5/27/2016

33-Reina asesina.

Ella cruzó el portal y se vio del otro lado, completamente sorprendida. Estaba casi conmocionada, Ichinén se miró a si misma. Ahora era mujer, tal como Gatten le había dicho. Aunque saberlo y sentirlo eran dos cosas completamente diferentes. Se miró el pecho, o más bien ambos, los pectorales eran ahora dos senos que le resultaban por demás peculiares. La falta de costumbre ante la fisonomía distinta lo desconcertó completamente, tanto que no reparó en su completo aspecto e indumentaria hasta bastante después. Su cuerpo pese a tener un pecho algo prominente estaba escuálido, como de haber pasado hambre. La indumentaria era un pantalón a rayas grises hacia abajo, con un camisa o algo parecido, en idéntico motivo. Su piel se encontraba sucia y cuando se pasó la mano por la cabeza la descubrió completamente calva. La habían rapado. ¿Con que objeto? 
-Es muy extraño todo. ¿Verdad?-escuchó decir Ichinén.
Miró a su compañero, Teban estaba casi igual, pero con sus manchas grises algo cambiadas. También se encontraba sucio y desnutrido.
-Teban. ¿Donde estamos? ¿Que clase de lugar es este?-
El felino giró el rostro y se dedicó a observar el lugar. Galpones, vallas, alambradas; y soldados.
-No se como explicarte que es este lugar. Deseé con todas mis fuerzas no volver nunca a este tiempo y lugar.-
Ichinén miró alrededor. Todo el terreno rústico, lodoso, el cielo nublado. Le traía recuerdos de un cementerio pero sin tumbas o de un campo de batalla, luego de la matanza. Caminaron pegados una pared, de lo que parecía un granero. 
-¿Que ocurrió en este mundo?-
-Es el mismo mundo que estuvimos antes, durante el hundimiento del barco en el que estuvimos, pero como unos treinta años más lo menos. No sabría decirte la fecha exacta. Desde entonces, dos conflictos a gran escala se desataron, estamos durante los años del segundo, el más horroroso.-
Alrededor solo veía mujeres, por lo que Ichinén comprendió que Gatten la enviara con esta apariencia. Por alguna razón no había hombres. También por ello la Cronista debía ser mujer, y no el cronista.
-¿Esta gente, estas mujeres, están peleando una guerra?-
-Están aquí para morir, o para ser asesinadas más bien.-
Ichinén no comprendió o no podía conciliar esa revelación que también la involucraba. Estaba tan distraida que no vio a la figura uniformada que se le acercó repentinamente.
-¿Que hacés aquí sola, cerda?-la que hablaba era un mujer muy corpulenta, con una vestimenta y una higiene completamente distinta a la suya.-Ve a formarte, ya le diré a frau Grese que te estás escapando. ¿Sabes lo que hace con las rebeldes que quieren escaparse, verdad?-
La soldado, sostenía una extraña arma que no se parecía en nada a una espada, pero ante la duda Ichinén asintió obediente. Miró a Teban, pero el gato ya se había ocultado. Por ahora, se dijo a si misma, debía observar y estar atenta. La Cronista podía ser cualquiera. La mencionada formación a la que la llevaban, se componía de un innumerable número de mujeres, todas en fila, con el mismo uniforme. Algunas de las mujeres eran muy jóvenes, niñas muchas de ellas. Todas con la misma apariencia que ella. Ichinén intentó arriesgar un número, pero por lo que podía estipular, allí debía haber cientos, quizá miles de mujeres. Algunas tenían peor aspecto que otras, muchas no solo parecían mal alimentadas, sino enfermas directamente. Que clase de dolencia podía aquejarlas, Ichinén no lo sabía. La formación fue como una pasada de revista militar, algo que le resultaba conocido del ejercito que había dirigido su padre. En la mente de Ichinén se iba formando la idea de que si estaban en guerra, este era un campo de prisioneros. No sabía hasta que punto se quedaba corta en ese razonamiento. Una mujer de cabello rubio recogido, elegantemente vestida, con un uniforme muy pulcro, paseaba por delante de las hileras. Su expresión dura, metía terror mientras caminaba, tanto a prisioneras como a sus propias subordinadas. Era ciertamente joven, no debía pasar más allá de los treinta y tantos de edad. Llevaba un látigo en la mano y cada tanto azotaba a alguna prisionera mientras pasaba a su lado. Algunas las señalaba y otras uniformadas las llevaban por fuera de las filas hasta que las perdía de vista y no podía saber que ocurría con ellas. Al pasar cerca suyo, Ichinén sintió un escalofrío, no era miedo, sino que le parecía que podía sentir la oscuridad de esa mujer. La uniformada que la había encontrado "deambulando" cuando recién llegó, le estaba hablando al oído. Ichinén se dio cuenta que la estaban delatando, se lamentó por dentro. Eso podía poner en riesgo la misión de encontrar a la cronista. Debía sobrevivir lo suficiente hasta encontrarla. La dura mirada de la que parecía la encargada se clavó en Ichinén y ella no tuvo duda de como podía percibir la oscuridad emanando de su ser.
-¿Esta es la que paseaba?-
-Si, frau Grese.-respondió la corpulenta soldado.
La mujer se comportaba como si fuera la reina del lugar. 
-El viernes la quiero en mi barraca, le daré una lección.-se acercó más a Ichinén y la miró de cerca.-Tiene un fuego en los ojos que parece que debemos apagar.-
Ichinén tragó saliva, maldiciendo que estaba poniendo en peligro todo, al no saber moverse en ese mundo. Se sentía muy torpe e insegura. La mujer siguió su camino, más adelante tomó a una mujer de la fila y la tiró al suelo. La llamada frau Grese comenzó una tanda de azotes con su largo latigo, mientras obligaba a la prisionera a caminar a cuatro patas. Ichinén estuvo a punto de saltar en su defensa, aunque estaba lejos, pero viendo a las otras mujeres soldados se arrepintió. Tenía muy pocas chances de durar más que unos segundos, sin espada o alguna otra arma. Ya debía afrontar un castigo ese viernes, aunque no sabía ni que día era el de hoy. Rodeada por tantas mujeres armadas era una pelea perdida antes de comenzar. Con el corazón en un puño tuvo que presenciar la humillación y tortura de esa mujer, que ya se la veía bastante lastimada. La tal frau Grese la siguió azotando repetidamente, pese a los ruegos y quejidos de la víctima. Hasta que en un momento tomó de su cintura, la extraña arma que Ichinén ya había visto en la otra uniformada. Frau Grese levantó ante su vista el arma en mano y apretó algo con el dedo. Aunque Ichinén no entendió bien que estaba sucediendo, si comprendió que el estruendo como de un cañón lejano y el humo salido de la mano de frau Grese, era la causante de que la víctima cayera totalmente y no volviera a moverse.
