El guerrero atravesó el portal. Del otro lado encontró a su felino guía. Teban lo miraba descansando sentado sobre sus patas traseras, como quien espera. El gato fue el punto de referencia, todo lo restante que encontró al traspasar el umbral lo desconcertó. Las paredes eran extrañas, como hechas con metal, con algunos otros materiales en ciertas partes, como decoraciones. El suelo era de madera, como había visto en paredes de chozas, pero este era bastante liso, como lustrado, dividido en finos tablones.
Sus ropas estaban cambiadas. Pudo verse reflejado a medias en un vidrio que parecía un espejo. Luego se dio cuenta que no era ni un espejo ni apenas reflejaba su imagen. Era una especie de ventana, y que del otro lado no se veía más que una profunda oscuridad homogénea. Las extrañas vestimentas de Ichinén le hacían preguntarse a qué clase de mundo insólito lo había enviado el primer maestro y a cumplir que tarea. La espada tenía ahora la forma de un bastón, como un báculo más corto, tal como si fuera un anciano y lo necesitara para andar. Obviamente, las decoraciones de Daimoku se trasladaban a este bastón, firme y fuerte, bellamente decorado. Muy ostentoso para el gusto del guerrero.
-¿Dónde estamos?-inquirió Ichinén.
-Donde nos envió el príncipe.-respondió Teban.-Seguime.-
-Parece de noche.-dijo el guerrero, atisbando por la ventana.
-Lo es.-
Ichinén caminó detrás de su compañero. Fueron por varios corredores, giraron y volvieron a girar. Subieron unas escaleras, unas como nunca había visto Ichinén. Cada lugar o cuarto que pasaban por delante, le parecía más extraño que el anterior. Algunos parecían casi de pesadilla. Las paredes eran como lustrosas, pero no se engañaba, eran de hierro o de algún otro metal. ¿Qué clase de herrero hacía paredes en ese mundo? Vio pasillos blancos, y algunos decorados con una madera marrón claro lustrada, que brillaba de maneras que él nunca había visto. Llegando a un largo corredor, escucharon pasos acercándose, gente corriendo en su dirección. Ichinén presintió peligro, pero al ver correr a esa gente se dio cuenta que ellos eran los más asustados.
-Corran, no por ahí, vuelva, está todo inundado.-gritaban dos de los tres hombres que rebasaron a Ichinén y al gato.
-¿Estamos en un castillo bajo ataque?-fue lo único que Ichinén pudo estipular para intentar comprender esa realidad.
-En cierto sentido, si. Pero estamos en un barco.-
-No puede ser un barco tan grande.-
-Lo es. No es uno como de los que hayas visto anteriormente.-
Teban siguió andando y el guerrero no tuvo otra opción que seguirlo.
-Vamos a cubierta. Preparate para lo que viene.-le dijo el gato gris y blanco.
Al salir al exterior pudo sentir el aire, tan frío que le pareció como estar de vuelta en el infierno. Para apoyar esta idea, el caos circundante era ensordecedor. Gente gritando, corriendo, empujándose. Todos llevaban una pechera blanquecina, como si fuera un uniforme, pero Ichinén notó que no debía ser muy resistente. Aquella cobertura no frenaría ni un destral desafilado y arrojado sin ganas. Era como si el cielo se estuviera cayendo sobre sus cabezas y todos corrieran sin saber dónde ir. Un hombre al que todos parecían prestar suma atención repartía esas pecheras blancas y con ciertas protuberancias.
-Pónganse los salvavidas y diríjanse a los botes.-decía a todo aquel que se cruzaba en su camino.
Observando alrededor, Ichinén quedó anonadado no solo por la situación que tenía ante él, sino por la inmensidad de todo. El barco debía medir varios cientos de metros, de hecho se le hacía difícil ver una punta o la otra, suponía que estaban como por la mitad. La noche era negra como la caverna más cerrada, mantenida en tinieblas por siglos. El choque con un hombre que huía le volvió la atención. En todo ese caos, nadie prestaría atención a un gato y a un hombre con mirada desorientada.
-¿Qué ocurre?-preguntó el guerrero.
-El barco se hunde.-respondió el gato y se acercó a la baranda que daba al océano.-Ves allí a lo lejos?-
Ichinén intentó otear donde le señalaba el felino con su pata, pero le costaba ver nada. Forzando un poco los ojos y quizá la imaginación, logró divisar un bulto, aunque no podía precisar exactamente que era lo que estaba observando.
-¿Es una isla?-
-En cierto sentido.-respondió el guía felino.-Una isla de hielo. Hace poco menos de media hora, rozó el costado de este barco, dañándolo irremediablemente.-
El tono ominoso del animal le dio escalofríos, Teban siguió explicando.
-No hay opciones, se hundirá. Y la gran mayoría de estas personas, morirá. Mil quinientas vidas truncadas de una sola vez, una gran desgracia. Ninguna otra embarcación se encuentra cerca de este barco para ayudar. Un cúmulo de elementos mal dispuestos, decisiones pésimas tomadas y eventos abyectamente negativos.-
Ichinén miró en derredor y sufrió ante el caos creciente cada vez más turbio. Esa realidad se encontraba en un momento muy desgraciado, las palabras del felino lo golpearon como un martillo en la nuca. Observó a la gente, algunos elegantemente vestidos, otros no tanto, había también unos de uniforme negro. Estos últimos eran los que más mantenían la calma. La gente corría con desesperación, pero hacía donde? El pánico se leía en sus rostros, el sufrimiento ante la muerte cercana. Ichinén sintió pena por todas esas personas que ya se sabían muertas.
-¿Quién puede organizar un salvataje en este desorden?-
-No solo eso, Ichinén. El clima de esta zona es de bajas temperaturas, esa agua te congela en apenas un par de minutos, eso si eres fuerte, sino mucho antes. Casi nadie puede que muera ahogado, mucho antes se los llevará la hipotermia.-
-La hipo quee?-
-El congelamiento.-
Ichinén asintió, Teban hacía uso de algunos términos que le eran completamente ajenos. Algunas personas pugnaban por subirse a unos barcos más pequeños, como botes que se usan para alcanzar la costa pero con más capacidad y amplitud. Hombres de uniforme intentaban poner orden, pero la multitud se volvía peligrosamente incontrolable.
-Mujeres y niños, únicamente.-vociferaba uno de los oficiales, haciendo subir a una mujer y evitando que un hombre intentara escabullirse dentro.
-Vamos, Ichinén. Siento una puerta a otro mundo. Está debajo de nosotros, en algún piso inferior.-
El guerrero siguió al felino, preguntándose qué razón tendría el primer maestro para enviarlo a ese extraño y caótico mundo, por lo menos en este evento particular. Quizá estaba tratando de enseñarle algo sobre el pánico y la animalidad, pero Ichinén no tuvo mucho tiempo para meditarlo. Quizá aprender sobre la belleza y la fealdad de la naturaleza humana, que se manifiesta claramente en momentos extremos como ese.
-Debemos atravesar la escalera, pasando por el salón comedor.-gritó el felino.
O nadie oía a un gato hablar, que con todo ese caos era probable, o el guerrero era el único capacitado para percibirlo. Lo que si podía oír era música, hermosa música que casi lo hace perder de vista a su compañero por buscar su origen. Una banda de músicos, con instrumentos muy peculiares tocaba como si su arte los volviera inmunes a la locura circundante. Nadie más les prestó atención, todos los que corrían, a Ichinén se le antojaban enceguecidos de temor. Los músicos parecían una isla de completa calma en un mar furioso y embravecido. Entraron nuevamente al interior, por otro camino diferente al que habían usado para salir a la cubierta.
Mientras bajaban y subían escaleras, atravesaban pasillos, Ichinén intentaba comprender esa realidad y despejar sus dudas.
-¿No previeron que pudiera hundirse?-
-Lo hicieron, es el mejor construido para su época. Pero eso no fue suficiente. Tenía un diseño que lo hacía casi imposible de hundir.-
-¿Y cómo es que se está hundiendo?-exclamó Ichinén señalando en derredor con los brazos abiertos de incredulidad.
-Esa es la gran pregunta, Ichinén. Pero ello no nos compete ahora. Solo encontrar la puerta. Si pasó yo solo y tardás demasiado, se cerrará. Si pasamos los dos el portal se cierra inmediatamente, la energía misma del traspaso lo hace cerrarse. El universo se conforma así, para no dejar portales abiertos eternamente, por todas partes. Los de aquí verán solo una puerta común y silvestre que existe en este mundo, pero para nosotros será algo más.-
Llegando a la escalera, Ichinén se llevó una sorpresa. Dos hombres se encontraban sentados, vestidos con gran gala y esperando, como quien aguarda un té o alguna otra infusión en una posada. Uno era más joven, un pariente o ayudante, de lo que parecía un hombre importante. Teban siguió como si nada o nadie estuviera allí, pero Ichinén no pudo más que detenerse a contemplarlos. Sus miradas de tensa calma lo intrigaron. Rodeados de todo ese lujo, con una gran vidriada encima, ese dúo esperaba su sino.
-Ichinén, vamos, no te demores.-le gritó el felino.
El guerrero lo siguió, atravesaron varios tramos de escalera, tantos pasillos y escaleras lo desorientaban. Al llegar al salón comedor, Ichinén comprendió a que se refería su amigo. Era como una inmensa posada, donde debía comer la gente de ese transporte. Aquí abundaban las decoraciones en madera clara y lustrada. Parecía ir a todo lo ancho del barco y tenía el tamaño de varias posadas que Ichinén conociera, como una al lado de la otra.
-¿Qué estaban haciendo esos hombres?-
-Muriendo valientemente. Más de lo que están haciendo muchos aquí y harán a lo largo de lo que quede de esta noche. Son líderes de una compañía de minería y fundición. -respondió Teban.
-¿No van a intentar irse del barco?-
-No hay lugar para todos en los botes. E igualmente solo dejan subir mujeres y niños. El estuvo ayudando hasta recién a todos, ahora ya se ha vestido con sus mejores galas para enfrentar el destino último. Se sabe condenado, pero a diferencia de otros, no se deja dominar por el miedo.-
-Loable.-
-Pero morirá de todas formas. A todos nos toca morir. Mucha de la gente en este barco tiene grandes fortunas, pero eso de nada sirve en esta fría noche.-
-Aun así, es mejor elegir como morir que vivir con miedo tus últimos minutos.-
-¿Aceptación ante la muerte? Me gustaría ver que hicieras lo mismo en su lugar.-
-¿No podemos llevarlos por la puerta con nosotros?-
-No, porque ellos harían que conectáramos con otro mundo y apenas cruzaran se cerraría el umbral. Tendríamos que buscar otro y no tenemos muchas opciones en este barco.-
Esquinas, pasillos, escaleras. Ichinén ya había dejado de orientarse o de intentarlo siquiera.
-Es en este pasillo, al final, siento la puerta.-le dijo Teban.
El mundo parecía marearlo. O era su imaginación o el piso estaba inclinado.
