12/29/2016

40-Falsa dicotomía.

La brisa concentraba el polvo en el centro del cuarto. La luz solar cruzaba entre los cristales de todos los colores, que el palacio de la reina Innocenza lucía en todos sus frentes. Valdemar se adelantó por el salón, certificando que la gran mayoría estaba en el patio de prácticas. Oídos indiscretos en disminución. Cuando el guerrero entró, el hombre lo miró con más odio que nunca, si tal cosa era posible.
-Entra, Ichinén. Estamos solos por lo que podemos hablar en paz.-
La expresión del invitado fue una mezcla de aburrimiento con prudencia. Inconcientemente, estuvo a punto de tomar su daga. Se recordó que Valdemar podía ser una persona muy inteligente, pero no era un luchador eximio por nada de ese mundo.
-¿Otra amonestación, Valdemar?-
-Te noto ciertamente a la defensiva, Ichinén.-
-Siempre me estás marcando algún error.-
-Dejemos las máscaras de lado, entonces.-
-Yo no llevo ninguna, Valdemar.-
-Es solo un decir, guerrero.-
-Lo sé, pero insisto. Lo que ves, es lo que soy.-
Valdemar se acercó un poco más y sonrió, susurrándole en secreto.
-¿Y qué hay de la reina?-
Ichinén lanzó un paso atrás, casi como si fuera a lanzarse al ataque. La sonrisa de Valdemar no era del todo reprobatoria, pero eso no lo dejaba tranquilo de todas maneras.
-No lo apruebas, lo sé. Pero no se… Fue algo que surgió…-
-Se como es Su Majestad, cuando algo se le mete en la cabeza, lo supe desde las primeras veces que te observaba. Sus miradas, sus comentarios. Ichinén esto, Ichinén lo otro. Que fueras un extraño de otro mundo, solo te volvió más interesante para ella. Y que fueras enemigo de Rokuten y nomás llegar, hayas vencido a su oscuro lacayo; te hizo adquirir un halo de seducción muy fuerte para ella.-
Ichinén se removió inquieto, el hombre hablaba de todo aquello como si no hubiera sentimientos involucrados. Aquello se le hacía como si fuera uno de sus experimentos.
-Supongo que ahora me dirás cuanto odias que yo me haya entrometido en sus vidas.-
Valdemar miró en derredor, como para volver a comprobar que no había oídos indiscretos y exhaló despacio, casi como sonriendo.
-Se como es ella. Hará lo que desee, porque sabe que tiene el derecho de soberana.-
Acto seguido, el hombre cambió el gesto por un más serio.
-Pero también tiene obligaciones, aunque quiera negarlas. Debe estar preparada para casarse por alianza, no importa cuantos amantes desee tener.-
Al mencionar la palabra amante, clavó su vista en el guerrero. Ichinén no se hizo cargo, como si no le entraran flechas en la armadura.
-El mariscal estaba forjando alianzas con dos reinos vecinos, uno de sus príncipes podía ser un perfecto aliado. Necesitan el renombre de casarse con una reina, nosotros su armada y logística. Tu intromisión podría arruinar eso, en perjuicio del reino, aunque ceda al capricho de su reina. Creo que no lo has tenido en cuenta, Ichinén.-
El guerrero se balanceó despacio de un pie al otro, mientras meditaba lo que el otro decía.
-Lo tengo más que claro, Valdemar. Ella debe permanecer libre para forjar alianzas por casamiento… Sea con el reino que sea…-
-¿Y ser nada más que un concubino no te molesta?-
-Lo haría por el bien de ella, de ser necesario…-
Valdemar soltó un gesto descreído pero sonriente.
-Me alegra que nos entendamos. Ahora… ¿Qué hay de seguir tu viaje?-
Por un segundo, Ichinén sintió que Valdemar le recordaba algo que había depositado muy hondo en su mente. Cuando en realidad no debía ser así, sino todo lo contrario.
-Si encontrara a mis amigos, seguiría mi viaje.-manifestó Ichinén, no con la misma convicción que tenía al llegar a ese mundo.
Valdemar debió detectar la vacilación del guerrero.
-Si llegaran tus amigos, te irías como dices?-
-Si, así es.-
-¿Y la reina?-
-Ella puede seguir con su vida, lo que tenemos…-
Valdemar se quedó esperando que siguiera, pero no se aguantó y lo completó el mismo.
-Eso no va a durar. ¿Lo sabes?-
-Lo sé, Valdemar, lo sé. Le dolerá, pero yo debo seguir y ella también. Solo podemos tener este corto momento, por más que mi corazón me dice que me quede.-
-Quizás sería mejor que lo hicieras ahora. Mejor más temprano que tarde.-
La expresión inicial de mal humor de Ichinén, fue virando a la decepción y la resignación.
-¿Eso te gustaría, no es así?-
-Puedes creer que en realidad es por algún resquemor que te tenga. No lo es. Ella está feliz en tu presencia, pareciera que el sol le da más fuerte en el rostro cuando te ve.-
Ichinén casi estuvo por sonreír, recordando los gestos y las salidas de Innocenza.
-Por eso, se que lo doloroso que será mientras más tarde esto. Sé que debes irte y ella creo que tiene la vana esperanza de mantenerte a su lado, como sea. Aunque esto no sería justo para ninguno de los dos.-
Ichinén concordó con profunda tristeza que el pragmático hombre llevaba razón. Él podía mantenerse al lado de Innocenza, pero aquellos meses no serían iguales que el resto de su existencia. Podían mantener esa relación en secreto, hasta que ella se casara de compromiso y luego seguir con más o menos notoriedad con su vínculo. El era hijo de un duque, pero de otro mundo que ya ni existía, según él. Su abolengo no servía para ese reino ni plano existencial. Innocenza debía seguir sus planes, así como el guerrero Ichinén. Kosen Rufu lo necesitaba, Victoria lo necesitaba. No podía fallarles. Tenía que dejar de demorarse y buscar reencontrarse con sus amigos. Teban, Dulce y Victoria; los extrañaba mucho. No sabía que había sido de ellos, después de perderse gracias al monstruo. Involucrarse con Innocenza en los últimos meses, había sido una fuerte distracción de su objetivo.
Llegar a la habitación de la reina, fue muy doloroso para él. La soberana sonrió ampliamente cuando el guerrero hizo su entrada al cuarto de recepciones. Despidió a cada sirviente, a fin de que permanecieran a solas. Ichinén parecía carecer de alegría en todo su ser, pero ella quiso pasarlo por alto, echándole la culpa a cuestiones palaciegas de sus nuevas responsabilidades.