En un primer momento, ella creyó que tal vez no había muerto. Las uniformadas se sonreían, o directamente soltaban risotadas y festejos. Todas las prisioneras bajaban la vista o lloraban en silencio. Ichinén no podía creer ni entender lo que acababa de pasar ante su vista. Cuando las hicieron caminar en dirección a los galpones, desfilaron todas ante el cadáver. Ichinén pudo ver en los ojos vacíos de esa mujer que la vida había dejado su cuerpo. El horror de no comprender como y porque sucedió todo eso, la invadió aun más.
La noche cayó y el lugar se volvió más sombrío aun de lo que ella había imaginado. Llevaron a todas a los galpones donde se encontraba una gran cantidad de camas, unas sobre otras. Eso era algo que ella tampoco había visto nunca. Se recostó sobre una de las literas, pero una mujer le indicó que se buscara otra, ya que esa era la suya. Ichinén no le respondió el mal gesto y la dejó estar. No sabía que pensar de ese lugar. Al poco rato vio a otra hablar tiernamente con una.
-Que lindo, es muy mimoso!-
-Que no lo vea la sargento o nos veremos en problemas.-
Cuando se asomó al costado de la litera, vio a Teban siendo acariciado por dos mujeres.
La guerrera Ichinén, ahora como prisionera, le chistó a su compañera. El gato dejó a ambas mimadoras y se acercó a ella.
-Teban, estás muy ocupado?-ironizó ella.
-Perdón, pero tengo que hacer de gato aquí como en cualquier mundo. No todo es abrir portal acá o allá. Además, estuve averiguando cosas que ignoro de este mundo.-
-Yo lo ignoro todo. Y cada vez siento más desconcierto y horror.-
-No mentían cuando te dijeron que era un lugar horrible.-
-Si, y ya tengo un castigo pendiente para este viernes.-
Ichinén le relató a su compañero felino la situación con la soldado y lo que había ocurrido en la fila.
-Pude averiguar que hoy es martes, o sea que tenemos tres días para encontrar a la Cronista y evitar el castigo. Esa mujer que me dijiste, si es quien creo que es, es un monstruo. Si es que este lugar no es lo suficientemente horroroso, ella lo convierte en algo peor. Pude hablar con mis pares nativos y conocen algunos datos sobre ella y este lugar.-
-Parece un campo de prisioneros, puede que al estar en una guerra...-
-No, Ichinén. Esto no es un campo de prisioneros. Es un campo de exterminación.-lo interrumpió Teban.
Aquello fue para Ichinén como un puñetazo en el bajo vientre. Sintió su cuerpo temblar.
-Te dije que lo que conozco de este periodo de tiempo y de este mundo no es agradable. La guerra se libra más lejos de aquí, en este sitio sucede otra cosa que esta relacionada con esa guerra pero no es su consecuencia. Estas mujeres no son soldados del enemigo, son civiles, no combatientes.-
-¿Y para que las tienen aquí prisioneras si no son combatientes de su enemigo?-
-Están prisioneras, y en algún momento van a ser asesinadas. Mientras tanto las hacen trabajar para crear armas o elementos para la guerra.-
El horror de lo que Teban contaba no le entraba en la cabeza.
-¿Asesinadas? ¿Así sin más? ¿Cómo la que vi afuera? ¿Y por qué razón? ¿Que es lo que han hecho para merecer estos castigos?-
-Nacer en el grupo étnico diferente al de las que llevan armas.-
-Yo nací en la tierra de Menkalinam, el ducado de mi padre, me estás diciendo que es como si los del pueblo al norte de Menkalinam, nos hubieran querido exterminar porque nacimos del otro lado de la frontera?-
-No existe una frontera, más bien son dos pueblos distintos que uno inculpa al otro de sus desgracias, hay mucho odio entremedio. Esa fue, la excusa digamos. Para no tener que compartir territorio y recursos. La excusa para la guerra, aunque cotejando las fechas, este conflicto no durará mucho más.-
Ichinén parecía cada vez más asqueada. Nada de lo que Gatten le había advertido podía prepararla para esto. Sentía unos deseos irrefrenables de salir y liberar a todas las prisioneras, combatir a muerte contra esas asesinas. Pero la verdad era inexorable, nada lograría en verdad y su misión fracasaría. Se largó a llorar de la frustración y la impotencia. 
-Es tan ilógico, algo debo poder hacer al respecto.-
-No importa lo que creas, es más importante encontrar a la cronista y salir de aquí. Lo mejor que podes hacer para ayudarlos es encontrar a la Cronista y escapar. Estamos a un mes de que este campo caiga en manos de los enemigos y todos los prisioneros sean liberados.-
-Entonces, solo debemos esperar un mes?-
-No, Ichinén. Gatten nos envío en este momento particular, porque en pocos días se dará la fecha que figura como el día que la Cronista murió aquí.-
Dos mujeres observaban a Ichinén como conversaba con el gato.
-Pobrecita, está loca, hablando con el animal.-comentó una.
-Este lugar puede volverte loca en menos de un día.-manifestó la otra, mientras tomaba un trapo y lo pasaba sobre la frente de una que estaba acostada en una cama.
La mujer que yacía estaba temblando y sudaba profusamente. El gato se la señaló con el hocico a Ichinén.
-Esa mujer que permanece allí acostada, tiene la enfermedad de la que morirá supuestamente nuestra Cronista según me dijo Gatten, a menos que la saquemos a tiempo. Es una peste que se está propagando por todo este campo, en este mismo momento.-finalizó Teban.
Ichinén se fue a dormir, pero no consiguió hacerlo hasta muy entrada la noche. Las otras mujeres presentes, la miraban de forma extraña. A ella poco le importó, estaba concentrada en buscar a la Cronista. Lo que la incordiaba era no saber tan poco como para reconocerla. En la quietud de la noche, escuchaba los ladridos de los perros guardianes, algunas ordenes vociferadas por las soldados y los accesos de tos mezclándose con los quejidos de las enfermas. Con todo ese nefasto concierto, Ichinén entró en un sueño intranquilo. Un sueño lleno de pesadillas que ni Rokuten mismo le había generado. Aunque veía su mano en todo eso.