-El suelo parece ir hacia arriba.-
-El barco se inclina al hundirse, nos estamos quedando sin tiempo.-
Ichinén avanzó por el piso que se empezaba a llenar de agua helada, mojando su extraño y lustrado calzado, sintió el cuchicheo de dos voces. Al atisbar dentro del cuarto de donde provenía el sonido, encontró a dos ancianos sentados sobre una cama muy adornada. El hombre era calvo con una escueta barba blanca. La mujer llevaba el canoso cabello en rodete por sobre la cabeza. Los ropajes le eran tan peculiares como los que había visto en todo este mundo, aunque esto se circunscribiera únicamente a ese barco. La pareja se tomaba de las manos, como consolándose mutuamente. Ichinén dejó al gato fuera del cuarto y sin importarle el tiempo corriendo, entró a la habitación.
-Los botes están llevándose a todos. No deben estar acá.-les dijo el guerrero.
-No pudimos subir a ellos, no me han dejado abordar por ser hombre, joven. Mi esposa y yo nos quedaremos aquí.-le respondió el hombre.
-Pero ella se puede salvar.-le replicó Ichinén, como si eso fuera más que evidente.-Dejan subir a las mujeres, ella si puede irse.-
-Hemos vivido juntos durante 35 años, y juntos moriremos.-respondió la mujer.
-Ida estaba a bordo ya, otros hombres intentaron convencer al oficial que me dejara subir, pero él no cedió. Mi esposa descendió para que estemos juntos en el final.-le relató el hombre, fuertemente conmovido pero sobrio al hablar.
-Yo… Lo siento mucho.-
Ichinén sintió un nudo en la garganta. Nunca había visto dos corazones tan involucrados el uno con el otro, no había nada que perdurara tanto.
-No se lamente joven amigo, por lo menos estaremos juntos. Nosotros ya hemos vivido, no guardo arrepentimientos ni reproches para mí.-replicó el anciano.
-Es muy injusto...-comenzó a balbucear el guerrero, deseando ayudarlos.
Había presenciado grandes expresiones de valentía y desinterés ante el caos de la muerte. Hubiera deseado ayudar al minero que moría elegantemente, a los que trataban de subir gente a los botes, a los músicos que tocaban pese a la cercanía de la muerte; a todos hubiera deseado ayudarlos. Parecía sentir la voz del maestro, esa voz tranquila y cadenciosa, diciéndole: No puedes salvar a todos.
-La vida no es justa, pero no existe otra salida.-le replicó el hombre.
-Ichinéeeeen.-susurró el gato.-Debemos irnos.-
Los ancianos no hicieron ningún gesto ante esa voz, por lo que el guerrero confirmó que solo él percibía la voz de su peludo acompañante. El guerrero se despidió de la pareja, con el corazón en un puño, invadido por la impotencia. Se fue junto a su guía de cuatro patas, sin poder apartarlos de su mente. Teban lo urgía a seguir, no faltó mucho. El pasillo doblaba y apenas llegando allí, el umbral. Era el umbral, la salida a otro mundo. El marco brillaba, indicando que el portal estaba abierto, cuando Ichinén lo atravesara dejaría todo eso atrás. El barco hundiéndose, la pareja de ancianos que morirían juntos, los dos hombres que elegían morir vestidos de gala, todo ese dolor y coraje. Las palabras del maestro le resonaban en la cabeza.
Desprenderse incluso de la idea de alcanzar Kosen Rufu, hacer lo que es correcto aunque no lo parezca visto desde concepciones superficiales.
-Esperá.-lo frenó Ichinén.
-¿Y ahora qué ocurre?-
-¿Podés sentir otra puerta?-
-No estoy seguro, creo que no.-
-Intentalo.-
El gato cerró los ojos y giró el rostro, no sin cierto fastidio.
-Hay una, pero no estoy seguro que podamos alcanzarla. La percibo muy profundamente en el sector del barco que se está hundiendo o que ya se encuentra inundado.-
-No importa, me arriesgaré.-
Volviendo sobre sus pasos, fue en busca del matrimonio.
-Ichinén, esto es una locura, puede ser tu única oportunidad. Este mundo no es el tuyo. Solo vinimos aquí porque el maestro nos mandó.-aseveró el felino.
-Y por alguna razón lo hizo. Para que viera esto. ¿Por qué sino me enviaría a este mundo y no a otro? Existe más de un atajo. ¿Cierto?-
El gato no supo que responder, el guerrero llevaba razón, ir a un mundo o a otro era casi idéntico. El maestro sabía lo que hacía.
Ichinén encontró a la pareja preparándose la cama como para recostarse, esperando el final. Ellos no comprendían nada, cuando él aseguraba tener una forma para que escaparan. Al doblar por el pasillo y se encontraron ante el umbral no vieron nada especial; pero cuando el gato finalmente habilitó el acceso, los tres humanos pudieron ver el jardín más hermoso que pudieran imaginar. Ichinén los instó a pasar rápidamente. Apenas si pudieron agradecerle con una sonrisa. Una vez que ambos esposos estuvieron del otro lado, se quedaron mirando sonrientes a Ichinén, desde el jardín. La gratitud se dibujaba en sus rostros. Sonreían al guerrero y además ahora podían ver a Teban. Sin comprender, excepto entendiendo que algo maravilloso y totalmente fuera de su mundo había sucedido; el matrimonio se despidió de Ichinén saludándolo con la mano. El portal se fue desvaneciendo, como si la imagen se difuminara. Finalmente, se cerró. Y aunque hubiera querido no podía cruzar, según le explicó Teban. La energía de ese portal en particular, invocado por un solo guardián, solo permitía cruzar a dos seres. Una vez que la energía se difuminó completamente, fue como si se acallara el mar repentinamente, Ichinén y Teban se quedaron en silencio por unos segundos.
-Bien.-dijo finalmente, moviendo el hocico, haciendo que se agitara su marca oscura sobre su fosa nasal derecha.-Ahora debemos ir por la otra puerta.-
Dicho esto, el gato salió corriendo a todo lo que le daban sus patas. Tanto que Ichinén tuvo problemas para igualar su velocidad, pese a que sus piernas eran mucho más largas. Descendieron una escalera, siguieron por un pasillo. Por lo que el guerrero podía deducir, no solo estaba hacía abajo la puerta, sino también en el lado contrario de ese barco. Estaban yendo en dirección contraria a la que llevaban antes de encontrar a la pareja. Un sector inundado hizo que el gato girara y tomara por otro pasillo.
-Vamos por aquí, es un atajo.-
Volvieron a dar un par de vueltas, subieron y bajaron. Ichinén ya no podía asegurar cuantas giros habían hecho, el trayecto fue más largo e inundado que antes. El gato se frenó justo sobre el inicio de una escalera descendente, daba a un corredor casi inundado hasta el techo. Una luz provenía desde el líquido como si algo aun tuviera energía muy en el fondo.
-Es aquí, atravesando toda esa agua, se encuentra la puerta.-informó el felino.
Ichinén miró a su compañero, comprendiendo que sería difícil sortear ese obstáculo. Sabía que los gatos eran poco afectos a nadar, especialmente con temperaturas bajo cero. Tomó al gato sobre sus hombros, sujetándolo con una mano. Ichinén se ajustó a Daimoku como “bastón” al cinturón que sujetaba esos peculiares pantalones tan rectos. Se lanzó al agua y fue como si millones de puñales se le clavaran por todo el cuerpo, inclusive en partes que no estaban sumergidas. El frío era insoportable, casi no podía sostener a Teban por sobre su cabeza. El camino se le hacía eternamente largo, el frío solo acentuaba el lento transcurrir del tiempo. Aquel pasillo estaba completamente inundado y las luces se apagaban a medida que el agua las tocaba. La corriente era contraria a su dirección, como si quisiera alejarlos de la puerta. No solo el agua helada era el problema, también la oscuridad. Era muy dificultoso nadar, aun sujetandose de asideros a lo largo del lugar. Solo al final del tramo que atravesaban se veía una luminiscencia.
-Allí está, el portal de salida.-le dijo Teban, pero el cuerpo de Ichinén no respondía más, estaba al borde del congelamiento en vida.
-Saltá, vas a llegar. Yo te sigo.-
-No puedo dejarte, Ichinén. Te vas a congelar sin la puerta.-
-Andá, estoy detrás tuyo.-le dijo, sin un gran convencimiento.
Teban dudó un segundo, y calculó la distancia ante la puerta. Apenas si se zambulló un poco que ya había cubierto casi toda la distancia con el portal, cuando ya su pequeño cuerpo sentía la temperatura intolerable, estaba al otro lado. Ichinén lo observó desaparecer, sujetándose a un hierro o manija por debajo del agua. Intentó acercarse pero le era imposible vencer la corriente. Midió la distancia que le faltaba, sus fuerzas y el que le quedaba antes de congelarse. Lo jugó todo en un último salto hacía el portal. La corriente lo retenía, como si no quisiera dejarlo irse de ese barco condenado. Intentó ir en contra de ella, pero ya sus ojos no podían ver. Solo pudo estirar el brazo para ver si tocaba el umbral, viendo al resplandor del portal ir desvaneciéndose poco a poco. Este es el final, pensó lamentándose, así termina. Una pequeña mano surgió del portal y lo tomó de la muñeca. Las uñas decoradas decían que pertenecía a una mujer.
En algún punto del pasado sin presente, un tiempo sin edad. En las tierras donde los demonios atormentaban a los mortales comunes. En este momento, existía un hombre que se atrevía a enfrentar todo. Según dicen los libros más polvorientos, lo que resonaba por esa hoja era el sonido del universo, y este era: NAM MYOJO RENGUE KYO. Todavía en las montañas milenarias, se puede oír de boca de los más ancianos esta leyenda. La leyenda del guerrero Ichinén y su espada invencible, Daimoku.
4/15/2015
3/12/2015
19-El primer maestro.
Ichinén
y el primer maestro caminaron a la sombra de la Ceremonia en el aire. Los dos
felinos se habían quedado donde estaban, un poco más alejados, mientras el
guerrero y el príncipe conversaban al andar.
-Llegar
a esta tierra es importante para ti.-comentó el maestro, asentando un hecho.
Ichinén
solo pudo afirmar con un gesto que así era, ignoraba que más podía agregar al
respecto.
-Yo
me preguntaría cual es la razón por la que decidiste ir en busca de esa tierra.
¿Cuál es el motivo fundamental?-continuó el hombre.
El
guerrero no tenía respuesta para ello, parecía visto desde fuera como un mero
capricho, un arrebato emocional.
-El
tiempo para mi es algo ya trascendido. No me encuentro atado a él. De hecho,
estoy en este momento en la Ceremonia en el aire, a la vez que hablo contigo.-
Ichinén
no entendió como era eso posible, ni tampoco que relación tenía con su charla,
pero no dijo nada.
-Incluso
tú estás allí arriba, o lo estarás, Ichinén. Cuando el tiempo sea el correcto.
