis ojos. Fue cuando, mientras los aldeanos intentaban capturar a un enorme cerdo que había logrado romper la barrera de las porquerizas, un niño escuálido, de alrededor de cinco años, me tomó de la mano, me miró con ojos devastadores y me dijo: -Hermano, habéis encontrado vuestro camino. Buscadlo.-
El solo hecho de escuchar esta frase dejó paralizado a este anciano que, más viejo que el mundo mismo, había escuchado las cosas más asombrosas que la mente pudiera llegar a imaginar. Pero que un niño me llamara como lo hacían aquellos hermanos que me acogieron en su seno cuando yo, un inquieto adolescente, cuestionaba las creencias de mi aldea, y sufría estoicamente los azotes de mi padre por esta causa, era demasiado.
En mis brazos, las cicatrices rituales ardían como si hubiesen sido forjadas ayer mismo con el tizón incandescente. La mirada de ese niño penetró en mi ser y me recorrió por completo en un abrir y cerrar de ojos.-Buscadlo, es el Resurrecto.-acotó.
Tardé en reaccionar, pero cuando quise saber más del niño, este había desaparecido en la muchedumbre. Decidí no perder más tiempo y dirigirme hacia el camino, aunque no tuviese noción alguna de cuál sería el destino de mi viaje. Deambulé a diestra y siniestra, de pueblo en pueblo durante días, hasta que en el camino nuevamente, con mi cayado y una mísera antorcha que amenazaba constantemente apagarse ante los embates del viento.
Quizás fue un golpe del destino el que un enorme búho, asustado por quién sabe que fuerza, volara directamente hacia mí y me derribara accidentalmente. Mientras intentaba levantarme pude ver cómo el ave chocaba contra los árboles con la desesperación digna de un prisionero ante el cadalso. Pero en cuanto apoyé mis rodillas sobre el polvoriento camino, sentí el frío acero de una espada apuntándome al pecho.
-¡Quitaos del camino de mi señor, perro! Vociferó un  hombre alto, fornido, vestido con una armadura ensangrentada y mugrienta. Su rostro se ocultaba en la oscuridad reinante, ya que mi antorcha rodó hacia la orilla del camino y se apagó sobre  el excremento fresco de un animal. En ese momento no estaba en condiciones de analizar que tipo de animal era ni cuanto hacía que había estado ahí. Ahora estaba en una situación más complicada, aunque con mis años, la muerte no me genera miedo. Ya somos buenos amigos.
-¡Sufrirás tres veces lo que le hagas a él, maldito!,-dijo un jinete que se hallaba parado unos metros detrás de mi atacante. “Deja en paz a este pobre anciano y envaina tu alfanje.-El hombre obedeció de inmediato mientras yo me incorporaba y me dirigía hacia el jinete.
Al verlo de cerca sentí una fuerte conmoción: Ese hombre había visto el mal a la cara. Tenía porte de noble, y su armadura  también mostraba signos de una cruenta batalla.
-Gracias señor.– dije.-Agradezco vuestra intervención. No habría sido de mi agrado tener que lastimaros a ambos sin una buena razón.-
El  jinete soltó una sonora carcajada y me dijo: -¿Cómo te atreves a desafiar a dos guerreros expertos después de haberos perdonado la vida? ¿Es que acaso has perdido la cordura, o has vivido demasiado y quieres que terminemos tu suplicio? Además, ¿Qué daño podría hacernos un anciano como tú, que sin su báculo no podría ni mantenerse erguido?” 
Lentamente tomé su mano entre las mías y  le dije: “No subestiméis al débil señor”  - y mi mirada se posó en sus ojos.
A pesar de la oscuridad pude notar como el pánico inundaba el alma del señor mientras su mirada se hundía en la mía. En ese momento no me importaba lo que el sintiera, sino lo que me estaba mostrando. Escenas de batalla, un hombre  magnífico con una espada que haría temblar a los mismísimos guardianes de los confines del Averno. Un hombre con el poder de la luz en su mano, concentrado en una sola piedra. Una piedra que fue destruida y absorbió todo el mal, junto con su portador... ... así que era él...
Solté sus manos y el jinete volvió a respirar, mientras el sudor frío corría por su rostro.
-¿Dónde puedo encontrarlo?-le pregunté.
-En la montaña Ikeda  deben descansar los restos de lo que una vez fue un gran héroe... y un gran amigo.-susurró el señor, mientras recuperaba el aliento.-Allí encontrarás algunas de tus respuestas.-      
Mientras seguían su camino, me quedé observando a esos hombres que se perdían en la oscuridad que cubría el camino. No sé que los motivaba a cumplir con su viaje, pero  yo ya tenía claro el mío. “Voy hacia ti, gran Ichinen. Alguien o algo me guiará hasta ti.
Hiram Ibn Sulayman"

12/28/2013

El regreso de sir Seiferín.

