6/29/2015

22-Mateo.

El gato atravesó el portal y del otro lado se encontraron en la Estación de Paso. El lugar estaba bastante abarrotado de gente, pero no tanto como para que les disgustara. Sin apenas una mirada alrededor, el guerrero y el felino se dirigieron a la barra. El hombre que allí se encontraba los miró llegar con una extraña expectación, no hostil, pero si quizás un poco intrigado.
Mateo. Así se llamaba el que atendía el bar en la estación de paso. Ichinén lo había visto brevemente la primera vez que había estado.
-Hola Mateo.-saludó Teban.
-No se permiten animales aquí.-
-No muerde.-se adelantó a responder Teban.-Es humano y tiene dientes, pero lo tengo bien enseñado. Es mansito.-
Ichinén lo miró de reojo, pero no pudo esperar que el gato sonriera, podría jurar que lo decía en serio.
-Lo decía por ti, gatito lindo.-les replicó Mateo.
-Vamos, Mateo, me lavó más seguido que vos.-
El rostro del hombre reflejó la impotencia para responder ante eso y prefirió guardar silencio. Con un quejido de mala gana el hombre se alejó hacia el fondo. Aprovechando que debía buscar una bebida o usándolo de excusa para no seguir discutiendo con el felino. Para cuando volvió, Ichinén ya se encontraba sentado en un banco.
-Bueno, gente. ¿Qué les sirvo?-inquirió Mateo.
-Lo de gente habrá sido un error.-exclamó el gato.
-Es la costumbre, Teban. Bueno, que será?-
Ichinén rebuscó en sus bolsillos, sus existencias pecuniarias eran más bien flacas.
-¿Qué puedo comprar con esto?-
Ichinén apoyó diversas monedas, de distintas regiones, sobre la mesa. Todas tenían baja denominación, incluso en el lugar más humilde, no compraba mucho con todo eso.
-Fiuuu. He visto desiertos menos secos que este muchacho.-
-Está un poco corto de liquidez, anótalo en mi cuenta, invito yo.-
Ichinén miró sorprendido a su compañero, pero a Mateo le pareció perfectamente normal.
-Un batido de Foié, de esos que sabés hacerme especialmente.-
-Y el “duque quebrado”, que se servirá?-
-Emmm, si, un poco de hidromiel, por favor.-
Mateo se puso a preparar los dos pedidos. El guerrero sentía cierta vergüenza al ser invitado a tomar algo por un felino.
-Gracias, por invitarme a tomar esto, no pensé en el poco dinero que tengo.-
-No te preocupes, Ichinén. Por esta vez, pasa. Te tengo afecto, mi buen muchacho.-
Una copa y un tazón aparecieron en la barra, traídos por las manos de Mateo. 
-Servidos, los señores.-
Teban se concentró en su tazón y rápidamente paladeo lo que parecía una masa grumosa y de color ocre.
-¿Está sabroso?-preguntó el guerrero, pero al ver que el felino no respondía se giró al hombre.-¿Con que está hecho?-
-Con hígado.-respondió Mateo no sin mostrar cierto desagrado.
Ichinén hizo un gesto de extrañeza similar al del barman.
-Salud.-acotó el guerrero y se concentró en su bebida.
-Bueno, que te trae por aquí, en esta compañía tan felina?-
Ichinén le explicó su búsqueda, aunque como en otras tantas ocasiones no supo como describir la sensación de pertenencia a ese lugar, razón por la cual había determinado ir en su búsqueda.
-No es necesario que me lo expliques. Lo entiendo perfectamente. Mirá a tu alrededor, verás viajeros, de todos y hacia todos los mundos posibles, o gran parte de ellos al menos. Todos tienen una razón para existir, si no tuvieran esa que los moviliza, simplemente buscarían otra. Es triste ver en otros lugares como hay gente que no tiene idea de porque vive o para que, más exactamente. Yo vivo para esto, hablar con mis clientes, amigos, o jugar a las cartas o a los dardos. La Estación de Paso es mi lugar en el universo, aquí pertenezco.- 
-Será hermoso, cuando Ichinén encuentre Kosen Rufu, su lugar en el universo. Pero no creo que lo haga sin un céntimo en el bolsillo.-agregó el felino al levantar el hocico del tazón.
-Voy a tratar de solucionar esa parte, conseguir dinero de alguna forma. Mientras no implique nada ilegal o negativo.-le respondió Ichinén, haciendo gestos con su copa.
-¿Estás buscando trabajo?-
Ichinén se encogió de hombros, dudando que responder primero.
-Recién llego de otro mundo, no sé bien donde debería ir a buscar algo que pueda hacer o quien podría emplearme.-
-¿Qué sabés hacer?-inquirió Mateo.
-Se especializa en darle de palos a demonios.-explicó el gato, dejando el batido de Foié solo por un segundo.
-Ah, entonces no es un espectro tan amplio de actividades a realizar.-comentó jocoso el hombre.
-O quizás la existencia de demanda, depende del lugar.-agregó Teban, lamiendo su pata ya que había terminado de comer.
-Puedo hacer casi cualquier cosa, no me amedrento ante ninguna tarea.- intervino Ichinén, alzando una mano para frenar la verborragia ajena, ya cansado que hablaran por él.
Mateo se lo pensó un momento, pasándose un dedo por la perilla y alzando luego un vaso al que se dedicó limpiar.
-Lo que más te conviene es encontrar a Maverick, siempre tiene algún encargo que hacer. Se la pasa viajando. Él debe saber en que lugar podrían usar tus habilidades. Teban te guiará.-
El hombre le escribió en un papel con un grafito que tenía debajo de la barra. La dirección no le parecía una indicación que él conociera. El papel: Diamante, Esmeralda 1930. Teban acotó con total confianza gatuna autosuficiente.
-Conozco perfectamente ese sitio, llegaremos en apenas un par de cruces de puertas.-
Los tres siguieron charlando un poco más. Algunos clientes pasaron y se fueron, otros llegaron. Mateo intentó explicarle a Ichinén un extraño deporte que le fascinaba, pero el guerrero no consiguió entenderlo del todo. Algo parecido a lanzar piedras con una espada, o una cosa por el estilo, no le había entendido correctamente. Comieron frugalmente, invitando el gato, claramente; y partieron hacia otros rumbos.
-¿Pensaste que esto puede ser una demora en tu camino a Kosen Rufu?-le preguntó el felino al guerrero.
-Para llegar allí, debo comer, vestirme y otros menesteres. Todo lo que sirva o ayude para el camino, no lo considero un retraso.-
Al cruzar la puerta, el gato le respondió.
-A veces Ichinén, pienso que sos un humano tonto, pero en ocasiones como estas… me sorprende ver que entendiste más que muchos otros.-

5/03/2015

21-El príncipe.

