6/06/2011

14-La animalidad.

La posada se encontraba en un lugar recóndito, extraño para tales menesteres. A Ichinén no le pareció desfavorable aquello. Tal vez, peculiar, pero no algo negativo. Estaba necesitando hacer un alto en el camino. Ya era de noche, y el lugar parecía, desde afuera, rebosar de actividad. Música y voces se oían en el interior. El guerrero empujó la puerta con poca dificultad. No llegó a leer el cartel que colgaba de un costado del local, aunque seguramente, el nombre del establecimiento no venía al caso para él. La gran mayoría de los clientes se giró a ver quien entraba. Ichinén olió una atmósfera extraña allí, pero no pensaba retroceder. El posadero se encontraba al final de la barra, con cierta mirada torva, mirando como el guerrero se aproximaba.
-Buenas tardes.-saludó Ichinén.
-Buenas noches, querrá decir, aquí no atendemos si no oscureció aún.
-Como desee.-concedió el guerrero.-Quisiera algo para comer y beber, y una habitación, si tiene.-
Escuchó ligeros murmullos luego de decir eso. El posadero se sonrió sardónicamente.
-Aquí no tenemos habitaciones, nuestra gente no la necesita. Solo estamos en este lugar para pasar el rato. Muchos cuentan su vida…-
Una voz profunda interrumpió la alocución del posadero.
-Por lo menos, sírvele algo de comer, se lo merece luego de todo lo que ha pasado.-
Ichinén se giró lentamente y observó hacia el que había hablado. Solo vio ocho figuras en una gran mesa, salón de por medio. Una de ellas terminaba de hacer un gesto, aparentemente, era quien había censurado al dependiente del lugar. En la penumbra no distinguió más que figuras ataviadas con ropajes ampulosos encapuchados, los cuales dificultaban cualquier identificación.
-Se lo agradezco, aunque no estoy seguro de que sepa por cuanto haya yo pasado.-acotó el guerrero con una inclinación de su cabeza.
Esa voz profunda, ahora algo más sibilante, se sintió de nuevo.
-Ichinén es tu nombre, así como Daimoku el de tu espada.-
El guerrero acercó su mano a la mencionada espada, algo en ese hombre lo inquietaba.
El bullicio había disminuido hasta un nivel apenas perceptible.
-Ya que conoce mi nombre, podría decirme el suyo, señor.-
-Acercate Ichinén, Rokuten ha hablado mucho de vos, si que has inquietado al viejo rey demonio.-
La mención de tan nefasto personaje, hizo que todos los músculos del guerrero se tensaran. Apretó los nudillos sobre el pomo de la espada, presto a desenvainarla.
-No te alteres, Ichinén.-lo freno el misterioso personaje.-No soy tu enemigo, no por ahora.-
Una seña del hombre encapuchado a uno de sus compañeros y este se levantó para acercar una novena silla a la mesa en que se encontraban.
-Ven a tomarte tu trago con nosotros. Entre reyes nos entenderemos.-
El posadero apoyo una jarra sobre la barra.
-No soy un rey.-respondió Ichinén con simpleza.
-No por ahora, no en este mundo.-
Palabras intrigantes, no eran del agrado del guerrero, acercarse sin meditar no parecía lo más sensato. Ocho contra uno, se antojaba riesgoso, pero por otro lado, en ese lugar parecía dudoso que fueran a organizar una lucha sin más ni más.
Ichinén tomó su jarra y se dirigió a la mesa.
-¿Estoy hablando con algún demonio servidor de Rokuten?-
-Oh no. No somos demonios.-respondió el encapuchado.-Aunque también somos reyes como Dai Rokuten No Mao, el rey demonio del sexto cielo.-
-Bastante bien lo conozco a él y a sus lacayos.-replicó Ichinén, que con una mirada inquisitiva se hizo comprender.
El encapuchado dio un ligero respingo y se sintió aludido.
-Ah, mi nombre es Shakataura, también me conocen como Sdagara.-
