7/28/2016

35-Disparo en la oscuridad.

Un lugar de muerte. Un campo de matanza. El lugar donde menos querría estar nadie, el sitio de donde más desea salir Teban, el gato guía de Ichinén. El guerrero en el cuerpo de mujer se arrastra como puede, ayudado por Anne. La jovencita duda en ese instante de su cordura, un gato que habla, el intento de escape del campo donde ha muerto su madre. Está sopesando seriamente la teoría que se ha vuelto completamente loca del dolor de perder a su madre. Intentan salir de la barraca que se utilizaba como enfermería, esquivan una vigilante por el pasillo, esperan escondidas. La salida al aire libre no estuvo exenta de temor y peligro. Más de una médica guardiana o una de las vigilantes casi los descubre en su vía hacia la libertad. En el exterior, la libertad era aún una ilusión. Anne no podía creer lo que la mujer le explicaba, decía que en realidad era un hombre y que iban a cruzar una puerta a otro mundo, que llegarían a la luna. Eso era más y más raro a medida que se iba informando más. Ni el cuento de hadas más fantástico que ella hubiera leído contenía tantos extraños elementos.
-Teban, donde está el portal?-inquirió Ichinén al felino.
-Cerca del extremo norte del campo, aunque no tan al límite debemos caminar un buen trecho aun, resiste Ichinén.-
A modo de respuesta, lanzó un resoplido doloroso.
-Si nos encuentran, nos fusilarán sin más.-acotó la chica, temblando con solo pensar en eso.
No sabía que tan proféticas eran sus palabras, ya que una figura corpulenta los estaba observando al salir. Weiss le hizo una seña a Flusskraft, siguiendo al peculiar trío. Ichinén seguía rengueando y arrastrando los pies, pero avanzaba todo lo rápido que podía.
-Con suerte, saldremos de este mundo antes que sepan que dejamos ese galpón siquiera.-comentó Ichinén, conteniendo un acceso de tos.-Como cruzaremos tres por el portal?-
Ella se refería al hecho de que Teban podía abrir una puerta para él mismo y otro, pero no para dos. Limitaciones físicas de viajar entre los mundos, cada universo tiene sus leyes físicas.
-Tengo un colega local, un gato negro y vagabundo, que nos ayudará a cruzar a todos. Nos veremos cerca del portal.-
-Como sabe cuando nos encontraremos? Le has avisado ya?-preguntó Anne, tratando de seguir cierta lógica en lo que considerado producto de sus delirios.
-Ya le avisé, Anne. Sabe que estamos en camino.-respondió el gato, mientras seguía caminando displicentemente.
-No te escuché maullar.-afirmó la joven.
El felino se giró un momento y la miró de hito en hito.
-Los gatos no maullamos para comunicarnos entre nosotros, muy rara vez lo hacemos. El maullido es para comunicarse con los humanos. Tu me entiendes aun cuando no maúllo, pero hay humanos que no comprenden ni aun cuando les maullamos a los gritos. Afortunados son que no les estamos anunciando el fin del mundo, sino se enterarían el día siguiente a la destrucción total.-
Anne hizo apenas un gesto, sin comprender muy bien el carácter del gato. Ninguno de ellos notó las dos siluetas que los seguían. El camino se estrechó entre unos depósitos con techo bajo, Teban los urgió a apurar el paso pero Ichinén apenas podía dar más de un paso cada dos segundos. Los azotes aun se sentían en carne viva, demasiado recientes. 
-El portal está aquí cerca, lo siento.-informó el gato.
Una sombra cruzó el suelo delante de ellos, al principio, solo Teban pudo identificarlo.
-Herman, bienvenido compañero. Me alegra que hayas podido llegar.-
El gato negro como la noche que los rodeaba se acercó.
-No podrían salir todos de aquí, sin mi ayuda, pero apuremos el asunto. Prefiero estar lo menos posible en este sitio. Me da mala espina y hay mucho más para cazar fuera de este lugar lúgubre.-dijo el compañero felino.
-Iremos a abrir el portal mientras ustedes llegan, podremos adelantar algo.-
Anne intentaba seguir ayudando a Ichinén a moverse despacio, para evitar más el dolor; cuando sintió el frío cañón de un arma en su cabeza.
-Caminen hasta esa pared. ¿Intentaban acaso escapar? ¿Creían poder llegar muy lejos?-se escuchó la voz cascada de la sargento Weiss, la otra guardiana también tenía su arma desenfundada apuntándoles. 
Ichinén se quejó de bronca y dolor.
-Vamos a ejecutarlos contra esta pared. Te parece, Flusskraft?-
-Diremos que las descubrimos intentando llegar a la valla, nos felicitarán.-
-Con sus  cuerpos como prueba, la directora estará complacida con que hayamos castigado a esta insolente que la enfrentó.-
Teban y Herman, el gato negro; miraban toda la escena agazapados en el suelo. La noche los ocultaba, pero poco les llamaba la atención dos pequeños animales, los cuales siempre rondan por el campo. Ichinén miró a Teban y le meneó la cabeza para indicarle que no se dejara ver. Otra figura oscura felina se acercaba a los otros dos gatos, era oscura y algo más pequeña, no pudo distinguirla bien. Tampoco pudo seguir pensando en ello, ya que la pared estaba a su lado, o mejor dicho, los habían acercado a ella a punta de pistola.
-Algunas últimas palabras, inmundicias?-preguntó Weiss.
Ichinén se incorporó todo lo que pudo, soportando el dolor. Anne lloraba de miedo e impotencia, ocultó el rostro contra el pecho de Ichinén.
-Nada que decir para satisfacer tu morbosidad, asesina. Ante la muerte sobran las palabras.-le espetó Ichinén, esperando la muerte con toda la entereza de la que podía echar mano.
Tragó saliva y desvió la mirada adonde estaban los felinos. Ahora distinguía tres pares de orejas en las sombras, como si fueran los testigos del acto de ejecución. El tercer par le era familiar. Por un segundo, creyó que la imaginación le estaba jugando una mala pasada. En tanto, Weiss y Flusskraft, un poco más atrás, levantaban sus armas apuntándoles. Ichinén volvió a mirar a sus compañeros de cuatro patas y bigotes. Parecía... ¿Dulce? Pero no podía ser, se decía, es la adrenalina de estar a punto de ser fusilado. Anne se apretó más contra ella y soltó un quejido lloroso. Ichinén miró a la rellena mujer a los ojos. En un instante, todo cambió. Mucho pasó en ese segundo. Flusskraft y Weiss se preparaban a disparar, luego maullaron los tres gatos en un coro quejoso y por último Flusskraft fue la que disparó. Pero no sobre Ichinén, sino que se giró y lo hizo sobre Weiss. La corpulenta soldado cayó casi de inmediato al suelo, sin comprender que había pasado. Otra que tampoco entendió nada fue Ichinén, sensación conocida desde que había pasado toda la última semana como mujer.
-Vamos Ichinén, tenemos que salir de acá como pájaros. El disparo habrá alertado a todo los guardias de este campo y del vecino también.-lo urgió Flusskraft.
Ambas se observaron, pero Ichinén no caía en la realidad. Anne aun se aferraba al costado de la otra, aterrorizada de la vigilante nazi que les tendía la mano y les pedía que la acompañaran.
-Ichinén, reacciona por todos los hados.-le gritó Dulce desde el suelo.
La gata se había acercado a los trotes apenas había sonado el disparo. Herman y Teban la seguían detrás. 
Ichinén miró a la gata y luego a la sargento Flusskraft.
-¿Victoria? ¿Qué estás haciendo acá?-
-Cubriendote las espaldas, como las dos últimas veces que recuerdo. Interesante, pero no alentador, descubrir quien soy en este mundo.-
Victoria, en este mundo Victoria Flusskraft para ser más exactos, se pasó el brazo de Ichinén por los hombros y lo llevó hacia donde estaba el portal. Los tres gatos ya se habían puesto en línea y estaba abriendo el lugar para que pasaran. Gritos lejanos se escucharon y luces se vieron, surcando la quietud de la noche.
-Todo el endiablado campo debe venir a ver que pasa.-se quejo Victoria.
Anne entendía menos que quince minutos atrás, ahora una guardiana del campo los estaba ayudando. Aquello le aseguraba completamente que estaba loca de remate, como una cabra. En especial al ver, como de la puerta vacía de un galpón a medio derrumbar y sin techo, comenzaba a brotar una luminiscencia. Esa luz se volvió más nítida y formas comenzaron a distinguirse.
-Rápido, rápido.-urgió Victoria a los tres felinos.
-Querés abrir el portal por tu propia mano? Entonces, dejanos trabajar.-le respondió Teban, no sin estar ciertamente ofendido, al mejor estilo gatuno.
Las botas de las soldados se sintieron pisotear todo el campo, parecía el sonido de una estampida de animales, que lo era de alguna manera. Las armas eran amartilladas o cargadas al trote apurado. La alarma comenzó a sonar. Desde el campo masculino, algunos hombres fueron a vigilar también. Pero al llegar al sitio, solo encontraron un galpón a oscuras, medio derruido, el cadáver de la sargento Weiss un poco más lejos y un gato completamente negro como la noche, el cual miraba a todos como si no entendiera que estaban haciendo. El felino se lamía la pata mientras los soldados miraban en derredor y paseaban investigando los alrededores. Cuando consideró que ya era hora de seguir su camino, se levantó y se fue andando muy orondo. Irma Grese tuvo un arranque de ira ante la desaparición de dos reclusas, una en especial, la que se había rebelado a sus mandatos. La desaparición de la sargento Flusskraft fue el mayor misterio en el campo de Bergen Belsen. Aunque mucho tiempo no tuvieron para pensar en ello. Alrededor de un mes de esa extraña fuga, el campo fue liberado por los soviéticos y algunos efectivos ingleses de la división blindada. Irma Grese y otros tantos directivos del campo fueron arrestados y juzgados por delitos en contra de la humanidad. Frau Grese, apodada la bella bestia, ángel de la muerte o la cancerbera; fue condenada a la horca el 13 de diciembre de ese año. Todas sus atrocidades salieron a la luz. Desde violaciones a las reclusas, torturas y sadismo desmedido. Incluso para lo esperado en una guardiana del campo de concentración. Cerca de cuarenta mil personas fueron liberadas de ese campo de exterminio, mucho más de esa cifra se cree que fue el total de prisioneros asesinados. Entre los que no se encontró el cuerpo, estaba Anne Frank, algunos testimonios daban como cierta muerte debido al tifus. Se encontraron tantos cuerpos y en tales estados deplorables, que la identificación completa y certera se volvió dificultosa. Ningún registro queda de cierta prisionera que era acompañada por un gato, o de que hubiera ayudado a Anne Frank a escapar. Pocos recuerdan a la tal sargento Victoria Flusskraft, se cree que fue uno de los tantos soldados fugados que lograron huir cambiando de identidad con algún fallecido. Existió una teoría muy difundida, que ella y otros se habían escapado a algún lugar frío en el sur de América. La guerra terminó unos cuantos meses después de la fecha de liberación en Berger Belsen. Herman el gato, vivió sus días tranquilamente en los alrededores, siendo alimentado por soldados primero y otros lugareños después, hasta que murió de viejo en algún día de mediados del 52. 
Para Ichinén y compañía, la aventura continuaba en la Luna. Las heridas desaparecieron del otro lado, pero el dolor quedó aun como reminiscencia por un tiempo. Ichinén volvió a ser hombre y Anne comprendió finalmente que no estaba loca y delirando. Tan solo hay más cosas en el universo de las que podemos llegar a comprender. Gatten los recibió a través del portal y pudieron descansar un tiempo. La misión estaba cumplida. Los nuevos desafíos esperaban, pronto.