La mano tironeó de la muñeca de Ichinén y se vio lanzado hacía el portal. Al atravesarlo se encontró en un lugar muy distinto. Por empezar, era seco y mucho más cálido que el que acaba de dejar. El shock de la amplitud térmica lo hizo lanzar un estertor y toser largamente. Los ojos se le pusieron rojos hasta que se normalizó su respiración y temperatura. Lo primero que vio fue a una mujer joven, la que lo había sacado de allí, descubrió al ver sus manos. Escupió un poco de agua que había tragado y a su derecha, Ichinén vio a Teban sentado junto a él, igual de empapado y tembloroso. De hecho, su pelaje estaba tan revuelto y frenético por el agua, que le daba cierto aspecto cómico.
-Casi lo perdemos, Victoria.-escuchó decir el guerrero, lo que identificó como la voz de Dulce, la felina compañera de Teban.
Ichinén observó el lugar, parecía un bosque o jardín. Era muy bello, los árboles eran altos, aunque no muy frondosos. Sus ramas eran espaciadas. 
-Tengo que agradecerles, señoritas, que lo hayan rescatado.-comentó Teban.
-Si, gracias, muchas gracias.-acotó el guerrero, aun desorientado.
La joven mujer lo miró fijamente, como examinándolo.
-Dulce, decime que hay alguien más para buscar Kosen Rufu que este empapado… Bueno, sujeto, por decir algo.-
Ichinén la miró desconcertado, no esperaba ese recibimiento después de casi morir congelado.
-No es necesario ser tan duro.-exclamó el guerrero.-No sé que relación tengas en todo esto, pero no es mi intención complacerte o generarte disgusto. Ni uno ni otro. Solo estaba cumpliendo un pedido del príncipe, mi maestro.-
Ella lo miró como risueña, aquello parecía hacer una nostálgica gracia.
-Ahora entiendo, sos un pichón de aventurero.-replicó ella.-Arreglate un poco, nos vas a presentarte ante él todo mojado y desaliñado.-
Ichinén no supo a que se refería, por lo que Dulce intervino.
-Teban te llevará con el maestro, cuando él también se emprolije a su vez.-
Las ropas tan extrañas que llevaba en el barco no existían aquí, volvían a ser las suyas de siempre. Daimoku también había vuelto a la normalidad, colgada de su cinturón. 
Victoria regresó, con un bulto bajo el brazo y se lo tendió a Ichinén.
-Cambiate detrás de esos árboles, y péinate un poco esos jirones que llamás cabello. El príncipe merece que se lo reciba con sobriedad, al vestir al menos.-
Ichinén se quedó intrigado por el humor de esa mujer y fue donde ella había señalado. Teban lo acompañaba, afilándose las uñas en un tronco mientras el guerrero se desvestía.
-¿Quién es ella?-
-Es largo de contar, digamos que solo el tercer maestro te lo podrá explicar, o cuando lleguemos con él podrás entenderlo.-
-O sea que me tenga que aguantar el suspenso hasta entonces.-
-Exacto.-
-Eso no tiene gracia.-
-¿Me estás viendo reirme?-
-Nunca vi un gato que pudiera sonreir.-
-O llorar.-
Ichinén miró el bosque que parecía interminable. Corría una brisa fresca y el guerrero sintió una fea reminiscencia con lo ocurrido en el barco.
-Hermosos árboles.-comentó él, para despejar esa última idea. 
-Se llaman Shorea Robusta. Más comúnmente conocidos como árboles Sal.-
Terminado el aseo, el gato lo guió por entre los árboles. Llegaron a ver a Victoria y la gata sentadas entre las raíces de un árbol, dándoles la espalda, pero mirando en la misma dirección. Ichinén se preguntó que estaría observando, cuando al pasarlas por un costado divisó un grupo de gente reunida. Vestían togas de diversos colores, parecían congregados en torno a alguien en su centro.
-Adelante, Ichinén. Ven más cerca.-
Era la voz del maestro, aunque algo cambiada. Ichinén descubrió al acercarse porque era diferente. El príncipe parecía haber envejecido mucho desde la última vez que se encontraron. La sorpresa y el desconcierto lo invadieron.
-No tengas esa preocupación, Ichinén. Para mi han pasado cuarenta años o más desde que nos vimos.-
El guerrero se vio más desconcertado aun. El maestro se encontraba acostado sobre un catre improvisado en el pasto. Ichinén se arrodilló a un lado.
-Viajamos en el tiempo, además de a otro mundo. ¿Cierto?-
-¿Qué es el tiempo? ¿Acaso existe? ¿O es solo una forma subjetiva que tenemos nosotros de comprender el mundo y nuestras vidas? Mira si no, tu buscas una tierra que se encuentra en el extremo opuesto de este mundo y que te tomara toda una vida llegar.-
Al terminar de decir esto, un estertor convulsionó al maestro. Uno de los reunidos, casi tan grande como el maestro se le acercó y le susurró.
-Por favor, si han de hablar que sea rápido, no se encuentra bien.-
-Estimado primo, dile a todos que nos dejen a solas.-
El primo del príncipe asintió pero no tan a gusto como quisiera. Se le notaba preocupado.
-No quiero molestar, maestro.-
-No es molesto, lo inevitable. Son mis últimos momentos, Ichinén.-
Aquello conmocionó visiblemente al guerrero. 
-No estés triste, Ichinén. Aunque crean que entro en la extinción, no es así. Pero más importante para ti que esto, es tu misión.-
-Debía salvar a esas personas. ¿No es así? Fue como una prueba.-
-A esas, a otras. No había una opción correcta. Solo aprendizaje. Esto te preparara para el segundo maestro. Has pasado tres de los cuatro estados más bajos, falta el último. Y también has de volver a pasar por todo eso. Vislumbraste el primer pilar de tu camino a Kosen Rufu.-
El guerrero lo miró sin comprender, no entendía a que pilar se refería.
-Fe, Ichinén, lo importante es que tuvieras fe en ti mismo. En que pese a que las dificultades surgieran, los sacrificios que debías hacer y las puertas que estuvieran vedadas; saldrías adelante.-
-Casi no lo hago.-
-Gracias a que no estás solo, lo has logrado. Tus compañeros en este viaje serán fundamentales. Solos nacemos y hemos de valernos así, pero no también existen compañeros en el camino.-
Ichinén pensó en la soledad y en como esos eran los últimos momentos del maestro. El príncipe intuyó sus pensamientos.
-No creas que este mundo y el otro son iguales, existen muchos mundos. Y si en este nacemos solos, no es cierto que así morimos. Al dejar este mundo y entrar en uno más incorpóreo, nos fusionamos con el universo. Allí ya no existen soledad, todos nuestros antecesores en esta vida nos esperan allí.-
Aquello no aplacó la desazón de Ichinén, la cercanía de ver al maestro tan frágil, con tan poco tiempo. 
-Son los caminos de la Ley, los aprenderás, ya que portas la espada de la Ley que rige el universo.-
El primo del príncipe regresó junto a ellos.
-Perdoname, honrado por el mundo. Hay aquí un caminante que desea verte, entender la Ley y conocer tus enseñanzas. Le he dicho que no te encuentras bien, pero he venido a preguntarte si deseas recibirlo.-
El príncipe se incorporó apenas.
-Acompaña a nuestro invitado hasta aquí, es libre de preguntarme lo que quiera.-le respondió a su primo.
Con una reverencia, el pariente se alejó.
-Esta será la última persona a la que le exponga la Ley en esta vida.-
Ichinén no pudo contener una lágrima que rodó por su mejilla.
-No llores por mi ser, Ichinén. Todas las cosas están sujetas a la caducidad que produce el paso del tiempo. Se diligente en tu esfuerzo y completa tu objetivo.-
El guerrero asintió, llevándose la mano al pecho como señal de promesa. El felino se acercó a su lado, instándolo con la vista a seguir el camino.
-Gracias por todo, mi maestro, no tengo manera de retribuirle todo lo que ha hecho por mi.-
El maestro sujetó la mano del guerrero y este se levantó. Mientras se alejaba, cruzó su camino con el primo del príncipe y lo que parecía un viajero errante. Ese sería el último alumno del primer maestro. Una nostalgia lo llenaba todo, parecía que hasta en las hojas se encontraba.
-Vamos, debemos seguir nuestro camino.-le dijo Teban.
Ichinén se alejó del lugar donde yacía el maestro, sabiendo que esos eran sus últimos momentos. Sentía tristeza, pero a la vez, el aliento que le había dado el príncipe lo reconfortaba. La felina compañera de Teban y la mujer no estaban donde las habían dejado. 
-¿Dónde se fueron?-se preguntó Ichinén, aunque no esperaba una respuesta.
-Han debido a irse por algo importante. O simplemente fueron a comer algo.-bromeó el felino.
Ichinén lo miró de reojo no sin cierto desdén, como si lo empujara a ponerse serio. Acababan de pasar un momento triste y fuerte.
-No entendiste mucho, Ichinén. Donde se encuentra la risa está el maestro, donde hay llanto, está el demonio.-
El guerrero intentó no argumentar ante eso.
-¿Adonde vamos ahora?-
-Vuelta a tu realidad, que es donde está Kosen Rufu, a la estación de paso.-
-¿Algunos otros mundos visitaremos? ¿Saldremos mucho de mi realidad?-
-No te das una idea.-

4/15/2015

20-El frío por la escotilla.