Al decir esto se echó atrás la capucha, sus ojos rasgados fueron lo primero que llamó la atención de Ichinén. Eran como los de un reptil. La luz mortecina los hacía escalofriantes, pero no aparentaba ser una amenaza inmediata.
-Mis compañeros y yo somos los Hachi Dairyuo.-continuó Shakataura.
-Ustedes no son hombres.-agregó el guerrero, sabiendo que era algo sobreentendido.
-Somos los ocho grandes reyes dragones, provenientes de las cataratas de Amagoi.-
Ichinén había oído de tierras lejanas, menciones de estos seres. No eran tan viles como los demonios que había enfrentado en el pasado, pero tampoco eran los mejores compañeros de copas.
-No nos interesa ser tus enemigos, aunque no descarto que nos encontremos en bandos opuestos. Tenemos más en común con los demonios que con ustedes los mortales.-
Ichinén bebió un trago largo antes de responder. El ruido de la posada había vuelto a la normalidad.
-Pero escuchó hablar de mí y me encontró en este lugar.-
-No creas tanto que tu fama te precede, no por ahora al menos. Es solo que Rokuten me habló de vos y me sentí intrigado. Como pronto te darás cuenta, estás en un foco de animalidad. Es por eso que esto entra dentro de nuestro dominio.-
El guerrero no supo que contestar ante eso. Los reyes dragones permanecían impasibles en el interior de sus capuchas, solo relucían sus ojos reptilineos, excepto a Shakataura que estaba al descubierto.
-Saliste del infierno, luego en el desierto pasaste por el dominio del hambre. Ahora este es nuestro reino. Donde yo soy el Estado. Todavía faltan algunos otros.-
-No es mi intención molestar a nadie.-
Shakataura hizo un gesto como restándole importancia a cualquier molestia que le podría ocasionar Ichinén.
-Mi hija Ryunyo, también tuvo que decir al respecto. Ella se convirtió en discípula de uno de los tres grandes maestros. Del primero exactamente.-explicó el rey dragón.
Ichinén asintió, aunque no entendía que relación guardaba eso con él.
-Y esa debe ser tu misión ahora. Buscar al primero de los tres grandes maestros.-
-Es que ya tengo una misión actualmente.-
-Si, ya sabemos de tu búsqueda de Kosen Rufu. Es por eso que mi hija me pidió que te encontrara. Ella vive allí hoy en día. Lo hago como un único favor para ella.-
-No comprende que debe hacer. No sabe quien es.-comentó uno de los otros desde la oscuridad de su traje, la misma voz profunda, pero distinta.
-Por eso mi hija me pidió esto, Ryujin. Para que Ichinén entendiera.-
-¿Qué debo entender para llegar a Kosen Rufu?-
-Que no lo lograrás sin antes encontrar a los tres grandes maestros, aprender de ellos y vivir muchas otras experiencias. Verás, a Kosen Rufu no llegarás por tierra, ni atravesando el mar, ni surcando el aire. No está en este mundo y a la vez lo está.-
-Encontrando a los tres maestros… ¿Sabré como llegar?-
El rey dragón a la izquierda de Shakataura soltó una carcajada, que incomodó a Ichinén.
-No te ofendas por la risa de Yamata-no-orochi, mi colega te considera muy ingenuo como para comprender las implicancias de quien eres.-
-No sabe quien es, como dijo Ryujin.-acotó el de la derecha de Shakataura.
-Kiyo tiene razón en esto, se nota a muchas leguas que no sabés quien sos.-
-Soy Ichinén.-
-Eso es solo una palabra. Pero, ¿Qué significa? Para comprender quien sos, debés sabe de donde vienes, adonde vas y en que lugar estás.-
A Ichinén todo eso le sonaba a puro palabrerío.
-Actualmente estoy en su estado, como bien dijo.-respondió el guerrero.
-Y todavía te queda mucho para llegar al décimo, donde encontrarás al primer maestro. Pero no sabés que lugar es este exactamente, donde estás sentado.-
Ichinén se encogió de hombros y el rey dragón sonrió.
-Esta es la posada de los muertos.-