-Ahora, si tendremos privacidad.-le dijo, acercándose y acariciando sus muñecas.
El guerrero se retiró un poco. La reina lo sintió como un rechazo, pero no dijo nada.
-Majestad… debo…-
-Cuando estamos solos, puedes llamarme por mi nombre, Ichinén. Así como yo lo hago.-
-Innocenza…-
No sabía como empezar a hablar, lo que debía inevitablemente decir. La reina lo apresuró con una mirada, aunque no pudo evitar retroceder de sospecha.
-Debo irme, mi reina.-
-¿Irte? ¿Adonde?-
-Con mi vida, con mi  búsqueda. No podemos seguir con esto por siempre.-
-Yo soy la reina y puedo decidir con quien estar.-
-Eso no es del todo verdad, Innocenza. El casamiento por interés debe ser la opción lógica, mi presencia no te lo haría fácil. Y yo no estaría siguiendo mi objetivo determinado hace tiempo.-
-Los objetivos pueden cambiar, Ichinén.-
-De este depende mucho, tengo que seguir adelante.-
Innocenza protestó, se enojó y le ordenó que no siguiera con eso.
-Debo hacerlo…-
-No, deseas hacerlo. Reconoce que no me amas.-
-Eso no es así…-
-Preferiría que me dijeras eso, no esas palabras faltas de coraje.-
-No es una cuestión de coraje, debo seguir…-
-Entonces, vete, Ichinén. No me hagas sufrir más con tu presencia que sabré que nunca en la vida tendré.-le lanzó ofuscada, señalando la salida.
El guerrero ya sin fuerzas o ímpetu se fue a ensillar el caballo que la reina le había obsequiado, algo que casi estuvo por devolver. Valdemar fue el único que lo despedió.
-Espero te haga feliz, y puedas confortar el dolor que le acabo de causar.-
-Ella es fuerte, sobrevivirá. No me hace feliz para nada, ni causarte mal, pero sabes tan bien como yo que es lo mejor. En el futuro te habrías ido y ella no hubiera querido dejarla.-
-Hubiera sido mejor en ese momento…-
-¿Y cuál sería tu intención en ese momento? ¿Llevarla contigo a tu búsqueda? Ella se debe a su pueblo. No tienes ningún derecho a quitarle su futuro.-
Ichinén no quiso o no supo que replicar. Saliendo a cabalgata ligera, dejó atrás al físico con su levita negra. El hombre se mantuvo observando como el caballo se alejaba. Horas después, subiendo una loma, Ichinén se detuvo a observar el castillo a la distancia. Una gran congoja lo llenó, musitó el nombre de la reina y recordó sus besos delicados. Estaba a punto de bajar la vista de tristeza, cuando vio una llamarada surgiendo del interior del castillo. El terror reemplazó a la melancolía, en menos de un segundo. Giró el caballo, mientras seguía observando el edificio en llamas, que parecían explotar y alzarse con aun más fuerza.
-Innocenza!-gritó azuzando al caballo.
Desanduvo el camino, con total furia en el galopar.

11/30/2016

39-Mi corazón arde.

La reina solicitó que todos los de su consejo privado se reunieran en el salón. La convocatoria fue una mera cuestión de rutina, pero a Ichinén le parecía muy agradable todo aquello. Tres meses después de haber llegado a ese mundo y luchado con el monstruo que lo había dejado varado, era parte del consejo de la reina Innocenza. Valdemar le clavaba la vista como si lo quisiera analizar o traspasar, nunca estaba seguro. Lo que si estaba constatado era la animosidad que el físico de la reina le tenía al guerrero. Al salir del salón, lo atajó en la salida.
-Ichinén, camina conmigo.-le dije, para invitarlo a pasear por el exterior del castillo.
El jardín de ligustrinas fue el marco de ese intercambio de palabras.
-Espero que sepas bien de que estás hablando cuando aconsejas a la reina.-
-Se muy bien de lo que hablo, mi padre…-
-Si, ya te oí la historia de tu padre el duque de no sé donde, en el reino de no me acuerdo cuanto y en un mundo que jamás veremos.-
-Estoy seguro que no lo verás, fue destruido. Hoy debe ser un páramo desolado, formando parte del estado de Infierno.-
-Eso no es muy tranquilizador como verás, si no pudiste evitar la destrucción de tu mundo, temo por el futuro del nuestro.-
-No soy yo quien trajo a Rokuten, él ya era un enemigo de tu reino, de tu mundo en su totalidad.-
Valdemar no hizo más que un gesto de desdén, pero se abstuvo de replicar. La mirada se le perdió en el horizonte.
-La reina no se contiene de hablar maravillas de ti. De lo mucho que sabes, de lo valiente que eres, de lo educado. Todo parece demasiado agradable.-
-¿Eso te vuelve desconfiado de mi? Puedo asegurarte…-
-Mi opinión sobre ti, no es lo que me interesa discutir. Pero en estos meses que has estado con nosotros. La reina te ve como una buena y nueva adición a sus allegados. Creo que un poco demasiado. Tal vez solo sea una fascinación momentánea o quizás algo más. No lo puedo asegurar aun.-
-Intento ayudar, hasta que encuentre la forma de volver con mis amigos y poder…-
-Eso no me resulta muy cierto, no has hecho ningún intento de regresar o buscar la forma de hacerlo. Puede que te mientas a ti mismo, pero conmigo no lo hagas, Ichinén.-
-No estoy mintiendo…-
-Si, claramente, puedo verlo.-ironizó el hombre, para luego cambiar bruscamente el tono.-Quiero que vayas con cuidado, la reina es muy ingenua en muchos aspectos aunque su educación la instruyó en no ser ilusa. Ella puede creer que eres un hombre maravilloso, pero yo no te veo de esa forma.-
-¿Cómo me ves, Valdemar?-
-Cuando te veo, vislumbro problemas. Y si tu siguiente pregunta es, si hay algo que puedas hacer para que cambie de parecer, la respuesta es nada. Solo ten cuidado con lo que haces, voy a estar echándote dos ojos, como ventosa de pulpo.-
Ichinén no supo que responder ante el comentario del hombre y esa inmovilidad momentánea fue aprovechada por el otro para hacer su salida por el costado del jardín.
