1/31/2017

41-El cuarto sufrimiento.

La intempestiva entrada de Ichinén en el patio del castillo, no era notable ante el caos circundante. Aquello era incomprensible para cualquier observador. Incendios por doquier, gritos que clamaban por ayuda, lamentos espantosos de los heridos. Medio castillo parecía en llamas y otro medio en ruinas. Ichinén estaba con el corazón saliéndosele por la boca, aunque el que más había corrido era el caballo.
-Innocenza! ¿Dónde está la reina?-gritó desesperado.
Una sombra surcó el cielo, el cuerpo escarlata sobrevoló sobre las cabezas de los que se encontraban en el patio de prácticas, incluido Ichinén. El monstruo giró y lanzó fuego sobre una de las torres, la que contenía la sala de recepciones.
El guerrero se lanzó a pie, decidido a atravesar las lenguas de fuego que se esparcían sin control. Gritando el nombre de la reina, llegó junto a una escalera a la torre, que ahora se encontraba semiderruida y expuesta a la vista. Valdemar apareció tambaleando, sangraba de la sien y un hilillo también corría de su boca hasta el mentón.
-¿Qué ocurrió?-
Valdemar intentó hablar, pero todo le salió entre balbuceos de dolor.
-Es Suzaku, el dragón del rey demonio. Fue enviado por él.-
Una risa hizo girar al guerrero, entre las llamas y el humo, una figura caminaba hacia ellos.
-Veo que tenés un gran aprecio por la golfa. Mucho tiempo se ha opuesto a nuestro señor Tenyi Ma.-
El ser, tenía cierta forma humana, pero era claramente un demonio lacayo del Rey Demonio del Sexto Cielo.
-¿Qué han hecho con la reina?-
-¿No hay presentaciones? Que maleducado, guerrero.-
Ichinén desenvainó la espada Daimoku que como nunca resonó con Nam Myoho Rengue Kyo.
-Soy Ichinén y esta es Daimoku, la espada que en un minuto va a cercenar tu cabeza.-
-Ah, que bien, yo soy Blava. Y solo estoy aquí para darte un mensaje. Mi señor Tenyi Ma, o Rokuten como lo conocen aquí, te propone un intercambio. Tu vida por la de la reina. Si te avienes a la montaña Mann, aquella que vez a tu derecha, mi señor dejará ir a la mujer que tanto aprecias. Pero solo si lo haces solo y entregándote por voluntad propia.-
Ichinén apretó los dientes y enarboló la espada, el demonio le puso el cuello en exposición, como esperando la decapitación. Esto no se hizo esperar y el guerrero lo complació rápidamente. Mientras la cabeza demoniaca rodaba por el suelo, Valdemar intentó pararse y tosió repetidas veces.
-¿Sabés que es una trampa, no es así?-
-Seguramente. Pero si no voy, va a matarla.-
-Y si vas, nada te asegura que no la mate de todas formas. O a ti.-
Ichinén no respondió, simplemente se ajustó las ropas junto con la espada Daimoku y fue en busca del caballo. Valdemar lo persiguió casi pateando sus talones.
-No puedes ir sin un plan, Ichinén. Es la muerte asegurada.-
-Que lo sea, pero no para Innocenza.-
El caballo que había huido, estaba no demasiado lejos, se había encerrado solo en un callejón sin salida. Ichinén lo tironeó de las riendas, ignorando como Valdemar intentaba convencerlo de que no fuera solo o que aquello era una misión suicida. El único plan que se formaba en la mente de Ichinén, era su fin.
El ascenso al monte Mann fue largo y tétrico, por largos momentos sintió que sombras lo vigilaban, que ojos atisbaban su marcha. En tanto oscurecía, el camino se convertía en algo más peligroso. Tuvo que dejar al caballo cerca de la cima. Dudaba si estaba yendo al lugar correcto, pero al ver el resplandor de una llamarada, supo que debía seguir esa dirección. Para cuando llegó cerca del pico, una planicie mostraba a todo un conciliábulo demoníaco. Rokuten precedía un círculo maligno, acompañado por varios demonios-sombra, algunos Nagas y el dragón Suzaku, recostado a la izquierda del Rey Demonio.
-Adelante Ichinén, adelante. Acércate al fuego, seguramente estarás sintiendo frío. En tu alma.-
El guerrero lo miró fijamente con odio. De reojo, pudo contemplar como lo acechaban los secuaces. Casi estaba tomando el pomo de su espada, pero Rokuten levantó su mano.
-Viniste por la reina Innocenza, mi gran incordio en este mundo.-
-Vine como propusiste. Si ella sale de aquí, yo me quedo, como dijo tu lacayo Blava.-
-Es justo.-respondió el demonio, haciendo un gesto con el dedo, para que trajeran a la reina.
Dos demonios-sombra empujaron de entre el tumulto circular, a una Innocenza en cadenas. Apenas esta vio a Ichinén, le sonrió y su rostro se vio iluminada por esperanza.
-Aquí esta, la reina que más me ha combatido, desde aquella que reinó esa isla por 44 años. ¿Cómo era su nombre? No, no tiene importancia ahora, eso es otro mundo.-
-Libérala, Rokuten. Soy yo al que deseas en tu poder. Me entrego sin luchar, si ella es libre.-
-¿Yo dije eso? Bien, no confíes en la palabra de un demonio, mucho menos en las del Rey Demonio. Mátenlo!-
Innocenza gritó de miedo el nombre de Ichinén, este desenvainó a Daimoku y la puso recta en torno a su cuerpo, esperando al enemigo. Varios demonios-sombra lo atacaron al unísono, otro demonio quiso rodearlo. Un Naga fue más rápido e intentó enredarlo, pero perdió el miembro que había estirado, cortesía de la espada de Ichinén. Mientras los demonios-sombra perdían la cabeza, Innocenza sufría, viendo como rodeaban cada vez más a su amado guerrero. Ichinén recibía algunas heridas, pero seguía, ignorando el dolor por completo. Solo la adrenalina lo mantenía concentrado, un demonio con cierta forma humanoide se le fue encima y cuando le lanzó un mandoble hacía la izquierda, en su axila derecha sintió una punzada infernalmente dolorosa. Rokuten volvió a apuñarlo apenas un centímetro más abajo del anterior golpe. Ichinén se frenó del dolor y del abrazo por la espalda del Rey Demonio. La mano derecha ya no le respondía. Se gritó internamente, alarmado: “No sueltes la espada, no sueltes la espada.” Pero sus dedos ya no eran suyos o carecían de fortaleza para hacer nada más que estar ahí presentes. Solo soltó un gorgoteo doloroso, pero no pudo articular palabra alguna. La sangre le manó del costado del pecho, cayendo de rodillas, mientras Rokuten lo soltaba. El líder demonio lo miraba entre el desprecio y la diversión.