12/29/2010

13-Corazón de piedra.

En su largo camino por las tierras antiguas hacia Kosen Rufu, Ichinén debió atravesar montañas y valles. El era el guerrero más decidido del universo, su espada magica podia batir cualquier obstáculo. El era, con quién luego se asoció el concepto de determinación. Nada lo podia detener, ni el miedo. Pese a esto, el camino era de por si, dificultoso. Las manos le latían por el esfuerzo de aferrarse a las rocas de donde se sujetaba para ascender. El paisaje no era muy alegre a su alrededor, parecía más bien un páramo inhóspito. Sin gente por donde se mirara, nadie que lo socorriera ante una desgracia. Pero a Ichinén, ni eso ni nada peor lo haría desistir de seguir su camino, en busqueda de Kosen Rufu, su hogar futuro. Las rocas eran muy resbaladizas en ese tramo del camino, debía extremar los cuidados para no perder la vida. Esas montañas se interponían entre él y su tierra soñada.
El camino hacía un descanso en una de las partes más altas de la colina, el guerrero aprovechó ese momento para recuperar el aliento, envainó su espada legendaria, llamada Daímoku. Que entre otras cosas le había servido de estaca para escalar, una de las razones por las cuales la consideraba más una herramienta que un arma. Se dispuso sentarse, aunque fuera en el suelo. No pudo continuar su accíon, un lamento desgarrador lo puso en alerta, una mezcla de llanto y quejido. Era algo bastante aterrador, helaba la sangre, pero Ichinén no se iba a quedar quieto. Intrigado, se encaminó a descubrir al autor de ese sonido. Un pozo se plantaba ante él en medio de la paredes de la cima, en su centro se encontraba una roca de la que provenía el sonido. Las vibraciones que se formaban por el lamento casi podían verse en el aire, en forma de ondas. Como siempre que sentía el sufrimiento de los demás, se acercó al centro del pozo, intentando calmar instintivamente, de alguna manera el dolor de ese ser. La roca tenía forma de corazón.
-No te acerqués, fuera, quien seas, vete!-ordenó una voz en la piedra.
-Solo quiero ayudar, oi que te lamentabas y me acerqué.-contestó Ichinén, con simpleza.
-No quiero que nadie venga. Deseo estar solo.-sentenció la roca.
-Lo siento, no quería pertubarte.-se disculpó el guerrero.-Pero, quisiera saber cual es la causa de tu sufrimiento. No suelo escapar del dolor de otros, no espero empezar ahora.-
El ser de piedra largó un profundo suspiro y respondió:
-Me lamento porque sufro de soledad desde hace milenios. Soy un corazón que se cansó de ser lastimado, por ello me aislé en esta coraza. Pero, la roca me ha rodeado totalmente.-
-No comprendo.-comentó Ichinén, desorientado ante lo ilógico de la situación.-¿Llorás por tu soledad, pero me pedías que te dejara solo?-
-Es que sí estoy solo, nadie me va a lastimar.-respondió la roca con simpleza.
-Seguro que si, si estás solo nadie te lastima. Pero estar solo, ya te daña, así vas a seguir sufriendo.-acotó el heroe con tono contemplativo, aunque severo..-Es necesario que alguna vez te arriesgues y pruebes abrirte a otros. Sino, nunca tendrás la posibilidad de ser feliz. Y eso, es más importante que el ser lastimado unas cuantas veces.-
El corazón se lo pensó unos segundos, un temblor ligero pareció conmover la piedra.
-Es cierto y llevas razón, pero igualmente no puedo salir de aquí.-exclamó el corazón, con cierto pesar.-La roca me traba. He estado tanto tiempo así, que ya no puedo salir de este sitio, yo construí mi propia prisión.-
-Eso no es problema.-informó Ichinén, el guerrero invencible.-Daímoku, mi espada, fue forjada con las fuerzas más positivas de la creación. Su energía es la misma que creó el universo. Por ello, es lo unico que te puede liberar de tu prisión. Solo algo como el amor, lo haría.-
El guerrero levantó su espada sin dudarlo y la blandió en el aire, resonando por doquier. El golpe contra la piedra fue certero y preciso. Una explosión de luz y color surgió de la roca y el corazón se alzó en el aire, libre despues de tanto tiempo. Reluciendo con toda su fuerza vital.
-Gracias guerrero, mil gracias, voy a hacer como dijiste. Es mejor arriesgarse a sufrir, que vivir en una prisión de roca, toda la eternidad.-exclamó el corazón, volando hacia el cielo.
El corazón se encontró con sus pares tiempo después, uniendose a ellos. Y el guerrero continuó su camino, envainando su espada amiga nuevamente, a su tan añorado objetivo.

12/16/2010

12-Itaidoshin.