4/29/2016

32-Shoten Zenjin.

La espadas se entrechocan, los gritos se mezclan con los graznidos, tanto como la sangre se mezcla con el barro. La tierra se vuelve colorada por efecto de la batalla. Los miembros de hombres se siembran sobre el terreno, pero solo darán el fruto amargo del sufrimiento al cosecharlos. El caballo del líder se adelanta por sobre la fila de enemigos y carga con furia. Sus soldados lo vitorean. Es un barbaro, diezmando la ciudad. Ha ocurrido miles de veces, en miles de mundos.
-Viva Ichinén, nos lleva a la victoria.-gritan los salvajes, mientras siguen degollando y mutilando.
Ichinén puede ver la espada, una simple hoja de metal y sin parecido con la suya, lo único que se le ocurre pensar es que esa no es Daimoku. Extrañamente, lo ve todo desde afuera, pero no parece resultarle extraño. Solo cuando ve como la matanza avanza, nota cierta repulsión en su interior. La espada tan conocida no es la que sostiene en la mano, ese bárbaro, ese Ichinén. Ese es él? 
Se agita de costado, palpando desesperado con la mano hasta encontrar la espada a su lado. El sopor del sueño aun lo invade, lo tranquiliza tener a Daimoku y constatar su existencia. Todo había sido solo un sueño. Nada de eso le había sucedido, ni algo por el estilo. Un sueño donde él no tenía la espada de la ley, quizá su mente le estaba diciendo como sería su existencia si no la hubiera encontrado?
-Estabas soñando.-escuchó decir a Victoria.-Alguna pesadilla?-
Aun somnoliento, intentó responder lo más sensatamente posible. Ella estaba de pie a su lado.
-Extraño, pero no se si califica como pesadilla. No era agradable, pero era uno de esos sueños donde te ves a ti mismo de afuera, pero aun así no eres esa persona.-
Se encontraban en las estancias de Gatten, la luna había hecho crecer estructuras en su suelo, para que ellos pudieran tener cobijo. Aunque poco era el viento que surcaba el suelo lunar.
-Me mandaron buscarte para que comas algo antes de saber cual es esa misión tan importante.-
Un fuego había sido preparado en una de las estancias. Comida y bebida había sido servida. Los ventanales del lugar que mostraban el paisaje, se asemejaban a los del barco que se hundía, donde él y Teban habían estado hacía no mucho. Mientras manoteaba algo de comida, recordando otros peligros, Ichinén le preguntó a Victoria:
-En el palacio del Rey Demonio, hablabas entre sueños...-
Se giró para observarla, y descubrió que ella mantenía una expresión grave. Victoria se sentó en un banco junto al fuego, ocultando el rostro, del que brotaban lagrimas silenciosas. Ichinén guardó silencio y se limitó a contemplar los largos mechones de cabello que cubrían el rostro femenino.
-Estaba...-y un nudo le impidió seguir hablando por agónicos segundos.-Estaba soñando con mi destino.-
Ichinén esperó si ella deseaba explicarse mejor, sabiendo que aquello le ocasionaba un gran sufrimiento. 
-Yo soy la reina de Kosen Rufu. Yo soy heredera al trono de ese reino. Esa esa la razón por la que me interesa tu misión.-
Aquella revelación dejó atónito a Ichinén, algo que no es muy fácil de conseguir. Antes que él pudiera balbucear, ella continuó.
-El sueño que vi es lo que sería mi vida, en mi reinado... Si...-se acercó más al fuego, como buscando las palabras en las llamas.-Si no hubiera abandonado todo eso.-
-Como?-musitó Ichinén, tratando de aportar aunque fuera una única palabra.
-Hace mucho tiempo, un oráculo vaticinó que mi destino sería casarme con aquel que fundó nuestra tierra. Yo no deseaba ni casarme con un extraño, por más famoso que fuera, ni menos... con un anciano quizás. En mi mente de niña crecí pensando en esa imagen de estatua, antigua y de marmol que se encuentra en la plaza principal de la ciudad Soka. Persiguiendo otras ilusiones fue como perdí todo. Era mi prisión ese vaticinio. Me enamoré o creí enamorarme de alguien que no era ese destino prefijado y encarcelante. Pero mi "liberador" amado, no fue tal. Todo era una mentira, quizá por acción del mismo Rokuten. Fui engañada, maltratada. Terminé prisionera, presa de mi propia idiotez. Todas mis ilusiones me habían llevado al sufrimiento. Esto me lleva a recordar otra parte de esa profecía. Ese fragmento que todos pasaron por alto, que estaría en cautiverio y solo me liberaría aquel que me trajera esperanza de nuevo a mi corazón. Y con esa persona encontraría de nuevo el camino a Kosen Rufu. La tierra que debía gobernar y que por ilusa perdí. Por eso estoy aquí, ayudandote que encuentres Kosen Rufu. Si tu la encuentras, yo también lo haré.-
Ichinén estaba lleno de preguntas y no sabía cual formular primero de todas.
-Yo te traje esperanza? Pero cuando...?-
-Ichinén.-escuchó decir detrás suyo, la voz de Gatten.
El guerrero se giró y observó a la entidad que representaba a la luna. Cuando volvió su vista para ver a Victoria ella ya salía del cuarto por la entrada contraria.
-Acompañame. Debo prepararte para la misión.-
Viendo que no podría continuar la charla con Victoria, siguió a Gatten a través de varios corredores. Para ser un lugar recientemente creado, era muy completo y elaborado. Entraron en lo que parecía el estudio de un escriba o un notario. Gatten se sentó y le indicó una silla delante a Ichinén.
-Cual es esa misión que debo realizar para ayudarte?-
-No solo es por ayudarme a mi. En realidad, todo tiene que ver con todo. Esta misión te servirá para llegar a Kosen Rufu. Que alcances tu objetivo también nos sirve a nosotros.-
-El grupo al que te referiste? Shoten Zenjin.-
-No diría que somos un grupo. Somos las funciones protectoras del universo. Somos quienes lo hacen andar pero también somos parte del mismo. Protegemos a los devotos de la enseñanza del Loto. El príncipe, y los otros dos maestros que conocerás, son algunos de esos devotos. Nuestro objetivo es proteger Kosen Rufu y por ende, a ti Ichinén.-
-Son como dioses?-
Gatten río como si eso le hiciera gracia.
-No, los dioses son seres como cualquier otro. Poderosos si, pero seres al fin. Están sujetos a leyes físicas y estrictas, a nosotros solo nos afectan en nuestras manifestaciones. Mi manifestación corporal es esta, estoy regida por esas leyes. Siendo la Luna, también. Una función protectora también puede ser una persona, aunque tenga una parte que sea transitoria.-
La expresión de Ichinén, daba la pauta que no entendía muy bien.
-El sol es también una función, yo lo conozco como Nitten. Su luz logra que las plantas crezcan, que los animales se alimenten de ellas y que a su vez, otros animales lo hagan de estos. ¿Es un Dios por eso? El solo cumple su función, que es dar luz. La lluvia riega los campos, por esa acción conjunta con el sol, las plantas crecen y la vida inicia su ciclo. ¿Son ambos dioses por hacer lo que es natural en ellos? Muchos pueblos y culturas en infinidad de mundos nos han adorado como dioses, pero no han tenido más que una parcial comprensión fenoménica de que o quienes somos. No actuamos directamente, no intervenimos en el destino de los seres animados e inanimados. No como la gente siempre entiende a los dioses.-
-Pero quieren ayudarme a llegar a Kosen Rufu.-aseveró Ichinén.
-Ayudamos a quien se ayuda en primer lugar. Tu determinación para llegar hace que nosotros seamos atraidos a ayudarte.-
El guerrero ladeó la cabeza hacia cada hombro como si la idea le rodara por dentro sin poder asimilarla del todo.
-Si rogaras a un río, una función del universo, que cambiara su curso y mojara tu siembra. Eso no serviría de mucho, no? Ahora, si hicieras un dique, con canales y desagotes; el río podría llegar a donde necesitás. Si estás en la oscuridad y enciendes un farol, no rezarías al fuego que te ilumina, pero si cumple su función. Al fuego puede que no le importe, pero si da calor y luz, lo cual es su naturaleza. Es lo que hacemos.-
Ichinén asintió comprendiendo un poco mejor.
-¿Y cual es la naturaleza de esta empresa que debo realizar?-
Gatten se incorporó con expresión más seria.
-Tu misión, debes pensar bien antes de aceptarla, es encontrar a la cronista. El mundo al que deberás ir es uno de los peores lugares que jamás hayas visitado.-
-He estado en el Infierno. ¿Esto es peor?-
-Este lugar es una manifestación del Infierno. Sufrimiento, dolor, odio, perversidad, maldad. Eso es lo que encontrarás en este lugar. Puede que ir a este lugar, te cueste la vida.-
El tono ominoso de Gatten, hizo que a Ichinén le recorriera un frío por la espalda.
-¿Como encontraré a la cronista? ¿Como se llama?-
-Decirte el nombre en el idioma de este, tu mundo, no te serviría de nada. Allá entenderías otra cosa y no la identificarías. He visto que ella curara tus heridas y sabrás que es ella porque su deseo es escribir. Tu cuerpo no será todo lo fuerte que es aquí. De hecho, quizá te sientas un poco enfermo. Al lugar donde vas, no serás alimentado casi y en ese cuerpo notarás los efectos de los maltratos anteriores.-
El guerrero asintió con el rostro, analizando los obstaculos.
-Teban debe venir conmigo?-
-Si, alguien debe abrirte la puerta a ese mundo. Tanto de ida como de regreso.-
-Preferiría no exponerlo a más peligros.-
-Él puede permanecer oculto, creo que allí Teban correrá menos peligro que tu. Y estará mejor alimentado.-
Ichinén aceptó, no sin cierta reticencia.
-Hay algo más. Creo que esto no te fue explicado por Teban. Cuando viajas de un mundo a otro, te fusionas con el que serías en ese mundo. Adquieres sus caracteristicas, no así sus recuerdos ni memorias.-
Ichinén se reclinó hacia atrás, cayendo en la cuenta de algo.
-Por eso en el barco que se hundía, mi ropa había cambiado y Daimoku era como un bastón.-
-Tu eres tu, en cualquier mundo. Lo transitorio cambia, lo esencial queda. Pero, el Ño Se Zo, la apariencia, se modifica.-
-Si, lo sé, mis ropas serán como las de ese mundo, esa época y esa cultura. Lo he visto ya.-
-Tendrás una apariencia como la mía.-explicó Gatten.
-Unas ropas como esas?-
-Más bien que en ese mundo serás mujer.-
Ichinén no supo más que decir, solo asintió, un tanto anonadado.
-Bueno, supongo que seré como soy cuando vuelva.-dijo al fin.
Gatten sonrió y se levantó guiandolo adonde se encontraban Teban y los otros. Una puerta se alzaba solitaria en medio de la gris superficie lunar, dando un aspecto surrealista al escenario de partida. Por obra de Gatten, ellos podían respirar expuestos en el vacío tal como si estuvieran en la tierra.
-Suerte Ichinén, la vas a necesitar.-le dijo Dulce.
El guerrero se agachó y le acarició entre las orejas. La gata cabeceó un poco a su mano, acercandose para que la rozara mejor. Cuando Ichinén se levantó, Victoria estaba frente a él, pero sabía que no podría continuar la conversación que había quedado trunca. El rostro de ella era todo preocupación.
-Yo se adonde vas, Ichinén. Ese lugar es horroroso, tu vida peligrará a cada momento. He estudiado la historia de donde vas. Allí matan gente solo por diversión, inflingen sufrimiento para deleite de los que rigen. Por favor, ten mucho cuidado.-
-Se que es peligroso, pero si debo hacerlo, aunque el miedo me invada; no puedo retroceder.-intentó tranquilizarla Ichinén.
El gato apenas expuso un saludo y encaró a caminar a la puerta. Ichinén tuvo un segundo para mirar a Victoria, un atisbo de su expresión de espanto. Sin más, se despidió y siguió a Teban por el portal.