El guerrero atravesó el portal. Del otro lado encontró a su felino guía. Teban lo miraba descansando sentado sobre sus patas traseras, como quien espera. El gato fue el punto de referencia, todo lo restante que encontró al traspasar el umbral lo desconcertó. Las paredes eran extrañas, como hechas con metal, con algunos otros materiales en ciertas partes, como decoraciones. El suelo era de madera, como había visto en paredes de chozas, pero este era bastante liso, como lustrado, dividido en finos tablones.
Sus ropas estaban cambiadas. Pudo verse reflejado a medias en un vidrio que parecía un espejo. Luego se dio cuenta que no era ni un espejo ni apenas reflejaba su imagen. Era una especie de ventana, y que del otro lado no se veía más que una profunda oscuridad homogénea. Las extrañas vestimentas de Ichinén le hacían preguntarse a qué clase de mundo insólito lo había enviado el primer maestro y a cumplir que tarea. La espada tenía ahora la forma de un bastón, como un báculo más corto, tal como si fuera un anciano y lo necesitara para andar. Obviamente, las decoraciones de Daimoku se trasladaban a este bastón, firme y fuerte, bellamente decorado. Muy ostentoso para el gusto del guerrero.
-¿Dónde estamos?-inquirió  Ichinén.
-Donde nos envió el príncipe.-respondió Teban.-Seguime.-
-Parece de noche.-dijo el guerrero, atisbando por la ventana.
-Lo es.-
Ichinén caminó detrás de su compañero. Fueron por varios corredores, giraron y volvieron a girar. Subieron unas escaleras, unas como nunca había visto Ichinén. Cada lugar o cuarto que pasaban por delante, le parecía más extraño que el anterior. Algunos parecían casi de pesadilla. Las paredes eran como lustrosas, pero no se engañaba, eran de hierro o de algún otro metal. ¿Qué clase de herrero hacía paredes en ese mundo? Vio pasillos blancos, y algunos decorados con una madera marrón claro lustrada, que brillaba de maneras que él nunca había visto. Llegando a un largo corredor, escucharon pasos acercándose, gente corriendo en su dirección. Ichinén presintió peligro, pero al ver correr a esa gente se dio cuenta que ellos eran los más asustados.
-Corran, no por ahí, vuelva, está todo inundado.-gritaban dos de los tres hombres que rebasaron a Ichinén y al gato.
-¿Estamos en un castillo bajo ataque?-fue lo único que Ichinén pudo estipular para intentar comprender esa realidad.
-En cierto sentido, si. Pero estamos en un barco.-
-No puede ser un barco tan grande.-
-Lo es. No es uno como de los que hayas visto anteriormente.-
Teban siguió andando y el guerrero no tuvo otra opción que seguirlo.
-Vamos a cubierta. Preparate para lo que viene.-le dijo el gato gris y blanco.
Al salir al exterior pudo sentir el aire, tan frío que le pareció como estar de vuelta en el infierno. Para apoyar esta idea, el caos circundante era ensordecedor. Gente gritando, corriendo, empujándose. Todos llevaban una pechera blanquecina, como si fuera un uniforme, pero Ichinén notó que no debía ser muy resistente. Aquella cobertura no frenaría ni un destral desafilado y arrojado sin ganas. Era como si el cielo se estuviera cayendo sobre sus cabezas y todos corrieran sin saber dónde ir. Un hombre al que todos parecían prestar suma atención repartía esas pecheras blancas y con ciertas protuberancias.
-Pónganse los salvavidas y diríjanse a los botes.-decía a todo aquel que se cruzaba en su camino.
Observando alrededor, Ichinén quedó anonadado no solo por la situación que tenía ante él, sino por la inmensidad de todo. El barco debía medir varios cientos de metros, de hecho se le hacía difícil ver una punta o la otra, suponía que estaban como por la mitad. La noche era negra como la caverna más cerrada, mantenida en tinieblas por siglos. El choque con un hombre que huía le volvió la atención. En todo ese caos, nadie prestaría atención a un gato y a un hombre con mirada desorientada.
-¿Qué ocurre?-preguntó el guerrero.
-El barco se hunde.-respondió el gato y se acercó a la baranda que daba al océano.-Ves allí a lo lejos?-
Ichinén intentó otear donde le señalaba el felino con su pata, pero le costaba ver nada. Forzando un poco los ojos y quizá la imaginación, logró divisar un bulto, aunque no podía precisar exactamente que era lo que estaba observando.
-¿Es una isla?-
-En cierto sentido.-respondió el guía felino.-Una isla de hielo. Hace poco menos de media hora, rozó el costado de este barco, dañándolo irremediablemente.-
El tono ominoso del animal le dio escalofríos, Teban siguió explicando.
-No hay opciones, se hundirá. Y la gran mayoría de estas personas, morirá. Mil quinientas vidas truncadas de una sola vez, una gran desgracia. Ninguna otra embarcación se encuentra cerca de este barco para ayudar. Un cúmulo de elementos mal dispuestos, decisiones pésimas tomadas y eventos abyectamente negativos.-
Ichinén miró en derredor y sufrió ante el caos creciente cada vez más turbio. Esa realidad se encontraba en un momento muy desgraciado, las palabras del felino lo golpearon como un martillo en la nuca. Observó a la gente, algunos elegantemente vestidos, otros no tanto, había también unos de uniforme negro. Estos últimos eran los que más mantenían la calma. La gente corría con desesperación, pero hacía donde? El pánico se leía en sus rostros, el sufrimiento ante la muerte cercana. Ichinén sintió pena por todas esas personas que ya se sabían muertas.
-¿Quién puede organizar un salvataje en este desorden?-
-No solo eso, Ichinén. El clima de esta zona es de bajas temperaturas, esa agua te congela en apenas un par de minutos, eso si eres fuerte, sino mucho antes. Casi nadie puede que muera ahogado, mucho antes se los llevará la hipotermia.-
-La hipo quee?-
-El congelamiento.-
Ichinén asintió, Teban hacía uso de algunos términos que le eran completamente ajenos. Algunas personas pugnaban por subirse a unos barcos más pequeños, como botes que se usan para alcanzar la costa pero con más capacidad y amplitud. Hombres de uniforme intentaban poner orden, pero la multitud se volvía peligrosamente incontrolable.
-Mujeres y niños, únicamente.-vociferaba uno de los oficiales, haciendo subir a una mujer y evitando que un hombre intentara escabullirse dentro.
-Vamos, Ichinén. Siento una puerta a otro mundo. Está debajo de nosotros, en algún piso inferior.-