Esta es mi respuesta, para alguien que solo puede escuchar lo necesario para
seguir adelante, no para alguien que ya lo ha vivido. Es correcto lo que crees,
perteneces a Kosen Rufu, pero no porque provengas de allí. No hay un misterioso
origen, donde un ancestro tuyo provino de allí. No es tan así. Solo puedo
decirte que Kosen Rufu e Ichinén están entrelazados. No es vagamente
determinado tu camino allí. Es donde debes ir. Deberás confiar en mi sobre
esto, más no puedo decirte sobre ello.-
Ichinén
sonrió y lanzó un suspiro.
-¿Es
decir que debo ir allí?-
El
maestro hizo un parsimonioso gesto de gravedad, el cual preocupó al guerrero.
Era un augurio de malas noticias.
-Si,
así es. Pero no todo camino es claro, el tiempo tiene muchas vertientes y no
todas incluyen los mismos elementos. Solo puedo ver a través de las variables
que siempre te estará prohibido el ingreso a Kosen Rufu.-
El
guerrero se plantó y depositó su mano en el pomo de Daimoku.
-Ningún
obstáculo me impedirá entrar en la ciudad capital de Kosen Rufu. No importa
cuantos demonios se planten ante mí.-
-No
estoy seguro que sea una cuestión de inconvenientes. A veces el propio yo es
quien nos impide avanzar. Quizá seas vos mismo el que te impida entrar a la
ciudad. No puedo explicar lo que no entenderías, ni puedo ver lo que no está
aun naciente. Mucho te queda por recorrer, no es solo un camino difícil. Debes
esperar lo paradójico. Deberás aprender para poder continuar. Puede que te
pierdas, que el camino se estreche. Hay cuestiones que debo callar, la razón
por la que debes ir no puedo explicarla sin acaso anular tu motivo para llegar
allí.-
Ichinén
asintió en un voto de confianza en las palabras del maestro.
-Voy
a seguir. No sé como lo haré, pero veré eso paso sobre paso.-
El
príncipe asintió con alegre tranquilidad, como complacido. Las malas noticias
le embargaban el corazón de pena al guerrero, la duda era un dolor agudo para
Ichinén. Pero algo en los gestos del maestro, su presencia misma le daba esperanza. Sus palabras tenían algo que
Ichinén nunca había experimentado.
-Los
hombres querrían poseer algo que fuera
permanente, estable, eterno, no sujeto a cambio, que durara como todo cuanto es
eterno. Querrían imponer su voluntad al yo, para no experimentar penar ni dolor
ni lamentación ni desesperación. ¿Pero donde ven tal dominio de la
voluntad?-Dijo así el príncipe.
-Si
algo tengo creo que es voluntad, pero como muchos se han mofado, incluidos
algunos demonios; parezco necio de tan determinado a llegar a Kosen Rufu.-
-Un
necio conciente de su necedad es por tal razón un hombre sabio, pero el necio
que piensa que es un sabio es verdaderamente un necio.-
Las
palabras del primer maestro descolocaron a Ichinén. La fortaleza de los ataques
verbales negativos se evaporaban como agua hirviendo ante las del príncipe. La
sabiduría de este maestro vencía cualquier argumento de los demonios que el
guerrero hubiera escuchado.
-Seguramente,
los elementos más nefastos como Tenyi-Ma querrán oponerse a mí.-
El
príncipe afirmó con un gesto que aquello era correcto y agregó:
-Caminos
hay que conducen de las tinieblas a la luz y otros hay que conducen de la luz a
las tinieblas. Pero también ha caminos que de la oscuridad conducen a la
penumbra, otros que del alba llevan al hombre a la esplendente luz meridiana.
El sabio aprovechará la luz para intensificarla y avanzará constantemente en el
conocimiento de la verdad.-
El
guerrero apretó los dientes con rabia y casi lanzando un gruñido. El maestro le
puso una mano en el hombro para tranquilizarlo.
-Jamás
en este mundo los odios cesan con el odio. Cesan con la benevolencia: ésta es
una ley eterna.-
-Si,
maestro, no permitiré que me impidan lograr mi objetivo. Esa es mi función real
en la vida. Mi verdad.-
-Para
alcanzar la verdad es indispensable reconocer lo ilusorio de la
personalidad.-recomendó el príncipe.
-El
demonio del sexto cielo y su amenaza no tienen tanto de ilusorio.-
-Uno
debe considerar no lo malo de los otros ni lo que los otros han hecho o no han
hecho, sino lo que uno mismo hace o no hace.-
-Se
que en mi vida he cometido errores, fallos que me han llevado hasta el
infierno, donde encontré la espada de la ley…-
El
primer maestro levantó una mano ante si, mostrando la palma al guerrero y este
guardó silencio para escucharlo.
-Tu
mala acción no ha sido hecha por tu madre, ni por tu padre, ni por hermano, ni
por tu hermana, ni por tus amigos y compañeros, ni por tus parientes allegados,
ni por las divinidades; tú mismo has hecho tu mala acción, tú mismo recibirás
su fruto.-
Ichinén
bajó el rostro compungido, con gran arrepentimiento.
-Lo
sé, he sido imprudente, terco y algunas cosas más.-
-Uno
mismo hace el mal, uno mismo se corrompe; uno mismo deja de hacer el mal, uno
mismo se purifica; pureza y corrupción existen por uno mismo, nadie puede
purificar al otro.-
-A
veces siento que los enemigos son muy poderosos. ¿Cómo saber utilizar la
sabiduría para vencer?-
-Más
grande que la conquista en batalla de mil veces mil hombres, es la conquista de
uno mismo.-
-¿Debo
vencer sobre el mal en mi interior? ¿Cómo es posible identificarlo?-
-Fácil
es hacer lo malo y pernicioso para uno mismo: sumamente difícil, lo bueno y
saludable.-
-A
veces siento que no se nada, nada en absoluto. Sobre como hacer para lograr
esto que me aconsejas.-
-La
ignorancia es la más grande de las impurezas, la suprema impureza; librándose
de esta impureza, los hombres serán puros.-
Ichinén
comprendió aquello de lo que estaba hablando el príncipe.
-Debo
mejorar para ser capaz de alcanzar mi objetivo.-afirmó el guerrero.-Debo vencer
a esos demonios, tanto afuera como adentro.-
-No
existe fuego como la pasión, no existe demonio que se posesione de uno como el
odio, no existe red semejante al error, no existe correntada como el deseo.-
Ichinén
observó la ceremonia en el aire, con añoranza. El maestro siguió hablando,
mientras el guerrero callaba.
-El
nacimiento es causado por la existencia. La existencia es causada por el apego.
El apego es causado por el deseo. El deseo es causado por la sensación. La
sensación es causada por el contacto. El contacto es causado por los sentidos.
Los sentidos son causados por el nombre y la forma, es decir, la
individualidad. El nombre y la forma son causados por la conciencia. La
conciencia es causada por los residuos kármicos, fruto de los pecados cometidos
en vidas pasadas. Debes desprenderte de muchos lastres, incluso de la propia
idea de llegar a Kosen Rufu, ese puede ser un obstáculo inclusive.Quizá debas
hacer algo que es lo correcto pero que no lo parece ante concepciones
superficiales. No es posible encaminarse a pie firme por el recto sendero, sin
haber arrojado antes el embarazoso lastre de las pasiones egoístas.-
El
guerrero se giró sobre si mismo y observó al horizonte, donde Teban y Dulce,
sus dos felinos amigos retozaban al sol.
-¿Debería
incumplir mi palabra?-
-Por
el contrario. Como una bella flor, llena de colorido pero sin perfume, así es
estéril la palabra hermosa del que no actúa conforme a ella. Como una bella
flor, llena de colorido y con perfume, así es fecunda la palabra hermosa del
que actúa conforme a ella.-
-Quisiera
saber que hacer para así enmendar mis errores en el pasado.-
-El
que actúa mal se atormenta en este mundo, se atormenta en el otro, se atormenta en ambos mundos; se atormenta
pensando: “He hecho una mala acción”; y se atormenta más al llegar a un estado
de mísera existencia. El que actúa bien goza en este mundo: “He hecho una buena acción”, y goza más al
llegar un estado de feliz existencia.-
-Pero
es que mi pasado, con su más y sus menos, me hace quien soy.-
-Todas
las criaturas son lo que son, a causa del karma proveniente de sus acciones en
existencias anteriores y serán lo que sean, según sus obras en la vida
presente.-
-¿Debo
dejar el pasado atrás para poder seguir adelante?-
-El
alma va evolucionando por todas las formas materiales, del mineral al vegetal,
del vegetal al animal, del animal al hombre, hasta que alcanza la perfección en
el estado de iluminado.-
El
guerrero meneó la cabeza, abrumado por todo el dialogo.
-Esto
es mucho para mi mente, por lo menos de una sola vez.-
-La
condición humana está dirigida por la mente, predomina en ella la mente, está
hecha de mente. Si uno habla o actúa con mente perversa, la desgracia lo sigue
como la rueda de la carreta sigue los pasos del buey. Si uno habla o actúa con mente pura, la felicidad lo sigue
como su sombra que nunca lo abandona.-
-Mantendré
mi promesa y confiaré en su palabra. No sé cual es la causa que me lleva a Kosen
Rufu, pero sé que existe una y eso es suficiente. Es indispensable que llegue
allí, por lo que no puedo desistir.-
-Como
una roca sólida no tiembla con el viento, así el sabio permanece imperturbable
ante el reproche o el halago. No permitas que seres bajos te confundan o te
pierdan.-
Teban,
el gato de antifaz gris dibujado en su pelaje se acercó al guerrero y al
príncipe.
-Existe
una puerta que está por abrirse, es a un mundo que nos servirá de atajo para
que el viene. Debemos partir, Ichinén.-
Guerrero
y maestro se miraron y con los ojos se comprendieron, el tiempo se agotaba, aun
cuando fuera eterno. El príncipe lo saludó con una inclinación de cabeza.
-Recuerda
esto, Ichinén. Quien ame la verdad no morirá jamás, porque ha bebido del agua
de la inmortalidad. Nos veremos pronto, que tengas buena fortuna. Recuerda
siempre mis palabras, todas ellas.-
El
príncipe se elevó y se unió al resto de sus compañeros de ceremonia.
-Muchas
gracias, maestro.-
En
ese preciso instante, algo como una torre se elevó en el horizonte, lejos de
donde estaban ellos. La figura del primer maestro se perdió de vista en el aire,
acercándose a esa figura que aparecía. Ichinén bajó el rostro, apurado por su
compañero, que ya partía ligero en sus cuatro patas. El gato guió al guerrero y
caminaron algunos cientos de metros. Dulce, se quedó observando desde su lugar,
como su compañero y el guerrero se alejaban. En medio del campo, algo más
alejados de donde se encontraba la ceremonia en el aire, se erguía una puerta con
marco de madera. Simplemente, una puerta. Sin pared ni otra edificación,
solamente un marco y su umbral.
-Explícame
eso de nuevo, Teban. ¿Cómo es que podés abrir portales o conocer donde
existen?-
-Somos
gatos. Los guardianes de todas las puertas. ¿Acaso nunca viste un gato postrado
delante de un umbral? ¿No has visto como nos tiramos siempre en el medio del camino? Es
porque allí existe una puerta a algún mundo. Que no la puedas
atravesar, no sepas como o no la veas; no significa que no exista y que por
ello no la custodiemos. Por esta razón, somos nosotros quienes te estamos
guiando. Vamos, no hay tiempo que perder.-
Ichinén
giró el picaporte y empujó la madera hacia dentro. El guerrero y su guía
cruzaron la puerta.