En una oscura noche, cerrada como la memoria de los hombres, dos sombras se movían por el costado del camino. Entraron al castillo, por una puerta secreta, y el pueblo de Nascira pudo ver que la luz del despacho de su Señor se había vuelta a encender después de largo tiempo, desde su partida, tras la muerte de Sir Ichinén. Pronto el pueblo, los guardias, los escribas, toda alma que pudiera ver esa luz resplandecer por las ventanas del despacho de su duque, se juntaron en la puerta del castillo, esperando noticias. Media hora mas tarde un hombre se presento en la puerta. Era de baja estatura, de piel morena, y cuerpo joven y flexible, aunque poco robusto. Y aclarando su voz, con el mayor fin de lograr silencio pronuncio estas palabras: "Mi nombre es Arthur Noasim, por el destino de los caminos me encuentro en la posición de Mayordomo de Sir Seiferin, anterior duque de Nascira, anterior amo de este castillo, dueño de los ojos que vieron caer a Sir Ichinén en la montaña, y de las manos que escribieron su epitafio. Soy enviado como su vocero, ha pedir perdón a su pueblo y a sus Señores, por su debilidad y egoísmo, mostrado al marcharse, por motivos personales de estas tierras. Pero tras la noticia de que Sir Ichinén había regresado de la muerte, mi Señor ha decidido volver, pero no como Duque, ya que hasta que Sir Ichinén y su pueblo no lo perdonen y decidan si es digno o no de tal cargo, el solo se hará conocer por su nombre. Pero las noticias viajan mas lento que los hechos, y en su regreso acaba de enterarse de la partida de su amado Ichinén, y al no querer salir en una búsqueda desenfrenada, decidió como castigo auto infligido, meditar hasta su regreso rehusando de todos los placeres, excepto del agua, en la misma posición hasta que Sir Ichinén regrese de su viaje". El pueblo estupefacto por tal noticia, empezó a exigir una explicación de su ausencia, que había hecho, donde había estado, y que le verifiquen el estado de su cordura. Pero el Mayordomo solo respondió: "Mi señor ha recorrido caminos que a cualquiera lo cansaría, a vestido ropas que cualquiera se avergonzaría, a estado en sitios que a ninguno de ustedes desearía". Y terminando de decir esto, dio media vuelta, se adentro en el castillo, cerrando sus puertas y dejando a los oyentes en un silencio total, que poco a poco fueron volviendo a sus hogares. Solo los guardias y soldados se quedaron haciendo custodia, todos, a proteger a su señor, ya que su Señor había regresado.

"Tras esta misiva, le pido a Vuestra Majestad el poder celebrar una entrevista en nombre de mi Señor, en la cual si usted gusta escuchar podré contar parte de las jornadas que mi Amo padeció en sus viajes. Desearía que el mensajero que entrego esta nota reciba una respuesta directa de su Majestad, si esta lo cree conveniente, ya que muy hay para contar. Siempre Vuestro Su Majestad Reina de Azalays.
Arthur Noasim"

La soberana recibió la carta no sin una grata sensación de sorpresa, como si la novedad fuera traída por nuevos vientos del sur:
"Llegó a mis manos una escueta misiva en la que me informaban de la vuelta de uno de los Nobles que habían sobrevivido a caos. Sin duda lo recibiría. Escribí dos líneas para aquel hijo prodigo que había vuelto, para que se reuniera conmigo, aquella misma tarde.
-Se puede perdonar si el corazón de aquel que lo pide, es puro y ha pagado por los errores del pasado.-sentencié.
Aquellos que me acompañaban asintieron, y seguí recibiendo aquellos que se presentaban ante mi.
Lara Reina de Azalays."

Nikko Shonin, se ofreció a contactar con el duque reaparecido:
"Majestad, si usted lo desea, estoy en camino a encontrarme con el duque de Nascira, aunque no se si usted lo sigue considerando para el cargo. Voy camino a la ciudad de Nascira a encontrarme, lo conocí durante la guerra contra el mal que asoló el reino y lloramos juntos a mi primo cuando lo creímos muerto. Espero que él se encuentre bien, mientras Ichinén está en Ungoliath, yo seguiré rehaciendo su misión, para volver todo como era antes."