6/24/2016

34-Weisses fleich.

Al día siguiente, despertó muy violentamente, una soldado la picaba con un bastón. Viendo que tardaba en incorporarse, la golpeó un par de veces. Ichinén se levantó hecha una furia. La soldado pareció asustarse, pero enseguida se llevó la mano a la cintura donde descansaba una de esas armas extrañas que todas portaban. Se contuvo de enfrentar a la mujer de uniforme y docilmente se fue adonde le ordenaban. Esa mañana fue de las más tristes que pasó esos días en ese pabellón o barraca, como le llamaran. Una mujer murió al caer de su cama alta, consumida por esa enfermedad que aquejaba a la mayoría. Sonaba como “Tifons” o algo similar. La hija, una escualida adolescente de no más de quince años, la lloraba desconsoladamente. Se llamaba Margot, decían. Su hija parecía más preocupada por su madre que por ella misma, cuanta devoción. A Ichinén el alma se partía en mil pedazos cada vez que vivía y presenciaba esas escenas de horror.
El día de trabajo fue esclavizante y doloroso, veía Ichinén. El cuerpo de la mayoria de esas mujeres no podía realizar ni el más mínimo esfuerzo, como estar de pie mientras ordenaban papeles o fabricaban algo que ella no entendía bien. Pese a estar atenta a cualquier indicio que le dijera quien era la Cronista, poco pudo vislumbrar. Las soldados las vigilaban constantemente.
Finalmente, el jueves aun no había encontrado a la cronista y sentía como el tiempo se le acababa, sabía que tendría que ver a la jefa del campo. Fraun Irma Grese, la bruja diabólica o el ángel de la muerte, como le decían a sus espaldas. Algunos apodos similares o derivados de esos dos, Ichinén no los comprendía.
El día viernes amaneció y la ansiedad la invadía, el tiempo corría y se acababa para encontrar a la cronista. En horas de la tarde fue llamada al barrracón de la jefa del campo. La hicieron ir por extraños cuartos, con esa arquitectura tan peculiar, como de choza pero de ladrillos, que en ese mundo se veía comunmente. Una soldado joven que no paraba de clavarle la vista a Ichinén, la condujo hasta el cuarto de Frau Grese. Sus indiscreciones debían ser famosas, viendo la poca reacción que otras demostraban. Irma Grese la miró como si fuese un insecto apenas entrar. Se encontraba recostada sobre un sillón, mientras una joven reclusa de rodillas le masajeaba en las piernas.
-Hazlo más fuerte, puerca.-se volvió como serpiente frau Grese a la asustada chica.-No soy débil como tu.-
Volvió a mirar a Ichinén y luego a la soldado que la había guiado.
-Y bien sargento Flusskraft. Cual es su número?-
Ichinén no entendió nada de aquello y solo se mantuvo en silencio. La sargento Flusskraft le tomó el brazo y leyó unos números allí escritos, Ichinén apenas los había notado. 
-2806421288.-
-Bueno. Preferiría usar el nombre de pila, cual es?-replicó la jefa.
A pesar de sentirse aludida, Ichinén no supo si responder con la verdad, con un nombre que les sonaría muy extraño, o seguir muda. La otra reclusa seguía masajeando sus piernas con parsimonia y en silencio, pese a los estragos en ese campo, la chica mantenía cierta belleza. Ichinén no pudo dejar de notarlo, pese a que se hallaba en un cuerpo de mujer ahora. 
-Según el registro, su nombre de pila es Agatha.-informó la sargento.
-Bien, dejenos solas.-
La otra soldado se retiró, haciendo una venia. Irma Grese se levantó como si nadie estuviera delante de ella proporcionandole masajes ni nada por el estilo. La chica se apartó a un costado, pero las piernas de la jefa aun asi la golpearon en la cabeza. Esto fue completamente ignorado por la dirigente del campo, por algo había escuchado Ichinén que la llamaban la “bestia bella.” Nunca espero estar en una situación como esa, tan incómodo y a disgusto en el mismo cuarto con dos mujeres tan bellas. Pero una era una tirana y asesina, mientras que la otra estaba tan aterrada como si la fueran a ejecutar pronto. Ichinén la miró con cierta pena, hecho que no escapó a los ojos de frau Grese.
-Hace muy mal los masajes, tiene brazos flacos.-la levantó de uno de ellos y levantó la parte de arriba de la ropa, dejando sus pechos al aire.-Aunque es muy bella... sus brazos no son los correctos. No es cierto, puerca?-
El tono de la última pregunta hubiera pasado por cariñoso en otras circunstancias. La joven prisionera temblaba de miedo y vergüenza. Irma Grese, buscó sus labios y la besó pese a una tímida resistencia.
Ichinén mantenía una expresión de circunstancia ante eso, casi como si de funeral. De donde ella venía cosas como esas no eran extrañas. Frau Grese la miró estudiando su reacción y no le gustó descubrir que no lograba el efecto deseado.
-Esta cerda se ha portado mal y me han dicho que no has hecho las cosas correctamente tu tampoco. Pero como tu falta es quizá más por omisión, tu tarea de redención ante mi será castigarla a esta.-
Le tendió la fusta que las sargentos llevaban en ocasiones. Ichinén la miró como si estuviera loca o la ofendiera aquello.
-Es bonita la furcia, pero debe aprender a hacer bien las cosas y con buena cara.-y la besó nuevamente, ignorando que la joven mantenía una expresión de desprecio disimulado con miedo.
Irma Grese, se volvió a Ichinén con una sonrisa malévola.
-Te repele esto?-
Ichinén enarcó una ceja.
-Una mujer besando a otra? De donde yo vengo, no es para nada extraño.-
-Y donde es eso?-
-No me lo creerías si te lo dijera.-replicó Ichinén.
-Si se lo dijera, señora!-gritó la mujer, abofeteandola con el reverso de la mano.-Guarda el respeto ante tu superior, puerca. Ahora, castiga a esta inutil.-
Ichinén apartó sus manos y se negó en redondo, firme como siempre.
-Te niegas? Te voy a matar si no lo haces.-amenazó la jefa.
-Lo hará de todas formas, eso no es mucha amenaza para una situación como la mía.-
Irma Grese no había tenido una prisionera tan extraña en ninguno de los tres campos en los que había estado. Ni tampoco tan rebelde, pero sin violentarse. 
-Me gusta esa fuerza que demuestras.-con una mano le tocó los pechos y con la otra le rozaba con el corto latigo sobre la misma zona.-Te diré esto, si obedeces, tomas su lugar, tus brazos son más fuertes y lo harás mejor. Ella vive y tu no recibes castigo.-