8/04/2014
18-La ceremonia en el aire.
Allí se encontraban reunidos incontables seres, de todas las formas, géneros y especies. Tan diversos eran que Ichinén no podía jurar donde mirar primero y si ya había visto a ese o al de más allá. Todos le parecían novedosos y diferentes, aunque ya hubiera puesto sus ojos en ellos. El guerrero no estaba seguro si esos seres volaban o flotaban. Para el caso daba lo mismo. Observó, observó, siguió observando, se quedó un rato más observando y… observó más. No importa como se rompiera los ojos o aguzara la vista, no veía nada notable a miles de metros por su cabeza. Esperó. Nada pasó. Intentó gritar, pero su voz no parecía llegar más que a un par de cientos de metros. Finalmente, se encaminó a escalar la cima. Por el camino, encontró a un rostro familiar.
-Me preguntaría que estás haciendo.-dijo el gato con el rostro que parecía enmascarado en gris.
-Y yo me preguntaba cuando aparecerías.-
-¿Debía hacerlo?-
Otro felino, se acercó a ellos, al parecer era una gata. Se notaba por sus tres colores en el pelaje y ser un poco más pequeña que el otro. El pelaje de la felina semejaba a un mármol por sus tonos que formaban una melange perlada de colores sobre gris jaspeado.
-Yo lo traje, sin mí no podía hacer nada.-expresó la gata a modo de presentación.
-Mujeres, ya sabrás de lo que hablo cuando pase un poco de tiempo.-dijo a su vez el gato.
-¿Pariente tuyo?-preguntó Ichinén.
-No, por favor, no tengo tanta mala fortuna.-comentó la gata, demostrando que tenía pocas pulgas, por decirlo de alguna manera.
-No seas tan dura con mi compañero humano.-le recriminó el gato.-Hemos venido a ver al Príncipe.-
-¿Por qué debería molestarlo con recién llegados advenedizos.-replicó la gata de soslayo.
Casi parecía mantener una expresión recia, sin humor o simpatía por los otros dos. O ni tan siquiera alguien más.
-Estoy en busca de Kosen Rufu, para hallar ese país, debo encontrar a los tres maestros. Me dijeron que el primero de ellos, se encuentra en esta ceremonia.-le explicó el guerrero.
La felina lo miró con unos ojos de cierto desdén, casi como su gesto fuera de un humor de mil demonios. Pero su voz fue muy apaciguada.
-Si, el Príncipe se encuentra allí, de hecho él la está presidiendo en ese momento, es aquel a quien buscas.-
Ichinén miró en derredor y luego a ambos animales, como esperando. Ninguno de los dos felinos hizo el menor movimiento. Excepto la gata, que a los pocos segundos, se reclinó sobre una piedra, como si esta fuera una almohada donde recostarse. Acodada sobre la roca, miró al guerrero con extrañeza algo jocosa.
-¿Cómo así? ¿Acaso estás esperando que lo baje para ti? ¿No querrías que te baje la luna también? Si tengo tiempo en un par de eones, quizá.-
Con expresión algo desconcertada, el guerrero se intentó explicar.
-Solo quiero que me guie en mi camino, no es mi intención molestarlo, ni perturbarlo, ni distraerlo.-
-Pero ya tu interrupción es una molestia. El Príncipe está dando su enseñanza y no puede parar la rueda del universo porque el gran rey Ichinén intenta hablar con él.-
El guerrero se quedó más desconcertado, el gato macho tosió como interrumpiendo la charla.
-Ese rey no es él, no aquí al menos.-
Ichinén lo miró y asintió.
-Te confundes con otro, no soy un rey.-
La gata cerró un poco los ojos, como dudando.
-Claro que lo sos, aunque no aquí claramente. Ichinén es único, como todos nosotros. Aquí o en cualquier mundo.-
-¿Podés solicitar respetuosamente una audiencia con el Príncipe para Ichinén o no?-la amonestó el gato.
La felina pareció lanzar un gesto de fastidio, yéndose por donde había venido. Ichinén y el gato se miraron.
-Supongo que eso es un si.-comentó Ichinén.-¿Amiga tuya entonces?-
-Diría que si, pero solo coincidimos en espacio y tiempo en ocasiones, muy frecuentemente incidentales. Más de lo que me gustaría.-
-Supongo que debe ser un amor de gata.-ironizó el guerrero.
-Es buena, diría que es dura por sus experiencias, pero bueno. Las vivencias nos modifican según nuestras particularidades personales.-
-A propósito, no sé como llamarte, aparte de gato. ¿Cuál es tu nombre?-
-Tengo muchos nombres, muchos cuerpos, depende de que mundo estemos hablando. En este podés llamarme “Teban”, aunque donde tenía ese nombre originalmente, tenía rayas naranjas en vez de todo gris.-
Ichinén sopesó esa novedad de los diferentes mundos, quizá esa Estación de paso, solo era un lugar de transición para ir de uno a otro. Eso explicaría porque encontrar Kosen Rufu no era para cualquiera, podría ser que estuviera en otro mundo. Y solo haciendo un camino y pasos determinados es como se podía acceder.
-Y el nombre de tu “amiga” es…-
-Dulce, se llama Dulce, aunque en otro idioma que no se aplica aquí.-
-Es un chiste.-lanzó Ichinén con sorpresa.
-¿Me estás viendo reírme?-inquirió el gato.
Ichinén mantuvo el silencio por unos minutos, hasta que finalmente una duda lo asaltó.
-¿Por qué dos gatos son los que me están ayudando?-
-Somos los guardianes de todas las puertas.-explicó Teban, pero se frenó y giró repentinamente su rostro hacia la espalda de Ichinén, como solo los gatos pueden hacer cuando algo atrae su atención.
El guerrero se giró y vio un hombre vestido con una túnica, llevaba el pelo recogido arriba de la cabeza y todo su ser parecía resplandecer.
-He aquí al primer maestro. El Príncipe.-presentó Dulce, la gata con el nombre paradójico, al acercarse a ellos.
Ichinén quedó maravillado por la energía que irradiaba el Príncipe, tanto que se quedó sin palabras. La sonrisa del maestro era tan cálida y discreta que lo mantenía distraído.
-Veo que se venían riendo.-comentó el Príncipe.-Dicen que donde está la risa, estoy yo. Porque si hay llanto, están los demonios.-
Ichinén volvió a la realidad al escuchar esto último y estaba a punto de hablar cuando el Príncipe hizo un gesto.
-Caminemos juntos y explicaré lo que necesitas saber.-
Ichinén acompañó al que ya consideraba su maestro. El primero.
-Me preguntaría que estás haciendo.-dijo el gato con el rostro que parecía enmascarado en gris.
-Y yo me preguntaba cuando aparecerías.-
-¿Debía hacerlo?-
Otro felino, se acercó a ellos, al parecer era una gata. Se notaba por sus tres colores en el pelaje y ser un poco más pequeña que el otro. El pelaje de la felina semejaba a un mármol por sus tonos que formaban una melange perlada de colores sobre gris jaspeado.
-Yo lo traje, sin mí no podía hacer nada.-expresó la gata a modo de presentación.
-Mujeres, ya sabrás de lo que hablo cuando pase un poco de tiempo.-dijo a su vez el gato.
-¿Pariente tuyo?-preguntó Ichinén.
-No, por favor, no tengo tanta mala fortuna.-comentó la gata, demostrando que tenía pocas pulgas, por decirlo de alguna manera.
-No seas tan dura con mi compañero humano.-le recriminó el gato.-Hemos venido a ver al Príncipe.-
-¿Por qué debería molestarlo con recién llegados advenedizos.-replicó la gata de soslayo.
Casi parecía mantener una expresión recia, sin humor o simpatía por los otros dos. O ni tan siquiera alguien más.
-Estoy en busca de Kosen Rufu, para hallar ese país, debo encontrar a los tres maestros. Me dijeron que el primero de ellos, se encuentra en esta ceremonia.-le explicó el guerrero.
La felina lo miró con unos ojos de cierto desdén, casi como su gesto fuera de un humor de mil demonios. Pero su voz fue muy apaciguada.
-Si, el Príncipe se encuentra allí, de hecho él la está presidiendo en ese momento, es aquel a quien buscas.-
Ichinén miró en derredor y luego a ambos animales, como esperando. Ninguno de los dos felinos hizo el menor movimiento. Excepto la gata, que a los pocos segundos, se reclinó sobre una piedra, como si esta fuera una almohada donde recostarse. Acodada sobre la roca, miró al guerrero con extrañeza algo jocosa.
-¿Cómo así? ¿Acaso estás esperando que lo baje para ti? ¿No querrías que te baje la luna también? Si tengo tiempo en un par de eones, quizá.-
Con expresión algo desconcertada, el guerrero se intentó explicar.
-Solo quiero que me guie en mi camino, no es mi intención molestarlo, ni perturbarlo, ni distraerlo.-
-Pero ya tu interrupción es una molestia. El Príncipe está dando su enseñanza y no puede parar la rueda del universo porque el gran rey Ichinén intenta hablar con él.-
El guerrero se quedó más desconcertado, el gato macho tosió como interrumpiendo la charla.
-Ese rey no es él, no aquí al menos.-
Ichinén lo miró y asintió.
-Te confundes con otro, no soy un rey.-
La gata cerró un poco los ojos, como dudando.
-Claro que lo sos, aunque no aquí claramente. Ichinén es único, como todos nosotros. Aquí o en cualquier mundo.-
-¿Podés solicitar respetuosamente una audiencia con el Príncipe para Ichinén o no?-la amonestó el gato.
La felina pareció lanzar un gesto de fastidio, yéndose por donde había venido. Ichinén y el gato se miraron.
-Supongo que eso es un si.-comentó Ichinén.-¿Amiga tuya entonces?-
-Diría que si, pero solo coincidimos en espacio y tiempo en ocasiones, muy frecuentemente incidentales. Más de lo que me gustaría.-
-Supongo que debe ser un amor de gata.-ironizó el guerrero.
-Es buena, diría que es dura por sus experiencias, pero bueno. Las vivencias nos modifican según nuestras particularidades personales.-
-A propósito, no sé como llamarte, aparte de gato. ¿Cuál es tu nombre?-
-Tengo muchos nombres, muchos cuerpos, depende de que mundo estemos hablando. En este podés llamarme “Teban”, aunque donde tenía ese nombre originalmente, tenía rayas naranjas en vez de todo gris.-
Ichinén sopesó esa novedad de los diferentes mundos, quizá esa Estación de paso, solo era un lugar de transición para ir de uno a otro. Eso explicaría porque encontrar Kosen Rufu no era para cualquiera, podría ser que estuviera en otro mundo. Y solo haciendo un camino y pasos determinados es como se podía acceder.