-Así es como me gustan los seres humanos, de rodillas. Ustedes fueron creados para sufrir. Mi entretenimiento es su pesar, su dolor, sus más oscuros sufrimientos. Podés acabar con una legión de mis demonios, pero seguirán existiendo más. En cambio ustedes, están condenados a morir. Aborrezco que les tengan contemplación a esta especie patética y débil, inmundicia que se arrastra por el universo. Basura del cosmos, que por alguna causa fortuita fueron creados. Deben sufrir, especialmente si se oponen a mí.-
Diciendo esto, tomó del mentón a Ichinén. Innocenza rogó por la vida de Ichinén, pero solo generó más burlas en el grupo que los rodeaba. Rokuten paseó su mirada alrededor, con gran cinismo.
-¿Amor?¿En serio creen que eso los puede salvar de los cuatro sufrimientos? Ni tu príncipe puede salvarte de eso. Su doctrina del medio, su iluminación; solo me generan asco. Ese tan mentado Buda como le llamas a tu maestro, le ha hecho creer que pueden ser más de la inservible estirpe que son.-
Ichinén descubrió que esos eran sus últimos momentos. Un cuerno resonó muy cerca. El guerrero que quiso distraer al Rey Demonio sobre si.
-¿Viene ayuda? Sabía que vendrías solo, pero también imaginaba que otros te seguirían. Ese es el problema con vos, Ichinén, muchos siguen tu ejemplo. Lo cual es peligroso, muy peligroso. No es sensato oponerse a mí, como descubrirás.-
-¿Vas a matarme ahora o solo me vas a seguir aburriendo con tu perorata inaguantable?-le pinchó el guerrero, rogando porque Valdemar y el ejercito real llegaran a tiempo.
El guerrero se veía perdido pero si la distracción funcionaba, el ejército rescataría a Innocenza. Rokuten sonrió malignamente y estiró su mano, haciendo que sus dedos se estiraran semejando a una diabólica garra.
-No, no voy a matarte. Lo que pienso hacer es que sufras, mucho, intensa y largamente. Sufrimiento incesante, por oponerte a mí. Sufrir como un mono encadenado en la oscuridad infinita. Tu especie son solo simios sobrevalorados, Ichinén. Me causan la más grande repulsión, un asco tan profundo que los encadenaría al páramo desolado y frío del infierno de mi reino, para que se perfumen con la ceniza antigua y el hedor de la mugre rancia. Donde perteneces, por familia y por destino.-
Finalizando su monologo, el Rey Demonio clavó la formada garra en el costado derecho de Ichinén. El guerrero solo se quedó quieto, sin poder moverse o siquiera quejarse. El pecho tenía toda la mano de Rokuten hundida, casi hasta la muñeca del demonio. El diabólico ser lo alzó como si fuera un muñeco en su mano y lo mostró a los presentes, quienes rieron.
-El guerrero Ichinén, el lobo de Menkalinam, convertido en apenas un perrito faldero. Como debe ser.-
Con un gesto de desprecio y repulsión, lo lanzó lejos, lo que generó más carcajadas entre los demonios.
-Sos únicamente un juguete roto, Ichinén.-comentó Rokuten.
Innocenza había gritado horrorizada de ver lo que le hacían a la persona que amaba. Rokuten se giró a ella, que mostraba sendas lágrimas cayendo de sus ojos.
-Sufrir por amor, es lo que van a lograr con ese sentimiento, siempre. No sirven para nada más.-acotó el Rey Demonio.
Ichinén se removió e intentó girarse a ver que ocurría, el dolor era intolerable. Le era imposible pararse y no porque lo intentara, el cuerpo no le respondía.
-No importa cuanto nos tortures, no nos vamos a doblegar. Mi reino siempre va a combatirte.-le espetó Innocenza, desafiante.
Ichinén quiso gritarle que no dijera nada, que eso la haría peligrar. Rogaba internamente que la ayuda llegara pronto, sentía el sonido cada vez más cerca. Intentó hablar para que no dijera más, o distraer a Rokuten, pero nada salía de su boca. Estaba sin aire y completamente agobiado del dolor.
-Tu desafío es tonto y carente de diversión. Puede que en el pasado me entretuviera, pero hoy…-le refirió Rokuten, tomando la espada que un naga le tendía.-… la reina impertinente se acaba.-
El Rey Demonio del Sexto Cielo hundió la espada en el cuerpo de la reina, hasta casi la mitad. Ella solo soltó un quejido y de su boca brotó sangre. Ichinén quiso gritar, pero nadie oyó su ahogado lamento sin aire. Mientras los demonios reían y Rokuten devolvió la espada asesina, el ejército hacía su entrada.
-Tarde para salvar a su reina.-se mofó el demonio regicida.-No te preocupes, Ichinén. Las heridas tuyas son dolorosas, pero vivirás. Vas a vivir para sufrir, como es mi deseo. Vas a penar por tu amor perdido, por todo lo que vas a perder en el futuro si continúas en esa senda que determinaste. Las dificultades surgirán sin falta, a todo aquel que se opone a mí.-
-Voy a matarte…-musitó Ichinén, escupiendo sangre.
-No podés matarme, es lo bueno de ser un demonio, una entidad inmortal, existimos por siempre. No podrás matarme, aunque lo desees con toda tu alma.-
Rokuten rio divertido y luego ordenó la retirada por un portal que un grupo de nagas estaba creando. En ese preciso instante, el ejército real entraba por tres senderos y atacaba a los demonios. Ichinén se arrastró como pudo, al ver que era ignorado por Rokuten y los otros demonios. Sin fuerzas, pero con desesperación, se acercó a Innocenza y se arrodilló a su lado. Intentó abrazarla, pero ella solo expiró tres segundos después de que se acercara. Valdemar llegó al rato, viendo la escena tan temida. La reina estaba muerta, en brazos del guerrero, que lloraba sin poder respirar bien. Aunque carecía de fuerzas, de aliento y de chances de gritar, Ichinén soltó un rugido de odio y sufrimiento hacia el cielo.