3/31/2016

31-Gatten.

La salida del barco ku al espacio normal se sintió para Ichinén y Victoria como cuando se destapan los oidos al bostezar. La barca redujo la velocidad, ya sabían que no los estaban persiguiendo y eso tranquilizaba a todos los tripulantes. Las estrellas los rodeaban por todas las direcciones en que miraran. El espectaculo era sobrecogedor, podían palpar en ese instante la grandiosidad del universo. Victoria se apoyó en la baranda de cubierta y descansó su mente en esos puntos luminosos. 
-Pareciera increible de donde acabamos de huir al observar este paisaje.-comento Dulce a su compañera, acto seguido comenzó a lamerse una pata y pasarsela por la orejas.
-Si.-asintió Victoria.-
-Las ilusiones que rokuten nos planteaba eran demasiado añoradas como para escaparles facilmente...-comentó Ichinén, como quien se arrima a entablar conversación, pero Victoria se fue como si hubiera estado enojada por su intervención.
Ichinén la miro irse, desconcertado.
-Mujeres.-comentó simplemente la gata.
-Vos también lo sos, digamos.-le replicó Ichinén.
-Por eso lo digo. Pero tampoco vas a comparar con una diosa felina como yo.-
-Humilde sobre todo.-ironizó él, aunque no podía entender la reacción de Victoria.
Abel sacó algunas botellas para tomar y celebrar esa exitosa huida. Ichinén aceptó con alegría lo que le invitaban. 
-Los dejaremos en la luna, que es nuestro destino. Espero que puedan arreglarse desde ahí.-
-Si, portales en la luna, deben sobrar.-intervino Teban, antes que Ichinén pudiera siquiera encogerse de hombros. 
La verdad es que el guerrero no tenía muy planeado que harían luego. Hasta ese momento el único pensamiento era evitar ser capturados por los demonios. 
Se fueron acercando a la luna, navegando por el vacío del espacio, Ichinén ignoraba muchas cosas. Como que en un barco semejante a ese pero que no fuera como Ku, no podrían respirar y morirían en segundos. Todo esto le fue informado por su compañero felino, que daba muchas explicaciones acertadas, pero nunca de como sabía todas esas cosas.
Al acercarse a la luna, Ichinén pudo apreciar en detalles lo que desde la tierra apenas se podía vislumbrar. Los crateres le daban una apariencia casi como si fuera un rostro. Por un momento se le hizo en la mente la imagen de un rostro sonriente con un ojo tapado por algo, pero fue por un segundo o menos. La despedida se acercaba y nadie quería hacerlo, pero Abel los dejó en el suelo lunar con una explanada muy larga que extendieron hasta el pico más cercano. Ichinén y Victoria sabían cual sería el destino del barco Ku, fusionarse con el universo, entrando en latencia. Los muertos allí van y nada detiene el curso normal del universo, así como la tierra no deja de girar sobre si. Una voz potente y penetrante los interrumpió en pleno ritual de despedida. Aunque lo intempestivo de la sopresa los asaltó, el miedo no los embargó.
-Llegan aquí en busca de consejo o de ayuda. Pero somos nosotros quienes la pedimos.-
Ichinén y Victoria miraron en derredor, pero solo se atisbaba el grisaceo paraje lunar. Teban maulló y se quedó observando en cierta dirección. Los demás vieron donde indicaba y se encontraron a una mujer caminando hacia ellos.
-Quien es esa mujer?-preguntó Ichinén, pero nadie supo responderle con algo más que expresión de incredulidad.
Cuando la mencionada estuvo cerca, se presentó.
-Me llaman de muchas formas, pero pueden decirme Gatten. No soy exactamente mujer ni hombre, muchos me identifican de una forma y de otra. Asumí esta apariencia para poder comunicarme con ustedes. Soy la manifestación de la fuerza del universo que conocen como Luna. Soy una de los Shoten Zenjin. Y necesitamos tu ayuda, Ichinén.-

2/29/2016

30-Barca a la luna.