-Y el nombre de tu “amiga” es…-
-Dulce, se llama Dulce, aunque en otro idioma que no se aplica aquí.-
-Es un chiste.-lanzó Ichinén con sorpresa.
-¿Me estás viendo reírme?-inquirió el gato.
Ichinén mantuvo el silencio por unos minutos, hasta que finalmente una duda lo asaltó.
-¿Por qué dos gatos son los que me están ayudando?-
-Somos los guardianes de todas las puertas.-explicó Teban, pero se frenó y giró repentinamente su rostro hacia la espalda de Ichinén, como solo los gatos pueden hacer cuando algo atrae su atención.
El guerrero se giró y vio un hombre vestido con una túnica, llevaba el pelo recogido arriba de la cabeza y todo su ser parecía resplandecer.
-He aquí al primer maestro. El Príncipe.-presentó Dulce, la gata con el nombre paradójico, al acercarse a ellos.
Ichinén quedó maravillado por la energía que irradiaba el Príncipe, tanto que se quedó sin palabras. La sonrisa del maestro era tan cálida y discreta que lo mantenía distraído.
-Veo que se venían riendo.-comentó el Príncipe.-Dicen que donde está la risa, estoy yo. Porque si hay llanto, están los demonios.-
Ichinén volvió a la realidad al escuchar esto último y estaba a punto de hablar cuando el Príncipe hizo un gesto.
-Caminemos juntos y explicaré lo que necesitas saber.-
Ichinén acompañó al que ya consideraba su maestro. El primero.
12/18/2012
17-La estación de paso.
Habiendo
caminado junto al gato largo trecho, Ichinén decidió interrogarlo acerca de su
destino. El lugar donde encontrarían al primer maestro.
-¿Cómo
es que me encontraste?-
El
gato apenas giró su faz de pelaje como enmascarado en gris.
-Eres
un Shomon.-
-¿Y
eso que significa?-
-Uno
que escucha las enseñanzas.-
-¿Cómo
sabés que escuché nada? No soy tal cosa.-
-Bueno,
solo puedes serlo si decides que así lo deseas.-
-Está
bien, quiero hacerlo. ¿Es necesario para encontrar a este maestro?-
El
felino giró su rostro y parpadeó lentamente, como solo los gatos pueden
hacerlo, con extrema elegancia.
-Para
ser un shomon, aquel que escucha las enseñanzas, debes callarte. Para escuchar
es necesario guardar silencio.-
Ichinén
quedó desorientado ante la respuesta brusca del gato, pero antes de argumentar
prefirió seguir el consejo y guardar silencio. Severo era el nombre del gato,
severo era su carácter.
-Un
Shomon no es solo aquel que escucha las enseñanzas. No únicamente eso. Sino que
también las pone en práctica.-refirió el gato mientras seguía andando, pero el
guerrero se mantuvo mudo.
No
deseaba ser amonestado nuevamente por el animal. El camino continuó
zigzagueando entre raíces y troncos, mediando ramas y hojas.
Atravesando
el bosque, llegaron finalmente a la estación de paso, llamada “Shitei funi”. Arhat
Jina se encontraría allí. Era un edificio de madera, aunque más bien parecían
varios juntos, superpuestos unos sobre otros. Unas cúpulas que amagaban alzarse
o intentaban ser cúpulas, coronaban las edificaciones.
Una
vez en la puerta, el gato se sentó sobre sus patas traseras y se lamió una
pata. Ichinén lo miró sin entender. El felino se lavó durante un rato antes de
dirigirse al guerrero.
-Debes
entrar solo, yo no puedo hacerlo.-
Ichinén
asintió, no pensaba argumentar con el animal, ya que parecía tan seguro. Debía
tener sus razones para que se viera impedido de entrar o quizá le estaba
prohibido, no importaba mucho.
Trasponiendo
la entrada principal se encontró con un lugar muy concurrido, donde mucha gente
iba y venía, haciendo cambios o tramites en diversas mesas en diferentes
cuartos o rincones. El guerrero se acercó a un hombre que al parecer no estaba
ocupado en ningún menester.
-Disculpe,
señor. Estoy buscando a alguien a quien llaman el “Arhat Jina”. Es un gran
maestro.-
El
hombre lo miro sorprendido pero sonriente.
-Se
encuentra en la ceremonia del monte, la del aire. ¿Sabés como llegar?-
Ichinén
se encogió de hombros, mostrando que ignoraba aquello. El hombre se limitó a
palmearle el brazo y señalar a su izquierda.
-Esa
puerta con la manija dorada, esa es la que debes tomar para llegar a la
ceremonia. Aun transcurre, así que debes apurarte para no perderte nada.-
-¿Allí
encontraré a quien busco?-inquirió el guerrero.-
-Claro,
el es quien preside la ceremonia.-respondió el hombre agitando su mano en el
aire, para luego dejarla en su rodilla.
Ichinén
le intrigó saber si habría una ceremonia de la tierra, del agua o del fuego.
Pero pensó que quizás el nombre era solo figurativo. Algo referente que estaban
al aire libre, en los fondos de la estación de paso y nada más.
La
manija giró con rapidez y el guerrero cruzó la puerta, cerrándola mientras
miraba delante suyo. Al principio no entendió, pero luego lo hizo mucho menos.
Ante sus ojos solo se veía un descampado monte, una ladera donde no había nada.
Nada que no fuera un bello pasto de verde brillante y unas pocas rocas
diseminadas en la suave pendiente. Al intentar girar y volver atrás, para
decirle al hombre que le había indicado la puerta equivocada, descubrió que no
había nada tampoco a su espalda. O bien la puerta se había desvanecido o él
estaba en otro lugar muy lejos. Miró en derredor con cierta ofuscación. Se
sentía estafado, por el gato y por el sujeto que le había marcado el camino. Lo
habían engañado, y muy groseramente. Ichinén seguía rumiando con bronca,
mirando el suelo y pateando distraídamente una piedra. Aquello era una
conspiración sin sentido, algo no le cerraba. Era un engaño demasiado elaborado
para lograr nada. El guerrero no pensaba desistir de su camino solo porque lo
mandaran lejos. No, algo más estaba ocurriendo allí. Una sombra, como de una
nube sobre el suelo le atrajo la atención. Se quedó congelado como estaba, en
su mente se había formado una idea, en forma de epifanía. Ichinén alzó los ojos
al cielo y la vio. La ceremonia del aire. O más bien, la ceremonia en el aire.
6/15/2012
16-Shitei Funi
El guerrero siguió por un sendero que cada vez parecía estrecharse más. Era un bosque oscuro, tanto que Ichinén pensó que lo llamarían el "Bosque negro". Siguió avanzando, mientras su inquietud crecía inversamente proporcional a como se angostaba el camino. Ya algunas ramas espinosas le laceraban en los brazos, avanzaba cortando algunas de las ramas más grandes con su espada Daimoku. Cuando pensó que esa dificultad solo podía empeorar, la ramas cesaron y se encontró en un claro. El pasto parecía recién cortado, apenas una piedra desperdigada por allí, semienterrada en el terreno. Lo que si atrajo su atención fue un gato, situado como si fuera una efigie, en el centro del claro. El animal se encontraba sentado sobre sus patas traseras y miraba al guerrero con curiosidad. En derredor, tres caminos se abrían, sin contar el que había hecho el propio guerrero a su paso. El gato era gris en su parte superior y blanco por debajo. Parecía tener una pechera blanca como la nieve como si fuera una camisa. El gris se le dividía en el rostro, semejando a un antifaz.
-¿Y ahora por cual me conviene tomar? No tengo ningún mapa o referencia como para guiarme.-dijo el guerrero para si mismo.
-El camino es tan bueno o tan malo, dependiendo de tu intencionalidad en primera instancia para llegar a algún lugar determinado.-dijo el gato, apenas moviendo los labios.
Ichinén había visto extrañas criaturas y eventos peculiares en sus viajes, pero no un gato que hablara.
-Eres un gato que habla, es increible.-exclamó el guerrero.
-Eres un mono que razona, eso es increible.-respondió el felino.
Ichinén se sintió desorientado ante las palabras del animal.
-No era mi intención ofenderte, gato, pero no se tu nombre, no tengo otra manera de denominarte.-
-Mi nombre es Teban.-
El guerrero se presentó, mientras pensaba que nombre tan particular para un animal aun más extraño.
-Estoy buscando una forma de atravesar este bosque.-
-Bueno, toma cualquier camino, es lo mismo. Más tarde o más temprano saldrás de aquí.-
-Si, eso pensé. Pero quiero saber cual me conviene más o el más corto.-
El gato inclinó la cabeza a un costado, mirando a Ichinén.
-Eso es diferente. No cualquier camino es el más corto o te llevará donde deseas.-
El gato lo miraba fijamente como esperando ver que haría el hombre. Quizá en parte, sin comprender como ese ser humano estaba delante suyo. Viendo que no perdía nada con pedirle ayuda al gato Teban, Ichinén le explicó el motivo de su viaje, la busqueda de Kosen Rufu. Y su primer objetivo, encontrar a los tres maestros, o aunque fuera al primero de ellos. Antes de terminar el relato, el gato se lamió una pata y se la frotó contra una oreja hasta su hocico. Cuando el guerrero guardó silencio, algo incómodo por el repentino aseo del felino, el animal volvió a prestarle toda su atención.
-Eso es fácil, Ichinén. El camino del medio lleva al primer maestro, debes encontrar una estación de vanguardia, que es un puesto de avanzada o una especie de posta de Kosen Rufu. El lugar se llama Shitei Funi.-
-¿Kosen Rufu está cerca?-
-Dije que era una posta o similar, no que estuvieras cerca. Si a esta altura de tu camino o de la vida en general, no comprendes lo que te tomará encontrar esa tierra, abandona en este instante toda esperanza de hallarla.-
-Lo siento, no es por ser precipitado, me intrigaba que fuera tan simple.-
-No lo es. De hecho, encontrar al primer maestro no va a ser simple. Arhat Jina no es álguien que se queda quieto en un lugar, pese a que muchos tengan esa idea de sedentarismo y pasividad, él no es así. Incluso si estuviera ahora en la estación de paso, la oscuridad fundamental te pondrá trabas en tu camino.-
Ichinén se sentó sobre la piedra junto al gato, acercandose al felino.
-¿Oscuridad fundamental? He enfrentado demonios, incluso enemigos temibles como Rokutén.-
-Rokutén es solo uno más dominado por la Oscuridad Fundamental. Y este será un enemigo más dificil de combatir que cualquier otro que hayas enfrentado. Este no te dejará ni por un solo segundo. La estación de paso está del otro lado del siguiente estado, apenas saliendo del bosque por este camino.-
-No tengo problema, vamos de a un paso por vez. Me preocuparé de eso cuando llegue el momento, antes es futil.-
El gato parpadeó con toda gracia, como solo los gatos pueden hacer, en forma lenta y pensada.
-Muy bien, pongamonos en camino. Te acompañaré un trecho, no creo que hasta Shitei Funi pero al menos gran parte del camino, mientras te encuentres solo.-
El guerrero agradeció con una inclinación afirmativa de su cabeza. Se puso en pie, mientras Teban abría la marcha por el sendero entremedio. Se internaron en un túnel de espesura, en camino a la estación de paso.