Ichinén meneó con la cabeza, no podía evitar oponerse, aunque no sabía como salir de esa situación en la que siempre iba a perder.
-Muy bien, le daré yo quince azotes y luego te tocará otro tanto.-concluyó frau Grese.-En el piso, puerca, levantate las ropas.-
La joven, llorando, se apoyó sobre rodillas y manos, suplicando ante el dolor que se venía. Irma Grese levantó el latigo sobre su cabeza y lo descargó en las nalgas desnudas de la joven arrodillada. El grito fue una mezcla de dolor, sorpresa y espanto. Ichinén no pudo evitar que su brazo tomara el de la jefa y la detuviera.
-No, no lo merece.-dijo Ichinén, sabiendo la retribución que seguro vendría.
El rostro de la jefa se transformó en pocas segundos en una máscara de furia, gritó llamando a dos soldados.
- Weiss! Flusskraft!-
Dos mujeres entraron, una era la más joven que había estado poco antes. La otra era más obesa y alta.
-Sujetenla contra la pared. Quiero que vea como sufre esta otra puerca, luego a ella le tocan cincuenta.-
Ambas mujeres la sujetaron fuertemente por los brazos a la pared, Ichinén intentó luchar pero era en vano. La más joven lo miraba fijamente y le ordenó quedarse quieta.
Irma Grese retomó la andanada de latigazos sobre la joven que yacía arrodillada en el piso, contó quince, ignorando el golpe previo a que Ichinén intentara detenerla. En los últimos la joven castigada sintió flaquear sus brazos y luego las piernas, los dos últimos dos azotes los recibió completamente acostada y medio desnuda aun.
-Quien te dijo que podías acostarte, puerca?!-vociferó frau Grese y le dio un golpe, siendo el 17.
Se volvió a Ichinén y sonriendo ordenó a las otras que le quitaran la ropa de arriba. Como ella se resistió, la más robusta le rompió el traje de prisionera. La jefa le dio un par de azotes sobre los pechos. 
-Que lastima que deba castigarte, pero voy a gozar que te arrepientas de no dejarme disfrutar de ti.-Y diciendo esto le retorció el pezón a Ichinén.
Ella acusó el dolor, con una mueca de disgusto.
-Por lo menos, de donde yo vengo, la gente accede a estar con otro por su propia voluntad. Ni los nobles ni los plebeyos deben obligar a otros para nada. El que obliga a otros es una basura débil y se lo persigue como criminal. No me extraña que en este mundo asqueroso, gente como tu lleve adelante las cosas.-le espetó Ichinén, dejando de lado todo intento de disimular y adaptarse.
La furia se convulsionó en el rostro de frau Grese.
-Denla vuelta! 50 azotes. Por la espalda, no podrá dormir de cómo la voy a dejar.-festejó a los gritos.
Los 50 azotes fueron casi 60, sin contar los que le dio delante. Ichinén se desmayó para el número 48. La sangre brotaba de su espalda a borbotones en el último. La jefa solo se detuvo cuando la más joven de las soldados le informó que Ichinén estaba inconciente. La otra chica castigada, lloraba tanto por ella por ver sufrir a quien la defendió. Cada azote al cuerpo de Ichinén, le recordaba que ella también había recibido lo propio. 
Sacaron el cuerpo de Ichinén, en una camilla, acostada boca abajo. La sargento Weiss ordenó que la llevaran a la enfermeria. 
-Yo lo hago.-dijo Flusskraft.
Mientras la llevaban por el campo, tanto prisioneras como soldados no podía evitar mirar al cuerpo de la camilla. El espectaculo era escalofriante y se podía ver en sus rostros, pese a que ya estaban acostumbradas a ver horrores. Al llegar al barracón de la enfermería, Flusskraft ordenó a una anciana y una joven que atendieran a Ichinén.
-Si, sargento.-respondió la anciana y le hizo una seña a la adolescente.
La mujer que yacía en la camilla abrió un ojo. Entre el dolor y el mareo, Ichinén recordó lo que Gatten había dicho. Era cuestión de tiempo a que la hirieran, pero la Cronista le curaría las heridas. A un costado, debajo de la camilla contigüa estaba su compañero Teban. Se encontraba con una expresión de espanto, muy de estilo felina, mirando fijamente a Ichinén luego a la anciana. 
-Eres la cronista?-le preguntó a la anciana.
La mujer la miró como quien mira a alguien que delira de dolor.
-No, ni siquiera se escribir bien, solo una gitana que terminó aquí por no ser del pueblo correcto.-
Estaban lavando la espalda de Ichinén, mientras conversaban entre ellas. Ambas estaban igual de demacradas y delgadas como el resto de las prisioneras.
-Tuvo suerte que la tomó con su espalda, la última que azotó por delante, tuvieron que amputarle un pecho.-
Ichinén seguía murmurando sobre la cronista, un poco por el sufrimiento y otro por el cansancio. Miró a Teban que permanecía en un rincón.
-La cronista... No la encuentro... Teban. La cronista...-
-La que escribe es ella.-dijo la anciana y se levantó para irse, la mujer dejo a la adolescente terminar el trabajo y se retiró de la sala. Con mucha dificultad, Ichinén giró el rostro y miró a la joven que le estaba desinfectando la espalda, era la misma que había perdido a su madre hacía pocos días. Teban se acercó a la camilla. Ichinén alargó la mano y acarició el flaco lomo del otrora robusto gato. 
-Estoy cansado, Teban.-balbuceó Ichinén.
-No flaquees ahora, Ichinén. Debemos encontrar a la cronista y salir de aquí. Vos podés.-
A Ichinén le dolió el tirón que la joven que lo atendía le dio y soltó un quejido. La adolescente había dando un respingo, un poco de sopresa y un poco por miedo.
-El gato... habla... lo escuché. Dijo lo mismo...-
Ichinén se sintió revivir un poco, pero su cuerpo no lo ayudaba mucho.
-Ichinén, la chica me oye.-afirmó Teban.-Sabés lo que eso significa?-
Ichinén sin muchas fuerzas, intentó asentir, lo comprendía.
-Que significa que pueda oirte?-inquirió la joven.
-Si ella puede oirme, eso quiere decir que hemos encontrado a nuestra cronista.-
Ichinén suspiró y trató de sonreirle a la chica. Pero el dolor le impedía levantar la cabeza de la almohada.
-Como te llamas, niña?-inquirió Teban.
La joven dudó, creyendo que había enloquecido por la muerte de su madre o el horror de los campos, pero el gato la miraba fijo y había sentido su voz. No lo estaba soñando.
-Me llamo Annelies Marie... Anne.-
-Bien, Anne. Debemos salir pronto de aquí.-sentenció el gato.