Días después, Ichinén seguía sintiendo los ojos de Valdemar clavados en la nuca. La reina por otra parte se deshacía en elogios. Tanto que en un descanso con sus damas de compañía, las hizo salir para hablar en privado con él. Esto puso algo incómodo al guerrero, que ya sentía claramente cual era la cierta fascinación que el científico había referido.
-Cuentame, Ichinén, cuéntame nuevamente sobre tu mundo.-
-Bien, más de lo que dije, no hay mucho más. La región era una zona de bosques, que en algún momento se vuelven bastantes salvajes y selváticos. En algunas zonas, no se ha explorado del todo y cualquier criatura podría existir sin que mi padre o nadie de la corte lo supiera.-
-¿Te resulta doloroso hablar de ello? Debido a lo que me dijiste sobre su destino. ¿No es así?-
-Un poco.-
-Entonces, cambiemos el tema.-
La sonrisa de Innocenza le quitaba esa telaraña emocional que se cernía sobre su alma cada vez que recordaba el pasado, el hogar perdido. Estos ojos tampoco lo dejaban de observar en todo momento, pero con otro sentir. Eran los que a Ichinén le hacían tambalear el espíritu. Innocenza lo miraba y él sentía que cada vez estaba más lejos Kosen Rufu. Le parecía que mientras más tiempo pasara bajo esa mirada, menos intenciones tendría de irse cuando encontrara a sus amigos. O ellos lo encontraran a él. No podía decir que no le gustaban las atenciones que la reina tenía para con él, ni tampoco podía negar que le parecía muy agradable su vivacidad y su firmeza. Era una persona con ternura y carácter estricto, matizándolo de una forma tan acorde, como nadie que él hubiera conocido. Ichinén no era inmune a esa influencia, pero esto le generaba sentimientos encontrados. Se parecía mucho a Victoria, pero a la vez no. Por lo menos, no es su personalidad. Aunque detrás de esas diferencias, hubiera un mismo denominador común, eran dos personas bien diferentes. Precisamente que él pensaba en su compañera de viaje, Innocenza pareció leerle la mente y le pidió que hablara sobre ella.
-Cuentame entonces sobre mi otra versión, con la que viajabas, Victoria. ¿Es igual a mí? ¿Es atractiva?-
-Si, lo es. Bueno, creo que según los gustos de mi mundo, lo es.-
-¿Te atrae como mujer?-
Esto dejó un poco desconcertado y muy incómodo al guerrero. Solo pudo balbucear, dudar y mostrarse como si fuera mudo. La reina se largó a reír, como si él hubiera relatado una broma.
-No, digo, no es que no la vea como una atractiva mujer, que lo es. Pero ella no es mi pareja o intento que lo sea.-
-Una vez me dijiste que era un poco incordiante. ¿Yo te parezco incordiante como ella?-
-No, mi reina.-
-¿Y atractiva?-
-No, mi reina.-
-¿No te parezco atractiva?-
El nerviosismo verbal de Ichinén alcanzó nuevos niveles, estaba caminando por un terreno que cambiaba de lugar como si hubiera gusanos bajo esas arenas movedizas sobre las que andaba. Esto parecía divertir más aun a la mujer.
-No, quiero decir, que no me parece que mi reina sea más atractiva que ella. Digo, Victoria no es tan atractiva…-
Se frenó, sintiéndose un inútil para expresarse. La reina levantó la mano para indicar que no requería de mayores explicaciones.
-Estoy yendo hoy a escalar el monte de plata, uno de los más hermosos parajes que tenemos aquí. Es un buen paseo, que cada tanto me gusta hacerlo.-
-¿Hasta qué altitud, mi reina?-
-Tan alto como pueda.-
-Puede que las nieves de altura le impidan el paso, quizás si lo hace más avanzado la estación calurosa, entonces pueda…-
-No, no quiero esperar. Partiré mañana por la mañana, dejó todo lo que es decisiones de Estado en manos de Valdemar y otros consejeros. Es mi retiro anual en solitario. Hay cosas que una reina precisa meditar, cada cierto tiempo.-
-¿Lo planea hacer sola?-
Esto pareció sorprender a la reina, desacostumbrada a que alguien se asombrara de sus acciones o planteara cuestiones al respecto.
-Así es, Ichinén. ¿No te parece correcto?-
-Debo ser honesto que no, la reina paseando sola sin protección, no es muy tranquilizador para mí.-
-Por suerte esa decisión solo recae en mí. Mis acciones son puramente cuestión personal, sin que nadie pueda interferir. Pero igualmente, te agradezco la preocupación, Ichinén.-
La reina le hizo una seña que podía retirarse y el guerrero tardó un segundo más de lo que el protocolo indicaba en hacerlo. La falta de costumbre ante la forma de hacer las cosas en ese mundo, era algo que irritaba sobremanera a Valdemar sobre él. Pero la reina lo toleraba con férrea paciencia, incluso le resultaba agradable.
La mañana siguiente, Innocenza cabalgó hasta la base del monte, siguió todo lo que pudo hasta que debió continuar a pie. Nunca notó que una figura encapuchada la seguía desde lejos. Usando la sombra de un arbusto, Ichinén se mantenía fuera de la vista de la soberana. Estaba tratando de no importunar el retiro que ella requería, pero las palabras de Valdemar habían calado hondo en su ser. La reina corría peligro, eso le había dicho. Rokuten y algunos otros enemigos le deseaban el mal, a ella y a su reino.
Todo el tiempo, pasando el mediodía, siguió caminando. Hasta que se encontró con una parte de roca, donde había algo de nieve desperdigada. Ya no estaba tan lejos la cumbre, aunque ya parecía querer anochecer. Intentó escalar, pero el pantalón que se había puesto no era tan ajustado como hubiera sido lo más indicado. Es por esta razón que en la saliente de una roca, la tela se enganchó y la hizo perder estabilidad. Trató de frenar su caída o rodaría ladera abajo. La caída no la mataría, pero puede que si lo hicieran los numerosos tumbos que daría en el trayecto hacia abajo. Tironeó con sus dedos, pero no logró otra cosa que cortárselos, una roca filosa le produjo una laceración en el brazo izquierdo. La sangre manó profusamente y solo un brazo parecía servirle para sujetarse. Debido al dolor, no estaba muy seguro de poder trepar con esa herida, no fácilmente al menos.