-¿Y ahora por cual me conviene tomar? No tengo ningún mapa o referencia como para guiarme.-dijo el guerrero para si mismo.
-El camino es tan bueno o tan malo, dependiendo de tu intencionalidad en primera instancia para llegar a algún lugar determinado.-dijo el gato, apenas moviendo los labios.
Ichinén había visto extrañas criaturas y eventos peculiares en sus viajes, pero no un gato que hablara.
-Eres un gato que habla, es increible.-exclamó el guerrero.
-Eres un mono que razona, eso es increible.-respondió el felino.
Ichinén se sintió desorientado ante las palabras del animal.
-No era mi intención ofenderte, gato, pero no se tu nombre, no tengo otra manera de denominarte.-
-Mi nombre es Teban.-
El guerrero se presentó, mientras pensaba que nombre tan particular para un animal aun más extraño.
-Estoy buscando una forma de atravesar este bosque.-
-Bueno, toma cualquier camino, es lo mismo. Más tarde o más temprano saldrás de aquí.-
-Si, eso pensé. Pero quiero saber cual me conviene más o el más corto.-
El gato inclinó la cabeza a un costado, mirando a Ichinén.
-Eso es diferente. No cualquier camino es el más corto o te llevará donde deseas.-
El gato lo miraba fijamente como esperando ver que haría el hombre. Quizá en parte, sin comprender como ese ser humano estaba delante suyo. Viendo que no perdía nada con pedirle ayuda al gato Teban, Ichinén le explicó el motivo de su viaje, la busqueda de Kosen Rufu. Y su primer objetivo, encontrar a los tres maestros, o aunque fuera al primero de ellos. Antes de terminar el relato, el gato se lamió una pata y se la frotó contra una oreja hasta su hocico. Cuando el guerrero guardó silencio, algo incómodo por el repentino aseo del felino, el animal volvió a prestarle toda su atención.
-Eso es fácil, Ichinén. El camino del medio lleva al primer maestro, debes encontrar una estación de vanguardia, que es un puesto de avanzada o una especie de posta de Kosen Rufu. El lugar se llama Shitei Funi.-
-¿Kosen Rufu está cerca?-
-Dije que era una posta o similar, no que estuvieras cerca. Si a esta altura de tu camino o de la vida en general, no comprendes lo que te tomará encontrar esa tierra, abandona en este instante toda esperanza de hallarla.-
-Lo siento, no es por ser precipitado, me intrigaba que fuera tan simple.-
-No lo es. De hecho, encontrar al primer maestro no va a ser simple. Arhat Jina no es álguien que se queda quieto en un lugar, pese a que muchos tengan esa idea de sedentarismo y pasividad, él no es así. Incluso si estuviera ahora en la estación de paso, la oscuridad fundamental te pondrá trabas en tu camino.-
Ichinén se sentó sobre la piedra junto al gato, acercandose al felino.
-¿Oscuridad fundamental? He enfrentado demonios, incluso enemigos temibles como Rokutén.-
-Rokutén es solo uno más dominado por la Oscuridad Fundamental. Y este será un enemigo más dificil de combatir que cualquier otro que hayas enfrentado. Este no te dejará ni por un solo segundo. La estación de paso está del otro lado del siguiente estado, apenas saliendo del bosque por este camino.-
-No tengo problema, vamos de a un paso por vez. Me preocuparé de eso cuando llegue el momento, antes es futil.-
El gato parpadeó con toda gracia, como solo los gatos pueden hacer, en forma lenta y pensada.
-Muy bien, pongamonos en camino. Te acompañaré un trecho, no creo que hasta Shitei Funi pero al menos gran parte del camino, mientras te encuentres solo.-
El guerrero agradeció con una inclinación afirmativa de su cabeza. Se puso en pie, mientras Teban abría la marcha por el sendero entremedio. Se internaron en un túnel de espesura, en camino a la estación de paso.
8/26/2011
15-La posada de los muertos.
Ichinén se removió nervioso, extraño en él, al mencionar el rey dragón el nombre del lugar. ¿Por que no habría leido el nombre al entrar? Recién en ese momento se dio cuenta que no era un tema sin importancia. Miró en derredor, ante una sonrisa de Shakataura, como invitandolo a hacerlo. El lugar parecíoa distinto y a la vez no. Notaba si a los muertos, no existía diferencia con lo vivido anteriormente, pero descubría una nueva faceta de los comensales. Aunque tal vez llamarlos así fuera ilógico, ya que no ingerían nada. Era el terreno de los bajos espíritus, la animalidad.
-Aquí, los que se sienten superiores, subyugan al que ven como inferior.-le explicó Shakataura.-Se entregan a sus instintos más bajos. Por eso beben, son adictos a hacer cualquier cosa que llene su vacio, tal y como eran en vida.-
-Entonces, no son muy diferentes al estado de hambre.-respondió el guerrero.
-Por eso es que son estados cercanos.-replicó el rey dragón.
Ichinén apuró su trago y bebió lo que quedaba de un sorbo. La charla estaba bien, pero el lugar no era una recomendacion sensata para estar.
-Haré caso de su consejo. Así que me despido. Espero que nunca nos encontremos en bandos opuestos.-dijo Ichinén, levantandose.
-Estoy seguro que si sucederá, si tienes exito.-afirmó Shakataura, mostrando los dientes en una sonrisa.
El guerrero se alejó de la mesa, sintiendo ligeros murmullos y risas de ella. Se encaminó al posadero a pagarle el trago, cuando uno de los presentes, le tomó del brazo.
-¿Que hace un vivo, entre los muertos? ¿Acaso estás entre quienes perteneces?-
Ichinén observó tenso, la mano que lo sujetaba como garra, respondiendo friamente.
-Tal vez, algún día, pero no aún.-
Se soltó de la presión del muerto, tratando de no ser brusco y que eso generara enfrentamientos innecesarios. Cuando estaba dandole el dinero al posadero, otro muerto se le acercó.
-Quedate con nosotros, a beber hasta que la muerte se aburra y se emborrache con todos.-
-Gracias, pero tengo un rumbo que seguir.-respondió el guerrero.
-Si has perdido el rumbo, ten en cuenta que llegar a la meta no es tan importante. Lo que interesa es el camino recorrido.-continuó el difunto.
Ichinén asintió, aunque el consejo le parecía fuera de lugar. Más almas en pena se agolpaban cerca adonde el se encontraba.
-Es curioso que aquellos que están vivos, desean muchas veces estar muertos. Como si el más allá fuera mejor.-exclamó el que lo había tomado del brazo y ahora se encontraba a su lado en la barra.
-Los muertos siempre molestan a aquellos que no viven por si mismos y no dejan a otros hacerlo. El cielo no tiene apuro para recibirnos.-agregó el muerto anterior, haciendo que Ichinén mirara de uno a otro, como siguiendo el vuelo de un pájaro.
-Si, muy interesante. He de seguir mi camino.-dijo Ichinén por decir algo, aunque en verdad no estaba muy preocupado por esos consejos vanos.
Intentó volverse y salir por la puerta, pero en el trayecto fue flanqueado por varias siluetas. Todos le decía lo mismo. Preguntaban que lo urgía a irse, pedían que se quedara. Insidiosos y obsecuentes eran sus tonos. Ichinén intentó apartarlos con educación, pero cada vez le estorbaban más y se agitaban más ofuscados.
La tensión fue en crescendo, hasta que los muertos tornaron a ser más violentos.
-Te vas a quedar con nosotros.-le dijo uno, como si fuera uno orden.
Aquello fue más de lo que la paciencia del guerrero llegaba.
-Ustedes no tienen poder sobre mi.-les gritó, logrando apartarlos un poco, formando un semicirculo.
Viendo que, aun a distancia, no parecían con intenciones de dejarle paso, desenvainó a Daimoku.
-Puede que estén muertos, pero la eternidad con un tajo sobre el craneo no debe ser muy agradable. Asi, apartense.-
La imprecación de Ichinén hizo retrasar a los más rezagados del grupo, pero a los que tenía delante, sospechaba que requeriría de métodos más expeditivos. Uno de los muertos avanzó con los brazos delante, intentando sujetarlo. El guerrero le clavó la espada en el mentón y tiró hacia arriba. La cabeza describió un vuelo para atrás, dandose contra las de otros difuntos. Ichinén repartió estocadas a derecha e izquierda, marcando terreno. Los muertos, asustados, fueron retrocediendo. Ellos mostraban autoridad contra quien no se mostraba por encima de ellos. Eran predadores que buscaban presas fáciles. ¿Pero que ocurría cuando encontraban otro depredador más fuerte? Alguien como Ichinén, que les plantaba cara. Muchos ya bajaban la cabeza, en sumisión. Ichinén era como un león entre carroñeros. Muy letales para seres vulnerables, pero cobardes ante una verdadera amenaza.
-Me van a dejar pasar.-les ordenó el guerrero, como determinándolo.
El rey dragón y sus acompañantes se reían discretamente. Ichinén apenas los miró de soslayo. Siguió caminando con la espada en alto, hacia la salida. Ya ninguno se atrevía a acercarse al hombre armado. Con el rostro abajo, como si estuvieran avergonzados. Su ira de hacía unos momentos, parecía haberse disipado. El guerrero no les sacaba los ojos de encima, constantemente vigilante.
Traspasado el umbral, sintió la luz del sol sobre su rostro. Era inconcebible, no entendía como había pasado tanto tiempo. ¿Habría pasado ya toda la noche? ¿O era tan solo una ilusión, producto de la Posada de los Muertos? Se giró sobre si mismo, para observar el local. Solo era una ruina abandonada. No parecía haber sido utilizado en siglos. Ichinén podía deducir que solo durante la noche funcionaba el hechizo o cuando los muertos se sentían fuertes.
-Ojalá que un día encuentren paz, almas torturadas.-musitó él.
Envainando a Daimoku, se lanzó al camino. Ahora, todo tenía otra perspectiva. Las palabras del rey dragón lo habían dejado pensando. Debía encontrar a los tres grandes maestros. ¿Como llegaría al primero? Sin preocuparse demasiado, Ichinén dio la bienvenida al amanecer. El camino se encontraba delante.
6/06/2011
14-La animalidad.
La posada se encontraba en un lugar recóndito, extraño para tales menesteres. A Ichinén no le pareció desfavorable aquello. Tal vez, peculiar, pero no algo negativo. Estaba necesitando hacer un alto en el camino. Ya era de noche, y el lugar parecía, desde afuera, rebosar de actividad. Música y voces se oían en el interior. El guerrero empujó la puerta con poca dificultad. No llegó a leer el cartel que colgaba de un costado del local, aunque seguramente, el nombre del establecimiento no venía al caso para él. La gran mayoría de los clientes se giró a ver quien entraba. Ichinén olió una atmósfera extraña allí, pero no pensaba retroceder. El posadero se encontraba al final de la barra, con cierta mirada torva, mirando como el guerrero se aproximaba.
-Buenas tardes.-saludó Ichinén.