En algún otro mundo, algo lejano, Teban abría los ojos y se giraba a Dulce y Victoria, Maverick estaba un poco más allá.
-Lo encontré! Victoria, sé donde está Ichinén.-
Los demás lo miraron, con una gran esperanza en sus ojos, pero dudaron al notar algo raro en la expresión del gato.
-Pero… siento un profundo pesar, un gran sufrimiento que él está atravesando. Ichinén está sufriendo, Victoria.-
Nunca verás a un gato llorar, ellos no pueden hacerlo. Pero el dolor que el felino sentía en su amigo, le hacía enjugar los ojos verticales, como si estuviera a punto de derramar lágrimas de pena.

12/29/2016

40-Falsa dicotomía.

La brisa concentraba el polvo en el centro del cuarto. La luz solar cruzaba entre los cristales de todos los colores, que el palacio de la reina Innocenza lucía en todos sus frentes. Valdemar se adelantó por el salón, certificando que la gran mayoría estaba en el patio de prácticas. Oídos indiscretos en disminución. Cuando el guerrero entró, el hombre lo miró con más odio que nunca, si tal cosa era posible.
-Entra, Ichinén. Estamos solos por lo que podemos hablar en paz.-
La expresión del invitado fue una mezcla de aburrimiento con prudencia. Inconcientemente, estuvo a punto de tomar su daga. Se recordó que Valdemar podía ser una persona muy inteligente, pero no era un luchador eximio por nada de ese mundo.
-¿Otra amonestación, Valdemar?-
-Te noto ciertamente a la defensiva, Ichinén.-
-Siempre me estás marcando algún error.-
-Dejemos las máscaras de lado, entonces.-
-Yo no llevo ninguna, Valdemar.-
-Es solo un decir, guerrero.-
-Lo sé, pero insisto. Lo que ves, es lo que soy.-
Valdemar se acercó un poco más y sonrió, susurrándole en secreto.
-¿Y qué hay de la reina?-
Ichinén lanzó un paso atrás, casi como si fuera a lanzarse al ataque. La sonrisa de Valdemar no era del todo reprobatoria, pero eso no lo dejaba tranquilo de todas maneras.
-No lo apruebas, lo sé. Pero no se… Fue algo que surgió…-
-Se como es Su Majestad, cuando algo se le mete en la cabeza, lo supe desde las primeras veces que te observaba. Sus miradas, sus comentarios. Ichinén esto, Ichinén lo otro. Que fueras un extraño de otro mundo, solo te volvió más interesante para ella. Y que fueras enemigo de Rokuten y nomás llegar, hayas vencido a su oscuro lacayo; te hizo adquirir un halo de seducción muy fuerte para ella.-
Ichinén se removió inquieto, el hombre hablaba de todo aquello como si no hubiera sentimientos involucrados. Aquello se le hacía como si fuera uno de sus experimentos.
-Supongo que ahora me dirás cuanto odias que yo me haya entrometido en sus vidas.-
Valdemar miró en derredor, como para volver a comprobar que no había oídos indiscretos y exhaló despacio, casi como sonriendo.
-Se como es ella. Hará lo que desee, porque sabe que tiene el derecho de soberana.-
Acto seguido, el hombre cambió el gesto por un más serio.
-Pero también tiene obligaciones, aunque quiera negarlas. Debe estar preparada para casarse por alianza, no importa cuantos amantes desee tener.-
Al mencionar la palabra amante, clavó su vista en el guerrero. Ichinén no se hizo cargo, como si no le entraran flechas en la armadura.
-El mariscal estaba forjando alianzas con dos reinos vecinos, uno de sus príncipes podía ser un perfecto aliado. Necesitan el renombre de casarse con una reina, nosotros su armada y logística. Tu intromisión podría arruinar eso, en perjuicio del reino, aunque ceda al capricho de su reina. Creo que no lo has tenido en cuenta, Ichinén.-
El guerrero se balanceó despacio de un pie al otro, mientras meditaba lo que el otro decía.
-Lo tengo más que claro, Valdemar. Ella debe permanecer libre para forjar alianzas por casamiento… Sea con el reino que sea…-
-¿Y ser nada más que un concubino no te molesta?-
-Lo haría por el bien de ella, de ser necesario…-
Valdemar soltó un gesto descreído pero sonriente.
-Me alegra que nos entendamos. Ahora… ¿Qué hay de seguir tu viaje?-
Por un segundo, Ichinén sintió que Valdemar le recordaba algo que había depositado muy hondo en su mente. Cuando en realidad no debía ser así, sino todo lo contrario.
-Si encontrara a mis amigos, seguiría mi viaje.-manifestó Ichinén, no con la misma convicción que tenía al llegar a ese mundo.
Valdemar debió detectar la vacilación del guerrero.
-Si llegaran tus amigos, te irías como dices?-
-Si, así es.-
-¿Y la reina?-
-Ella puede seguir con su vida, lo que tenemos…-
Valdemar se quedó esperando que siguiera, pero no se aguantó y lo completó el mismo.
-Eso no va a durar. ¿Lo sabes?-
-Lo sé, Valdemar, lo sé. Le dolerá, pero yo debo seguir y ella también. Solo podemos tener este corto momento, por más que mi corazón me dice que me quede.-
-Quizás sería mejor que lo hicieras ahora. Mejor más temprano que tarde.-
La expresión inicial de mal humor de Ichinén, fue virando a la decepción y la resignación.
-¿Eso te gustaría, no es así?-
-Puedes creer que en realidad es por algún resquemor que te tenga. No lo es. Ella está feliz en tu presencia, pareciera que el sol le da más fuerte en el rostro cuando te ve.-
Ichinén casi estuvo por sonreír, recordando los gestos y las salidas de Innocenza.