Caída libre es una sensación muy espeluznante. Como cuando los músculos se relajan y todo el cuerpo experimenta la sensación de caída, así es como Ichinén y sus compañeros sentían la caída del palacio de Rokuten. Caer de ese lugar al oceáno del universo no era simplemente, como saltar de un acantilado. El impulso con el que habían saltado no tenía freno ni resistencia, seguían una velocidad constante y sin desaceleración. El andamiaje del universo pasaba raudo a todo su alrededor. Formas geométricas se fundían con lineas para dar un aspecto incomprensible y cambiante al escenario que los rodeaba en su vuelo. Los gatos eran los que peor la pasaban, la sensación de vértigo les era en extremo desagradable. El andamiaje del universo, donde se asienta la realidad, estaba detrás de esas bambalinas cósmicas. Habían llegado donde ningún mortal común había logrado llegar previamente.
Ichinén tuvo una idea en algún punto de ese interminable discurrir. Sujetando bien con un brazo a Teban, desenvainó a Daimoku para engancharse de algún entramado del andamiaje. Tres veces lo intentó y finalmente consiguió, el rulo al que enganchó la espada parecía estar hecho de pura energía y tenía la consistencia de una planta blandengue. Victoria hizo saltar a Dulce al pasar junto a los otros, así poder imitar el freno con su espada Karma.
-Excelente idea, Ichinén. Mi estomago, que se quedó en el palacio de Tenyi-Ma, te agradece ese viaje presecindible.-maulló Teban.
-Salimos, eso es lo que importa.-respondió el guerrero.
-Si, pero ahora estamos atascados en el andamiaje universal. No hay precisamente caminos en este... no-lugar. No existe como tal cosa, por eso es el andamiaje.-replicó Dulce.
-No se quejen, felinos. Peor era quedarse en el palacio de los deseos, alucinando con mentiras del Rey Demonio.-acotó Victoria.
-Si, vi muchas cosas mi pasado... A vos te ocurría lo mismo? Cuando te desperté, hablabas entre...-comenzó Ichinén, pero Victoria lo cortó en seco.
-No quiero hablar al respecto.-y diciendo esto emprendió el descenso por una "rama" del andamiaje.-Vamos a inventar un camino. Mientras sea uno que nos aleje de Rokuten...-
Ichinén miró a todos y emprendió el descenso. Estuvieron así varias horas, preocupados en parte por una posible persecusión por parte de los demonios. Conforme pasaba el tiempo, vieron que eso era improbable. Ni todos los demonios podían abarcar cada una de las direcciones del andamiaje. No era para nada probable que los encontraran. Fue Teban quien se frenó en una plataforma natural en ese psicodelico entramado, mirando un punto en el vacío.
-¿Que ocurre, Teban?-inquirió Victoria.
El felino tardó un poco en responder.
-No lo se, veo un punto luminoso allá. Se comporta de manera extraña.-
Todos buscaron con la vista, pero había muchos puntos luminosos en el trasfondo del andamiaje, incluso algunos tan cambiantes que no se podía asegurar que hubieran brillado alguna vez.
-No veo nada.-comentó Dulce.
-Allá! Y se está acercando!-exclamó el gato.
Ahora si, podía distinguirlo de entre tantas otras luminosidades y brillos. Ciertamente, la pequeña lucecita se acercaba a ellos. De ínfimo punto pasó a algo más grande, pero todavía más rápido se conviertó en una bola y continuaba creciendo. En tanto se hacía más grande, más veloz se aproximaba. En un momento, temieron que fuera a chocar contra ellos. Tanto que se taparon el rostro por el tremendo resplandor y contuvieron el aire temiendo el choque. La luz frenó repentinamente, justo delante de ellos, toda gigante. Al ir aplacandose la luminiscencia, pudieron distinguir la forma de un barco.
Era como un galeón o galera, pero ninguno era experto maritimo para asegurarlo. La luz les fue dejando verlo y distinguir algunos detalles, como que llevaba gente en su interior.
-El guerrero Ichinén, presumo.-se escuchó una voz desde dentro.
Ichinén miró a los otros y respondió con desconfianza.
-Soy yo.-
Una explanada se alargó hasta la plataforma donde se encontraban. 
-Bienvenidos al barco de Ku, el navío del vacío. Suban!-dijo la misma voz, al ver que dudaban aseveró.-Los demonios puede que no tarden mucho en llegar, venían por estos lares, pero ya nos requisaron.-
Aun con cierta reticencia, subieron al barco por la tabla. Ya en el interior, se encontraron con mucha gente en su interior. Casi todos eran jóvenes, no pasarían de los veinte, había incluso algunos bebés. 
-Bienvenidos a bordo, soy Abel, un mero tripulante. El barco Ku no tiene capitán, solo tripulantes y no son estables por cierto.-
Por la voz supieron que era quien los había invitado a subir. Era un joven de largo cabello lacio y oscuro, muy tostado por el sol.
-Gracias. No sabía como me conocías.-comentó el guerrero.
-Ah, todos oimos hablar de Ichinén, pero hace poco rato, unos demonios revisaron el barco en su busca.-explicó Abel.-Por eso me parece dudoso que vuelvan a buscar aquí. Están seguros con nosotros.-
Abel les mostró el barco y relató algunas otros datos útiles. 
-Somos 196 tripulantes y estamos en dirección a la luna, desde allí creo que podrán ir a cualquier lado que necesiten.-
-Ichinén...-susurró Victoria, tratando que Abel no escuchara.-Esta gente... están...-
-Muertos.-completó el tripulante que los guiaba.-Esa es la palabra que estás buscando.-
Lo sucedido en la Posada, no le traía buenos recuerdos a Ichinén, y esto lo puso alerta.
-No te preocupes, nosotros estamos en la barca del vacío, Ku, vamos a fusionarnos al universo. No somos como otros que hayas encontrado. Todos nosotros estamos juntos en esto.-
-Conocí un lugar, la Posada de Los Muertos. No fue una experiencia agradable.-
-Si, me suena. Esos difuntos se encuentran en un estado tan bajo que quedaron atrapados allí y en la forma que estaban. Será muy dificil que puedan avanzar a algo más.-
-¿Que les ocurrió a ustedes?-preguntó Victoria.
-Una gran tragedia, todos fallecimos por la misma causa...-
Abel se tapó la boca, agobiado por los recuerdos. La calma que había mostrado hasta el momento pareció esfumarse ante el recuerdo de lo que debió ser esa experiencia horrible.
Un silencio irrompible llenaba el vacío. Cuando una voz gritó de alarma. 
-Abel, los demonios se acercan. Tres naves, a popa.-
-Estos demonios pueden venir y revisar pero si esperan atacar, están olvidando que barco atacan. A los cañones!-exclamó Abel.
La tripulación se movió toda como una. De los costados del barco y en la parte trasera salieron unos cañones.
-Ichinén, nos vendría bien una mano.-
-Lo que necesites.-respondió el guerrero.
Todos los otros tripulantes que estaban libres tomaron arcos, lanzas y comenzaron a disparar en contra de las naves que los perseguían.
Los proyectiles eran de pura energía una vez que salían del barco y daban en los perseguidores. Victoria y él tomaron el mando de un cañón cada uno, Abel les explicó brevemente como disparar. Estos disparaban directamente esferas de energía contra los demonios. Las flechas y lanzas dificilmente lograran hacer mella en las naves de los demonios, según podía ver Ichinén. Se lo hizo saber a Abel, pero el otro lo tranquilizó.
-No podriamos detenerlos del todo, estos bichos son muy tozudos. Solo tenemos que llegar al conducto que nos saque del vacío y nos devuelve al espacio normal.-gritaba Abel por sobre el ruido mientras el disparaba también.-Una vez en tu mundo, llegaremos a la luna. Después de atravesar el pasaje, los demonios no nos pueden seguir, hay caminos que les están vedados incluso a ellos.-
Continuaron disparando, pero los demonios parecían no darse por enterados. En un momento una de las naves igualó la vertiginosa velocidad del Barco Ku y se puso a la par sobre estribor. Abel y Victoria concentraron el fuego de sus cañones, ya que estaba de su lado. Los demonios también respondían el fuego, pero aunque el barco se sacudía, no parecía peligrar. Un grito a proa hizo que Ichinén girara la cabeza.
-El pasaje, lo veo adelante.-
Ichinén apenas distinguió el vislumbrar de un círculo por sobre el mascarón del barco. Volvió a su tarea con el cañón y esperó para acertarle de pleno a un navío enemigo. Esperó, lo midió, tanto tardó que Abel pensó que se había quedado paralizado y estaba a punto de tocarlo en el brazo. Temiendo que se hubiera dormido con los ojos abiertos. Siguiendo el instinto, el guerrero disparó y la explosión se esparció por la nave de los demonios. Los tripulantes vitorearon el éxito, pero vieron acercarse otra nave. La tercera tomaba su lugar, y fue recibida con calor por los disparos a babor. Sobre estribor al que disparaban Victoria y Abel intentaba chocar contra ellos y abordarlos. Las flechas y lanzas surtieron mayor efecto aquí.
El cielo pareció volverse solido, a diferencia de la liquidez que parecía tener antes. Por lo que Ichinén pudo ver que ya estaban en el conducto. 
-Aguanten! Ya estamos por salir del conducto.-
Los demonios atacaban con más furia, viendo que la presa se les estaba por escapar. Ambas naves que quedaban chocaban e intentaban abordar. El barco crujía y se quejaba. Ichinén sintió una explosión a sus pies, habían dado sobre la base en que estaba su cañón. La popa comenzó a deshacerse a disparos. El cañón de Ichinén y el del otro tripulante a su lado fue impactado por la nave enemiga. El guerrero cayó hacia atrás y vio como el arma se iba velozmente por el vacío. La velocidad parecía querer arrastrarlo a él también. Ichinén se agarró de donde pudo, rogando porque no faltara mucho para salir, ya que los brazos no le aguantarían mucho más. Vio a Teban y Dulce, escondidos en un rincón en la parte delante del barco. La nave enemiga que los chocaba de babor también explotaba y se perdía en el vacío, gracias a Victoria y Abel.
-Ya llegamos!-gritó Abel.
Ichinén agradeció para sus adentros sintiendo como el brazo le quemaba y la fuerza del vacío lo tironeaba. 
Repentinamente, el tironeo, la fuerza, la persecusión; todo acabó. Por sobre sus cabezas se encontraba un cielo estrellado, como al que estaban acostumbrados. El festejo fue ensordecedor y relajante. Abel ayudó a Ichinén a levantarse y lo palmeó en el hombro.
-Ahora si, vamos a la luna.-diciendo esto señaló por un costado de la proa.
Allí podía verse, gigante como nunca podrían verla en otras circunstancias, la luna.

1/31/2016

29-¿Quien quiere vivir para siempre?