-Buenas noches, querrá decir, aquí no atendemos si no oscureció aún.
-Como desee.-concedió el guerrero.-Quisiera algo para comer y beber, y una habitación, si tiene.-
Escuchó ligeros murmullos luego de decir eso. El posadero se sonrió sardónicamente.
-Aquí no tenemos habitaciones, nuestra gente no la necesita. Solo estamos en este lugar para pasar el rato. Muchos cuentan su vida…-
Una voz profunda interrumpió la alocución del posadero.
-Por lo menos, sírvele algo de comer, se lo merece luego de todo lo que ha pasado.-
Ichinén se giró lentamente y observó hacia el que había hablado. Solo vio ocho figuras en una gran mesa, salón de por medio. Una de ellas terminaba de hacer un gesto, aparentemente, era quien había censurado al dependiente del lugar. En la penumbra no distinguió más que figuras ataviadas con ropajes ampulosos encapuchados, los cuales dificultaban cualquier identificación.
-Se lo agradezco, aunque no estoy seguro de que sepa por cuanto haya yo pasado.-acotó el guerrero con una inclinación de su cabeza.
Esa voz profunda, ahora algo más sibilante, se sintió de nuevo.
-Ichinén es tu nombre, así como Daimoku el de tu espada.-
El guerrero acercó su mano a la mencionada espada, algo en ese hombre lo inquietaba.
El bullicio había disminuido hasta un nivel apenas perceptible.
-Ya que conoce mi nombre, podría decirme el suyo, señor.-
-Acercate Ichinén, Rokuten ha hablado mucho de vos, si que has inquietado al viejo rey demonio.-
La mención de tan nefasto personaje, hizo que todos los músculos del guerrero se tensaran. Apretó los nudillos sobre el pomo de la espada, presto a desenvainarla.
-No te alteres, Ichinén.-lo freno el misterioso personaje.-No soy tu enemigo, no por ahora.-
Una seña del hombre encapuchado a uno de sus compañeros y este se levantó para acercar una novena silla a la mesa en que se encontraban.
-Ven a tomarte tu trago con nosotros. Entre reyes nos entenderemos.-
El posadero apoyo una jarra sobre la barra.
-No soy un rey.-respondió Ichinén con simpleza.
-No por ahora, no en este mundo.-
Palabras intrigantes, no eran del agrado del guerrero, acercarse sin meditar no parecía lo más sensato. Ocho contra uno, se antojaba riesgoso, pero por otro lado, en ese lugar parecía dudoso que fueran a organizar una lucha sin más ni más.
Ichinén tomó su jarra y se dirigió a la mesa.
-¿Estoy hablando con algún demonio servidor de Rokuten?-
-Oh no. No somos demonios.-respondió el encapuchado.-Aunque también somos reyes como Dai Rokuten No Mao, el rey demonio del sexto cielo.-
-Bastante bien lo conozco a él y a sus lacayos.-replicó Ichinén, que con una mirada inquisitiva se hizo comprender.
El encapuchado dio un ligero respingo y se sintió aludido.
-Ah, mi nombre es Shakataura, también me conocen como Sdagara.-
Al decir esto se echó atrás la capucha, sus ojos rasgados fueron lo primero que llamó la atención de Ichinén. Eran como los de un reptil. La luz mortecina los hacía escalofriantes, pero no aparentaba ser una amenaza inmediata.
-Mis compañeros y yo somos los Hachi Dairyuo.-continuó Shakataura.
-Ustedes no son hombres.-agregó el guerrero, sabiendo que era algo sobreentendido.
-Somos los ocho grandes reyes dragones, provenientes de las cataratas de Amagoi.-
Ichinén había oído de tierras lejanas, menciones de estos seres. No eran tan viles como los demonios que había enfrentado en el pasado, pero tampoco eran los mejores compañeros de copas.
-No nos interesa ser tus enemigos, aunque no descarto que nos encontremos en bandos opuestos. Tenemos más en común con los demonios que con ustedes los mortales.-
Ichinén bebió un trago largo antes de responder. El ruido de la posada había vuelto a la normalidad.
-Pero escuchó hablar de mí y me encontró en este lugar.-
-No creas tanto que tu fama te precede, no por ahora al menos. Es solo que Rokuten me habló de vos y me sentí intrigado. Como pronto te darás cuenta, estás en un foco de animalidad. Es por eso que esto entra dentro de nuestro dominio.-
El guerrero no supo que contestar ante eso. Los reyes dragones permanecían impasibles en el interior de sus capuchas, solo relucían sus ojos reptilineos, excepto a Shakataura que estaba al descubierto.
-Saliste del infierno, luego en el desierto pasaste por el dominio del hambre. Ahora este es nuestro reino. Donde yo soy el Estado. Todavía faltan algunos otros.-
-No es mi intención molestar a nadie.-
Shakataura hizo un gesto como restándole importancia a cualquier molestia que le podría ocasionar Ichinén.
-Mi hija Ryunyo, también tuvo que decir al respecto. Ella se convirtió en discípula de uno de los tres grandes maestros. Del primero exactamente.-explicó el rey dragón.
Ichinén asintió, aunque no entendía que relación guardaba eso con él.
-Y esa debe ser tu misión ahora. Buscar al primero de los tres grandes maestros.-
-Es que ya tengo una misión actualmente.-
-Si, ya sabemos de tu búsqueda de Kosen Rufu. Es por eso que mi hija me pidió que te encontrara. Ella vive allí hoy en día. Lo hago como un único favor para ella.-
-No comprende que debe hacer. No sabe quien es.-comentó uno de los otros desde la oscuridad de su traje, la misma voz profunda, pero distinta.
-Por eso mi hija me pidió esto, Ryujin. Para que Ichinén entendiera.-
-¿Qué debo entender para llegar a Kosen Rufu?-
-Que no lo lograrás sin antes encontrar a los tres grandes maestros, aprender de ellos y vivir muchas otras experiencias. Verás, a Kosen Rufu no llegarás por tierra, ni atravesando el mar, ni surcando el aire. No está en este mundo y a la vez lo está.-
-Encontrando a los tres maestros… ¿Sabré como llegar?-
El rey dragón a la izquierda de Shakataura soltó una carcajada, que incomodó a Ichinén.
-No te ofendas por la risa de Yamata-no-orochi, mi colega te considera muy ingenuo como para comprender las implicancias de quien eres.-
-No sabe quien es, como dijo Ryujin.-acotó el de la derecha de Shakataura.
-Kiyo tiene razón en esto, se nota a muchas leguas que no sabés quien sos.-
-Soy Ichinén.-
-Eso es solo una palabra. Pero, ¿Qué significa? Para comprender quien sos, debés sabe de donde vienes, adonde vas y en que lugar estás.-
A Ichinén todo eso le sonaba a puro palabrerío.
-Actualmente estoy en su estado, como bien dijo.-respondió el guerrero.
-Y todavía te queda mucho para llegar al décimo, donde encontrarás al primer maestro. Pero no sabés que lugar es este exactamente, donde estás sentado.-
Ichinén se encogió de hombros y el rey dragón sonrió.
-Esta es la posada de los muertos.-
12/29/2010
13-Corazón de piedra.
En su largo camino por las tierras antiguas hacia Kosen Rufu, Ichinén debió atravesar montañas y valles. El era el guerrero más decidido del universo, su espada magica podia batir cualquier obstáculo. El era, con quién luego se asoció el concepto de determinación. Nada lo podia detener, ni el miedo. Pese a esto, el camino era de por si, dificultoso. Las manos le latían por el esfuerzo de aferrarse a las rocas de donde se sujetaba para ascender. El paisaje no era muy alegre a su alrededor, parecía más bien un páramo inhóspito. Sin gente por donde se mirara, nadie que lo socorriera ante una desgracia. Pero a Ichinén, ni eso ni nada peor lo haría desistir de seguir su camino, en busqueda de Kosen Rufu, su hogar futuro. Las rocas eran muy resbaladizas en ese tramo del camino, debía extremar los cuidados para no perder la vida. Esas montañas se interponían entre él y su tierra soñada.El camino hacía un descanso en una de las partes más altas de la colina, el guerrero aprovechó ese momento para recuperar el aliento, envainó su espada legendaria, llamada Daímoku. Que entre otras cosas le había servido de estaca para escalar, una de las razones por las cuales la consideraba más una herramienta que un arma. Se dispuso sentarse, aunque fuera en el suelo. No pudo continuar su accíon, un lamento desgarrador lo puso en alerta, una mezcla de llanto y quejido. Era algo bastante aterrador, helaba la sangre, pero Ichinén no se iba a quedar quieto. Intrigado, se encaminó a descubrir al autor de ese sonido. Un pozo se plantaba ante él en medio de la paredes de la cima, en su centro se encontraba una roca de la que provenía el sonido. Las vibraciones que se formaban por el lamento casi podían verse en el aire, en forma de ondas. Como siempre que sentía el sufrimiento de los demás, se acercó al centro del pozo, intentando calmar instintivamente, de alguna manera el dolor de ese ser. La roca tenía forma de corazón.
-No te acerqués, fuera, quien seas, vete!-ordenó una voz en la piedra.
-Solo quiero ayudar, oi que te lamentabas y me acerqué.-contestó Ichinén, con simpleza.
-No quiero que nadie venga. Deseo estar solo.-sentenció la roca.
-Lo siento, no quería pertubarte.-se disculpó el guerrero.-Pero, quisiera saber cual es la causa de tu sufrimiento. No suelo escapar del dolor de otros, no espero empezar ahora.-
El ser de piedra largó un profundo suspiro y respondió:
-Me lamento porque sufro de soledad desde hace milenios. Soy un corazón que se cansó de ser lastimado, por ello me aislé en esta coraza. Pero, la roca me ha rodeado totalmente.-
-No comprendo.-comentó Ichinén, desorientado ante lo ilógico de la situación.-¿Llorás por tu soledad, pero me pedías que te dejara solo?-
-Es que sí estoy solo, nadie me va a lastimar.-respondió la roca con simpleza.
-Seguro que si, si estás solo nadie te lastima. Pero estar solo, ya te daña, así vas a seguir sufriendo.-acotó el heroe con tono contemplativo, aunque severo..-Es necesario que alguna vez te arriesgues y pruebes abrirte a otros. Sino, nunca tendrás la posibilidad de ser feliz. Y eso, es más importante que el ser lastimado unas cuantas veces.-
El corazón se lo pensó unos segundos, un temblor ligero pareció conmover la piedra.
-Es cierto y llevas razón, pero igualmente no puedo salir de aquí.-exclamó el corazón, con cierto pesar.-La roca me traba. He estado tanto tiempo así, que ya no puedo salir de este sitio, yo construí mi propia prisión.-
-Eso no es problema.-informó Ichinén, el guerrero invencible.-Daímoku, mi espada, fue forjada con las fuerzas más positivas de la creación. Su energía es la misma que creó el universo. Por ello, es lo unico que te puede liberar de tu prisión. Solo algo como el amor, lo haría.-
El guerrero levantó su espada sin dudarlo y la blandió en el aire, resonando por doquier. El golpe contra la piedra fue certero y preciso. Una explosión de luz y color surgió de la roca y el corazón se alzó en el aire, libre despues de tanto tiempo. Reluciendo con toda su fuerza vital.