-Por eso, se que lo doloroso que será mientras más tarde esto. Sé que debes irte y ella creo que tiene la vana esperanza de mantenerte a su lado, como sea. Aunque esto no sería justo para ninguno de los dos.-
Ichinén concordó con profunda tristeza que el pragmático hombre llevaba razón. Él podía mantenerse al lado de Innocenza, pero aquellos meses no serían iguales que el resto de su existencia. Podían mantener esa relación en secreto, hasta que ella se casara de compromiso y luego seguir con más o menos notoriedad con su vínculo. El era hijo de un duque, pero de otro mundo que ya ni existía, según él. Su abolengo no servía para ese reino ni plano existencial. Innocenza debía seguir sus planes, así como el guerrero Ichinén. Kosen Rufu lo necesitaba, Victoria lo necesitaba. No podía fallarles. Tenía que dejar de demorarse y buscar reencontrarse con sus amigos. Teban, Dulce y Victoria; los extrañaba mucho. No sabía que había sido de ellos, después de perderse gracias al monstruo. Involucrarse con Innocenza en los últimos meses, había sido una fuerte distracción de su objetivo.
Llegar a la habitación de la reina, fue muy doloroso para él. La soberana sonrió ampliamente cuando el guerrero hizo su entrada al cuarto de recepciones. Despidió a cada sirviente, a fin de que permanecieran a solas. Ichinén parecía carecer de alegría en todo su ser, pero ella quiso pasarlo por alto, echándole la culpa a cuestiones palaciegas de sus nuevas responsabilidades.
-Ahora, si tendremos privacidad.-le dijo, acercándose y acariciando sus muñecas.
El guerrero se retiró un poco. La reina lo sintió como un rechazo, pero no dijo nada.
-Majestad… debo…-
-Cuando estamos solos, puedes llamarme por mi nombre, Ichinén. Así como yo lo hago.-
-Innocenza…-
No sabía como empezar a hablar, lo que debía inevitablemente decir. La reina lo apresuró con una mirada, aunque no pudo evitar retroceder de sospecha.
-Debo irme, mi reina.-
-¿Irte? ¿Adonde?-
-Con mi vida, con mi  búsqueda. No podemos seguir con esto por siempre.-
-Yo soy la reina y puedo decidir con quien estar.-
-Eso no es del todo verdad, Innocenza. El casamiento por interés debe ser la opción lógica, mi presencia no te lo haría fácil. Y yo no estaría siguiendo mi objetivo determinado hace tiempo.-
-Los objetivos pueden cambiar, Ichinén.-
-De este depende mucho, tengo que seguir adelante.-
Innocenza protestó, se enojó y le ordenó que no siguiera con eso.
-Debo hacerlo…-
-No, deseas hacerlo. Reconoce que no me amas.-
-Eso no es así…-
-Preferiría que me dijeras eso, no esas palabras faltas de coraje.-
-No es una cuestión de coraje, debo seguir…-
-Entonces, vete, Ichinén. No me hagas sufrir más con tu presencia que sabré que nunca en la vida tendré.-le lanzó ofuscada, señalando la salida.
El guerrero ya sin fuerzas o ímpetu se fue a ensillar el caballo que la reina le había obsequiado, algo que casi estuvo por devolver. Valdemar fue el único que lo despedió.
-Espero te haga feliz, y puedas confortar el dolor que le acabo de causar.-
-Ella es fuerte, sobrevivirá. No me hace feliz para nada, ni causarte mal, pero sabes tan bien como yo que es lo mejor. En el futuro te habrías ido y ella no hubiera querido dejarla.-
-Hubiera sido mejor en ese momento…-
-¿Y cuál sería tu intención en ese momento? ¿Llevarla contigo a tu búsqueda? Ella se debe a su pueblo. No tienes ningún derecho a quitarle su futuro.-
Ichinén no quiso o no supo que replicar. Saliendo a cabalgata ligera, dejó atrás al físico con su levita negra. El hombre se mantuvo observando como el caballo se alejaba. Horas después, subiendo una loma, Ichinén se detuvo a observar el castillo a la distancia. Una gran congoja lo llenó, musitó el nombre de la reina y recordó sus besos delicados. Estaba a punto de bajar la vista de tristeza, cuando vio una llamarada surgiendo del interior del castillo. El terror reemplazó a la melancolía, en menos de un segundo. Giró el caballo, mientras seguía observando el edificio en llamas, que parecían explotar y alzarse con aun más fuerza.
-Innocenza!-gritó azuzando al caballo.
Desanduvo el camino, con total furia en el galopar.

11/30/2016

39-Mi corazón arde.

La reina solicitó que todos los de su consejo privado se reunieran en el salón. La convocatoria fue una mera cuestión de rutina, pero a Ichinén le parecía muy agradable todo aquello. Tres meses después de haber llegado a ese mundo y luchado con el monstruo que lo había dejado varado, era parte del consejo de la reina Innocenza. Valdemar le clavaba la vista como si lo quisiera analizar o traspasar, nunca estaba seguro. Lo que si estaba constatado era la animosidad que el físico de la reina le tenía al guerrero. Al salir del salón, lo atajó en la salida.
-Ichinén, camina conmigo.-le dijo, para invitarlo a pasear por el exterior del castillo.
El jardín de ligustrinas fue el marco de ese intercambio de palabras.
-Espero que sepas bien de que estás hablando cuando aconsejas a la reina.-
-Se muy bien de lo que hablo, mi padre…-
-Si, ya te oí la historia de tu padre el duque de no sé donde, en el reino de no me acuerdo cuanto y en un mundo que jamás veremos.-
-Estoy seguro que no lo verás, fue destruido. Hoy debe ser un páramo desolado, formando parte del estado de Infierno.-
-Eso no es muy tranquilizador como verás, si no pudiste evitar la destrucción de tu mundo, temo por el futuro del nuestro.-
-No soy yo quien trajo a Rokuten, él ya era un enemigo de tu reino, de tu mundo en su totalidad.-
Valdemar no hizo más que un gesto de desdén, pero se abstuvo de replicar. La mirada se le perdió en el horizonte.