-Mi reina, aquí, deme la mano.-
Ichinén le tendía el brazo para sacarla del risco. Estiró el que estaba cortado, doliendo terriblemente. Cuando estuvo a salvo, el agradecimiento dio paso a la ofuscación.
-Has importunado mi retiro privado, Ichinén. Debería castigarte cuando regresemos.-
-Si, lo sé. Es una desobediencia mía, hecha a conciencia para salvar de sí misma a una reina imprudente. Ahora, veamos esa herida. No me gusta para nada.-
-Esto es un ultraje, guerrero. Te ordeno retirarte.-
-Lo haré, luego de ver esa herida.-
La pose de la reina, parecía no querer ceder. Ichinén hizo un gesto impaciente como que ya no estaba como para chiquilinadas.
-Vamos, esa herida puede hacerle perder tanta sangre que no podrías bajar sola.-
-No requiero de tu asistencia…-
-Uff, en esto si se parecen con Victoria, ambas igual de tozudas.-
-¿Cómo osas? Eres un impertinente, Ichinén. Te voy a hacer exiliar de castigo, no tienes ningún derecho…-
-Si así le parece, mi reina. Puede exiliarme y buscaré mi camino al mundo del que provengo, ya me demoré bastante. Incluso Valdemar me lo ha hecho notar. Pero mientras tanto, voy a curar esa herida y luego acataré cualquier penitencia.-
Si Innocenza era tozuda, no tenía claro que Ichinén significaba “Determinación certera”, no por nada. La llevó a un hueco en la roca, que no llegaba a ser calificado como cueva, pero que bien podía servirles de refugio. La curó y le aplicó presión, hasta frenar la hemorragia. Lavó y vendó la cortadura. Innocenza no cambió su expresión de enojo en ningún momento. Ichinén dijo que buscaría para hacer fuego, pero ella lo vio irse y ni le respondió.
Cuando volvió y consiguió encenderlo, la noche ya se les había venido encima. Ella continuaba sin dirigirle la palabra.
-Puedo irme ahora y esperar su retorno en el castillo, para que me castigue a gusto. Pero me parece que con esa herida no podrá seguir sin ayuda. No entiendo esta costumbre de realizar un viaje tan peligroso sin la debida preparación o equipo.-
-Es un viaje espiritual para saber valerse solo o reafírmalo.-le respondió la reina.-Pero creo que un salvaje como tu, no puede comprenderlo.-
-Veo que esa civilización a la que se encolumna le enseña a ser agradecida, mi reina. Creo que eso será suficiente castigo para mí, ser despreciado por intentar ayudar.-
-Estoy muy enojada, tengo derecho, interferiste con mi acto de autosuficiencia. Y además, tengo frío.-
Ichinén se levantó de donde estaba sentado y le llevó su abrigo.
-No, no lo quiero, tampoco tendrás con que taparte luego.-
-Tengo otra manta, en la bolsa que traje, vine preparado para cualquier cosa. A diferencia de su majestad.-
Innocenza entrecerró los ojos, acusando recibo de la ironía.
-Si no fuera por tus buenas intenciones, te haría azotar, Ichinén.-
-Aun puede hacerlo, aunque francamente deseo que no lo haga. Lamento haber desobedecido, pero creo que hice lo correcto y no tengo arrepentimientos con eso.-
La reina lo miró mientras la tapaba y atizaba el fuego.
-¿Si te ordeno algo ahora, lo acatarías?-
-Si, eso sirve de algo. Por lo menos, para demostrar que estoy a su disposición, majestad.-
-Ven aquí, Ichinén. El frío es doloroso.-
El guerrero se acercó sin saber o meditar que podía requerir de él. Cuando estuvo muy cerca a la reina, se detuvo a comprobar que estaba bien cobijada. Innocenza lo tironeó de la ropa y lo besó. Él no supo que más hacer que no fuera aceptar ese beso, dándose cuenta al momento que le había resultado más que ansiado.
-Necesito de tu calor.-

Abriéndose un poco la ropa lo invitó a besarla, tapados debajo de la manta. Ichinén sintió algo contradictorio en ese momento, el deseo y la advertencia. Pero no saber que podía estar preocupándolo a futuro, solo quedó lugar para el deseo. Se acostó junto a Innocenza, que lo guiaba a yacer a su lado. La besó largamente y el universo comenzó a girar únicamente en torno a esa reina que lo gobernaba. El resto del mundo, cualquier otro mundo, le era totalmente ajeno y distante. 

10/28/2016

38-Retorno a la inocencia.

El salón de fiestas se encontraba abarrotado. El hombre de negro iba caminando como hastiado, las fiestas lo aburrían. Su levita oscura iba rozando casi el suelo. Se acercó a su señora y la saludó.
-He venido únicamente para informarle que el experimento ha salido bien por una vez.-expresó, haciendo una reverencia.
La mujer, engalanada para el festejo, lo miró gravemente pero luego sonrió ampliamente.
-Estamos de festejo. Puede esperar eso hasta la mañana. ¿No es así? Me gustaría que por una vez, dejara el trabajo de físico y viniera con su reina a pasar el rato únicamente.-
-No soy un hombre de fiestas sino de ciencias, me disculpo mi reina.-respondió el hombre de cabello y vestimenta oscura.
En ese momento, sintió como un frío en la espalda, un ventarrón repentino. Se giró, intrigado. En los rostros de los presentes, también se reflejaba que lo habían sentido. La música de la fiesta se detuvo. El viento parecía crecer, proveniente de la gran entrada al salón. El hombre de negro se acercó.
-¿Qué ocurre?-preguntó la señora.
-No lo comprendo, por aquí nunca circula una corriente tan fuerte, mucho menos en un día de tan poco viento como el de hoy.-
Al terminar de decir esto, vio como la entrada del salón comenzaba a resplandecer desde el marco y llenarse en el umbral como de humo luminoso. O eso le pareció, al ver crecer la luminosidad, se apartó rápidamente. Alertando a los cercanos a su posición, justo en el momento indicado. Un inmenso bulto tan negro como sus ropas aterrizaba sobre el suelo empedrado del salón, haciendo temblar la estancia entera. Un cuerpo más que casi pasó desapercibido, cayó junto al monstruo, casi como si fuera un muñeco. Esta fue la entrada de Ichinén a este mundo.