El joven se adentró en el gran salón, todos los rostros de los presentes giraron a contemplar su entrada. Las mujeres se removieron inquietas. El hijo del noble señor honraba la fiesta con su presencia. Abanicos agitados, miradas indiscretas, murmullos ambiguos. El joven se daba cuenta de todo esto y no le interesaba. Tenía todo lo que deseaba. Eran los preparativos para su boda, la fiesta donde se anunciaba el compromiso. Todo se encontraba arreglado y conforme a sus deseos. El joven noble recorrió el salón saludando con inclinaciones de cabeza. Los hombres le demostraban respeto, aunque por detrás del rostro amigable existieran rencillas subyacentes. Las mujeres, mayores o más jóvenes, cuchicheaban entre sí. El joven sabía que el interés era por el rango y la fortuna. A él le gustaría tener a cualquiera de esas señoritas, pero eso no solo no agradaría a su prometida, sino que tendría que escuchar a su padre. “No arruines esta oportunidad de alianza”. El duque exigía a su hijo que fuera un objeto para forjar alianzas con su matrimonio y poder solucionar los problemas financieros que estaba teniendo su ducado. Las mujeres se le fueron acercando por turnos y paulatinamente, educadamente, el hijo del duque fue liberándose de unas y otras. La fiesta continuó como si las miradas de los hombres no fueran puñales por la espalda. Los bailes se sucedieron, pero la prometida llegó sobre el final. Cuando el joven la vio, solo un pensamiento ocupaba su mente, estar con ella a solas. Esto solo fue posible media hora después de la exhibición de rigor. Escondidos entre dos tapices del corredor, se besaban apasionadamente. Ella tocaba la espalda del joven por debajo de las ropas y el buscaba la forma más rápida de desnudar a su pareja. El deseo lo controlaba. Corriendo fueron a buscar un lugar más cómodo. En un balcón encontraron la intimidad que anhelaban, la pasión los inflamó y el ardor se hizo…
-No, eso no ocurrió de esa manera.-exclamó Ichinén para sí mismo.-Esto es todo mentira.-
Lo recordaba perfectamente, mientras se encontraban en el pasillo, los enemigos entraban por el umbral del castillo. Mientras llegaban al balcón, comenzaban a tomar su hogar. Su prometida había fraguado la caída de su casa y la introducción del enemigo en su refugio. Eso no sirvió de mucho, ya que ella fue traicionada a su vez, por esos mismos enemigos. Mientras que él llegaba al estado de infierno.
-Esto no está ocurriendo realmente, nunca ocurrió así. Es solo una ilusión.-reafirmó el guerrero.
-Pero podría haber ocurrido así.-le replicó Rokuten.
Ichinén se vio frente al rey demonio del sexto cielo, en un salón completamente blanco de su palacio.
-¿Esto es un intento de soborno para que abandone la búsqueda de Kosen Rufu?-
-Solo intento mostrarte que hubiera pasado si no hubieras sido tan iluso y podés volver atrás para enmendar los errores. Podrías tener a tu prometida de nuevo.-
Ichinén juntó las manos entrelazando los dedos, casi como en un rezo, pero apuntando al suelo.
-Desconoces como soy ahora, Rey Demonio, si crees que deseo regresar con ella. Yo no era la persona que soy hoy, y de hecho, no me gustaba la persona que era entonces estando con ella.-
-Tendrías tu hogar de nuevo, tu familia.-
Ichinén frunció el ceño y lo miró de hito en hito.
-¿Por qué tanto empeño en que no siga el camino a Kosen Rufu? ¿Dónde están mis amigos?-
Rokuten se acercó, moviéndose alrededor de Ichinén.
-Están aquí, en su propio deseo particular.-
Al decir esto, Ichinén vio las figuras de Teban y Dulce, durmiendo plácidamente, como solo los gatos pueden hacer.
-El deseo de los gatos es simple de complacer, aunque sean criaturas muy poderosas.-comentó el Rey Demonio.
-¿Y Victoria? ¿Qué hiciste con Victoria?-
-Yo no hice nada con ella. La pregunta es que hizo ella con ella misma. Poco te podría importar esa mujer, si aceptas mi oferta.-
-Nunca hubiera sufrido en el estado de infierno, pero así nunca hubiera encontrado la espada de la ley, nunca tendría a Daimoku.-
De repente, Ichinén recordó su espada y descubrió que no la tenía. Al mirar a su costado la espada en su funda se hizo visible, tal como había ocurrido con los dos gatos durmiendo.
-Ocultas lo importante con ilusiones. Me tomás por un simple mortal que puede ser engañado.-
-Te tomo por una persona sensata, Ichinén. Una con la que se puede lograr una clase de acuerdo.-sentenció Rokuten.
Ichinén extrajo la espada de la vaina y la blandió, haciendo que el sonido de Nam Myoho Rengue Kyo inundara todo el palacio de los deseos, haciéndolo temblar hasta los cimientos.
-¿Sería sensato si me doblego y abandono la lucha por alcanzar Kosen Rufu? ¿Si dejo a su suerte a mis amigos y huyo por una ilusión? Prefiero seguir siendo lo más temerario posible.-
-Idiota! Podría cumplir tus deseos.-
Ichinén se puso en guardia y levantó la espalda, presto a golpear.
-Mi único deseo ahora, es encontrar a Victoria y que todos mis amigos salgamos de aquí.-masculló entre dientes.
Ichinén golpeó contra una pared, que de tan blanca se descompuso en millones de colores fragmentados. Detrás vio a Victoria sobre una especie de asiento largo, inclinada de costado sobre una corta cama antigua con alto espaldar. El lugar estaba profusamente decorado con cortinas ocre y alfombras gigantes de color bordó. El guerrero corrió junto a ella e intentó despertarla.
-Soy la reina y protegeré con mi vida a la gente de mi pueblo, por esto voy a darla en bien de todos aquellos…-murmuró entre sueños, pero el guerrero continuó moviéndola hasta que rompió la ilusión del sueño.
Cuando ella reaccionó y reconoció a Ichinén, se levantó de un salto. Sacando la espada a su vez. Ambas armas, la de Ichinén y ella,  resplandecieron al unísono, como brillando en un latido. El guerrero la miró sorprendido desde la cabeza a los pies.
-Tu espada…-
-La tuya no es la única espada de la ley, Ichinén. Existen tres, Daimoku es la más poderosa, pero esta es la que más filo tiene. Su nombre es Karma.-explicó Victoria.
En ese instante entró en la sala el señor del palacio, hecho una furia.
-¿Creen que reunirse los hace más fuertes? Nunca van a poder escapar de mi palacio, cada rincón está custodiado, cada salida está sellada, cada ventana cerrada.-amenazó alzando una mano hacia ellos.
Ichinén se apegó la espada al cuerpo, como listo a estoquear.
-Entonces, inventaremos una salida.-
El guerrero se lanzó contra el Rey Demonio, haciendo un arco con Daimoku en el aire. La figura de Rokuten se desvaneció como otras ilusiones de ese lugar y reapareció en un balcón arriba de ellos.
Ichinén y Victoria agarraron cada uno a un gato y lo despertaron.
-Estoy despierto, estoy despierto.-maulló Teban rápidamente, para evitar que lo siguieran sacudiendo.
Los balcones aledaños y los costados del salón comenzaban a llenarse de esbirros del Rey Demonio.
-Tenemos que salir de aquí rápido o no vamos poder con todos, no durante mucho tiempo al menos.-dijo Victoria, mirando alrededor.
-Una espada de la ley me permitió romper la pared y encontrarte. Dos bien pueden crear una salida de este lugar.-acotó Ichinén.
El guerrero emprendió una corrida, agitando a Daimoku a uno y otro costado. Pero en vez de concentrarse en los enemigos, atacaba las columnas y paredes. Los esbirros de Rokuten se miraron desconcertados y luego persiguieron al guerrero.
-Están destruyendo mi palacio. Mátenlos!!!-gritó el Rey Demonio, más enfurecido que nunca.
-Rompé Ichinén, rompe.-gritó Teban, mientras saltaba de la cabeza de un demonio, para rasguñar el rostro de otro.
Dulce, no hacía honor a su nombre, por lo menos al entender de esos enemigos. Mientras que Victoria, siguió la idea de Ichinén apenas entendió que pretendía. Fue ella quien golpeó con su espada Karma, una pared que generó un ventarrón en la gran sala.
-Victoria encontró la salida!-gritó la gata y corrió en pos de su compañera.
Teban también se encontraba, mientras que Ichinén tuvo que abrirse camino mediante mandobles de Daimoku.
-Voy a matarte Ichinén, y a todos aquellos que te siguen. Sos un hombre mortal y un día llegarás a los reinos de mi dominio. Y ese día será el de mi venganza.-juró con odio el Rey Demonio del sexto cielo, golpeando la baranda del balcón.
-Todos deberemos morir alguna vez.-le respondió Ichinén antes de salir al exterior.
Los cuatro compañeros se encontraban fuera del palacio de los deseos, pero este no es un lugar común en nuestro universo. El cielo se extendía en todas las direcciones. El vacío rodeaba todo el lugar, cascadas y ríos que surcaban por allí, se perdían en el lejano infinito.
-Es el infinito océano del universo. Podemos perdernos en esas aguas eternas e interminables.-Explicó el gato.-Pero es eso o volver con los demonios.-
Ichinén no se lo pensó mucho. Tomó a Teban bajo su brazo izquierdo y salió en carrera hacia el borde del acantilado. Victoria lo imitó, haciendo lo mismo con Dulce, mientras sentían todavía a Rokuten profiriendo maldiciones.
-Al agua, gato.-comentó Ichinén un segundo antes de saltar al vacío del infinito.