-La reina no se contiene de hablar maravillas de ti. De lo mucho que sabes, de lo valiente que eres, de lo educado. Todo parece demasiado agradable.-
-¿Eso te vuelve desconfiado de mi? Puedo asegurarte…-
-Mi opinión sobre ti, no es lo que me interesa discutir. Pero en estos meses que has estado con nosotros. La reina te ve como una buena y nueva adición a sus allegados. Creo que un poco demasiado. Tal vez solo sea una fascinación momentánea o quizás algo más. No lo puedo asegurar aun.-
-Intento ayudar, hasta que encuentre la forma de volver con mis amigos y poder…-
-Eso no me resulta muy cierto, no has hecho ningún intento de regresar o buscar la forma de hacerlo. Puede que te mientas a ti mismo, pero conmigo no lo hagas, Ichinén.-
-No estoy mintiendo…-
-Si, claramente, puedo verlo.-ironizó el hombre, para luego cambiar bruscamente el tono.-Quiero que vayas con cuidado, la reina es muy ingenua en muchos aspectos aunque su educación la instruyó en no ser ilusa. Ella puede creer que eres un hombre maravilloso, pero yo no te veo de esa forma.-
-¿Cómo me ves, Valdemar?-
-Cuando te veo, vislumbro problemas. Y si tu siguiente pregunta es, si hay algo que puedas hacer para que cambie de parecer, la respuesta es nada. Solo ten cuidado con lo que haces, voy a estar echándote dos ojos, como ventosa de pulpo.-
Ichinén no supo que responder ante el comentario del hombre y esa inmovilidad momentánea fue aprovechada por el otro para hacer su salida por el costado del jardín.
Días después, Ichinén seguía sintiendo los ojos de Valdemar clavados en la nuca. La reina por otra parte se deshacía en elogios. Tanto que en un descanso con sus damas de compañía, las hizo salir para hablar en privado con él. Esto puso algo incómodo al guerrero, que ya sentía claramente cual era la cierta fascinación que el científico había referido.
-Cuentame, Ichinén, cuéntame nuevamente sobre tu mundo.-
-Bien, más de lo que dije, no queda mucho para decir. La región en que me crié era una zona de bosques, que en algún punto se vuelven bastantes salvajes y selváticos. En algunas zonas, no se ha explorado del todo y cualquier criatura podría existir sin que mi padre o nadie de la corte lo supiera.-
-¿Te resulta doloroso hablar de ello? Debido a lo que me dijiste sobre su destino. ¿No es así?-
-Un poco.-
-Entonces, cambiemos el tema.-
La sonrisa de Innocenza le quitaba esa telaraña emocional que se cernía sobre su alma cada vez que recordaba el pasado, el hogar perdido. Estos ojos tampoco lo dejaban de observar en todo momento, pero con otro sentir. Eran los que a Ichinén le hacían tambalear el espíritu. Innocenza lo miraba y él sentía que cada vez estaba más lejos Kosen Rufu. Le parecía que mientras más tiempo pasara bajo esa mirada, menos intenciones tendría de irse cuando encontrara a sus amigos. O ellos lo encontraran a él. No podía decir que no le gustaban las atenciones que la reina tenía para con él, ni tampoco podía negar que le parecía muy agradable su vivacidad y su firmeza. Era una persona con ternura y carácter estricto, matizándolo de una forma tan acorde, como nadie que él hubiera conocido. Ichinén no era inmune a esa influencia, pero esto le generaba sentimientos encontrados. Se parecía mucho a Victoria, pero a la vez no. Por lo menos, no es su personalidad. Aunque detrás de esas diferencias, hubiera un mismo denominador común, eran dos personas bien diferentes. Precisamente que él pensaba en su compañera de viaje, Innocenza pareció leerle la mente y le pidió que hablara sobre ella.
-Cuentame entonces sobre mi otra versión, con la que viajabas, Victoria. ¿Es igual a mí? ¿Es atractiva?-
-Si, lo es. Bueno, creo que según los gustos de mi mundo, lo es.-
-¿Te atrae como mujer?-
Esto dejó un poco desconcertado y muy incómodo al guerrero. Solo pudo balbucear, dudar y mostrarse como si fuera mudo. La reina se largó a reír, como si él hubiera relatado una broma.
-No, digo, no es que no la vea como una atractiva mujer, que lo es. Pero ella no es mi pareja ni intento que lo sea.-
-Una vez me dijiste que era un poco incordiante. ¿Yo te parezco incordiante como ella?-
-No, mi reina.-
-¿Y atractiva?-
-No, mi reina.-
-¿No te parezco atractiva?-
El nerviosismo verbal de Ichinén alcanzó nuevos niveles, estaba caminando por un terreno que cambiaba de lugar como si hubiera gusanos bajo esas arenas movedizas sobre las que andaba. Esto parecía divertir más aun a la mujer.
-No, quiero decir, que no me parece que mi reina sea más atractiva que ella. Digo, Victoria no es tan atractiva…-
Se frenó, sintiéndose un inútil para expresarse. La reina levantó la mano para indicar que no requería de mayores explicaciones.
-Estoy yendo hoy a escalar el monte de plata, uno de los más hermosos parajes que tenemos aquí. Es un buen paseo, que cada tanto me gusta hacerlo.-
-¿Hasta qué altitud, mi reina?-
-Tan alto como pueda.-
-Puede que las nieves de altura le impidan el paso, quizás si lo hace más avanzado la estación calurosa, entonces pueda…-
-No, no quiero esperar. Partiré mañana por la mañana, dejó todo lo que es decisiones de Estado en manos de Valdemar y otros consejeros. Es mi retiro anual en solitario. Hay cosas que una reina precisa meditar, cada cierto tiempo.-
-¿Lo planea hacer sola?-
Esto pareció sorprender a la reina, desacostumbrada a que alguien se asombrara de sus acciones o planteara cuestiones al respecto.
-Así es, Ichinén. ¿No te parece correcto?-
-Debo ser honesto y decir que no, la reina paseando sola sin protección, no es muy tranquilizador para mí.-
-Por suerte, esa decisión solo recae en mí. Mis acciones son puramente cuestión personal, sin que nadie pueda interferir. Pero igualmente, te agradezco la preocupación, Ichinén.-
La reina le hizo una seña de que podía retirarse y el guerrero tardó un segundo más de lo que el protocolo indicaba en hacerlo. La falta de costumbre ante la forma de hacer las cosas en ese mundo, era algo que irritaba sobremanera a Valdemar sobre él. Pero la reina lo toleraba con férrea paciencia, incluso le resultaba agradable.