El guerrero siguió al felino, preguntándose qué razón tendría el primer maestro para enviarlo a ese extraño y caótico mundo, por lo menos en este evento particular. Quizá estaba tratando de enseñarle algo sobre el pánico y la animalidad, pero Ichinén no tuvo mucho tiempo para meditarlo. Quizá aprender sobre la belleza y la fealdad de la naturaleza humana, que se manifiesta claramente en momentos extremos como ese.
-Debemos atravesar la escalera, pasando por el salón comedor.-gritó el felino.
O nadie oía a un gato hablar, que con todo ese caos era probable, o el guerrero era el único capacitado para percibirlo. Lo que si podía oír era música, hermosa música que casi lo hace perder de vista a su compañero por buscar su origen. Una banda de músicos, con instrumentos muy peculiares tocaba como si su arte los volviera inmunes a la locura circundante. Nadie más les prestó atención, todos los que corrían, a Ichinén se le antojaban enceguecidos de temor. Los músicos parecían una isla de completa calma en un mar furioso y embravecido. Entraron nuevamente al interior, por otro camino diferente al que habían usado para salir a la cubierta.
Mientras bajaban y subían escaleras, atravesaban pasillos, Ichinén intentaba comprender esa realidad y despejar sus dudas.
-¿No previeron que pudiera hundirse?-
-Lo hicieron, es el mejor construido para su época. Pero eso no fue suficiente. Tenía un diseño que lo hacía casi imposible de hundir.-
-¿Y cómo es que se está hundiendo?-exclamó Ichinén señalando en derredor con los brazos abiertos de incredulidad.
-Esa es la gran pregunta, Ichinén. Pero ello no nos compete ahora. Solo encontrar la puerta. Si pasó yo solo y tardás demasiado, se cerrará. Si pasamos los dos el portal se cierra inmediatamente, la energía misma del traspaso lo hace cerrarse. El universo se conforma así, para no dejar portales abiertos eternamente, por todas partes. Los de aquí verán solo una puerta común y silvestre que existe en este mundo, pero para nosotros será algo más.-
Llegando a la escalera, Ichinén se llevó una sorpresa. Dos hombres se encontraban sentados, vestidos con gran gala y esperando, como quien aguarda un té o alguna otra infusión  en una posada. Uno era más joven, un pariente o ayudante, de lo que parecía un hombre importante. Teban siguió como si nada o nadie estuviera allí, pero Ichinén no pudo más que detenerse a contemplarlos. Sus miradas de tensa calma lo intrigaron. Rodeados de todo ese lujo, con una gran vidriada encima, ese dúo esperaba su sino.
-Ichinén, vamos, no te demores.-le gritó el felino.
El guerrero lo siguió, atravesaron varios tramos de escalera, tantos pasillos y escaleras lo desorientaban. Al llegar al salón comedor, Ichinén comprendió a que se refería su amigo. Era como una inmensa posada, donde debía comer la gente de ese transporte. Aquí abundaban las decoraciones en madera clara y lustrada. Parecía ir a todo lo ancho del barco y tenía el tamaño de varias posadas que Ichinén conociera, como una al lado de la otra.
-¿Qué estaban haciendo esos hombres?-
-Muriendo valientemente. Más de lo que están haciendo muchos aquí y harán a lo largo de lo que quede de esta noche. Son líderes de una compañía de minería y fundición. -respondió Teban.
-¿No van a intentar irse del barco?-
-No hay lugar para todos en los botes. E igualmente solo dejan subir mujeres y niños. El estuvo ayudando hasta recién a todos, ahora ya se ha vestido con sus mejores galas para enfrentar el destino último. Se sabe condenado, pero a diferencia de otros, no se deja dominar por el miedo.-
-Loable.-
-Pero morirá de todas formas. A todos nos toca morir. Mucha de la gente en este barco tiene grandes fortunas, pero eso de nada sirve en esta fría noche.-
-Aun así, es mejor elegir como morir que vivir con miedo tus últimos minutos.-
-¿Aceptación ante la muerte? Me gustaría ver que hicieras lo mismo en su lugar.-
-¿No podemos llevarlos por la puerta con nosotros?-
-No, porque ellos harían que conectáramos con otro mundo y apenas cruzaran se cerraría el umbral. Tendríamos que buscar otro y no tenemos muchas opciones en este barco.-
Esquinas, pasillos, escaleras. Ichinén ya había dejado de orientarse o de intentarlo siquiera.
-Es en este pasillo, al final, siento la puerta.-le dijo Teban.
El mundo parecía marearlo. O era su imaginación o el piso estaba inclinado.
-El suelo parece ir hacia arriba.-
-El barco se inclina al hundirse, nos estamos quedando sin tiempo.-
Ichinén avanzó por el piso que se empezaba a llenar de agua helada, mojando su extraño y lustrado calzado, sintió el cuchicheo de dos voces. Al atisbar dentro del cuarto de donde provenía el sonido, encontró a dos ancianos sentados sobre una cama muy adornada. El hombre era calvo con una escueta barba blanca. La mujer llevaba el canoso cabello en rodete por sobre la cabeza. Los ropajes le eran tan peculiares como los que había visto en todo este mundo, aunque esto se circunscribiera únicamente a ese barco. La pareja se tomaba de las manos, como consolándose mutuamente. Ichinén dejó al gato fuera del cuarto y sin importarle el tiempo corriendo, entró a la habitación.
-Los botes están llevándose a todos. No deben estar acá.-les dijo el guerrero.
-No pudimos subir a ellos, no me han dejado abordar por ser hombre, joven. Mi esposa y yo nos quedaremos aquí.-le respondió el hombre.
-Pero ella se puede salvar.-le replicó Ichinén, como si eso fuera más que evidente.-Dejan subir a las mujeres, ella si puede irse.-
-Hemos vivido juntos durante 35 años, y juntos moriremos.-respondió la mujer.
-Ida estaba a bordo ya, otros hombres intentaron convencer al oficial que me dejara subir, pero él no cedió. Mi esposa descendió para que estemos juntos en el final.-le relató el hombre, fuertemente conmovido pero sobrio al hablar.
-Yo… Lo siento mucho.-
Ichinén sintió un nudo en la garganta. Nunca había visto dos corazones tan involucrados el uno con el otro, no había nada que perdurara tanto.
-No se lamente joven amigo, por lo menos estaremos juntos. Nosotros ya hemos vivido, no guardo arrepentimientos ni reproches para mí.-replicó el anciano.
-Es muy injusto...-comenzó a balbucear el guerrero, deseando ayudarlos.
Había presenciado grandes expresiones de valentía y desinterés ante el caos de la muerte. Hubiera deseado ayudar al minero que moría elegantemente, a los que trataban de subir gente a los botes, a los músicos que tocaban pese a la cercanía de la muerte; a todos hubiera deseado ayudarlos. Parecía sentir la voz del maestro, esa voz tranquila y cadenciosa, diciéndole: No puedes salvar a todos.
-La vida no es justa, pero no existe otra salida.-le replicó el hombre.