12/31/2015

28-En las fauces del dragón.

El sonido de los huesos al partirse por acción de la dentellada fue escalofriante. Los del morboso público, interesado en la ejecución, abrieron sus bocas como si fueran una sola persona. Ichinén fue el más sorprendido al no sentir esos sables de hueso sobre su cuerpo. El que estaba siendo devorado, era uno de los soldados que había llevado a Ichinén hasta su destino final. El otro fue expulsado de su lugar, hacia abajo en el vacío, por la pata delantera del dragón.
-Creen que acaso soy su perro de ejecución! Soy un dragón, cabeza de vasija!-Vociferó Seiryu, haciendo temblar la ladera de la montaña.-¿Por quién me tomaron, imbéciles? Uno de mi estirpe no es el lacayo de unos pichis como ustedes.-
Un batallón de soldados se adelantó y rodeó a los líderes del pueblo, Ichinén intentó forcejear con sus cadenas, por si la bestia volvía su atención a él, pero era inútil. 
-Como me enseñó mi vieja: A la gilada, ni cabida.-se rió el descomunal monstruo cambiando el tono de voz.-Debieron prestar más atención y hacer la tarea, hubieran llamado a otro dragón en tal caso.-
En ese momento, el dragón con carne aun colgando de su mandíbula miró a Ichinén de cerca. El guerrero nunca había visto de esa forma tan íntima a un animal de esa especie.
-¿Es cierto que sos seguidor del Príncipe?-indagó Seiryu, pero al no comprenderle Ichinén se explicó un poco más.-¿Si sos de la banda del príncipe, vos andás parando con él?-
Ichinén no entendía muy bien el dialecto del monstruo o si hablaba en dragonil muy cerrado o era solo Seiryu en particular.
-Respondé!!!-gritó el dragón, perdiendo la paciencia.
-Si, lo soy. Me considero discípulo del príncipe…-
El dragón sonrió malignamente, en toda la extensión de sus fauces azuladas, interrumpiendo al guerrero en el medio de la frase.
-Todo piola, igual que mi madre.-
Ichinén se quedó duro de sorpresa. No caía en nada de lo que había escuchado apenas un segundo antes. 
-Eso es lo que estos ingenuos debieron investigar antes de mandarte a ejecutar a mi montaña. Soy el hijo de Butsu Ryu, la hija del rey dragón, soy descendiente de Sdagara.-
La mente de Ichinén voló a su pasado, recordando al rey Dragón y su encuentro en la Posada de los Muertos. En aquel momento no sabía que le deparaba el camino, no conocía a sus actuales amigos, allí comenzó a buscar a los tres maestros. El rey le había dicho que recién en el décimo estado encontraría al primer maestro, pero finalmente lo halló mucho antes. No pudo pensar demasiado en ello, ya que el dragón se removía inquieto ante las acciones de los pueblerinos, que se aprestaban para la pelea.
-Conocí a tu abuelo, él me contó que tu madre era discípula del primer maestro.-
El dragón enarcó las cejas y asintió.
-Así es, ella alcanzó la iluminación al escuchar a Manjushri, otro discípulo del Príncipe.-
En ese preciso momento que Seiryu le explicaba toda la relación entre ellos, llegaban hasta ese sitio, Victoria con Dulce y Teban.
-¿Estás bien?-preguntó Victoria mientras con su espada cortaba las ataduras del guerrero.
-Que bueno que estás bien!-lo saludaron ambos felinos y se le fregaron por los tobillos. Al girarse, Ichinén contempló como Devadatta venía caminando muy tranquilo con su espada envainada aun sujetada a la cintura. El primo del príncipe lo miró con desprecio al detenerse y llevó la mano a la espada.
-Se nota que deberé ocuparme personalmente de esto. Irónico que lo haga con tu propia espada.-comentó Devadatta, pero al intentar sacar la espada de la funda no pudo hacerlo.
El dragón se rió a carcajadas, haciendo un fuerte eco en las montañas, burlándose.
-Este es un pancho del año cero. No sabe que esa es una espada de la ley, solo responde a los puros de corazón.-y luego de decir esto, apretó los dientes siseando el resto.-Solo Ichinén puede blandirla y quizás alguien más con buenas intenciones, claramente no las tuyas.-
Ichinén no se lo pensó más y fue en busca de su espada. Ni había dado dos pasos con la mano en alto en gesto de arrebatársela a Devadatta que Daimoku vino a sus manos, dejando las del pérfido hombre. Este lanzó una mirada furibunda en torno a ellos.
-Si, te conozco, Devadatta. Envidioso, botón, gil, Baka, ortiva, petaj, Kimochiwarui...-y Seiryu continuó la letanía de insultos en diversos idiomas.
El primo maldito hizo una seña a la gente a su espalda y tres escuadrones de soldados se lanzaron al ataque. Los tres líderes del pueblo, se empezaron a retirar discretamente. Los tres enemigos poderosos, demostraban su valentía dejando la batalla. Lo siguiente fue un ataque a traición contra Seiryu, con diversos aparejos le lastimaron por donde no veía. Ichinén golpeó a diestra y siniestra, Victoria rodaba por el suelo y apartaba adversarios en cada golpe, como si fueran muñecos de trapo. Incluso Teban y Dulce se las arreglaban bien, cada uno pegándose a un compañero humano. Teban junto a Ichinén y Dulce con Victoria. El siseo de los gatos no era tan atemorizante como el humor del dragón, pero las uñas dolían bastante a esos soldados. Seiryu gritó desgarradoramente cuando una andanada de ballestas le dio completa en un ala.
El dragón agitó la cola a su alrededor y barrió todo enemigo en las cercanías, algunos siendo aplastados y otros cayendo al vacío.
-¿Creyeron que venía solamente con un plan hasta acá?-se mofó Devadatta, al decir esto sacó de entre sus ropas algo que no lograron ver bien, pero parecía un arma corta.
Un rayo tenue y pálido salió del arma, yendo a dar a la cima de la montaña, colmada de nieve. El primo del príncipe, apretó algo en su cintura y se elevó en el aire, alejándose hasta perderse de vista. En principio no ocurrió nada, pero luego escucharon el sordo quejido de la avalancha formándose. Todos los pueblerinos y los soldados corrieron montaña abajo, presas del pánico. Ichinén y Victoria se reunieron y se miraron sopesando opciones.
-Que hijo de una gran legión de p...-empezó maldiciendo el dragón, siendo tapado por el fragor de lo que se les venía encima.
-¿Seiryu, podés sacarnos volando?-preguntó Teban a los gritos.
-Mi ala, no sirve, puedo aguantar la nieve y tratar de protegerlos.-
Victoria miró a Ichinén y con eso se dijeron que muchas más opciones no tenían. 
-¿No hay una puerta por aquí? Algún portal a otro mundo.-
Teban negó con la cabeza, pero Dulce le retrucó.
-Si, hay uno.-
-Usémoslo.-ordenó Victoria.
-No, yo también siento ese pasaje, pero lo que siento del otro lado no es para nada positivo. Podemos llegar a caer en lugar peor que este.-replicó el gato.
El alud cayó sobre ellos con toda la furia posible, como si el mundo la tuviera contra ellos. Seiryu intentó frenar el empujón pero su cuerpo estaba dañado, los cuatro se agarraron unos a otros y a su vez al dragón. Pero la avalancha los seguía arrastrando y pugnaba por separarlos.
-Tomemos ese portal, adonde sea que nos lleve, no puede ser peor que esto.-gritó Ichinén por encima del ruido del alud.
-No te va a gustar donde está el portal.-respondió Teban.-Dentro de las fauces de Seiryu.-
La desazón estuvo por invadirlos, pero Ichinén descartó rápido el temor a meterse en la boca del dragón, era la única otra opción.-
-Vayan…-les dijo Seiryu.-Yo puedo aguantar la nieve, pero ustedes no la cuentan.-
Sin decir más, abrió las fauces lo más grande que pudo y Teban junto con Dulce convocaron el portal. Un leve resplandor se notaba en el interior del animal. Dos gatos convocando, cuatro que podían pasar. Desaparecieron dentro del dragón, yéndose a otro mundo y Seiryu se dejó enterrar. Él era el dragón del agua, la nieve solo era agua congelada, nada le haría. Pero cuando saliera debajo de la nevada, se juró que el pueblo de esos osados humanos la iba a pagar. La furia del dragón no es algo que se desprecia así nomás.
Ichinén cayó con las manos sobre un piso embaldosado. Vio a Victoria rodar hasta sentarse cerca suyo. Los gatos como siempre, caen de pie.
-Te lo dije, sabía que este lugar no me iba a gustar.-exclamó Teban.
-Oh, no.-corroboró Dulce.
Ichinén levantó la vista y lo que vio no alcanza el tiempo para describirlo. Era una habitación inmensa, con balcones interminables hasta lo alto donde se pierde la vista y al fondo, no había paisaje o aire, solo energía, vacío, quien sabe qué. Columnas que parecían infinitas sostenían ese gran palacio.
-Bienvenidos a mi grandiosa morada.-se escuchó una voz, que los hizo temblar a todos y a Ichinén le resultó desagradablemente familiar.
-Rokuten.-murmuró el guerrero.
Ante ellos, en toda su pompa y circunstancia, desde un balcón cercano; se mostraba el Rey Demonio del Sexto Cielo.
-Chicos.-se escuchó decir a Teban en tono ominoso.-estamos en el palacio de Tenyi-Ma, el demonio del Sexto Cielo.-