5/27/2016

33-Reina asesina.

Ella cruzó el portal y se vio del otro lado, completamente sorprendida. Estaba casi conmocionada, Ichinén se miró a si misma. Ahora era mujer, tal como Gatten le había dicho. Aunque saberlo y sentirlo eran dos cosas completamente diferentes. Se miró el pecho, o más bien ambos, los pectorales eran ahora dos senos que le resultaban por demás peculiares. La falta de costumbre ante la fisonomía distinta la desconcertó completamente, tanto que no reparó en su completo aspecto e indumentaria hasta bastante después. Su cuerpo pese a tener un pecho algo prominente estaba escuálido, como de haber pasado hambre. La indumentaria era un pantalón a rayas grises hacia abajo, con un camisa o algo parecido, en idéntico motivo. Su piel se encontraba sucia y cuando se pasó la mano por la cabeza la descubrió completamente calva. La habían rapado. ¿Con que objeto? 
-Es muy extraño todo. ¿Verdad?-escuchó decir Ichinén.
Miró a su compañero, Teban estaba casi igual, pero con sus manchas grises algo cambiadas. También se encontraba sucio y desnutrido.
-Teban. ¿Donde estamos? ¿Que clase de lugar es este?-
El felino giró el rostro y se dedicó a observar el lugar. Galpones, vallas, alambradas; y soldados.
-No se como explicarte que es este lugar. Deseé con todas mis fuerzas no volver nunca a este tiempo y lugar.-
Ichinén miró alrededor. Todo el terreno rústico, lodoso, el cielo nublado. Le traía recuerdos de un cementerio pero sin tumbas o de un campo de batalla, luego de la matanza. Caminaron pegados una pared, de lo que parecía un granero. 
-¿Que ocurrió en este mundo?-
-Es el mismo mundo que estuvimos antes, durante el hundimiento del barco en el que estuvimos, pero como unos treinta años más lo menos. No sabría decirte la fecha exacta. Desde entonces, dos conflictos a gran escala se desataron, estamos durante los años del segundo, el más horroroso.-
Alrededor solo veía mujeres, por lo que Ichinén comprendió que Gatten la enviara con esta apariencia. Por alguna razón no había hombres. También por ello la Cronista debía ser mujer, y no el cronista.
-¿Esta gente, estas mujeres, están peleando una guerra?-
-Están aquí para morir, o para ser asesinadas más bien.-
Ichinén no comprendió o no podía conciliar esa revelación que también la involucraba. Estaba tan distraida que no vio a la figura uniformada que se le acercó repentinamente.
-¿Que hacés aquí sola, cerda?-la que hablaba era un mujer muy corpulenta, con una vestimenta y una higiene completamente distinta a la suya.-Ve a formarte, ya le diré a frau Grese que te estás escapando. ¿Sabes lo que hace con las rebeldes que quieren escaparse, verdad?-
La soldado, sostenía una extraña arma que no se parecía en nada a una espada, pero ante la duda Ichinén asintió obediente. Miró a Teban, pero el gato ya se había ocultado. Por ahora, se dijo a si misma, debía observar y estar atenta. La Cronista podía ser cualquiera. La mencionada formación a la que la llevaban, se componía de un innumerable número de mujeres, todas en fila, con el mismo uniforme. Algunas de las mujeres eran muy jóvenes, niñas muchas de ellas. Todas con la misma apariencia que ella. Ichinén intentó arriesgar un número, pero por lo que podía estipular, allí debía haber cientos, quizá miles de mujeres. Algunas tenían peor aspecto que otras, muchas no solo parecían mal alimentadas, sino enfermas directamente. Que clase de dolencia podía aquejarlas, Ichinén no lo sabía. La formación fue como una pasada de revista militar, algo que le resultaba conocido del ejercito que había dirigido su padre. En la mente de Ichinén se iba formando la idea de que si estaban en guerra, este era un campo de prisioneros. No sabía hasta que punto se quedaba corta en ese razonamiento. Una mujer de cabello rubio recogido, elegantemente vestida, con un uniforme muy pulcro, paseaba por delante de las hileras. Su expresión dura, metía terror mientras caminaba, tanto a prisioneras como a sus propias subordinadas. Era ciertamente joven, no debía pasar más allá de los treinta y tantos de edad. Llevaba un látigo en la mano y cada tanto azotaba a alguna prisionera mientras pasaba a su lado. Algunas las señalaba y otras uniformadas las llevaban por fuera de las filas hasta que las perdía de vista y no podía saber que ocurría con ellas. Al pasar cerca suyo, Ichinén sintió un escalofrío, no era miedo, sino que le parecía que podía sentir la oscuridad de esa mujer. La uniformada que la había encontrado "deambulando" cuando recién llegó, le estaba hablando al oído. Ichinén se dio cuenta que la estaban delatando, se lamentó por dentro. Eso podía poner en riesgo la misión de encontrar a la cronista. Debía sobrevivir lo suficiente hasta encontrarla. La dura mirada de la que parecía la encargada se clavó en Ichinén y ella no tuvo duda de como podía percibir la oscuridad emanando de su ser.
-¿Esta es la que paseaba?-
-Si, frau Grese.-respondió la corpulenta soldado.
La mujer se comportaba como si fuera la reina del lugar. 
-El viernes la quiero en mi barraca, le daré una lección.-se acercó más a Ichinén y la miró de cerca.-Tiene un fuego en los ojos que parece que debemos apagar.-
Ichinén tragó saliva, maldiciendo que estaba poniendo en peligro todo, al no saber moverse en ese mundo. Se sentía muy torpe e insegura. La mujer siguió su camino, más adelante tomó a una mujer de la fila y la tiró al suelo. La llamada frau Grese comenzó una tanda de azotes con su largo latigo, mientras obligaba a la prisionera a caminar a cuatro patas. Ichinén estuvo a punto de saltar en su defensa, aunque estaba lejos, pero viendo a las otras mujeres soldados se arrepintió. Tenía muy pocas chances de durar más que unos segundos, sin espada o alguna otra arma. Ya debía afrontar un castigo ese viernes, aunque no sabía ni que día era el de hoy. Rodeada por tantas mujeres armadas era una pelea perdida antes de comenzar. Con el corazón en un puño tuvo que presenciar la humillación y tortura de esa mujer, que ya se la veía bastante lastimada. La tal frau Grese la siguió azotando repetidamente, pese a los ruegos y quejidos de la víctima. Hasta que en un momento tomó de su cintura, la extraña arma que Ichinén ya había visto en la otra uniformada. Frau Grese levantó ante su vista el arma en mano y apretó algo con el dedo. Aunque Ichinén no entendió bien que estaba sucediendo, si comprendió que el estruendo como de un cañón lejano y el humo salido de la mano de frau Grese, era la causante de que la víctima cayera totalmente y no volviera a moverse.
En un primer momento, ella creyó que tal vez no había muerto. Las uniformadas se sonreían, o directamente soltaban risotadas y festejos. Todas las prisioneras bajaban la vista o lloraban en silencio. Ichinén no podía creer ni entender lo que acababa de pasar ante su vista. Cuando las hicieron caminar en dirección a los galpones, desfilaron todas ante el cadáver. Ichinén pudo ver en los ojos vacíos de esa mujer que la vida había dejado su cuerpo. El horror de no comprender como y porque sucedió todo eso, la invadió aun más.
La noche cayó y el lugar se volvió más sombrío aun de lo que ella había imaginado. Llevaron a todas a los galpones donde se encontraba una gran cantidad de camas, unas sobre otras. Eso era algo que ella tampoco había visto nunca. Se recostó sobre una de las literas, pero una mujer le indicó que se buscara otra, ya que esa era la suya. Ichinén no le respondió el mal gesto y la dejó estar. No sabía que pensar de ese lugar. Al poco rato vio a otra hablar tiernamente con una.
-Que lindo, es muy mimoso!-
-Que no lo vea la sargento o nos veremos en problemas.-
Cuando se asomó al costado de la litera, vio a Teban siendo acariciado por dos mujeres.
La guerrera Ichinén, ahora como prisionera, le chistó a su compañera. El gato dejó a ambas mimadoras y se acercó a ella.
-Teban, estás muy ocupado?-ironizó ella.
-Perdón, pero tengo que hacer de gato aquí como en cualquier mundo. No todo es abrir portal acá o allá. Además, estuve averiguando cosas que ignoro de este mundo.-
-Yo lo ignoro todo. Y cada vez siento más desconcierto y horror.-
-No mentían cuando te dijeron que era un lugar horrible.-
-Si, y ya tengo un castigo pendiente para este viernes.-
Ichinén le relató a su compañero felino la situación con la soldado y lo que había ocurrido en la fila.
-Pude averiguar que hoy es martes, o sea que tenemos tres días para encontrar a la Cronista y evitar el castigo. Esa mujer que me dijiste, si es quien creo que es, es un monstruo. Si es que este lugar no es lo suficientemente horroroso, ella lo convierte en algo peor. Pude hablar con mis pares nativos y conocen algunos datos sobre ella y este lugar.-
-Parece un campo de prisioneros, puede que al estar en una guerra...-
-No, Ichinén. Esto no es un campo de prisioneros. Es un campo de exterminación.-lo interrumpió Teban.
Aquello fue para Ichinén como un puñetazo en el bajo vientre. Sintió su cuerpo temblar.
-Te dije que lo que conozco de este periodo de tiempo y de este mundo no es agradable. La guerra se libra más lejos de aquí, en este sitio sucede otra cosa que esta relacionada con esa guerra pero no es su consecuencia. Estas mujeres no son soldados del enemigo, son civiles, no combatientes.-
-¿Y para que las tienen aquí prisioneras si no son combatientes de su enemigo?-
-Están prisioneras, y en algún momento van a ser asesinadas. Mientras tanto las hacen trabajar para crear armas o elementos para la guerra.-
El horror de lo que Teban contaba no le entraba en la cabeza.
-¿Asesinadas? ¿Así sin más? ¿Cómo la que vi afuera? ¿Y por qué razón? ¿Que es lo que han hecho para merecer estos castigos?-
-Nacer en el grupo étnico diferente al de las que llevan armas.-
-Yo nací en la tierra de Menkalinam, el ducado de mi padre, me estás diciendo que es como si los del pueblo al norte de Menkalinam, nos hubieran querido exterminar porque nacimos del otro lado de la frontera?-
-No existe una frontera, más bien son dos pueblos distintos que uno inculpa al otro de sus desgracias, hay mucho odio entremedio. Esa fue, la excusa digamos. Para no tener que compartir territorio y recursos. La excusa para la guerra, aunque cotejando las fechas, este conflicto no durará mucho más.-
Ichinén parecía cada vez más asqueada. Nada de lo que Gatten le había advertido podía prepararla para esto. Sentía unos deseos irrefrenables de salir y liberar a todas las prisioneras, combatir a muerte contra esas asesinas. Pero la verdad era inexorable, nada lograría en verdad y su misión fracasaría. Se largó a llorar de la frustración y la impotencia. 
-Es tan ilógico, algo debo poder hacer al respecto.-
-No importa lo que creas, es más importante encontrar a la cronista y salir de aquí. Lo mejor que podes hacer para ayudarlos es encontrar a la Cronista y escapar. Estamos a un mes de que este campo caiga en manos de los enemigos y todos los prisioneros sean liberados.-
-Entonces, solo debemos esperar un mes?-
-No, Ichinén. Gatten nos envío en este momento particular, porque en pocos días se dará la fecha que figura como el día que la Cronista murió aquí.-
Dos mujeres observaban a Ichinén como conversaba con el gato.
-Pobrecita, está loca, hablando con el animal.-comentó una.
-Este lugar puede volverte loca en menos de un día.-manifestó la otra, mientras tomaba un trapo y lo pasaba sobre la frente de una que estaba acostada en una cama.
La mujer que yacía estaba temblando y sudaba profusamente. El gato se la señaló con el hocico a Ichinén.
-Esa mujer que permanece allí acostada, tiene la enfermedad de la que morirá supuestamente nuestra Cronista según me dijo Gatten, a menos que la saquemos a tiempo. Es una peste que se está propagando por todo este campo, en este mismo momento.-finalizó Teban.
Ichinén se fue a dormir, pero no consiguió hacerlo hasta muy entrada la noche. Las otras mujeres presentes, la miraban de forma extraña. A ella poco le importó, estaba concentrada en buscar a la Cronista. Lo que la incordiaba era no saber tan poco como para reconocerla. En la quietud de la noche, escuchaba los ladridos de los perros guardianes, algunas ordenes vociferadas por las soldados y los accesos de tos mezclándose con los quejidos de las enfermas. Con todo ese nefasto concierto, Ichinén entró en un sueño intranquilo. Un sueño lleno de pesadillas que ni Rokuten mismo le había generado. Aunque veía su mano en todo eso.