-Ichinéeeeen.-susurró el gato.-Debemos irnos.-
Los ancianos no hicieron ningún gesto ante esa voz, por lo que el guerrero confirmó que solo él percibía la voz de su peludo acompañante. El guerrero se despidió de la pareja, con el corazón en un puño, invadido por la impotencia. Se fue junto a su guía de cuatro patas, sin poder apartarlos de su mente. Teban lo urgía a seguir, no faltó mucho. El pasillo doblaba y apenas llegando allí, el umbral. Era el umbral, la salida a otro mundo. El marco brillaba, indicando que el portal estaba abierto, cuando Ichinén lo atravesara dejaría todo eso atrás. El barco hundiéndose, la pareja de ancianos que morirían juntos, los dos hombres que elegían morir vestidos de gala, todo ese dolor y coraje. Las palabras del maestro le resonaban en la cabeza.
Desprenderse incluso de la idea de alcanzar Kosen Rufu, hacer lo que es correcto aunque no lo parezca visto desde concepciones superficiales.
-Esperá.-lo frenó Ichinén.
-¿Y ahora qué ocurre?-
-¿Podés sentir otra puerta?-
-No estoy seguro, creo que no.-
-Intentalo.-
El gato cerró los ojos y giró el rostro, no sin cierto fastidio.
-Hay una, pero no estoy seguro que podamos alcanzarla. La percibo muy profundamente en el sector del barco que se está hundiendo o que ya se encuentra inundado.-
-No importa, me arriesgaré.-
Volviendo sobre sus pasos, fue en busca del matrimonio.
-Ichinén, esto es una locura, puede ser tu única oportunidad. Este mundo no es el tuyo. Solo vinimos aquí porque el maestro nos mandó.-aseveró el felino.
-Y por alguna razón lo hizo. Para que viera esto. ¿Por qué sino me enviaría a este mundo y no a otro? Existe más de un atajo. ¿Cierto?-
El gato no supo que responder, el guerrero llevaba razón, ir a un mundo o a otro era casi idéntico. El maestro sabía lo que hacía.
Ichinén encontró a la pareja preparándose la cama como para recostarse, esperando el final. Ellos no comprendían nada, cuando él aseguraba tener una forma para que escaparan. Al doblar por el pasillo y se encontraron ante el umbral no vieron nada especial; pero cuando el gato finalmente habilitó el acceso, los tres humanos pudieron ver el jardín más hermoso que pudieran imaginar. Ichinén los instó a pasar rápidamente. Apenas si pudieron agradecerle con una sonrisa. Una vez que ambos esposos estuvieron del otro lado, se quedaron mirando sonrientes a Ichinén, desde el jardín. La gratitud se dibujaba en sus rostros. Sonreían al guerrero y además ahora podían ver a Teban. Sin comprender, excepto entendiendo que algo maravilloso y totalmente fuera de su mundo había sucedido; el matrimonio se despidió de Ichinén saludándolo con la mano. El portal se fue desvaneciendo, como si la imagen se difuminara. Finalmente, se cerró. Y aunque hubiera querido no podía cruzar, según le explicó Teban. La energía de ese portal en particular, invocado por un solo guardián, solo permitía cruzar a dos seres. Una vez que la energía se difuminó completamente, fue como si se acallara el mar repentinamente, Ichinén y Teban se quedaron en silencio por unos segundos.
-Bien.-dijo finalmente, moviendo el hocico, haciendo que se agitara su marca oscura sobre su fosa nasal derecha.-Ahora  debemos ir por la otra puerta.-
Dicho esto, el gato salió corriendo a todo lo que le daban sus patas. Tanto que Ichinén tuvo problemas para igualar su velocidad, pese a que sus piernas eran mucho más largas. Descendieron una escalera, siguieron por un pasillo. Por lo que el guerrero podía deducir, no solo estaba hacía abajo la puerta, sino también en el lado contrario de ese barco. Estaban yendo en dirección contraria a la que llevaban antes de encontrar a la pareja. Un sector inundado hizo que el gato girara y tomara por otro pasillo.
-Vamos por aquí, es un atajo.-
Volvieron a dar un par de vueltas, subieron y bajaron. Ichinén ya no podía asegurar cuantas giros habían hecho, el trayecto fue más largo e inundado que antes. El gato se frenó justo sobre el inicio de una escalera descendente, daba a un corredor casi inundado hasta el techo. Una luz provenía desde el líquido como si algo aun tuviera energía muy en el fondo.
-Es aquí, atravesando toda esa agua, se encuentra la puerta.-informó el felino.
Ichinén miró a su compañero, comprendiendo que sería difícil sortear ese obstáculo. Sabía que los gatos eran poco afectos a nadar, especialmente con temperaturas bajo cero. Tomó al gato sobre sus hombros, sujetándolo con una mano. Ichinén se ajustó a Daimoku como “bastón” al cinturón que sujetaba esos peculiares pantalones tan rectos. Se lanzó al agua y fue como si millones de puñales se le clavaran por todo el cuerpo, inclusive en partes que no estaban sumergidas. El frío era insoportable, casi no podía sostener a Teban por sobre su cabeza. El camino se le hacía eternamente largo, el frío solo acentuaba el lento transcurrir del tiempo. Aquel pasillo estaba completamente inundado y las luces se apagaban a medida que el agua las tocaba. La corriente era contraria a su dirección, como si quisiera alejarlos de la puerta. No solo el agua helada era el problema, también la oscuridad. Era muy dificultoso nadar, aun sujetandose de asideros a lo largo del lugar. Solo al final del tramo que atravesaban se veía una luminiscencia.
-Allí está, el portal de salida.-le dijo Teban, pero el cuerpo de Ichinén no respondía más, estaba al borde del congelamiento en vida.
-Saltá, vas a llegar. Yo te sigo.-
-No puedo dejarte, Ichinén. Te vas a congelar sin la puerta.-
-Andá, estoy detrás tuyo.-le dijo, sin un gran convencimiento.
Teban dudó un segundo, y calculó la distancia ante la puerta. Apenas si se zambulló un poco que ya había cubierto casi toda la distancia con el portal, cuando ya su pequeño cuerpo sentía la temperatura intolerable, estaba al otro lado. Ichinén lo observó desaparecer, sujetándose a un hierro o manija por debajo del agua. Intentó acercarse pero le era imposible vencer la corriente. Midió la distancia que le faltaba, sus fuerzas y el que le quedaba antes de congelarse. Lo jugó todo en un último salto hacía el portal. La corriente lo retenía, como si no quisiera dejarlo irse de ese barco condenado. Intentó ir en contra de ella, pero ya sus ojos no podían ver. Solo pudo estirar el brazo para ver si tocaba el umbral, viendo al resplandor del portal ir desvaneciéndose poco a poco. Este es el final, pensó lamentándose, así termina. Una pequeña mano surgió del portal y lo tomó de la muñeca. Las uñas decoradas decían que pertenecía a una mujer.