12/07/2013

La busqueda de Ichinén.

El retorno del antiguo guardián real, agita el eter como si fuera un guijarro en un estanque. Numerosas fuerzas se novilizan y viejos conocidos también regresan: "En una oscura noche, cerrada como la memoria de los hombres, dos sombras se movían por el costado del camino.
Entraron al castillo, por una puerta secreta, y el pueblo de Nascira pudo ver que la luz del despacho de su Señor se había vuelta a encender después de largo tiempo, desde su partida, tras la muerte de Sir Ichinén.
Pronto el pueblo, los guardias, los escribas, toda alma que pudiera ver esa luz resplandecer por las ventanas del despacho de su duque, se juntaron en la puerta del castillo, esperando noticias.
Media hora mas tarde un hombre se presento en la puerta. Era de baja estatura, de piel morena, y cuerpo joven y flexible, aunque poco robusto. Y aclarando su voz, con el mayor fin de lograr silencio pronuncio estas palabras:
"Mi nombre es Arthur Noasim, por el destino de los caminos me encuentro en la posición de Mayordomo de Sir Seiferin, anterior duque de Nascira, anterior amo de este castillo, dueño de los ojos que vieron caer a Sir Ichinén en la montaña, y de las manos que escribieron su epitafio. Soy enviado como su vocero, ha pedir perdón a su pueblo y a sus Señores, por su debilidad y egoísmo, mostrado al marcharse, por motivos personales de estas tierras.
Pero tras la noticia de que Sir Ichinén había regresado de la muerte, mi Señor ha decidido volver, pero no como Duque, ya que hasta que Sir Ichinén y su pueblo no lo perdonen y decidan si es digno o no de tal cargo, el solo se hará conocer por su nombre.
Pero las noticias viajan mas lento que los hechos, y en su regreso acaba de enterarse de la partida de su amado Ichinén, y al no querer salir en una búsqueda desenfrenada, decidió como castigo auto infligido, meditar hasta su regreso rehusando de todos los placeres, excepto del agua, en la misma posición hasta que Sir Ichinén regrese de su viaje".
El pueblo estupefacto por tal noticia, empezó a exigir una explicación de su ausencia, que había hecho, donde había estado, y que le verifiquen el estado de su cordura. Pero el Mayordomo solo respondió:
"Mi señor a recorrido caminos que a cualquiera lo cansaría, a vestido ropas que cualquiera se avergonzaría, a estado en sitios que a ninguno de ustedes desearía".
Y terminando de decir esto, dio media vuelta, se adentro en el castillo, cerrando sus puertas y dejando a los oyentes en un silencio total, que poco a poco fueron volviendo a sus hogares. Solo los guardias y soldados se quedaron haciendo custodia, todos, a proteger a su señor, ya que su Señor había regresado."


El primo de Ichinén se entera de la noticia y descubre que el mundo ha salido de su letargo:

"Me había llegado una carta que la sacerdotisa Zelaris me entrego. No podía creerlo! Sir Seiferin, el duque de Nascira había reaparecido, a quien daban por perdido, aunque quizás no muerto. Se le creía autoexiliado o que se había ido. Muchos habían hecho lo mismo luego de la muerte de Ichinén. Y ahora que había reaparecido mi primo, otros lo hacían, como el duque. Ya teníamos de vuelta a los dos duques del reino. Envié a la sacerdotisa con una carta para la reina, aunque quizás ya lo sabría, mientras que me apresure a preparar el equipaje para mi viaje a Nascira.
-Dónde va, sumo prelado?-me inquirió Zelaris.
-Ichinén se fue a Ungoliath porque era el único lugar donde encontraría y recuperaría a uno de los suyos.-le respondí.-El no sabe algo de lo que acabo de darme cuenta.-
Zelaris me miro sin comprender.
-De que se ha dado cuenta?-
-Ichinén es el ángulo por donde se doblan las circunstancias. Cuando el se fue, desapareció el mal, solo quedaron los resabios. Pero poco a poco, fueron desapareciendo uno a uno los miembros del gobierno. Seiferin se fue, Mina se recluyo, Lestat desapareció, Nakarius se exilio, Zeiram murió y así como Enrika se fue a Morgul. Cuando él regresó, ya comenzaron a movilizarse las circunstancias.-
Mi sonrisa era inentendible, Zelaris no lograba comprender porque estaba yo tan feliz. No importaba, yo mismo me comprendía. Sali a buscar un carruaje y partí lo mas rápidamente posible a Nascira.
Nikko Shonin, sumo prelado de la escuela Fuji."