4/29/2016

32-Shoten Zenjin.

La espadas se entrechocan, los gritos se mezclan con los graznidos, tanto como la sangre se mezcla con el barro. La tierra se vuelve colorada por efecto de la batalla. Los miembros de hombres se siembran sobre el terreno, pero solo darán el fruto amargo del sufrimiento al cosecharlos. El caballo del líder se adelanta por sobre la fila de enemigos y carga con furia. Sus soldados lo vitorean. Es un barbaro, diezmando la ciudad. Ha ocurrido miles de veces, en miles de mundos.
-Viva Ichinén, nos lleva a la victoria.-gritan los salvajes, mientras siguen degollando y mutilando.
Ichinén puede ver la espada, una simple hoja de metal y sin parecido con la suya, lo único que se le ocurre pensar es que esa no es Daimoku. Extrañamente, lo ve todo desde afuera, pero no parece resultarle extraño. Solo cuando ve como la matanza avanza, nota cierta repulsión en su interior. La espada tan conocida no es la que sostiene en la mano, ese bárbaro, ese Ichinén. Ese es él? 
Se agita de costado, palpando desesperado con la mano hasta encontrar la espada a su lado. El sopor del sueño aun lo invade, lo tranquiliza tener a Daimoku y constatar su existencia. Todo había sido solo un sueño. Nada de eso le había sucedido, ni algo por el estilo. Un sueño donde él no tenía la espada de la ley, quizá su mente le estaba diciendo como sería su existencia si no la hubiera encontrado?
-Estabas soñando.-escuchó decir a Victoria.-Alguna pesadilla?-
Aun somnoliento, intentó responder lo más sensatamente posible. Ella estaba de pie a su lado.
-Extraño, pero no se si califica como pesadilla. No era agradable, pero era uno de esos sueños donde te ves a ti mismo de afuera, pero aun así no eres esa persona.-
Se encontraban en las estancias de Gatten, la luna había hecho crecer estructuras en su suelo, para que ellos pudieran tener cobijo. Aunque poco era el viento que surcaba el suelo lunar.
-Me mandaron buscarte para que comas algo antes de saber cual es esa misión tan importante.-
Un fuego había sido preparado en una de las estancias. Comida y bebida había sido servida. Los ventanales del lugar que mostraban el paisaje, se asemejaban a los del barco que se hundía, donde él y Teban habían estado hacía no mucho. Mientras manoteaba algo de comida, recordando otros peligros, Ichinén le preguntó a Victoria:
-En el palacio del Rey Demonio, hablabas entre sueños...-
Se giró para observarla, y descubrió que ella mantenía una expresión grave. Victoria se sentó en un banco junto al fuego, ocultando el rostro, del que brotaban lagrimas silenciosas. Ichinén guardó silencio y se limitó a contemplar los largos mechones de cabello que cubrían el rostro femenino.
-Estaba...-y un nudo le impidió seguir hablando por agónicos segundos.-Estaba soñando con mi destino.-
Ichinén esperó si ella deseaba explicarse mejor, sabiendo que aquello le ocasionaba un gran sufrimiento. 
-Yo soy la reina de Kosen Rufu. Yo soy heredera al trono de ese reino. Esa esa la razón por la que me interesa tu misión.-
Aquella revelación dejó atónito a Ichinén, algo que no es muy fácil de conseguir. Antes que él pudiera balbucear, ella continuó.
-El sueño que vi es lo que sería mi vida, en mi reinado... Si...-se acercó más al fuego, como buscando las palabras en las llamas.-Si no hubiera abandonado todo eso.-
-Como?-musitó Ichinén, tratando de aportar aunque fuera una única palabra.
-Hace mucho tiempo, un oráculo vaticinó que mi destino sería casarme con aquel que fundó nuestra tierra. Yo no deseaba ni casarme con un extraño, por más famoso que fuera, ni menos... con un anciano quizás. En mi mente de niña crecí pensando en esa imagen de estatua, antigua y de marmol que se encuentra en la plaza principal de la ciudad Soka. Persiguiendo otras ilusiones fue como perdí todo. Era mi prisión ese vaticinio. Me enamoré o creí enamorarme de alguien que no era ese destino prefijado y encarcelante. Pero mi "liberador" amado, no fue tal. Todo era una mentira, quizá por acción del mismo Rokuten. Fui engañada, maltratada. Terminé prisionera, presa de mi propia idiotez. Todas mis ilusiones me habían llevado al sufrimiento. Esto me lleva a recordar otra parte de esa profecía. Ese fragmento que todos pasaron por alto, que estaría en cautiverio y solo me liberaría aquel que me trajera esperanza de nuevo a mi corazón. Y con esa persona encontraría de nuevo el camino a Kosen Rufu. La tierra que debía gobernar y que por ilusa perdí. Por eso estoy aquí, ayudandote que encuentres Kosen Rufu. Si tu la encuentras, yo también lo haré.-
Ichinén estaba lleno de preguntas y no sabía cual formular primero de todas.
-Yo te traje esperanza? Pero cuando...?-
-Ichinén.-escuchó decir detrás suyo, la voz de Gatten.
El guerrero se giró y observó a la entidad que representaba a la luna. Cuando volvió su vista para ver a Victoria ella ya salía del cuarto por la entrada contraria.
-Acompañame. Debo prepararte para la misión.-
Viendo que no podría continuar la charla con Victoria, siguió a Gatten a través de varios corredores. Para ser un lugar recientemente creado, era muy completo y elaborado. Entraron en lo que parecía el estudio de un escriba o un notario. Gatten se sentó y le indicó una silla delante a Ichinén.
-Cual es esa misión que debo realizar para ayudarte?-
-No solo es por ayudarme a mi. En realidad, todo tiene que ver con todo. Esta misión te servirá para llegar a Kosen Rufu. Que alcances tu objetivo también nos sirve a nosotros.-
-El grupo al que te referiste? Shoten Zenjin.-
-No diría que somos un grupo. Somos las funciones protectoras del universo. Somos quienes lo hacen andar pero también somos parte del mismo. Protegemos a los devotos de la enseñanza del Loto. El príncipe, y los otros dos maestros que conocerás, son algunos de esos devotos. Nuestro objetivo es proteger Kosen Rufu y por ende, a ti Ichinén.-
-Son como dioses?-
Gatten río como si eso le hiciera gracia.
-No, los dioses son seres como cualquier otro. Poderosos si, pero seres al fin. Están sujetos a leyes físicas y estrictas, a nosotros solo nos afectan en nuestras manifestaciones. Mi manifestación corporal es esta, estoy regida por esas leyes. Siendo la Luna, también. Una función protectora también puede ser una persona, aunque tenga una parte que sea transitoria.-
La expresión de Ichinén, daba la pauta que no entendía muy bien.
-El sol es también una función, yo lo conozco como Nitten. Su luz logra que las plantas crezcan, que los animales se alimenten de ellas y que a su vez, otros animales lo hagan de estos. ¿Es un Dios por eso? El solo cumple su función, que es dar luz. La lluvia riega los campos, por esa acción conjunta con el sol, las plantas crecen y la vida inicia su ciclo. ¿Son ambos dioses por hacer lo que es natural en ellos? Muchos pueblos y culturas en infinidad de mundos nos han adorado como dioses, pero no han tenido más que una parcial comprensión fenoménica de que o quienes somos. No actuamos directamente, no intervenimos en el destino de los seres animados e inanimados. No como la gente siempre entiende a los dioses.-
-Pero quieren ayudarme a llegar a Kosen Rufu.-aseveró Ichinén.
-Ayudamos a quien se ayuda en primer lugar. Tu determinación para llegar hace que nosotros seamos atraidos a ayudarte.-
El guerrero ladeó la cabeza hacia cada hombro como si la idea le rodara por dentro sin poder asimilarla del todo.
-Si rogaras a un río, una función del universo, que cambiara su curso y mojara tu siembra. Eso no serviría de mucho, no? Ahora, si hicieras un dique, con canales y desagotes; el río podría llegar a donde necesitás. Si estás en la oscuridad y enciendes un farol, no rezarías al fuego que te ilumina, pero si cumple su función. Al fuego puede que no le importe, pero si da calor y luz, lo cual es su naturaleza. Es lo que hacemos.-
Ichinén asintió comprendiendo un poco mejor.
-¿Y cual es la naturaleza de esta empresa que debo realizar?-
Gatten se incorporó con expresión más seria.
-Tu misión, debes pensar bien antes de aceptarla, es encontrar a la cronista. El mundo al que deberás ir es uno de los peores lugares que jamás hayas visitado.-
-He estado en el Infierno. ¿Esto es peor?-
-Este lugar es una manifestación del Infierno. Sufrimiento, dolor, odio, perversidad, maldad. Eso es lo que encontrarás en este lugar. Puede que ir a este lugar, te cueste la vida.-
El tono ominoso de Gatten, hizo que a Ichinén le recorriera un frío por la espalda.
-¿Como encontraré a la cronista? ¿Como se llama?-
-Decirte el nombre en el idioma de este, tu mundo, no te serviría de nada. Allá entenderías otra cosa y no la identificarías. He visto que ella curara tus heridas y sabrás que es ella porque su deseo es escribir. Tu cuerpo no será todo lo fuerte que es aquí. De hecho, quizá te sientas un poco enfermo. Al lugar donde vas, no serás alimentado casi y en ese cuerpo notarás los efectos de los maltratos anteriores.-
El guerrero asintió con el rostro, analizando los obstaculos.
-Teban debe venir conmigo?-
-Si, alguien debe abrirte la puerta a ese mundo. Tanto de ida como de regreso.-
-Preferiría no exponerlo a más peligros.-
-Él puede permanecer oculto, creo que allí Teban correrá menos peligro que tu. Y estará mejor alimentado.-
Ichinén aceptó, no sin cierta reticencia.
-Hay algo más. Creo que esto no te fue explicado por Teban. Cuando viajas de un mundo a otro, te fusionas con el que serías en ese mundo. Adquieres sus caracteristicas, no así sus recuerdos ni memorias.-
Ichinén se reclinó hacia atrás, cayendo en la cuenta de algo.
-Por eso en el barco que se hundía, mi ropa había cambiado y Daimoku era como un bastón.-
-Tu eres tu, en cualquier mundo. Lo transitorio cambia, lo esencial queda. Pero, el Ño Se Zo, la apariencia, se modifica.-
-Si, lo sé, mis ropas serán como las de ese mundo, esa época y esa cultura. Lo he visto ya.-
-Tendrás una apariencia como la mía.-explicó Gatten.
-Unas ropas como esas?-
-Más bien que en ese mundo serás mujer.-
Ichinén no supo más que decir, solo asintió, un tanto anonadado.
-Bueno, supongo que seré como soy cuando vuelva.-dijo al fin.
Gatten sonrió y se levantó guiandolo adonde se encontraban Teban y los otros. Una puerta se alzaba solitaria en medio de la gris superficie lunar, dando un aspecto surrealista al escenario de partida. Por obra de Gatten, ellos podían respirar expuestos en el vacío tal como si estuvieran en la tierra.
-Suerte Ichinén, la vas a necesitar.-le dijo Dulce.
El guerrero se agachó y le acarició entre las orejas. La gata cabeceó un poco a su mano, acercandose para que la rozara mejor. Cuando Ichinén se levantó, Victoria estaba frente a él, pero sabía que no podría continuar la conversación que había quedado trunca. El rostro de ella era todo preocupación.
-Yo se adonde vas, Ichinén. Ese lugar es horroroso, tu vida peligrará a cada momento. He estudiado la historia de donde vas. Allí matan gente solo por diversión, inflingen sufrimiento para deleite de los que rigen. Por favor, ten mucho cuidado.-
-Se que es peligroso, pero si debo hacerlo, aunque el miedo me invada; no puedo retroceder.-intentó tranquilizarla Ichinén.
El gato apenas expuso un saludo y encaró a caminar a la puerta. Ichinén tuvo un segundo para mirar a Victoria, un atisbo de su expresión de espanto. Sin más, se despidió y siguió a Teban por el portal.