La mañana siguiente, Innocenza cabalgó hasta la base del monte, siguió todo lo que pudo hasta que debió continuar a pie. Nunca notó que una figura encapuchada la seguía desde lejos. Usando la sombra de un arbusto, Ichinén se mantenía fuera de la vista de la soberana. Estaba tratando de no importunar el retiro que ella requería, pero las palabras de Valdemar habían calado hondo en su ser. La reina corría peligro, eso le había dicho. Rokuten y algunos otros enemigos le deseaban el mal, a ella y a su reino.
Todo el tiempo, pasando el mediodía, siguió caminando. Hasta que se encontró con una parte de roca, donde había algo de nieve desperdigada. Ya no estaba tan lejos la cumbre, aunque ya parecía querer anochecer. Intentó escalar, pero el pantalón que se había puesto no era tan ajustado como hubiera sido lo más indicado. Es por esta razón que en la saliente de una roca, la tela se enganchó y la hizo perder estabilidad. Trató de frenar su caída o rodaría ladera abajo. La caída no la mataría, pero puede que si lo hicieran los numerosos tumbos que daría en el trayecto hacia abajo. Tironeó con sus dedos, pero no logró otra cosa que cortárselos, una roca filosa le produjo una laceración en el brazo izquierdo. La sangre manó profusamente y solo un brazo parecía servirle para sujetarse. Debido al dolor, no estaba muy segura de poder trepar con esa herida, no fácilmente al menos.
-Mi reina, aquí, deme la mano.-
Ichinén le tendía el brazo para sacarla del risco. Estiró el que estaba cortado, doliendo terriblemente. Cuando estuvo a salvo, el agradecimiento dio paso a la ofuscación.
-Has importunado mi retiro privado, Ichinén. Debería castigarte cuando regresemos.-
-Si, lo sé. Es una desobediencia mía, hecha a conciencia para salvar de sí misma a una reina imprudente. Ahora, veamos esa herida. No me gusta para nada.-
-Esto es un ultraje, guerrero. Te ordeno retirarte.-
-Lo haré, luego de ver esa herida.-
La pose de la reina, parecía no querer ceder. Ichinén hizo un gesto impaciente como que ya no estaba como para chiquilinadas.
-Vamos, esa herida puede hacerle perder tanta sangre que no podrías bajar sola.-
-No requiero de tu asistencia…-
-Uff, en esto si se parecen con Victoria, ambas igual de tozudas.-
-¿Cómo osas? Eres un impertinente, Ichinén. Te voy a hacer exiliar de castigo, no tienes ningún derecho…-
-Si así le parece, mi reina. Puede exiliarme y buscaré mi camino al mundo del que provengo, ya me demoré bastante. Incluso Valdemar me lo ha hecho notar. Pero mientras tanto, voy a curar esa herida y luego acataré cualquier penitencia.-
Si Innocenza era tozuda, no tenía claro que Ichinén significaba “Determinación certera”, no por nada. La llevó a un hueco en la roca, que no llegaba a ser calificado como cueva, pero que bien podía servirles de refugio. La curó y le aplicó presión, hasta frenar la hemorragia. Lavó y vendó la cortadura. Innocenza no cambió su expresión de enojo en ningún momento. Ichinén dijo que buscaría para hacer fuego, pero ella lo vio irse y ni le respondió.
Cuando volvió y consiguió encenderlo, la noche ya se les había venido encima. Ella continuaba sin dirigirle la palabra.
-Puedo irme ahora y esperar su retorno en el castillo, para que me castigue a gusto. Pero me parece que con esa herida no podrá seguir sin ayuda. No entiendo esta costumbre de realizar un viaje tan peligroso sin la debida preparación o equipo.-
-Es un viaje espiritual para saber valerse solo o reafírmarlo.-le respondió la reina.-Pero creo que un salvaje como tu, no puede comprenderlo.-
-Veo que esa civilización a la que se encolumna le enseña a ser agradecida, mi reina. Creo que eso será suficiente castigo para mí, ser despreciado por intentar ayudar.-
-Estoy muy enojada, tengo derecho, interferiste con mi acto de autosuficiencia. Y además, tengo frío.-
Ichinén se levantó de donde estaba sentado y le llevó su abrigo.
-No, no lo quiero, tampoco tendrás con que taparte luego.-
-Tengo otra manta, en la bolsa que traje, vine preparado para cualquier cosa. A diferencia de su majestad.-
Innocenza entrecerró los ojos, acusando recibo de la ironía.
-Si no fuera por tus buenas intenciones, te haría azotar, Ichinén.-
-Aun puede hacerlo, aunque francamente deseo que no lo haga. Lamento haber desobedecido, pero creo que hice lo correcto y no tengo arrepentimientos con eso.-
La reina lo miró mientras la tapaba y atizaba el fuego.
-¿Si te ordeno algo ahora, lo acatarías?-
-Si, eso sirve de algo. Por lo menos, para demostrar que estoy a su disposición, majestad.-
-Ven aquí, Ichinén. El frío es doloroso.-
El guerrero se acercó sin saber o meditar que podía requerir de él. Cuando estuvo muy cerca a la reina, se detuvo a comprobar que estaba bien cobijada. Innocenza lo tironeó de la ropa y lo besó. Él no supo que más hacer que no fuera aceptar ese beso, dándose cuenta al momento que le había resultado más que ansiado.
-Necesito de tu calor.-
Abriéndose un poco la ropa lo invitó a besarla, tapados debajo de la manta. Ichinén sintió algo contradictorio en ese momento, el deseo y la advertencia. Pero no saber que podía estar preocupándolo a futuro, solo dejó lugar para el deseo. Se acostó junto a Innocenza, que lo guiaba a yacer a su lado. La besó largamente y el universo comenzó a girar únicamente en torno a esa reina que lo gobernaba. El resto del mundo, cualquier otro mundo, le era totalmente ajeno y distante. 

10/28/2016

38-Retorno a la inocencia.

El salón de fiestas se encontraba abarrotado. El hombre de negro iba caminando como hastiado, las fiestas lo aburrían. Su levita oscura iba rozando casi el suelo. Se acercó a su señora y la saludó.
-He venido únicamente para informarle que el experimento ha salido bien por una vez.-expresó, haciendo una reverencia.