Un anciano surge también en pos del guerrero que ha regresado:

"En el Nombre de Dios, El Compasivo, El Misericordioso
He llegado a estas tierras juntando bajo mis pies el polvo de una eternidad de reinos recorridos. El peso de mis años, es una carga liviana en comparación con la tarea que me motiva a no dejarme vencer por el cansancio y la desolación del fracaso; peor es la enorme responsabilidad que ha sido confiada sobre mis hombros, a causa de la supuesta sabiduría que en mí habita y que sólo me ha llevado a conocer la magnitud de mi ignorancia.
Pero, a pesar de todos los pesares, una luz de esperanza ilumina mi camino. La sabiduría oculta me ha sido revelada camino a Desertus, en busca de la luz de la corte del Gran Antonien, ante quien intentaba mostrar la transmutación del mercurio, aprendida entre los mas secretos misterios :. de Isis y Osiris. 
Pero un destello en el firmamento hizo cambiar mi rumbo. Curioso, en mi nueva búsqueda logré conocer el origen de ese destello lejano y la historia del guerrero legendario, aquel que con el poder de la luz se convirtió en sombras para erradicar el mal del Reino de Azaláys. Ese hombre, si es que un mortal puede llegar a tal grado de grandeza, que vive en los cantos y en las historias que rodean los fogones en los más recónditos pueblos.
Mi destino ha girado sobre sus talones y me impone otra labor, aún más importante que las transmutaciones y la búsqueda espiritual a la que me he sometido durante toda mi vida. Ahora debo encontrar al guerrero legendario, aquel que logró evadir a la muerte porque su luz venció a la oscuridad misma, o porque la oscuridad misma temió enfrentarse a la oscuridad del gran guerrero. Son interrogantes que atormentan mi ser desde aquella noche, desde aquella señal. 
Los astros me han confiado que en Morgul hallaré las respuestas y el reposo para mi atormentado espíritu. Tras incontables días de travesía, me encuentro más cercano al esperado encuentro. Pero Dios, el Gran Arquitecto, es el más grande, el guiará mis pasos según su Plan Divino.
Debo encontrar al Gran Ichinen, al Resurrecto. Quizás en mi camino, el destino cruce a quien me guíe en esta misión. 
Hiram Ibn Sulayman (El alquimista)."

11/20/2013

Tras los pasos de Ichinén.

Mientras el guardián real descansa en Ungoliat, un personaje inquietante le sigue la pista:
"MMMM, recuerdo a Valois, yo estuve alguna vez en Taranis y fui noble alli. Hasta que el caos me obligo a irme del Medievo. Ichinén, gracias a tu truco con los demonios, conseguiste llevartelos a otra dimension. Solo que tambien me llevaste a mi con ellos y contigo. Es hora que tengamos una charla, guerrero y demonio. Voy tras tus huellas, Ichinén, ya nos veremos.
Sathanas."

Pero no todo salió como el demonio este esperaba. 
"Maldición! Por todos los infiernos! Ya habían entrado al castillo de Ungoliath, se iba a encontrar con su antigua aliada. Ahora tenía que esperar a que saliera, aunque quizás, no. También podía esperar a que saliera del castillo, como esperar a que estuviera solo.
Sathanas."

En tanto, en Azalays, el primo de Ichinén también nota las consecuencias de la reaparición:
"Vi partir a mi primo sin poder decirle nada mas, su obstinació
n lo llevaba a las oscuras tierras del norte, a Morgul. En busca de Enrika, temo que la oscuridad que haya visto en otros mundos y con la que hay entrado en contacto, le este ganando en el espíritu. Podria caer bajo el poder del lado oscuro.
Intentare ayudarlo en lo que pueda, por ello, iré al templo Oppidum, en busca de la sacerdotisa Mina. Espero la fuerza me acompañe.
Nikko Shonin, sumo prelado de la escuela Fuji."

La reina de Azalays no se encuentra ajena tampoco a nada de lo que acontece a Ichinén.
"Se marchó al igual que había llegado, se fue de la misma manera, nadie lo retendría allí, cada uno debíamos, seguir nuestro futuro, nuestro destino de la misma forma. Yo cumpliría el mio. El de llevar Azalays a su grandeza. Aunque largo fuera el camino.
Sin duda, su destino y el mio estaban unidos, sabría si seguía con vida o no, después de todo, desde que yo cerré el sello, y él desapareció en aquel momento, nuestros lazos, nuestras vidas habían quedado unidas para siempre.
Lara Reina de Azalays."