3/12/2015

19-El primer maestro.

Ichinén y el primer maestro caminaron a la sombra de la Ceremonia en el aire. Los dos felinos se habían quedado donde estaban, un poco más alejados, mientras el guerrero y el príncipe conversaban al andar.
-Llegar a esta tierra es importante para ti.-comentó el maestro, asentando un hecho.
Ichinén solo pudo afirmar con un gesto que así era, ignoraba que más podía agregar al respecto.
-Yo me preguntaría cual es la razón por la que decidiste ir en busca de esa tierra. ¿Cuál es el motivo fundamental?-continuó el hombre.
El guerrero no tenía respuesta para ello, parecía visto desde fuera como un mero capricho, un arrebato emocional.
-El tiempo para mi es algo ya trascendido. No me encuentro atado a él. De hecho, estoy en este momento en la Ceremonia en el aire, a la vez que hablo contigo.-
Ichinén no entendió como era eso posible, ni tampoco que relación tenía con su charla, pero no dijo nada.
-Incluso tú estás allí arriba, o lo estarás, Ichinén. Cuando el tiempo sea el correcto. Esta es mi respuesta, para alguien que solo puede escuchar lo necesario para seguir adelante, no para alguien que ya lo ha vivido. Es correcto lo que crees, perteneces a Kosen Rufu, pero no porque provengas de allí. No hay un misterioso origen, donde un ancestro tuyo provino de allí. No es tan así. Solo puedo decirte que Kosen Rufu e Ichinén están entrelazados. No es vagamente determinado tu camino allí. Es donde debes ir. Deberás confiar en mi sobre esto, más no puedo decirte sobre ello.-
Ichinén sonrió y lanzó un suspiro.
-¿Es decir que debo ir allí?-
El maestro hizo un parsimonioso gesto de gravedad, el cual preocupó al guerrero. Era un augurio de malas noticias.
-Si, así es. Pero no todo camino es claro, el tiempo tiene muchas vertientes y no todas incluyen los mismos elementos. Solo puedo ver a través de las variables que siempre te estará prohibido el ingreso a Kosen Rufu.-
El guerrero se plantó y depositó su mano en el pomo de Daimoku.
-Ningún obstáculo me impedirá entrar en la ciudad capital de Kosen Rufu. No importa cuantos demonios se planten ante mí.-
-No estoy seguro que sea una cuestión de inconvenientes. A veces el propio yo es quien nos impide avanzar. Quizá seas vos mismo el que te impida entrar a la ciudad. No puedo explicar lo que no entenderías, ni puedo ver lo que no está aun naciente. Mucho te queda por recorrer, no es solo un camino difícil. Debes esperar lo paradójico. Deberás aprender para poder continuar. Puede que te pierdas, que el camino se estreche. Hay cuestiones que debo callar, la razón por la que debes ir no puedo explicarla sin acaso anular tu motivo para llegar allí.-
Ichinén asintió en un voto de confianza en las palabras del maestro.
-Voy a seguir. No sé como lo haré, pero veré eso paso sobre paso.-
El príncipe asintió con alegre tranquilidad, como complacido. Las malas noticias le embargaban el corazón de pena al guerrero, la duda era un dolor agudo para Ichinén. Pero algo en los gestos del maestro, su presencia misma le daba  esperanza. Sus palabras tenían algo que Ichinén nunca había experimentado.
-Los hombres querrían  poseer algo que fuera permanente, estable, eterno, no sujeto a cambio, que durara como todo cuanto es eterno. Querrían imponer su voluntad al yo, para no experimentar penar ni dolor ni lamentación ni desesperación. ¿Pero donde ven tal dominio de la voluntad?-Dijo así el príncipe.
-Si algo tengo creo que es voluntad, pero como muchos se han mofado, incluidos algunos demonios; parezco necio de tan determinado a llegar a Kosen Rufu.-
-Un necio conciente de su necedad es por tal razón un hombre sabio, pero el necio que piensa que es un sabio es verdaderamente un necio.-
Las palabras del primer maestro descolocaron a Ichinén. La fortaleza de los ataques verbales negativos se evaporaban como agua hirviendo ante las del príncipe. La sabiduría de este maestro vencía cualquier argumento de los demonios que el guerrero hubiera escuchado.
-Seguramente, los elementos más nefastos como Tenyi-Ma querrán oponerse a mí.-
El príncipe afirmó con un gesto que aquello era correcto y agregó:
-Caminos hay que conducen de las tinieblas a la luz y otros hay que conducen de la luz a las tinieblas. Pero también ha caminos que de la oscuridad conducen a la penumbra, otros que del alba llevan al hombre a la esplendente luz meridiana. El sabio aprovechará la luz para intensificarla y avanzará constantemente en el conocimiento de la verdad.-
El guerrero apretó los dientes con rabia y casi lanzando un gruñido. El maestro le puso una mano en el hombro para tranquilizarlo.
-Jamás en este mundo los odios cesan con el odio. Cesan con la benevolencia: ésta es una ley eterna.-
-Si, maestro, no permitiré que me impidan lograr mi objetivo. Esa es mi función real en la vida. Mi verdad.-
-Para alcanzar la verdad es indispensable reconocer lo ilusorio de la personalidad.-recomendó el príncipe.
-El demonio del sexto cielo y su amenaza no tienen tanto de ilusorio.-
-Uno debe considerar no lo malo de los otros ni lo que los otros han hecho o no han hecho, sino lo que uno mismo hace o no hace.-
-Se que en mi vida he cometido errores, fallos que me han llevado hasta el infierno, donde encontré la espada de la ley…-
El primer maestro levantó una mano ante si, mostrando la palma al guerrero y este guardó silencio para escucharlo.
-Tu mala acción no ha sido hecha por tu madre, ni por tu padre, ni por hermano, ni por tu hermana, ni por tus amigos y compañeros, ni por tus parientes allegados, ni por las divinidades; tú mismo has hecho tu mala acción, tú mismo recibirás su fruto.-
Ichinén bajó el rostro compungido, con gran arrepentimiento.
-Lo sé, he sido imprudente, terco y algunas cosas más.-
-Uno mismo hace el mal, uno mismo se corrompe; uno mismo deja de hacer el mal, uno mismo se purifica; pureza y corrupción existen por uno mismo, nadie puede purificar al otro.-
-A veces siento que los enemigos son muy poderosos. ¿Cómo saber utilizar la sabiduría para vencer?-
-Más grande que la conquista en batalla de mil veces mil hombres, es la conquista de uno mismo.-
-¿Debo vencer sobre el mal en mi interior? ¿Cómo es posible identificarlo?-
-Fácil es hacer lo malo y pernicioso para uno mismo: sumamente difícil, lo bueno y saludable.-
-A veces siento que no se nada, nada en absoluto. Sobre como hacer para lograr esto que me aconsejas.-
-La ignorancia es la más grande de las impurezas, la suprema impureza; librándose de esta impureza, los hombres serán puros.-
Ichinén comprendió aquello de lo que estaba hablando el príncipe.
-Debo mejorar para ser capaz de alcanzar mi objetivo.-afirmó el guerrero.-Debo vencer a esos demonios, tanto afuera como adentro.-
-No existe fuego como la pasión, no existe demonio que se posesione de uno como el odio, no existe red semejante al error, no existe correntada como el deseo.-
Ichinén observó la ceremonia en el aire, con añoranza. El maestro siguió hablando, mientras el guerrero callaba.
-El nacimiento es causado por la existencia. La existencia es causada por el apego. El apego es causado por el deseo. El deseo es causado por la sensación. La sensación es causada por el contacto. El contacto es causado por los sentidos. Los sentidos son causados por el nombre y la forma, es decir, la individualidad. El nombre y la forma son causados por la conciencia. La conciencia es causada por los residuos kármicos, fruto de los pecados cometidos en vidas pasadas. Debes desprenderte de muchos lastres, incluso de la propia idea de llegar a Kosen Rufu, ese puede ser un obstáculo inclusive.Quizá debas hacer algo que es lo correcto pero que no lo parece ante concepciones superficiales. No es posible encaminarse a pie firme por el recto sendero, sin haber arrojado antes el embarazoso lastre de las pasiones egoístas.-
El guerrero se giró sobre si mismo y observó al horizonte, donde Teban y Dulce, sus dos felinos amigos retozaban al sol.
-¿Debería incumplir mi palabra?-
-Por el contrario. Como una bella flor, llena de colorido pero sin perfume, así es estéril la palabra hermosa del que no actúa conforme a ella. Como una bella flor, llena de colorido y con perfume, así es fecunda la palabra hermosa del que actúa conforme a ella.-
-Quisiera saber que hacer para así enmendar mis errores en el pasado.-
-El que actúa mal se atormenta en este mundo, se atormenta en el otro,  se atormenta en ambos mundos; se atormenta pensando: “He hecho una mala acción”; y se atormenta más al llegar a un estado de mísera existencia. El que actúa bien goza en este mundo:  “He hecho una buena acción”, y goza más al llegar un estado de feliz existencia.-
-Pero es que mi pasado, con su más y sus menos, me hace quien soy.-
-Todas las criaturas son lo que son, a causa del karma proveniente de sus acciones en existencias anteriores y serán lo que sean, según sus obras en la vida presente.-
-¿Debo dejar el pasado atrás para poder seguir adelante?-
-El alma va evolucionando por todas las formas materiales, del mineral al vegetal, del vegetal al animal, del animal al hombre, hasta que alcanza la perfección en el estado de iluminado.-
El guerrero meneó la cabeza, abrumado por todo el dialogo.
-Esto es mucho para mi mente, por lo menos de una sola vez.-
-La condición humana está dirigida por la mente, predomina en ella la mente, está hecha de mente. Si uno habla o actúa con mente perversa, la desgracia lo sigue como la rueda de la carreta sigue los pasos del buey. Si uno habla  o actúa con mente pura, la felicidad lo sigue como su sombra que nunca lo abandona.-
-Mantendré mi promesa y confiaré en su palabra. No sé cual es la causa que me lleva a Kosen Rufu, pero sé que existe una y eso es suficiente. Es indispensable que llegue allí, por lo que no puedo desistir.-
-Como una roca sólida no tiembla con el viento, así el sabio permanece imperturbable ante el reproche o el halago. No permitas que seres bajos te confundan o te pierdan.-
Teban, el gato de antifaz gris dibujado en su pelaje se acercó al guerrero y al príncipe.
-Existe una puerta que está por abrirse, es a un mundo que nos servirá de atajo para que el viene. Debemos partir, Ichinén.-
Guerrero y maestro se miraron y con los ojos se comprendieron, el tiempo se agotaba, aun cuando fuera eterno. El príncipe lo saludó con una inclinación de cabeza.
-Recuerda esto, Ichinén. Quien ame la verdad no morirá jamás, porque ha bebido del agua de la inmortalidad. Nos veremos pronto, que tengas buena fortuna. Recuerda siempre mis palabras, todas ellas.-
El príncipe se elevó y se unió al resto de sus compañeros de ceremonia.
-Muchas gracias, maestro.-
En ese preciso instante, algo como una torre se elevó en el horizonte, lejos de donde estaban ellos. La figura del primer maestro se perdió de vista en el aire, acercándose a esa figura que aparecía. Ichinén bajó el rostro, apurado por su compañero, que ya partía ligero en sus cuatro patas. El gato guió al guerrero y caminaron algunos cientos de metros. Dulce, se quedó observando desde su lugar, como su compañero y el guerrero se alejaban. En medio del campo, algo más alejados de donde se encontraba la ceremonia en el aire, se erguía una puerta con marco de madera. Simplemente, una puerta. Sin pared ni otra edificación, solamente un marco y su umbral.
-Explícame eso de nuevo, Teban. ¿Cómo es que podés abrir portales o conocer donde existen?-
-Somos gatos. Los guardianes de todas las puertas. ¿Acaso nunca viste un gato postrado delante de un umbral? ¿No has visto como nos tiramos siempre en el medio del camino? Es porque allí existe una puerta a algún mundo. Que no la puedas atravesar, no sepas como o no la veas; no significa que no exista y que por ello no la custodiemos. Por esta razón, somos nosotros quienes te estamos guiando. Vamos, no hay tiempo que perder.-