3/31/2016

31-Gatten.

La salida del barco ku al espacio normal se sintió para Ichinén y Victoria como cuando se destapan los oidos al bostezar. La barca redujo la velocidad, ya sabían que no los estaban persiguiendo y eso tranquilizaba a todos los tripulantes. Las estrellas los rodeaban por todas las direcciones en que miraran. El espectaculo era sobrecogedor, podían palpar en ese instante la grandiosidad del universo. Victoria se apoyó en la baranda de cubierta y descansó su mente en esos puntos luminosos. 
-Pareciera increible de donde acabamos de huir al observar este paisaje.-comento Dulce a su compañera, acto seguido comenzó a lamerse una pata y pasarsela por la orejas.
-Si.-asintió Victoria.-
-Las ilusiones que rokuten nos planteaba eran demasiado añoradas como para escaparles facilmente...-comentó Ichinén, como quien se arrima a entablar conversación, pero Victoria se fue como si hubiera estado enojada por su intervención.
Ichinén la miro irse, desconcertado.
-Mujeres.-comentó simplemente la gata.
-Vos también lo sos, digamos.-le replicó Ichinén.
-Por eso lo digo. Pero tampoco vas a comparar con una diosa felina como yo.-
-Humilde sobre todo.-ironizó él, aunque no podía entender la reacción de Victoria.
Abel sacó algunas botellas para tomar y celebrar esa exitosa huida. Ichinén aceptó con alegría lo que le invitaban. 
-Los dejaremos en la luna, que es nuestro destino. Espero que puedan arreglarse desde ahí.-
-Si, portales en la luna, deben sobrar.-intervino Teban, antes que Ichinén pudiera siquiera encogerse de hombros. 
La verdad es que el guerrero no tenía muy planeado que harían luego. Hasta ese momento el único pensamiento era evitar ser capturados por los demonios. 
Se fueron acercando a la luna, navegando por el vacío del espacio, Ichinén ignoraba muchas cosas. Como que en un barco semejante a ese pero que no fuera como Ku, no podrían respirar y morirían en segundos. Todo esto le fue informado por su compañero felino, que daba muchas explicaciones acertadas, pero nunca de como sabía todas esas cosas.
Al acercarse a la luna, Ichinén pudo apreciar en detalles lo que desde la tierra apenas se podía vislumbrar. Los crateres le daban una apariencia casi como si fuera un rostro. Por un momento se le hizo en la mente la imagen de un rostro sonriente con un ojo tapado por algo, pero fue por un segundo o menos. La despedida se acercaba y nadie quería hacerlo, pero Abel los dejó en el suelo lunar con una explanada muy larga que extendieron hasta el pico más cercano. Ichinén y Victoria sabían cual sería el destino del barco Ku, fusionarse con el universo, entrando en latencia. Los muertos allí van y nada detiene el curso normal del universo, así como la tierra no deja de girar sobre si. Una voz potente y penetrante los interrumpió en pleno ritual de despedida. Aunque lo intempestivo de la sopresa los asaltó, el miedo no los embargó.
-Llegan aquí en busca de consejo o de ayuda. Pero somos nosotros quienes la pedimos.-
Ichinén y Victoria miraron en derredor, pero solo se atisbaba el grisaceo paraje lunar. Teban maulló y se quedó observando en cierta dirección. Los demás vieron donde indicaba y se encontraron a una mujer caminando hacia ellos.
-Quien es esa mujer?-preguntó Ichinén, pero nadie supo responderle con algo más que expresión de incredulidad.
Cuando la mencionada estuvo cerca, se presentó.
-Me llaman de muchas formas, pero pueden decirme Gatten. No soy exactamente mujer ni hombre, muchos me identifican de una forma y de otra. Asumí esta apariencia para poder comunicarme con ustedes. Soy la manifestación de la fuerza del universo que conocen como Luna. Soy una de los Shoten Zenjin. Y necesitamos tu ayuda, Ichinén.-

2/29/2016

30-Barca a la luna.