El monstruo se removió sobre un suelo de piedra, parecían adoquines de alguna especie, Ichinén tuvo un encuentro cercano con uno de esos, que casi le rompe la frente. Estaba atontado y solo sentía gritos, el monstruo se agitaba y retrocedía, para luego abalanzarse sobre los hombres que lo enfrentaban blandiendo espadas. El guerrero intentó despejar su mente y observar que pasaba. El lugar parecía el salón de un castillo. La criatura, de muchos brazos y piernas superpuestos y en desorden, negra de ébano, carecía de cabeza. Entre el gentío de soldados o guardias, vislumbró una figura femenina que retrocedía asustada.
-Victoria.-gritó, totalmente en vano, el ruido lo tapaba por completo.
Desenvainó a Daimoku y se lanzó a la carrera, mientras una roca pasaba rodando a su lado y luego un cuerpo de soldado. Pegó un salto para esquivar al caído, empujó a un hombre de levita negra que estaba al lado de ella y la aferró de la mano.
-Victoria! Salgamos de aquí.-
Estaba mirando en derredor para buscar una salida, cuando la mano de la joven lo hizo frenarse. El tironeó de resistencia lo hizo darse vuelta, al volverse a mirarla recibió una bofetada en la mejilla izquierda. El grito de ira lo desconcertó, pero al mirarla lo confirmó.
-Suélteme, animal! Si piensa que voy a huir dejando a mi gente, puede decirle a su amo Rokuten que no pienso dejar mi tierra.-
Al mirarla dos veces, se dio cuenta de su error. Esa joven no era Victoria, sino su versión de ese mundo, como lo había sido Flusskraft. Victoria no debía haber atravesado el portal, por lo que no estaba imbuida en esta mujer. El estilo de ropa no le era conocido, aunque la arquitectura le resultaba demasiado familiar, en forma muy incómoda. La versión de Victoria tenía la perilla un poco diferente, la nariz casi igual y los ojos de otra forma y color. Leves diferencias entre los mundos, eso había aprendido con Tendai.
-Lo lamento, miladi, la confundí con alguien más.-
El hombre de la levita lo enfrentó como si fuera a golpearlo y él alzó las manos en señal que no deseaba pelea. Miró a la pelea y se encaminó al monstruo. No teniendo otra cosa más que enfrentarse al monstruo, se plantó detrás de los soldados que le plantaban cara.
-Alto!!!-gritó Ichinén, más de una vez para que le prestaran atención, la criatura fue la primera en hacerlo.-Me quieres a mi monstruo, acá estoy. Deja a esta gente en paz. Yo te traje, yo te voy a echar, basura de Tenyi Ma.-
El monstruo soltó un gruñido desafiante y se encaramó para saltarle encima. Los otros hombres retrocedieron, y se alejaron más a una seña de la mujer.
-No me gusta esto, mi señora.-le dijo el hombre de negro a la mujer.
-No se preocupe, lidiar con este tipo de bichos, es mi especialidad.-le respondí Ichinén, girándose a medias.
En el rostro de la mujer y del hombre, pudo leer el terror de ver moverse a la criatura. Ichinén rodó hacía adelante, mientras que su enemigo lo intentaba asaltar por sorpresa. En un giro sobre el suelo se desenrolló y le ensartó a Daimoku en el vientre. La aberración del rey demonio rugió de odio y dolor.
-Nuestras espadas no le hacían nada. ¿Cómo es posible?-exclamó uno de los soldados, mirando con incredulidad la lucha.
-Es evidente, esa espada tiene algo que daña a la criatura, la tuya no.-le sentenció el hombre de la levita oscura, mientras observaba a Ichinén girar y lanzar fintas contra el monstruo.
Las múltiples manos intentaban agarrarlo, pero Ichinén se zafaba cortándole un miembro o un dedo a la mano. Lo malo de ese accionar es que volvía a crecerle otro para reemplazarlo y algunos más cuando la mutilación cesaba de sangrar. Corrió hacia una de las paredes del gran salón y vio lo que parecía una cuerda, esta parecía sujetar una araña de iluminación sobre todo el lugar. La vecina a esa, se encontraba sobre su adversario. Fue hasta allí, perseguido por muchas manos que se arrastraban, tomó la cuerda y cortó por debajo. El peso de la araña lo elevó y quitó del alcance de esas garras, la serie de lámparas y velas se estrellaron sobre la parte superior de la criatura. Ichinén siguió una andanada de mandobles para cortar manos y dedos por igual. Una le sujetó la pierna y la quitó con Daimoku. Otra le tomó el cuello y una más el brazo. La pugna parecía perderse en su contra, pero consiguió escapar por un breve momento. La criatura se había extendido y estirado, en su constante crecer de miembros, se había convertido en algo de aspecto estirado. Era como un gusano que comenzaba a rodearlo con su cuerpo. Ichinén siguió repartiendo y pateando a cuanta mano negra se le acercara, pero era cada vez más difícil.
-Fuego!!!-escuchó gritar a la mujer, aunque no la veía.
El monstruo resopló y se alejó un poco de Ichinén. Este aprovechó para alejarse y ver que ocurría. La mujer le había ordenado a sus soldados que le arrojaran las lámparas de aceite en el salón.
-Si seguimos con este curso de acción, nos vamos a quedar sin luz.-gritó el hombre de negro.
-Que arda ese horror y nos ilumine hasta el sexto cielo, para que Rokuten sepa que no le tenemos miedo.-
Un grupo de arqueros entró por otro sitio y lanzó una lluvia de flechas encendidas sobre la criatura. Ichinén se acercó luego de cortar varias manos de ébano más, hasta donde se encontraba la mujer y el hombre oscuro.
-Tiene que tener algún punto débil. ¿Cuál es?-le gritó este.
-No lo sé, acababa de encontrarlo por primera vez, cuando luego llegamos aquí.-le respondió el guerrero.
-Tu lo trajiste, tu sácalo.-le espetó el hombre con furia.
-Tranquilo, Valdemar, esto parece clara obra de nuestro enemigo Rokuten.-lo frenó la joven señora.
-Lo es.-le informó Ichinén.-¿Tienen problemas con el rey demonio también? Es un viejo y desagradable conocido.-
El tal Valdemar lo miró extrañamente, como con sospecha. Ichinén se giró y se subió a un mueble, la criatura se removió y giraba para enfrentarlo. Los soldados lo seguían distrayendo, fuera con flechas o espadas. El guerrero estudió por un segundo y descubrió algo extraño entre la maraña de manos que era la monstruosidad que enfrentaban. Dos formas negras, algo alargadas y un tanto triangulares, de un tono más pálido que el resto.