Ichinén giró el picaporte y empujó la madera hacia dentro. El guerrero y su guía cruzaron la puerta.

8/04/2014

18-La ceremonia en el aire.

Allí se encontraban reunidos incontables seres, de todas las formas, géneros y especies. Tan diversos eran que Ichinén no podía jurar donde mirar primero y si ya había visto a ese o al de más allá. Todos le parecían novedosos y diferentes, aunque ya hubiera puesto sus ojos en ellos. El guerrero no estaba seguro si esos seres volaban o flotaban. Para el caso daba lo mismo.  Observó, observó, siguió observando, se quedó un rato más observando y… observó más. No importa como se rompiera los ojos o aguzara la vista, no veía nada notable a miles de metros por su cabeza. Esperó. Nada pasó. Intentó gritar, pero su voz no parecía llegar más que a un par de cientos de metros. Finalmente, se encaminó a escalar la cima. Por el camino, encontró a un rostro familiar.
-Me preguntaría que estás haciendo.-dijo el gato con el rostro que parecía enmascarado en gris.
-Y yo me preguntaba cuando aparecerías.-
-¿Debía hacerlo?-
Otro felino, se acercó a ellos, al parecer era una gata. Se notaba por sus tres colores en el pelaje y ser un poco más pequeña que el otro. El pelaje de la felina semejaba a un mármol por sus tonos  que formaban una melange perlada de colores sobre gris jaspeado.
-Yo lo traje, sin mí no podía hacer nada.-expresó la gata a modo de presentación.
-Mujeres, ya sabrás de lo que hablo cuando pase un poco de tiempo.-dijo a su vez el gato.
-¿Pariente tuyo?-preguntó Ichinén.
-No, por favor, no tengo tanta mala fortuna.-comentó la gata, demostrando que tenía pocas pulgas, por decirlo de alguna manera.
-No seas tan dura con mi compañero humano.-le recriminó el gato.-Hemos venido a ver al Príncipe.-
-¿Por qué debería molestarlo con recién llegados advenedizos.-replicó la gata de soslayo. 
Casi parecía mantener una expresión recia, sin humor o simpatía por los otros dos. O ni tan siquiera alguien más.
-Estoy en busca de Kosen Rufu, para hallar ese país, debo encontrar a los tres maestros. Me dijeron que el primero de ellos, se encuentra en esta ceremonia.-le explicó el guerrero.
La felina lo miró con unos ojos de cierto desdén, casi como su gesto fuera de un humor de mil demonios. Pero su voz fue muy apaciguada.
-Si, el Príncipe se encuentra allí, de hecho él la está presidiendo en ese momento, es aquel a quien buscas.-
Ichinén miró en derredor y luego a ambos animales, como esperando. Ninguno de los dos felinos hizo el menor movimiento. Excepto la gata, que a los pocos segundos,  se reclinó sobre una piedra, como si esta fuera una almohada donde recostarse. Acodada sobre la roca, miró al guerrero con extrañeza algo jocosa.
-¿Cómo así? ¿Acaso estás esperando que lo baje para ti? ¿No querrías que te baje la luna también? Si tengo tiempo en un par de eones, quizá.-
Con expresión algo desconcertada, el guerrero se intentó explicar.
-Solo quiero que me guie en mi camino, no es mi intención molestarlo, ni perturbarlo, ni distraerlo.-
-Pero ya tu interrupción es una molestia. El Príncipe está dando su enseñanza y no puede parar la rueda del universo porque el gran rey Ichinén intenta hablar con él.-
El guerrero se quedó más desconcertado, el gato macho tosió como interrumpiendo la charla.
-Ese rey no es él, no aquí al menos.-
Ichinén lo miró y asintió.
-Te confundes con otro, no soy un rey.-
La gata cerró un poco los ojos, como dudando.
-Claro que lo sos, aunque no aquí claramente. Ichinén es único, como todos nosotros. Aquí o en cualquier mundo.-
-¿Podés solicitar respetuosamente una audiencia con el Príncipe para Ichinén o no?-la amonestó el gato.
La felina pareció lanzar un gesto de fastidio, yéndose por donde había venido. Ichinén y el gato se miraron.
-Supongo que eso es un si.-comentó Ichinén.-¿Amiga tuya entonces?-
-Diría que si, pero solo coincidimos en espacio y tiempo en ocasiones, muy frecuentemente incidentales. Más de lo que me gustaría.-
-Supongo que debe ser un amor de gata.-ironizó el guerrero.
-Es buena, diría que es dura por sus experiencias, pero bueno. Las vivencias nos modifican según nuestras particularidades personales.-
-A propósito, no sé como llamarte, aparte de gato. ¿Cuál es tu nombre?-
-Tengo muchos nombres, muchos cuerpos, depende de que mundo estemos hablando. En este podés llamarme “Teban”, aunque donde tenía ese nombre originalmente, tenía rayas naranjas en vez de todo gris.-
Ichinén sopesó esa novedad de los diferentes mundos, quizá esa Estación de paso, solo era un lugar de transición para ir de uno a otro. Eso explicaría porque encontrar Kosen Rufu no era para cualquiera, podría ser que estuviera en otro mundo. Y solo haciendo un camino y pasos determinados es como se podía acceder.
-Y el nombre de tu “amiga” es…-
-Dulce, se llama Dulce, aunque en otro idioma que no se aplica aquí.-
-Es un chiste.-lanzó Ichinén con sorpresa.
-¿Me estás viendo reírme?-inquirió el gato.
Ichinén mantuvo el silencio por unos minutos, hasta que finalmente una duda lo asaltó.
-¿Por qué dos gatos son los que me están ayudando?-
-Somos los guardianes de todas las puertas.-explicó Teban, pero se frenó y giró repentinamente su rostro hacia la espalda de Ichinén, como solo los gatos pueden hacer cuando algo atrae su atención.
El guerrero se giró y vio un hombre vestido con una túnica, llevaba el pelo recogido arriba de la cabeza y todo su ser parecía resplandecer.
-He aquí al primer maestro. El Príncipe.-presentó Dulce, la gata con el nombre paradójico, al acercarse a ellos.
Ichinén quedó maravillado por la energía que irradiaba el Príncipe, tanto que se quedó sin palabras. La sonrisa del maestro era tan cálida y discreta que lo mantenía distraído.
-Veo que se venían riendo.-comentó el Príncipe.-Dicen que donde está la risa, estoy yo. Porque si hay llanto, están los demonios.-
Ichinén volvió a la realidad al escuchar esto último y estaba a punto de hablar cuando el Príncipe hizo un gesto.
-Caminemos juntos y explicaré lo que necesitas saber.-
Ichinén acompañó al que ya consideraba su maestro. El primero.