Caída libre es una sensación muy espeluznante. Como cuando los músculos se relajan y todo el cuerpo experimenta la sensación de caída, así es como Ichinén y sus compañeros sentían la caída del palacio de Rokuten. Caer de ese lugar al oceáno del universo no era simplemente, como saltar de un acantilado. El impulso con el que habían saltado no tenía freno ni resistencia, seguían una velocidad constante y sin desaceleración. El andamiaje del universo pasaba raudo a todo su alrededor. Formas geométricas se fundían con lineas para dar un aspecto incomprensible y cambiante al escenario que los rodeaba en su vuelo. Los gatos eran los que peor la pasaban, la sensación de vértigo les era en extremo desagradable. El andamiaje del universo, donde se asienta la realidad, estaba detrás de esas bambalinas cósmicas. Habían llegado donde ningún mortal común había logrado llegar previamente.
Ichinén tuvo una idea en algún punto de ese interminable discurrir. Sujetando bien con un brazo a Teban, desenvainó a Daimoku para engancharse de algún entramado del andamiaje. Tres veces lo intentó y finalmente consiguió, el rulo al que enganchó la espada parecía estar hecho de pura energía y tenía la consistencia de una planta blandengue. Victoria hizo saltar a Dulce al pasar junto a los otros, así poder imitar el freno con su espada Karma.
-Excelente idea, Ichinén. Mi estomago, que se quedó en el palacio de Tenyi-Ma, te agradece ese viaje presecindible.-maulló Teban.
-Salimos, eso es lo que importa.-respondió el guerrero.
-Si, pero ahora estamos atascados en el andamiaje universal. No hay precisamente caminos en este... no-lugar. No existe como tal cosa, por eso es el andamiaje.-replicó Dulce.
-No se quejen, felinos. Peor era quedarse en el palacio de los deseos, alucinando con mentiras del Rey Demonio.-acotó Victoria.
-Si, vi muchas cosas mi pasado... A vos te ocurría lo mismo? Cuando te desperté, hablabas entre...-comenzó Ichinén, pero Victoria lo cortó en seco.
-No quiero hablar al respecto.-y diciendo esto emprendió el descenso por una "rama" del andamiaje.-Vamos a inventar un camino. Mientras sea uno que nos aleje de Rokuten...-
Ichinén miró a todos y emprendió el descenso. Estuvieron así varias horas, preocupados en parte por una posible persecusión por parte de los demonios. Conforme pasaba el tiempo, vieron que eso era improbable. Ni todos los demonios podían abarcar cada una de las direcciones del andamiaje. No era para nada probable que los encontraran. Fue Teban quien se frenó en una plataforma natural en ese psicodelico entramado, mirando un punto en el vacío.
-¿Que ocurre, Teban?-inquirió Victoria.
El felino tardó un poco en responder.
-No lo se, veo un punto luminoso allá. Se comporta de manera extraña.-
Todos buscaron con la vista, pero había muchos puntos luminosos en el trasfondo del andamiaje, incluso algunos tan cambiantes que no se podía asegurar que hubieran brillado alguna vez.
-No veo nada.-comentó Dulce.
-Allá! Y se está acercando!-exclamó el gato.
Ahora si, podía distinguirlo de entre tantas otras luminosidades y brillos. Ciertamente, la pequeña lucecita se acercaba a ellos. De ínfimo punto pasó a algo más grande, pero todavía más rápido se conviertó en una bola y continuaba creciendo. En tanto se hacía más grande, más veloz se aproximaba. En un momento, temieron que fuera a chocar contra ellos. Tanto que se taparon el rostro por el tremendo resplandor y contuvieron el aire temiendo el choque. La luz frenó repentinamente, justo delante de ellos, toda gigante. Al ir aplacandose la luminiscencia, pudieron distinguir la forma de un barco.
Era como un galeón o galera, pero ninguno era experto maritimo para asegurarlo. La luz les fue dejando verlo y distinguir algunos detalles, como que llevaba gente en su interior.
-El guerrero Ichinén, presumo.-se escuchó una voz desde dentro.
Ichinén miró a los otros y respondió con desconfianza.
-Soy yo.-
Una explanada se alargó hasta la plataforma donde se encontraban. 
-Bienvenidos al barco de Ku, el navío del vacío. Suban!-dijo la misma voz, al ver que dudaban aseveró.-Los demonios puede que no tarden mucho en llegar, venían por estos lares, pero ya nos requisaron.-
Aun con cierta reticencia, subieron al barco por la tabla. Ya en el interior, se encontraron con mucha gente en su interior. Casi todos eran jóvenes, no pasarían de los veinte, había incluso algunos bebés. 
-Bienvenidos a bordo, soy Abel, un mero tripulante. El barco Ku no tiene capitán, solo tripulantes y no son estables por cierto.-
Por la voz supieron que era quien los había invitado a subir. Era un joven de largo cabello lacio y oscuro, muy tostado por el sol.
-Gracias. No sabía como me conocías.-comentó el guerrero.
-Ah, todos oimos hablar de Ichinén, pero hace poco rato, unos demonios revisaron el barco en su busca.-explicó Abel.-Por eso me parece dudoso que vuelvan a buscar aquí. Están seguros con nosotros.-
Abel les mostró el barco y relató algunas otros datos útiles. 
-Somos 196 tripulantes y estamos en dirección a la luna, desde allí creo que podrán ir a cualquier lado que necesiten.-
-Ichinén...-susurró Victoria, tratando que Abel no escuchara.-Esta gente... están...-
-Muertos.-completó el tripulante que los guiaba.-Esa es la palabra que estás buscando.-
Lo sucedido en la Posada, no le traía buenos recuerdos a Ichinén, y esto lo puso alerta.
-No te preocupes, nosotros estamos en la barca del vacío, Ku, vamos a fusionarnos al universo. No somos como otros que hayas encontrado. Todos nosotros estamos juntos en esto.-
-Conocí un lugar, la Posada de Los Muertos. No fue una experiencia agradable.-
-Si, me suena. Esos difuntos se encuentran en un estado tan bajo que quedaron atrapados allí y en la forma que estaban. Será muy dificil que puedan avanzar a algo más.-
-¿Que les ocurrió a ustedes?-preguntó Victoria.
-Una gran tragedia, todos fallecimos por la misma causa...-
Abel se tapó la boca, agobiado por los recuerdos. La calma que había mostrado hasta el momento pareció esfumarse ante el recuerdo de lo que debió ser esa experiencia horrible.
Un silencio irrompible llenaba el vacío. Cuando una voz gritó de alarma. 
-Abel, los demonios se acercan. Tres naves, a popa.-
-Estos demonios pueden venir y revisar pero si esperan atacar, están olvidando que barco atacan. A los cañones!-exclamó Abel.
La tripulación se movió toda como una. De los costados del barco y en la parte trasera salieron unos cañones.
-Ichinén, nos vendría bien una mano.-
-Lo que necesites.-respondió el guerrero.
Todos los otros tripulantes que estaban libres tomaron arcos, lanzas y comenzaron a disparar en contra de las naves que los perseguían.
Los proyectiles eran de pura energía una vez que salían del barco y daban en los perseguidores. Victoria y él tomaron el mando de un cañón cada uno, Abel les explicó brevemente como disparar. Estos disparaban directamente esferas de energía contra los demonios. Las flechas y lanzas dificilmente lograran hacer mella en las naves de los demonios, según podía ver Ichinén. Se lo hizo saber a Abel, pero el otro lo tranquilizó.
-No podriamos detenerlos del todo, estos bichos son muy tozudos. Solo tenemos que llegar al conducto que nos saque del vacío y nos devuelve al espacio normal.-gritaba Abel por sobre el ruido mientras el disparaba también.-Una vez en tu mundo, llegaremos a la luna. Después de atravesar el pasaje, los demonios no nos pueden seguir, hay caminos que les están vedados incluso a ellos.-
Continuaron disparando, pero los demonios parecían no darse por enterados. En un momento una de las naves igualó la vertiginosa velocidad del Barco Ku y se puso a la par sobre estribor. Abel y Victoria concentraron el fuego de sus cañones, ya que estaba de su lado. Los demonios también respondían el fuego, pero aunque el barco se sacudía, no parecía peligrar. Un grito a proa hizo que Ichinén girara la cabeza.
-El pasaje, lo veo adelante.-
Ichinén apenas distinguió el vislumbrar de un círculo por sobre el mascarón del barco. Volvió a su tarea con el cañón y esperó para acertarle de pleno a un navío enemigo. Esperó, lo midió, tanto tardó que Abel pensó que se había quedado paralizado y estaba a punto de tocarlo en el brazo. Temiendo que se hubiera dormido con los ojos abiertos. Siguiendo el instinto, el guerrero disparó y la explosión se esparció por la nave de los demonios. Los tripulantes vitorearon el éxito, pero vieron acercarse otra nave. La tercera tomaba su lugar, y fue recibida con calor por los disparos a babor. Sobre estribor al que disparaban Victoria y Abel intentaba chocar contra ellos y abordarlos. Las flechas y lanzas surtieron mayor efecto aquí.
El cielo pareció volverse solido, a diferencia de la liquidez que parecía tener antes. Por lo que Ichinén pudo ver que ya estaban en el conducto. 
-Aguanten! Ya estamos por salir del conducto.-
Los demonios atacaban con más furia, viendo que la presa se les estaba por escapar. Ambas naves que quedaban chocaban e intentaban abordar. El barco crujía y se quejaba. Ichinén sintió una explosión a sus pies, habían dado sobre la base en que estaba su cañón. La popa comenzó a deshacerse a disparos. El cañón de Ichinén y el del otro tripulante a su lado fue impactado por la nave enemiga. El guerrero cayó hacia atrás y vio como el arma se iba velozmente por el vacío. La velocidad parecía querer arrastrarlo a él también. Ichinén se agarró de donde pudo, rogando porque no faltara mucho para salir, ya que los brazos no le aguantarían mucho más. Vio a Teban y Dulce, escondidos en un rincón en la parte delante del barco. La nave enemiga que los chocaba de babor también explotaba y se perdía en el vacío, gracias a Victoria y Abel.
-Ya llegamos!-gritó Abel.
Ichinén agradeció para sus adentros sintiendo como el brazo le quemaba y la fuerza del vacío lo tironeaba. 
Repentinamente, el tironeo, la fuerza, la persecusión; todo acabó. Por sobre sus cabezas se encontraba un cielo estrellado, como al que estaban acostumbrados. El festejo fue ensordecedor y relajante. Abel ayudó a Ichinén a levantarse y lo palmeó en el hombro.
-Ahora si, vamos a la luna.-diciendo esto señaló por un costado de la proa.
Allí podía verse, gigante como nunca podrían verla en otras circunstancias, la luna.

1/31/2016

29-¿Quien quiere vivir para siempre?