-Son sus ojos.-musitó para sí mismo.
Salió corriendo al otro extremo del salón, el que tenía a sus espaldas, donde se elevaba el trono. Utilizando ese desnivel, tomó carrera para lanzarse, la criatura fue hacia el trono como si Ichinén quisiera huir. Hasta Valdemar pensó que eso era lo que estaba haciendo. El guerrero corrió y pegó el salto más alto que pudo, enarbolando a Daimoku por encima de su cabeza. Su grito al volar hizo arrepentirse a la criatura de haberlo perseguido hacia ese sector. El cuerpo del guerrero se hundió dentro de la negrura y por un segundo todos temieron que lo hubiera devorado. La aberración comenzó a convulsionarse y a realizar movimientos extraños. Le crecieron como protuberancias oscuras, algo más pálidas y agrietadas. Parecía inflarse y a punto de explotar. Valdemar lo gritó a quien lo escuchara.
-Va a explotar!-
Y aunque así lo hizo, se convirtió en una explosión de luz, por la cual se desintegró sin hacer más daño a nada o a nadie. Ichinén estaba sobre el epicentro del lugar en que se hallaba antes el monstruo. Parecía que estaba clavando su espada en el suelo de piedras, aun apoyando la mano para ensartar al monstruo. Se incorporó y todos los soldados lo vitorearon, solo Valdemar lo miraba con una mala expresión. La joven lo miraba sonriente y aplaudía, acción que otros imitaron.
-¿Quién eres extraño guerrero? Que nos has salvado de monstruos enviados por nuestro enemigo.-
-Mi nombre es Ichinén y vine por un portal. Fue el monstruo quien me trajo hasta este mundo, aunque no se cual es.-
-No salvó de lo que él mismo nos trajo.-
-Oh, Valdemar, no seas así. Acaba de decir que fue la criatura quien lo trajo. No me extrañaría que Rokuten, quien siempre tiene una doble intención, no hubiera enviado este monstruo para secuestrarlo y de paso dañarnos a nosotros.-
El hombre pareció concederle razón a su señora y no dijo más.
-Debes perdonar a Valdemar. Es un gran hombre de ciencia, pero desconfía de todo precisamente por eso.-
Ichinén le dedicó una inclinación, y la joven continuó hablando.
-Soy la reina Innocenza Dec Forgja, soberana de este reino, conocido como Azuroth, donde diferentes tipos de criaturas pueden convivir en paz. Es quizá por ello que Rokuten nos desea todo mal.-
Hechas las presentaciones, lo llevaron a otro cuarto, mientras limpiaban el desorden del lugar de la fiesta y posterior lucha.
Al preguntarle a Valdemar por si allí tenían gatos, este le respondió que sí. Pero pese a que trajeron más de uno, ninguno le quiso hablar a Ichinén. El guerrero insistió pero fue en vano, Valdemar y la reina Innocenza se miraban entre sí, temiendo que este recién llegado estuviera algo loco.
-No, no. Maldito seas Rokuten, diez mil años de aquí hasta la eternidad. Me envió a un mundo en que los gatos no se comunican con nosotros o no abren portales.-
El científico carraspeó y se acercó a Ichinén.
-Conozco esas ideas y teorías sobre mundos múltiples o diferentes versiones de nuestra realidad. Eso explicaría porque confundiste a nuestra reina con alguien más, una tal Victoria si no escuché mal. Así la conoces en otro mundo. ¿No es así?-
Ichinén asintió algo desanimado por las malas noticias. La joven lo miró fijamente, como asimilando la idea que Valdemar planteaba.
-Es eso Majestad o este hombre tiene una locura muy elaborada, que cree por completo.-
-Le aseguró que no estoy loco de ninguna forma.-Manifestó Ichinén.
-Le creo, he investigado eventos y teorías más extrañas, esta no es la más inverosímil.-respondió el científico.
-En la forma que podamos lo ayudaremos a volver a su hogar, en tanto puede permanecer en el castillo. Algo se podrá hacer.-
Ichinén le agradeció apenas en un murmullo decaído y haciendo una leve reverencia.
-Puedo investigar si existe una forma de retornarlo a su mundo.-expresó Valdemar, mirando por turnos a ambos.
-Eso, o que mis amigos me encuentren, de alguna manera.-agregó Ichinén, para luego perder su vista en la madera una mesa cercana.-Son mis únicas dos opciones.-

9/30/2016

37-El segundo maestro.


La despedida de Ichinén y sus amigos fue todo lo emotiva que se podía esperar. Bonten y Gatten, junto con toda otra multitud de habitantes de la Luna, le hicieron un cortejo de salutación. La puerta que días antes le había señalado al guerrero, fue por donde cruzaron y sin otro trámite, se encontraron en un lugar de rocas y plantas. El escenario era como un mausoleo, o varios que eran vecinos, llenos de enredaderas hasta el techo. La piedra de las edificaciones se veía decorada, o en ocasiones casi tapada, por diferentes tipos de plantas trepadoras. Flores por doquier y el verde se superponía sobre el gris. El grupo comenzó a caminar, yendo de una entrada a otra, no tenían gran diferencia entre si. Saber donde estaba el segundo maestro era un misterio. Por lo menos lo fue, hasta que encontraron un cartel indicador. El mismo decía:
-Victoria, Ichinén y los gatos. Los espero dentro, en el recinto principal. Tendai.-
-Creo que eso resuelve todas nuestras dudas.-comentó la joven, mirando a su compañero mientras alzaba los hombros.
Una vez dentro, encontraron en el pasillo y todos los recintos que cruzaron, una limpieza inmaculada. Totalmente contraria a la natural y agreste decoración del exterior. Los pisos se veían tan lustrados que parecían recién pulidos. No se notaba al menos, ni una mota de polvo o pelusa por algún lado. Como por intuición fueron encontrando el camino al recinto principal indicado. De cierto hall en adelante, fue bastante fácil. Solo tuvieron que seguir las flechas. El buscado recinto era una inmensa biblioteca, tan grande que parecía infinita. Libros, tomos, lomos, todo estaba tapizado de ellos en dos niveles, llegando al cielorraso.
-Supongo que ahora se preguntaran como sabía que venían.-dijo una voz, al girarse, vieron a un hombre de ojos rasgados.
El mismo estilo de bigote que el General Tigre de Piedra, así como sus ojos, esto le decía a Ichinén que pertenecían al mismo pueblo.