11/30/2015

27-En el día más oscuro.

 
El juicio fue todo lo farsesco que Ichinén esperaba y más. Una multitud se agolpaba a ver que ocurría. Para ellos era tan solo un espectáculo, un entretenimiento. La gente paseante no entendía porque razón ese hombre estaba siendo juzgado. En el estado de la ira, la intolerancia es primera regla, porque se actúa de esa forma. En este reino, Ichinén sabía que poco se podía razonar con los furibundos agitados por el traidor Devadatta. Intentó escapar un par de veces, incluso llegó a huir por un pasillo, pero todas las puertas estaban cerradas. Solo consiguió castigos y más golpes. Aunque los captores no salieron indemnes tampoco. Ichinén decidió esperar la oportunidad cuando saliera de la prisión, quizá en camino a la ejecución previamente gestionada por el enemigo. Los captores tomaron en este caso, la precaución de encadenarlo fuertemente, siempre que lo sacaban de la celda. En el juicio, un ominoso jurado lo observaba silencioso, al fondo una silueta más alta, que tardó en identificar. El juez era apenas una figura decorativa, aunque sombría ciertamente. Le preguntó a Ichinén si se confesaba culpable de los crímenes, aunque sin aclarar cuales eran ellos.
-¿De que crimen se me acusa, acaso existe verdaderamente una razón o solo es un invento?-
-Agitador, revoltoso, ir en contra de las creencias establecidas... ¿Sigo enumerando?-
Citaron el episodio en la posada de los muertos, aunque nadie de los presentes había estado allí ni se había visto afectado. Simplemente, el traidor primo del príncipe tenía buenos informantes.
-¿Que no crea o piense lo mismo que ustedes es un crimen? Se nota que es la tierra de la intolerancia esta, solo la ira es tan obtusa.-respondió el guerrero.
Esto no ayudó mucho a Ichinén. Lo devolvieron a la celda. Dos días, duró esa comedia. En la víspera del tercero, Ichinén se encontraba solo en su celda y sentía flaquear sus  fuerzas. El alimento era escaso o nulo y su firme voluntad oscilaba ante el viento de las circunstancias. Esa noche fue quizá la más larga de su encarcelamiento. Pensando que el día siguiente sería el veredicto final, se recostó en el suelo de la incómoda prisión y trató de dormir. En el punto que dista entre el sueño y la vigilia, sintió una presencia familiar, pero que no reconoció. Una voz, firme y recia, decía:
-"De todas las persecuciones que he sufrido, las peores fueron el intento de ejecución en Tatsunokuchi y el atentado en Tojo. Ninguna de las otras representó una agresión directa hacia mi vida. He sido calumniado, denunciado, desalojado, falsamente acusado y golpeado en el rostro, pero todos estos, en comparación, fueron incidentes menores."-
Ichinén se levantó de repente y miró en derredor desconcertado. La voz había sido tan clara que no podía decir que había sido un sueño. Sacudió la cabeza y se miró las manos. Mañana o tal vez un poco más, iba a morir.
-Si he de perecer, seguirá pugnando por lo que creo y lo hago en los valores de Kosen Rufu. Aunque no llegue a esa tierra, no traicionaré sus valores. Por que de lo contrario no merezco lograr mi objetivo de alcanzarlo.-
La noche le trajo millares de dudas, pero no había escapatoria ante lo evidente. La sentencia sería dictada. Y así fue, como premeditadamente había sido planeada. Su ánimo oscilaba entre las inamovibles circunstancias desesperantes y la vana esperanza de un clavo ardiendo.
El día no fue mejor, temprano lo levantaron para prepararlo para el tribunal. El juicio culminó más farsesco que nunca antes, con clowns y reidores. Cuando le pidieron que expresara su alegato, Ichinén les dijo a todos los presentes.
-Yo no he cometido ningún crimen, excepto el de no pensar lo mismo que ustedes, ni creer en lo mismo que ustedes. Y como me niego a aceptar la derrota, la muerte y sucumbir ante la oscuridad; desean eliminarme. Sepan que eliminarme a mi no solucionará nada, siempre surgirá gente que se opondrá a la derrota, a la muerte y que luche por la libertad. Todos ustedes son todos prisioneros, de sus miedos, de su ira, de su estupidez.-
El público, el jurado, incluso el juez se removieron inquietos y demostraron su desagrado. Ichinén fue arrastrado de las cadenas que lo maniataban. Lo llevaron por el camino a las montañas. Llegados a un punto, la multitud que lo seguía en peregrinación sumaria se fue quedando rezagada. Solo tres soldados lo llevaban. Pero aun con todo, Ichinén no podía zafarse de las cadenas y estaba muy agotado como para correr en esas circunstancias.
-Aquí viene Seiryu.-gritó uno de los soldados, por encima del ventarrón que se levantaba en lo alto.
El dragón llegó de apenas un corto vuelo desde lo alto de un pico y se posó abriendo las alas en toda su extensión. Toda la magnificencia de la bestia hizo temblar a Ichinén. El dragón azul miró a las criaturas a sus pies como quien observa hormigas caminando junto a su pie.
-Así que este es el que debe ser ejecutado. ¿Cual es el cargo?-
El soldado que no sostenía las cadenas de Ichinén fue el que respondió.
-Se le acusa y se le condena, por asociación con un conocido hereje agitador como es el príncipe Sidda...-
-Si, si, ya conozco todo eso.-lo interrumpió Seiryu de mal talante, como todo dragón que se precie cuando lo aburren.-Terminemos de una vez con esto.-
Ichinén vio una ladera a las espaldas del dragón, sobre la cima más cercana, veía clara la silueta de Teban, su compañero gato. El dragón azul se acercó adonde Ichinén era retenido y la fugaz visión fue entorpecida por la descomunal criatura. Las fauces del dragón se cerraron sobre la carne.