El joven se adentró en el gran salón, todos los rostros de los presentes giraron a contemplar su entrada. Las mujeres se removieron inquietas. El hijo del noble señor honraba la fiesta con su presencia. Abanicos agitados, miradas indiscretas, murmullos ambiguos. El joven se daba cuenta de todo esto y no le interesaba. Tenía todo lo que deseaba. Eran los preparativos para su boda, la fiesta donde se anunciaba el compromiso. Todo se encontraba arreglado y conforme a sus deseos. El joven noble recorrió el salón saludando con inclinaciones de cabeza. Los hombres le demostraban respeto, aunque por detrás del rostro amigable existieran rencillas subyacentes. Las mujeres, mayores o más jóvenes, cuchicheaban entre sí. El joven sabía que el interés era por el rango y la fortuna. A él le gustaría tener a cualquiera de esas señoritas, pero eso no solo no agradaría a su prometida, sino que tendría que escuchar a su padre. “No arruines esta oportunidad de alianza”. El duque exigía a su hijo que fuera un objeto para forjar alianzas con su matrimonio y poder solucionar los problemas financieros que estaba teniendo su ducado. Las mujeres se le fueron acercando por turnos y paulatinamente, educadamente, el hijo del duque fue liberándose de unas y otras. La fiesta continuó como si las miradas de los hombres no fueran puñales por la espalda. Los bailes se sucedieron, pero la prometida llegó sobre el final. Cuando el joven la vio, solo un pensamiento ocupaba su mente, estar con ella a solas. Esto solo fue posible media hora después de la exhibición de rigor. Escondidos entre dos tapices del corredor, se besaban apasionadamente. Ella tocaba la espalda del joven por debajo de las ropas y el buscaba la forma más rápida de desnudar a su pareja. El deseo lo controlaba. Corriendo fueron a buscar un lugar más cómodo. En un balcón encontraron la intimidad que anhelaban, la pasión los inflamó y el ardor se hizo…
-No, eso no ocurrió de esa manera.-exclamó Ichinén para sí mismo.-Esto es todo mentira.-
Lo recordaba perfectamente, mientras se encontraban en el pasillo, los enemigos entraban por el umbral del castillo. Mientras llegaban al balcón, comenzaban a tomar su hogar. Su prometida había fraguado la caída de su casa y la introducción del enemigo en su refugio. Eso no sirvió de mucho, ya que ella fue traicionada a su vez, por esos mismos enemigos. Mientras que él llegaba al estado de infierno.
-Esto no está ocurriendo realmente, nunca ocurrió así. Es solo una ilusión.-reafirmó el guerrero.
-Pero podría haber ocurrido así.-le replicó Rokuten.
Ichinén se vio frente al rey demonio del sexto cielo, en un salón completamente blanco de su palacio.
-¿Esto es un intento de soborno para que abandone la búsqueda de Kosen Rufu?-
-Solo intento mostrarte que hubiera pasado si no hubieras sido tan iluso y podés volver atrás para enmendar los errores. Podrías tener a tu prometida de nuevo.-
Ichinén juntó las manos entrelazando los dedos, casi como en un rezo, pero apuntando al suelo.
-Desconoces como soy ahora, Rey Demonio, si crees que deseo regresar con ella. Yo no era la persona que soy hoy, y de hecho, no me gustaba la persona que era entonces estando con ella.-
-Tendrías tu hogar de nuevo, tu familia.-
Ichinén frunció el ceño y lo miró de hito en hito.
-¿Por qué tanto empeño en que no siga el camino a Kosen Rufu? ¿Dónde están mis amigos?-
Rokuten se acercó, moviéndose alrededor de Ichinén.
-Están aquí, en su propio deseo particular.-
Al decir esto, Ichinén vio las figuras de Teban y Dulce, durmiendo plácidamente, como solo los gatos pueden hacer.
-El deseo de los gatos es simple de complacer, aunque sean criaturas muy poderosas.-comentó el Rey Demonio.
-¿Y Victoria? ¿Qué hiciste con Victoria?-
-Yo no hice nada con ella. La pregunta es que hizo ella con ella misma. Poco te podría importar esa mujer, si aceptas mi oferta.-
-Nunca hubiera sufrido en el estado de infierno, pero así nunca hubiera encontrado la espada de la ley, nunca tendría a Daimoku.-
De repente, Ichinén recordó su espada y descubrió que no la tenía. Al mirar a su costado la espada en su funda se hizo visible, tal como había ocurrido con los dos gatos durmiendo.
-Ocultas lo importante con ilusiones. Me tomás por un simple mortal que puede ser engañado.-
-Te tomo por una persona sensata, Ichinén. Una con la que se puede lograr una clase de acuerdo.-sentenció Rokuten.
Ichinén extrajo la espada de la vaina y la blandió, haciendo que el sonido de Nam Myoho Rengue Kyo inundara todo el palacio de los deseos, haciéndolo temblar hasta los cimientos.
-¿Sería sensato si me doblego y abandono la lucha por alcanzar Kosen Rufu? ¿Si dejo a su suerte a mis amigos y huyo por una ilusión? Prefiero seguir siendo lo más temerario posible.-
-Idiota! Podría cumplir tus deseos.-
Ichinén se puso en guardia y levantó la espalda, presto a golpear.
-Mi único deseo ahora, es encontrar a Victoria y que todos mis amigos salgamos de aquí.-masculló entre dientes.
Ichinén golpeó contra una pared, que de tan blanca se descompuso en millones de colores fragmentados. Detrás vio a Victoria sobre una especie de asiento largo, inclinada de costado sobre una corta cama antigua con alto espaldar. El lugar estaba profusamente decorado con cortinas ocre y alfombras gigantes de color bordó. El guerrero corrió junto a ella e intentó despertarla.
-Soy la reina y protegeré con mi vida a la gente de mi pueblo, por esto voy a darla en bien de todos aquellos…-murmuró entre sueños, pero el guerrero continuó moviéndola hasta que rompió la ilusión del sueño.
Cuando ella reaccionó y reconoció a Ichinén, se levantó de un salto. Sacando la espada a su vez. Ambas armas, la de Ichinén y ella,  resplandecieron al unísono, como brillando en un latido. El guerrero la miró sorprendido desde la cabeza a los pies.
-Tu espada…-
-La tuya no es la única espada de la ley, Ichinén. Existen tres, Daimoku es la más poderosa, pero esta es la que más filo tiene. Su nombre es Karma.-explicó Victoria.
En ese instante entró en la sala el señor del palacio, hecho una furia.
-¿Creen que reunirse los hace más fuertes? Nunca van a poder escapar de mi palacio, cada rincón está custodiado, cada salida está sellada, cada ventana cerrada.-amenazó alzando una mano hacia ellos.
Ichinén se apegó la espada al cuerpo, como listo a estoquear.
-Entonces, inventaremos una salida.-
El guerrero se lanzó contra el Rey Demonio, haciendo un arco con Daimoku en el aire. La figura de Rokuten se desvaneció como otras ilusiones de ese lugar y reapareció en un balcón arriba de ellos.
Ichinén y Victoria agarraron cada uno a un gato y lo despertaron.
-Estoy despierto, estoy despierto.-maulló Teban rápidamente, para evitar que lo siguieran sacudiendo.
Los balcones aledaños y los costados del salón comenzaban a llenarse de esbirros del Rey Demonio.
-Tenemos que salir de aquí rápido o no vamos poder con todos, no durante mucho tiempo al menos.-dijo Victoria, mirando alrededor.
-Una espada de la ley me permitió romper la pared y encontrarte. Dos bien pueden crear una salida de este lugar.-acotó Ichinén.
El guerrero emprendió una corrida, agitando a Daimoku a uno y otro costado. Pero en vez de concentrarse en los enemigos, atacaba las columnas y paredes. Los esbirros de Rokuten se miraron desconcertados y luego persiguieron al guerrero.
-Están destruyendo mi palacio. Mátenlos!!!-gritó el Rey Demonio, más enfurecido que nunca.
-Rompé Ichinén, rompe.-gritó Teban, mientras saltaba de la cabeza de un demonio, para rasguñar el rostro de otro.
Dulce, no hacía honor a su nombre, por lo menos al entender de esos enemigos. Mientras que Victoria, siguió la idea de Ichinén apenas entendió que pretendía. Fue ella quien golpeó con su espada Karma, una pared que generó un ventarrón en la gran sala.
-Victoria encontró la salida!-gritó la gata y corrió en pos de su compañera.
Teban también se encontraba, mientras que Ichinén tuvo que abrirse camino mediante mandobles de Daimoku.
-Voy a matarte Ichinén, y a todos aquellos que te siguen. Sos un hombre mortal y un día llegarás a los reinos de mi dominio. Y ese día será el de mi venganza.-juró con odio el Rey Demonio del sexto cielo, golpeando la baranda del balcón.
-Todos deberemos morir alguna vez.-le respondió Ichinén antes de salir al exterior.
Los cuatro compañeros se encontraban fuera del palacio de los deseos, pero este no es un lugar común en nuestro universo. El cielo se extendía en todas las direcciones. El vacío rodeaba todo el lugar, cascadas y ríos que surcaban por allí, se perdían en el lejano infinito.
-Es el infinito océano del universo. Podemos perdernos en esas aguas eternas e interminables.-Explicó el gato.-Pero es eso o volver con los demonios.-
Ichinén no se lo pensó mucho. Tomó a Teban bajo su brazo izquierdo y salió en carrera hacia el borde del acantilado. Victoria lo imitó, haciendo lo mismo con Dulce, mientras sentían todavía a Rokuten profiriendo maldiciones.
-Al agua, gato.-comentó Ichinén un segundo antes de saltar al vacío del infinito.