-Si, la idea ha cruzado por mi mente.-replicó el guerrero.
-No sería un gran iluminado sino lo supiera. Lo siguiente que se van a preguntar no es quien soy, sino mi nombre. Me presento por ello. Soy Tien Tai, también llamado Chih I, pueden decirme directamente Tendai. Para efectos más prácticos. ¿Tu quien eres?-
-Me llamo Ichi…-
-No pregunté como te llaman, te pregunté quien eres.-interrumpió el maestro, con un gesto delicado de la mano.
Ichinén asintió y reformuló la respuesta.
-Soy Ichinén.-
-Bien, una persona que se conoce a si misma. Estos son Teban y Dulce, ambos felinos. Los gatos siempre saben quienes son, no necesitan que nadie se los diga. A ti te llaman Victoria, pero no sabes quien eres. Ya solucionaremos eso.-
Victoria tuvo un sobresalto ante el comentario del hombre. No le cayó en gracia a primer momento, pero luego en su interior y con mucho autoconocimiento se dio cuenta la razón que tenía Tendai.
-Les mostraré sus habitaciones, podrán quedarse lo que consideren necesario. Aunque creo que el tiempo siempre apremia en tu búsqueda. Por la mañana, ustedes dos comenzaran su entrenamiento.-les dijo, luego señalando a Ichinén y Victoria.
Ambos se miraron y luego al maestro, inquiriendo que clase de entrenamiento. Tanto él como ella, sabían luchar y manejar armas.
-Este es un entrenamiento de otra clase. Estudio sería lo correcto, un entrenamiento para la mente y el espíritu.-
Los dejó a cada uno en el sector de las habitaciones. Victoria miró a Ichinén, no sin cierta desconfianza.
-A mi no me mires, Ichinén, vos sos el que me dijiste que debemos arriesgarnos.-
-¿Cuándo te dije eso?-
-El día que nos conocimos.-
Victoria pareció irse a su cuarto, pero Ichinén la detuvo alzando un dedo, como indicando algo arriba.
-Un momento, aclarame eso. ¿Fue en tu pasado, pero en otro mundo donde no lo viví aun? ¿Es en un futuro por ocurrir?-
-Que imaginación tenés! Creo que el visitar distintos mundos te deja una grave secuela.-
-El día que nos conocimos, me estabas retando por algo y me sacaste del agua helada, en el mundo del barco que se hundía…-
-Oooh! Y lo siguiente que te va a carcomer el cerebro es por que no lo recordás. La respuesta es más simple de lo que crees. Memorizás, pero no recordás. Para recordar se debe prestar atención. Es tu perspectiva la que no te muestra lo correcto.-
Ichinén quiso replicar, pero ella ya estaba cerrando la puerta. El trató de detenerla para seguir conversando.
-Me quiero ir a bañar y ya vi desde aquí el fastuoso baño, más lujoso que en el palacio de Gatten. No puedo esperar para probarlo-
-No he terminado de hablar, bien podes…-
-Me voy a desnudar, Ichinén. ¿Serías tan depravado de quedarte a mirar como un fisgón con la excusa de satisfacer tus dudas? Pensalo un poco. Tomalo como un precalentamiento, al entrenamiento mental de mañana.-
Esto hizo que Ichinén diera un paso atrás, inconcientemente. El caballero que él era lo compelía a no traspasar los límites del respeto y la tolerancia. Victoria aprovechó ese momento de distracción para cerrar la puerta, riéndose al hacerlo.
-En una de esas, otra cosa quiere satisfacer. Jajajaja. Ichinén, el bárbaro. Ichinén, el pervertido.-
El guerrero se quedó de pie allí, sin saber que hacer. Llamó a Victoria, solicitando que le abriera, pero fue para nada. Maldijo sin demasiado mal humor.
-Mujer difícil. Insoportable y caprichosa!-
Se tiró en la cama y se sonrió, le gustaba ponerle contratiempos. Eso la divertía. Pero lo que lo mantuvo devanándose los sesos, fue descubrir cuando habían hablado. Esa primera vez que ella decía, pero que él no recordaba.
Al día siguiente, Teban vino a levantarlo, saltándole encima para que despertara. Le costó despejarse, ya que no se había dormido temprano. Sus pensamientos no lo habían dejado.
El entrenamiento comenzó ni bien terminaron el desayuno. De la multitud de libros, algunos ya estaban sobre una mesa, en medio del salón.
-Algunos de estos volúmenes, contienen historias que no han escrito sus respectivos autores en el mundo del que vienen o en el mundo que han visitado. Este aprendizaje les servirá para atravesar distintos mundos. Primera lección. Los mundos pueden desorientarte, no solo por ser distintos, sino también por ser similares. El mundo “Chu”, es de donde vinieron. El andamiaje del universo es donde vieron a Rokuten. El mundo Saha es el que visitaron en ese barco que se hundía y el que encontraron a Anne. Kosen Rufu se encuentra en Chu. Victoria es de allí, pero para volver deberá encontrarse a si misma. Ichinén viene de un mundo que se llama Medievo.-
Ichinén se removió en su asiento y miró a Victoria que no le quitaba los ojos de encima.
-Ese mundo fue destruido, invadido completamente por demonios y otros seres bajos. La mayoría murió y otros fueron transformados en seres esclavos de los demonios. Los que no, como yo, fuimos enviados a sufrir al estado de infierno incesante. De allí, me fui gracias a mi espada.-
Tendai fue el que intervino en esa explicación a Victoria.
-Y eso fue lo que hizo que conocieras la historia de Kosen Rufu, que luego llegaras al príncipe, mi maestro también. Los caminos de la ley son de esta forma. Lo que atraes es lo que sientes y piensas. Difícilmente, puedas atraer el camino a Kosen Rufu si tu actitud es de derrota. Imposible es que seas una persona de coraje y un guerrero, si tus acciones parecen las de un limosnero. Vamos a comenzar con lo más importante, el Sutra del Loto. Tengo una disertación sobre él, conocida como el Maka Shikan. Veremos ambas obras en conjunto.-
Dicho esto, les indicó ciertas lecturas. El entrenamiento comenzaba. Un mes estuvieron con Tendai Hubieran podido estar más, pero pasado ese lapso, el maestro consideró que era el conocimiento necesario para la empresa que los ocupaba. Leyeron cosas como disertaciones sobre los capítulos Hoben y Juryo del citado Sutra. Algunos otros como: “desvelando los misterios de la vida y la muerte” y una historia de ficción, pero que estaba basada en experiencias reales, conocida como “La Revolución Humana.” Este fue un concepto complicado para entender, según lo veía el guerrero. Repasaron la vida del príncipe Siddartha, la vida de Tendai también. Y algunas pocas referencias al tercer maestro, pero como decía el segundo: “Eso ya vendría luego.”