-Gracias guerrero, mil gracias, voy a hacer como dijiste. Es mejor arriesgarse a sufrir, que vivir en una prisión de roca, toda la eternidad.-exclamó el corazón, volando hacia el cielo.
El corazón se encontró con sus pares tiempo después, uniendose a ellos. Y el guerrero continuó su camino, envainando su espada amiga nuevamente, a su tan añorado objetivo.
12/16/2010
12-Itaidoshin.
El despertar fue como una zambullida a la inversa. Volviendo a esta realidad, Ichinén se encontró en una cama. La sabanas suaves y limpias. El guerrero sintio primero el perfume de las flores junto al lecho. Un aroma hermosamente dulzón. Trató de recordar como había llegado allí, pero no lo logró. Su memoria llegaba hasta el desierto, al encuentro con su opuesto. Se encontraba mejor de todos los dolores que sentia superponerse uno al otro en el camino por el desierto. Se incorporó despacio, sopesando la elasticidad en su cuerpo. Buscó a Daimoku con la vista. La espada se encontraba en la pared más cercana a la cabecera de la cama. No sabía cuanto había dormido, pero no sentía casi ninguna molestia. Sus botas se encontraban junto a la cama. El lugar era una cabaña bastante amplia, discreta pero muy pulcra. Una ventana daba a un corral cercano, por lo que la vista no le daba muchas pistas de donde podía encontrarse. Al terminar de vestirse se metió en sus botas y fue hacia la puerta. La misma se abrio antes que el llegara a ella.-Oh, ya se encuentra despierto.-le respondió una joven que entró muy sonriente, con una bandeja de comida en las manos.
Detrás de ella entró un muchacho de poco menos edad que la joven con implementos para lavarse.
-Aqui tiene para lavarse, y de comer si lo desea.-agregó timidamente el muchacho.
Ichinén asintio y agregó mientras se ceñía la espada a la cintura:
-Se lo agradezco. ¿Donde me encuentro?-
-Bueno, nuestro pueblo se llama "Itaidoshin". Aunque quizás el nombre no le diga mucho.-le respondió la muchacha.-Pero el precursor podrá darle todas las respuestas y explicaciones que necesite. Lo encontrará afuera, junto a la plaza principal. Entre tanto, puede asearse y comer un poco.-
Ambos salieron al unisono, dejando a Ichinén junto al cuenco con agua y la comida. Se lavó, probó algunos bocados, lo cual le resultó muy grato y salio de la habitación. En el otro cuarto, una mujer mayor cocinaba mientras la muchacha lavaba alguno enseres en una fuente de madera. Un niño de pocos años jugaba en el suelo.
-Bienvenido señor. El precursor lo espera siguiendo por esta calle. Si no encuentra la plaza principal, por allí le sabrán indicar.-
La mujer le dio algunas otras indicaciones para orientarse y encontrar el lugar. Ichinén agradeció y salió de la cabaña, observando como seguían trabajando. La calle del pueblo le llamó aun más la atención que lo que había visto dentro de la cabaña. Todos parecian ocupados en algo, todos iban y venian por algún quehacer. Esto no era muy distinto a cualquier pueblo o ciudad que Ichinén hubiera visitado antes. Pero este pueblo, Itaidoshin, era diferente en un aspecto muy crucial. Nada parecía fuera de lugar allí, no había el caos que reina en el movimiento normal de las personas. No había apuro, solo rapida coordinación. No se chocaban, o interponían sobre los demás. Esto le pareció a Ichinén, algo muy sutil. Solo alguien que hubiera visto grandes urbes entendería lo que una multitud en las calles es capaz de hacer. No había desorden, las calles reboasaban de actividad, pero aun así se encontraban extremadamente limpias. Un infimo hecho le atrajo poderosamente la atención. Un hombre llevaba un caballo por una de las calles de tierra, mientras que otros detrás utlizaba una herramienta en forma de rodillo para aplanar todas las huellas dejadas por ese y otros animales. Se distrajo con ese y otros pequeños detalles, hasta que se dio cuenta que había perdido el camino indicado por la mujer. Volviendo sobre sus pasos se cruzó con dos hombres, se acercó a ellos buscando orientación.
-¿Busca la plaza principal?-le preguntó uno de ellos.
-La encontrará siguiendo por este tramo y doblando a su izquierda.-le indicó el otro señalando los lugares.
El guerrero les agradeció, no sin sorprenderse de que ellos supieran que buscaba antes de pedirselo. Con esos consejos llegó finalmente a la plaza principal. Ante el se presentaba otro ejemplo de la coordinación de ese misterioso pueblo. Un hombre mayor se encontraba de pie sujetando lo que parecia un monolito, pero con diversas divisiones. Otros hombres más jóvenes y fuertes lo enderezaban para plantarlo sobre una base en el terreno. Ichinén se acercó hasta allí, seguro de haber encontrado al mencionado precursor.
El hombre se dio vuelta antes que el guerrero llegara hasta el lugar, sonriendolo.
-Ya despertó. ¿Se encuentra mejor?-
-Si, gracias. Aunque quisiera saber como llegué hasta aquí.-
-Unos mercaderes que venian a nuestro pueblo te encontraron agotado de sed, te cuidamos y dormiste por tres dias enteros.-
-¿Tanto? Fue un alivio que alguien pasara por allí.-
-Si, buena fortuna. Es peligroso el desierto, aun cuando estés buscando la tierra de Kosen Rufu.-
El guerrero se sorprendió como no había hecho hasta ese momento.
-¿Es que todos ustedes son capaces de adivinar el pensamiento?-
El hombre sonrió, mirando de nuevo hacia el monolito.
-No, es que eso murmurabas en tus noches de delirio febril. Estás en busca de la muerte de Kosen Rufu.-
-Así es, aunque un demonio intenta hacerme perder el camino.-
Ichinén le relató sus andanzas desde el mercado y la historia del anciano, los demonios, hasta el encuentro con su opuesto.
-Has encontrado algo de Kosen Rufu aquí. Nosotros somos una colonia lejana de esa tierra. Fundamos este pueblo hace ya tiempo. Lamentablemente, como te dije, esta es una colonia lejana. Ese demonio te trato de alejar el maximo posible. Aunque hay algo que el no sabe, eso juega a tu favor.-
-¿Que es lo que no sabe?-
- Que Kosen Rufu, no está ni tan lejos de ningún lado ni tan cerca. Aquellos que creen estar cerca, puede que sean quienes más se alejan. Y aquellos que creen estar lejos suelen pasar cerca de allí.
La afirmación sorprendió a Ichinén, dejandolo pensando.
-Le quiero preguntar algo. He visto como se manejan todos y no puedo evitar pensar...-
-Itaidoshin significa,-interrumpió el hombre.-"muchos cuerpos, una sola mente. Es lo que te ha llamado la atención.-
-Si, la armonía. ¿Quiere decir esto que usted es el lider de esta comunidad?-
-Soy el más viejo, con más experiencia vivida, pero no soy el que lidera como así lo entiendes.-
-¿Son como una colmena de abejas?-
-Supongo que me preguntas si somos parte de un mismo ente. No, somos individuos, pero compartimos el mismo proposito como entes diferentes que somos. Itaidoshin, solo se debe tomar en sentido metafórico. En la capital de Kosen Rufu existe en escala mayor lo mismo que ves aquí.-
Ichinén se pensó todo aquello. La imagen de una inmensa ciudad, en la misma coordinación y armonia que ese pueblo, que tan siquiera era una muestra de algo más grande; lo hacía estremecerse de una forma que no llegaba a comprender. Mientras quedó pensativo, descubrió algo que lo sorprendió más que nada desde que había llegado a ese pueblo. A lo largo de la extensión del monolito se leía una inscripción, la misma que llevaba la hoja de su espada. Nam myoho rengue kyo.
-Esto es increible.-exclamó acercandose para ver más de cerca el monumento.
-Lo llamamos "La torre de los tesoros".-explicó el precursor.-Es un tributo a cada uno de los que han trabajado en beneficio de los demás, y a la vez representa la ley universal. Como pronto descubrirás, uno y el otro son lo mismo, bajo cierto punto de vista.-
El hombre lo observaba con una mirada inquietante, mientras Ichinén volteaba una y otra vez del monumento al hombre.
-La misma inscripción de mi espada. Que representa el sonido que hace al blandirla.-
-El sonido del universo, la ley de todas las causas y efectos de todos los mundos.-
-Entonces...¿Significa que la espada proviene de Kosen Rufu?-
El hombre sonrió, aquello parecía hacerle gracia.
-No tanto, la ley existe antes que nuestra comunidad, pero nosotros mismos no somos tan novedosos. Pero dices bien, la espada pertenece allí, es su verdadero lugar. Por eso es que tu misión es llegar a Kosen Rufu, hasta su capital, Soka Gakkai.-
-Pero es una misión que yo mismo me puse.-
-¿En verdad es así? O es solo la simultaneidad de la causa y el efecto. ¿Que fue primero? ¿Tu decisión o tu misión? ¿Tenías ya esa misión o lo decidiste luego? No puedo asegurarlo. No soy uno de nuestros sabios después de todo. Por eso es que perteneces a nuestra tierra, por ello debes llegar a ella.-
-Se que tengo que llegar... De alguna forma.-
-No tenés, debés. Es tu misión. Cada ser vivo, y quizás hasta no vivo, tiene una misión. Una función a desempeñar en parte, un objetivo a cumplir. El tuyo es ese. Quizás lo más importante que hagas nunca.-
-¿Incluso más que combatir al demonio del sexto cielo?-
-Hacer eso y encontrar Kosen Rufu quizás una misma cosa. No te lo puedo jurar. Solo te digo lo que sé.-
Una determinación renovada crecía en el interior del guerrero. Una fuerza ya conocida inundaba cada uno de sus miembros.
-Debo partir de inmediato.-manifestó con firmeza Ichinén.
El precursor solo asintió y le indicó con la mano que caminaran juntos. Mientras iban buscando la salida del pueblo, gente desde todos los caminos transversales se les fue uniendo. Poco antes de pasar la última vivienda, una multitud inmensa los seguía. El precursor se detuvo lentamente, junto la casa limitrofe del poblado.
-Tu camino sigue por aquí, Ichinén. Las maravillas que verás y vivirás son indescriptibles. El camino será dificil, arduo, quizás te parezca imposible. Pero lo importante es que no cejes en tu empeño.-
-No lo haré.-aseguró el guerrero.
Se lanzó a caminar, solo con su espada. Mirando hacia atrás, el pueblo entero de Itaidoshin lo había acompañado a despedirlo. Algunos cientos de metros, llegando a la base de una colina, giro sobre sus talones. Levanta una mano en señal de despedida, como una sola persona pero en formas distintas, los habitantes hicieron lo mismo. Avanzo por el camino, internandose entre los arboles de la ladera, camino a Kosen Rufu. Pero siempre en su corazón, algo había quedado de ese pueblo, Itaidoshin.
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