La mujer, engalanada para el festejo, lo miró gravemente pero luego sonrió ampliamente.
-Estamos de festejo. Puede esperar eso hasta la mañana. ¿No es así? Me gustaría que por una vez, dejara el trabajo de físico y viniera con su reina a pasar el rato únicamente.-
-No soy un hombre de fiestas sino de ciencias, me disculpo mi reina.-respondió el hombre de cabello y vestimenta oscura.
En ese momento, sintió como un frío en la espalda, un ventarrón repentino. Se giró, intrigado. En los rostros de los presentes, también se reflejaba que lo habían sentido. La música de la fiesta se detuvo. El viento parecía crecer, proveniente de la gran entrada al salón. El hombre de negro se acercó.
-¿Qué ocurre?-preguntó la señora.
-No lo comprendo, por aquí nunca circula una corriente tan fuerte, mucho menos en un día de tan poco viento como el de hoy.-
Al terminar de decir esto, vio como la entrada del salón comenzaba a resplandecer desde el marco y llenarse en el umbral como de humo luminoso. O eso le pareció, al ver crecer la luminosidad, se apartó rápidamente. Alertando a los cercanos a su posición, justo en el momento indicado. Un inmenso bulto tan negro como sus ropas aterrizaba sobre el suelo empedrado del salón, haciendo temblar la estancia entera. Un cuerpo más que casi pasó desapercibido, cayó junto al monstruo, casi como si fuera un muñeco. Esta fue la entrada de Ichinén a este mundo.
El monstruo se removió sobre un suelo de piedra, parecían adoquines de alguna especie, Ichinén tuvo un encuentro cercano con uno de esos, que casi le rompe la frente. Estaba atontado y solo sentía gritos, el monstruo se agitaba y retrocedía, para luego abalanzarse sobre los hombres que lo enfrentaban blandiendo espadas. El guerrero intentó despejar su mente y observar que pasaba. El lugar parecía el salón de un castillo. La criatura, de muchos brazos y piernas superpuestos y en desorden, negra de ébano, carecía de cabeza. Entre el gentío de soldados o guardias, vislumbró una figura femenina que retrocedía asustada.
-Victoria.-gritó, totalmente en vano, el ruido lo tapaba por completo.
Desenvainó a Daimoku y se lanzó a la carrera, mientras una roca pasaba rodando a su lado y luego un cuerpo de soldado. Pegó un salto para esquivar al caído, empujó a un hombre de levita negra que estaba al lado de ella y la aferró de la mano.
-Victoria! Salgamos de aquí.-
Estaba mirando en derredor para buscar una salida, cuando la mano de la joven lo hizo frenarse. El tironeó de resistencia lo hizo darse vuelta, al volverse a mirarla recibió una bofetada en la mejilla izquierda. El grito de ira lo desconcertó, pero al mirarla lo confirmó.
-Suélteme, animal! Si piensa que voy a huir dejando a mi gente, puede decirle a su amo Rokuten que no pienso dejar mi tierra.-
Al mirarla dos veces, se dio cuenta de su error. Esa joven no era Victoria, sino su versión de ese mundo, como lo había sido Flusskraft. Victoria no debía haber atravesado el portal, por lo que no estaba imbuida en esta mujer. El estilo de ropa no le era conocido, aunque la arquitectura le resultaba demasiado familiar, en forma muy incómoda. La versión de Victoria tenía la perilla un poco diferente, la nariz casi igual y los ojos de otra forma y color. Leves diferencias entre los mundos, eso había aprendido con Tendai.
-Lo lamento, miladi, la confundí con alguien más.-
El hombre de la levita lo enfrentó como si fuera a golpearlo y él alzó las manos en señal que no deseaba pelea. Miró a la pelea y se encaminó al monstruo. No teniendo otra cosa más que enfrentarse al monstruo, se plantó detrás de los soldados que le plantaban cara.
-Alto!!!-gritó Ichinén, más de una vez para que le prestaran atención, la criatura fue la primera en hacerlo.-Me quieres a mi monstruo, acá estoy. Deja a esta gente en paz. Yo te traje, yo te voy a echar, basura de Tenyi Ma.-
El monstruo soltó un gruñido desafiante y se encaramó para saltarle encima. Los otros hombres retrocedieron, y se alejaron más a una seña de la mujer.
-No me gusta esto, mi señora.-le dijo el hombre de negro a la mujer.
-No se preocupe, lidiar con este tipo de bichos, es mi especialidad.-le respondí Ichinén, girándose a medias.
En el rostro de la mujer y del hombre, pudo leer el terror de ver moverse a la criatura. Ichinén rodó hacía adelante, mientras que su enemigo lo intentaba asaltar por sorpresa. En un giro sobre el suelo se desenrolló y le ensartó a Daimoku en el vientre. La aberración del rey demonio rugió de odio y dolor.
-Nuestras espadas no le hacían nada. ¿Cómo es posible?-exclamó uno de los soldados, mirando con incredulidad la lucha.
-Es evidente, esa espada tiene algo que daña a la criatura, la tuya no.-le sentenció el hombre de la levita oscura, mientras observaba a Ichinén girar y lanzar fintas contra el monstruo.
Las múltiples manos intentaban agarrarlo, pero Ichinén se zafaba cortándole un miembro o un dedo a la mano. Lo malo de ese accionar es que volvía a crecerle otro para reemplazarlo y algunos más cuando la mutilación cesaba de sangrar. Corrió hacia una de las paredes del gran salón y vio lo que parecía una cuerda, esta parecía sujetar una araña de iluminación sobre todo el lugar. La vecina a esa, se encontraba sobre su adversario. Fue hasta allí, perseguido por muchas manos que se arrastraban, tomó la cuerda y cortó por debajo. El peso de la araña lo elevó y quitó del alcance de esas garras, la serie de lámparas y velas se estrellaron sobre la parte superior de la criatura. Ichinén siguió una andanada de mandobles para cortar manos y dedos por igual. Una le sujetó la pierna y la quitó con Daimoku. Otra le tomó el cuello y una más el brazo. La pugna parecía perderse en su contra, pero consiguió escapar por un breve momento. La criatura se había extendido y estirado, en su constante crecer de miembros, se había convertido en algo de aspecto estirado. Era como un gusano que comenzaba a rodearlo con su cuerpo. Ichinén siguió repartiendo y pateando a cuanta mano negra se le acercara, pero era cada vez más difícil.