Algunas otras obras de ficción también leyeron, aunque no fueran parte del entrenamiento. Solo por distracción, claramente. Ichinén leyó las novelas de un escritor de mundo Saha, en donde jamás las había escrito. Solo se había dedicado a ensayos, poemas y cuentos cortos. También le interesó mucho un filósofo antiguo de mundo Saha, el cual jamás escribió nada por su mano y solo se lo conoce por su discípulo. Ichinén pudo leer enseñanzas de este pensador, escritas de su puño y letra. También pudo leer el final de una historia que en ese mundo se encontraba inconclusa, la historia de un hombre en busca del nuevo hogar. Esta historia lo hizo identificarse con él, salvando las diferencias. Victoria estuvo muy interesada en una obra de un compatriota de Tendai, muy anterior a su época, que había hecho un tratado sobre la guerra. Otro pensador del mismo mundo, pero muy lejano en tiempo y espacio, había hecho algo similar y un libro muy crucial para la política. Se llamaba como el título que llevaba Siddartha, pero era todo lo contrario a la enseñanza de la iluminación. Estudio histórico, filosófico, estratégico; todo muy completo. Teban y Dulce, se la pasaron durmiendo y comiendo, como lo que mayormente hacen los gatos. De cuando en cuando, salían a jugar. Pasado el periodo de aprendizaje, Tendai tuvo una charla con Ichinén y con Victoria por separado.
-Victoria, se que te preocupan los vaticinios sobre tu futuro, pero eso es lo que te ha traído todo este sufrimiento en primer lugar. Y también te ha alejado de Kosen Rufu. Las profecías pueden ser muy vagas aun con las palabras más concretas. Y escapar de eso, es lo que ha hecho que se cumpla de mala manera.-
-Maestro, esta dice que mi amor verdadero es el fundador de Kosen Rufu. Eso ocurrió 2500 años antes de mi nacimiento. Y de eso ha pasado mucho más, estuve encerrado casi tanto, después de todas mis penurias. ¿Cómo es eso posible?-
-Con lo que has visto, los mundos que has visitado. ¿Consideras que es un imposible eso? El tiempo es algo inmutable, pero se puede doblar como cañas. En todos los infinitos mundos posibles, verás como tu corazón encuentra consuelo.-
-La única vez que me enamoré, terminó muy mal.-
-Pero no por eso debes cerrarte a la posibilidad. Esto solo te traerá sufrimiento a ti y a la persona que amas.-
Victoria iba a replicar, pero quedó en silencio largo rato. Tendai terminó la conversación allí y se fue a realizar trabajos de jardinería al exterior. Ichinén se le unió un par de horas después.
-¿Qué consejo puede darme, maestro?-
-¿Yo? Ninguno. Quería hablarte a solas, para hacerte solo una pregunta. ¿Estás dispuesto a encontrar Kosen Rufu?-
-Claro. Y llevaré a Victoria a casa.-
-No, no respondas escuetamente y sin pensar. No quiero que me cuentes tu valor heroico. Quiero saber si estás dispuesto para lo que viene. Rokuten te tratara de detener por todos los medios que tenga a su disposición. No debes ceder ni un ápice o los demonios tomarán ventaja. Te hará sufrir, a los que están cerca tuyo. El camino no está exento de peligros mortales. Mucha gente puede perder la vida, estás declarando una guerra a la autoridad del rey demonio del sexto cielo.-
-¿Cree que no debería hacerlo?-
El maestro suspiró, casi como apenado o cansado.
-Ichinén, tu camino te lleva a Kosen Rufu, muchas cosas dependen de que tengas éxito en ello. Pero quiero advertirte que es lo que enfrentarás. Muchos morirán, muchos vivirán; pero tú nunca volverás a ser el mismo. Eso es la Revolución Humana. Va a doler.
Rokuten disfrutará con tus pesares, con tu dolor.-
-Sabe que debo hacerlo, maestro Tendai.-
-Si, lo sé. Quisiera evitarte la carga de lo que estuviera en mi mano, pero no es posible. Solo puedo enseñarte y desearte suerte.-
La charla quedó en ese punto y lo siguiente fue solo embalar sus pertenencias y preparar la partida. El camino esperaba.
Tendai los llevó hasta un túnel hecho con piedras como las de esas edificaciones. Era perfectamente redondo, horadando una ladera.
-Por aquí, podrán salir al mundo Saha otra vez. Usen estas tablas.-
Les dio como unas plataformas, sobre las que debían pararse. Pero según explicó, en los ríos de energía del universo, debían mantener el equilibrio. Las fuerzas eran muy fluctuantes y podían hacerlos caer. Los gatos lo tuvieron bastante fácil, mantener el equilibrio les salía de lo más natural. Victoria tambaleó algo, pero luego se habituó. Ichinén lo tuvo más complicado, sin embargo, le tomó la mano luego de trastabillar un par de veces. Teban guiaba por los caminos que no eran más que energía en constante flujo.
-Allá, hay varios túneles, el de nuestra salida es el que… Cuidado!!!-
El grito y posterior maullido llegó tarde. Ichinén sintió que varias manos lo tomaban por detrás Sujetándolo del cabello y miembros. Al apenas girar un poco, vio a una criatura de tono azabache, con múltiples brazos y piernas saliendo de todo su cuerpo. Victoria fue empujada a un costado y el grito de Ichinén fue sofocado por una mano negra. La criatura solo rugía, hasta que lanzó una risa gutural. Un brillo delante, en los caminos de energía, y lo que semejaba una puerta se apareció. Por ese portal, se desvanecieron Ichinén y el monstruo.
-Teban, seguilo.-gritó Victoria.
El gato detuvo su plataforma frente al lugar donde apenas se notaba que hubiera un portal pocos segundos antes. Luego de un minuto, bufó en señal de protesta.
-Maldito sea! No puedo. Usó un mecanismo artificial para abrir portales en estos caminos de energía.-
Victoria se detuvo a su lado y miró a ambos felinos, con cara de asombro e incredulidad.
-Lo perdí.-agregó el gato.-No se adonde se llevaron a Ichinén.-