12/18/2012

17-La estación de paso.

Habiendo caminado junto al gato largo trecho, Ichinén decidió interrogarlo acerca de su destino. El lugar donde encontrarían al primer maestro.
-¿Cómo es que me encontraste?-
El gato apenas giró su faz de pelaje como enmascarado en gris.
-Eres un Shomon.-
-¿Y eso que significa?-
-Uno que escucha las enseñanzas.-
-¿Cómo sabés que escuché nada? No soy tal cosa.-
-Bueno, solo puedes serlo si decides que así lo deseas.-
-Está bien, quiero hacerlo. ¿Es necesario para encontrar a este maestro?-
El felino giró su rostro y parpadeó lentamente, como solo los gatos pueden hacerlo, con extrema elegancia.
-Para ser un shomon, aquel que escucha las enseñanzas, debes callarte. Para escuchar es necesario guardar silencio.-
Ichinén quedó desorientado ante la respuesta brusca del gato, pero antes de argumentar prefirió seguir el consejo y guardar silencio. Severo era el nombre del gato, severo era su carácter.
-Un Shomon no es solo aquel que escucha las enseñanzas. No únicamente eso. Sino que también las pone en práctica.-refirió el gato mientras seguía andando, pero el guerrero se mantuvo mudo.
No deseaba ser amonestado nuevamente por el animal. El camino continuó zigzagueando entre raíces y troncos, mediando ramas y hojas.
Atravesando el bosque, llegaron finalmente a la estación de paso, llamada “Shitei funi”. Arhat Jina se encontraría allí. Era un edificio de madera, aunque más bien parecían varios juntos, superpuestos unos sobre otros. Unas cúpulas que amagaban alzarse o intentaban ser cúpulas, coronaban las edificaciones.
Una vez en la puerta, el gato se sentó sobre sus patas traseras y se lamió una pata. Ichinén lo miró sin entender. El felino se lavó durante un rato antes de dirigirse al guerrero.
-Debes entrar solo, yo no puedo hacerlo.-
Ichinén asintió, no pensaba argumentar con el animal, ya que parecía tan seguro. Debía tener sus razones para que se viera impedido de entrar o quizá le estaba prohibido, no importaba mucho.
Trasponiendo la entrada principal se encontró con un lugar muy concurrido, donde mucha gente iba y venía, haciendo cambios o tramites en diversas mesas en diferentes cuartos o rincones. El guerrero se acercó a un hombre que al parecer no estaba ocupado en ningún menester.
-Disculpe, señor. Estoy buscando a alguien a quien llaman el “Arhat Jina”. Es un gran maestro.-
El hombre lo miro sorprendido pero sonriente.
-Se encuentra en la ceremonia del monte, la del aire. ¿Sabés como llegar?-
Ichinén se encogió de hombros, mostrando que ignoraba aquello. El hombre se limitó a palmearle el brazo y señalar a su izquierda.
-Esa puerta con la manija dorada, esa es la que debes tomar para llegar a la ceremonia. Aun transcurre, así que debes apurarte para no perderte nada.-
-¿Allí encontraré a quien busco?-inquirió el guerrero.-
-Claro, el es quien preside la ceremonia.-respondió el hombre agitando su mano en el aire, para luego dejarla en su rodilla.
Ichinén le intrigó saber si habría una ceremonia de la tierra, del agua o del fuego. Pero pensó que quizás el nombre era solo figurativo. Algo referente que estaban al aire libre, en los fondos de la estación de paso y nada más.
La manija giró con rapidez y el guerrero cruzó la puerta, cerrándola mientras miraba delante suyo. Al principio no entendió, pero luego lo hizo mucho menos. Ante sus ojos solo se veía un descampado monte, una ladera donde no había nada. Nada que no fuera un bello pasto de verde brillante y unas pocas rocas diseminadas en la suave pendiente. Al intentar girar y volver atrás, para decirle al hombre que le había indicado la puerta equivocada, descubrió que no había nada tampoco a su espalda. O bien la puerta se había desvanecido o él estaba en otro lugar muy lejos. Miró en derredor con cierta ofuscación. Se sentía estafado, por el gato y por el sujeto que le había marcado el camino. Lo habían engañado, y muy groseramente. Ichinén seguía rumiando con bronca, mirando el suelo y pateando distraídamente una piedra. Aquello era una conspiración sin sentido, algo no le cerraba. Era un engaño demasiado elaborado para lograr nada. El guerrero no pensaba desistir de su camino solo porque lo mandaran lejos. No, algo más estaba ocurriendo allí. Una sombra, como de una nube sobre el suelo le atrajo la atención. Se quedó congelado como estaba, en su mente se había formado una idea, en forma de epifanía. Ichinén alzó los ojos al cielo y la vio. La ceremonia del aire. O más bien, la ceremonia en el aire.