-Fuego!!!-escuchó gritar a la mujer, aunque no la veía.
El monstruo resopló y se alejó un poco de Ichinén. Este aprovechó para alejarse y ver que ocurría. La mujer le había ordenado a sus soldados que le arrojaran las lámparas de aceite en el salón.
-Si seguimos con este curso de acción, nos vamos a quedar sin luz.-gritó el hombre de negro.
-Que arda ese horror y nos ilumine hasta el sexto cielo, para que Rokuten sepa que no le tenemos miedo.-
Un grupo de arqueros entró por otro sitio y lanzó una lluvia de flechas encendidas sobre la criatura. Ichinén se acercó luego de cortar varias manos de ébano más, hasta donde se encontraba la mujer y el hombre oscuro.
-Tiene que tener algún punto débil. ¿Cuál es?-le gritó este.
-No lo sé, acababa de encontrarlo por primera vez, cuando luego llegamos aquí.-le respondió el guerrero.
-Tu lo trajiste, tu sácalo.-le espetó el hombre con furia.
-Tranquilo, Valdemar, esto parece clara obra de nuestro enemigo Rokuten.-lo frenó la joven señora.
-Lo es.-le informó Ichinén.-¿Tienen problemas con el rey demonio también? Es un viejo y desagradable conocido.-
El tal Valdemar lo miró extrañamente, como con sospecha. Ichinén se giró y se subió a un mueble, la criatura se removió y giró para enfrentarlo. Los soldados lo seguían distrayendo, fuera con flechas o espadas. El guerrero estudió por un segundo y descubrió algo extraño entre la maraña de manos que era la monstruosidad que enfrentaban. Dos formas negras, algo alargadas y un tanto triangulares, de un tono más pálido que el resto.
-Son sus ojos.-musitó para sí mismo.
Salió corriendo al otro extremo del salón, el que tenía a sus espaldas, donde se elevaba el trono. Utilizando ese desnivel, tomó carrera para lanzarse, la criatura fue hacia el trono como si Ichinén quisiera huir. Hasta Valdemar pensó que eso era lo que estaba haciendo. El guerrero corrió y pegó el salto más alto que pudo, enarbolando a Daimoku por encima de su cabeza. Su grito al volar hizo arrepentirse a la criatura de haberlo perseguido hacia ese sector. El cuerpo del guerrero se hundió dentro de la negrura y por un segundo todos temieron que lo hubiera devorado. La aberración comenzó a convulsionarse y a realizar movimientos extraños. Le crecieron como protuberancias oscuras, algo más pálidas y agrietadas. Parecía inflarse y a punto de explotar. Valdemar lo gritó a quien lo escuchara.
-Va a explotar!-
Y aunque así lo hizo, se convirtió en una explosión de luz, por la cual se desintegró sin hacer más daño a nada o a nadie. Ichinén estaba sobre el epicentro del lugar en que se hallaba antes el monstruo. Parecía que estaba clavando su espada en el suelo de piedras, aun apoyando la mano para ensartar al monstruo. Se incorporó y todos los soldados lo vitorearon, solo Valdemar lo miraba con una mala expresión. La joven lo miraba sonriente y aplaudía, acción que otros imitaron.
-¿Quién eres extraño guerrero? Que nos has salvado de monstruos enviados por nuestro enemigo.-
-Mi nombre es Ichinén y vine por un portal. Fue el monstruo quien me trajo hasta este mundo, aunque no se cual es.-
-Nos salvó de lo que él mismo nos trajo.-
-Oh, Valdemar, no seas así. Acaba de decir que fue la criatura quien lo trajo. No me extrañaría que Rokuten, quien siempre tiene una doble intención, hubiera enviado este monstruo para secuestrarlo y de paso dañarnos a nosotros.-
El hombre pareció concederle razón a su señora y no dijo más.
-Debes perdonar a Valdemar. Es un gran hombre de ciencia, pero desconfía de todo precisamente por eso.-
Ichinén le dedicó una inclinación, y la joven continuó hablando.
-Soy la reina Innocenza Dec Forgja, soberana de este reino, conocido como Azuroth, donde diferentes tipos de criaturas pueden convivir en paz. Es quizá por ello que Rokuten nos desea todo mal.-
Hechas las presentaciones, lo llevaron a otro cuarto, mientras limpiaban el desorden del lugar de la fiesta y posterior lucha.
Al preguntarle a Valdemar por si allí tenían gatos, este le respondió que sí. Pero pese a que trajeron más de uno, ninguno le quiso hablar a Ichinén. El guerrero insistió pero fue en vano, Valdemar y la reina Innocenza se miraban entre sí, temiendo que este recién llegado estuviera algo loco.
-No, no. Maldito seas Rokuten, diez mil años de aquí hasta la eternidad. Me envió a un mundo en que los gatos no se comunican con nosotros o no abren portales.-
El científico carraspeó y se acercó a Ichinén.
-Conozco esas ideas y teorías sobre mundos múltiples o diferentes versiones de nuestra realidad. Eso explicaría porque confundiste a nuestra reina con alguien más, una tal Victoria si no escuché mal. Así la conoces en otro mundo. ¿No es así?-
Ichinén asintió algo desanimado por las malas noticias. La joven lo miró fijamente, como asimilando la idea que Valdemar planteaba.
-Es eso Majestad o este hombre tiene una locura muy elaborada, que cree por completo.-
-Le aseguró que no estoy loco de ninguna forma.-Manifestó Ichinén.
-Le creo, he investigado eventos y teorías más extrañas, esta no es la más inverosímil.-respondió el científico.
-En la forma que podamos lo ayudaremos a volver a su hogar, en tanto puede permanecer en el castillo. Algo se podrá hacer.-
Ichinén le agradeció apenas en un murmullo decaído y haciendo una leve reverencia.
-Puedo investigar si existe una forma de retornarlo a su mundo.-expresó Valdemar, mirando por turnos a ambos.
-Eso, o que mis amigos me encuentren, de alguna manera.-agregó Ichinén, para luego perder su vista en la madera una mesa cercana.-Son mis únicas dos opciones.-