El despertar fue como una zambullida a la inversa. Volviendo a esta realidad, Ichinén se encontró en una cama. La sabanas suaves y limpias. El guerrero sintio primero el perfume de las flores junto al lecho. Un aroma hermosamente dulzón. Trató de recordar como había llegado allí, pero no lo logró. Su memoria llegaba hasta el desierto, al encuentro con su opuesto. Se encontraba mejor de todos los dolores que sentia superponerse uno al otro en el camino por el desierto. Se incorporó despacio, sopesando la elasticidad en su cuerpo. Buscó a Daimoku con la vista. La espada se encontraba en la pared más cercana a la cabecera de la cama. No sabía cuanto había dormido, pero no sentía casi ninguna molestia. Sus botas se encontraban junto a la cama. El lugar era una cabaña bastante amplia, discreta pero muy pulcra. Una ventana daba a un corral cercano, por lo que la vista no le daba muchas pistas de donde podía encontrarse. Al terminar de vestirse se metió en sus botas y fue hacia la puerta. La misma se abrio antes que el llegara a ella.
-Oh, ya se encuentra despierto.-le respondió una joven que entró muy sonriente, con una bandeja de comida en las manos.
Detrás de ella entró un muchacho de poco menos edad que la joven con implementos para lavarse.
-Aqui tiene para lavarse, y de comer si lo desea.-agregó timidamente el muchacho.
Ichinén asintio y agregó mientras se ceñía la espada a la cintura:
-Se lo agradezco. ¿Donde me encuentro?-
-Bueno, nuestro pueblo se llama "Itaidoshin". Aunque quizás el nombre no le diga mucho.-le respondió la muchacha.-Pero el precursor podrá darle todas las respuestas y explicaciones que necesite. Lo encontrará afuera, junto a la plaza principal. Entre tanto, puede asearse y comer un poco.-
Ambos salieron al unisono, dejando a Ichinén junto al cuenco con agua y la comida. Se lavó, probó algunos bocados, lo cual le resultó muy grato y salio de la habitación. En el otro cuarto, una mujer mayor cocinaba mientras la muchacha lavaba alguno enseres en una fuente de madera. Un niño de pocos años jugaba en el suelo.
-Bienvenido señor. El precursor lo espera siguiendo por esta calle. Si no encuentra la plaza principal, por allí le sabrán indicar.-
La mujer le dio algunas otras indicaciones para orientarse y encontrar el lugar. Ichinén agradeció y salió de la cabaña, observando como seguían trabajando. La calle del pueblo le llamó aun más la atención que lo que había visto dentro de la cabaña. Todos parecian ocupados en algo, todos iban y venian por algún quehacer. Esto no era muy distinto a cualquier pueblo o ciudad que Ichinén hubiera visitado antes. Pero este pueblo, Itaidoshin, era diferente en un aspecto muy crucial. Nada parecía fuera de lugar allí, no había el caos que reina en el movimiento normal de las personas. No había apuro, solo rapida coordinación. No se chocaban, o interponían sobre los demás. Esto le pareció a Ichinén, algo muy sutil. Solo alguien que hubiera visto grandes urbes entendería lo que una multitud en las calles es capaz de hacer. No había desorden, las calles reboasaban de actividad, pero aun así se encontraban extremadamente limpias. Un infimo hecho le atrajo poderosamente la atención. Un hombre llevaba un caballo por una de las calles de tierra, mientras que otros detrás utlizaba una herramienta en forma de rodillo para aplanar todas las huellas dejadas por ese y otros animales. Se distrajo con ese y otros pequeños detalles, hasta que se dio cuenta que había perdido el camino indicado por la mujer. Volviendo sobre sus pasos se cruzó con dos hombres, se acercó a ellos buscando orientación.
-¿Busca la plaza principal?-le preguntó uno de ellos.
-La encontrará siguiendo por este tramo y doblando a su izquierda.-le indicó el otro señalando los lugares.
El guerrero les agradeció, no sin sorprenderse de que ellos supieran que buscaba antes de pedirselo. Con esos consejos llegó finalmente a la plaza principal. Ante el se presentaba otro ejemplo de la coordinación de ese misterioso pueblo. Un hombre mayor se encontraba de pie sujetando lo que parecia un monolito, pero con diversas divisiones. Otros hombres más jóvenes y fuertes lo enderezaban para plantarlo sobre una base en el terreno. Ichinén se acercó hasta allí, seguro de haber encontrado al mencionado precursor.
El hombre se dio vuelta antes que el guerrero llegara hasta el lugar, sonriendolo.
-Ya despertó. ¿Se encuentra mejor?-
-Si, gracias. Aunque quisiera saber como llegué hasta aquí.-
-Unos mercaderes que venian a nuestro pueblo te encontraron agotado de sed, te cuidamos y dormiste por tres dias enteros.-
-¿Tanto? Fue un alivio que alguien pasara por allí.-
-Si, buena fortuna. Es peligroso el desierto, aun cuando estés buscando la tierra de Kosen Rufu.-
El guerrero se sorprendió como no había hecho hasta ese momento.
-¿Es que todos ustedes son capaces de adivinar el pensamiento?-
El hombre sonrió, mirando de nuevo hacia el monolito.
-No, es que eso murmurabas en tus noches de delirio febril. Estás en busca de la muerte de Kosen Rufu.-
-Así es, aunque un demonio intenta hacerme perder el camino.-
Ichinén le relató sus andanzas desde el mercado y la historia del anciano, los demonios, hasta el encuentro con su opuesto.
-Has encontrado algo de Kosen Rufu aquí. Nosotros somos una colonia lejana de esa tierra. Fundamos este pueblo hace ya tiempo. Lamentablemente, como te dije, esta es una colonia lejana. Ese demonio te trato de alejar el maximo posible. Aunque hay algo que el no sabe, eso juega a tu favor.-
-¿Que es lo que no sabe?-
- Que Kosen Rufu, no está ni tan lejos de ningún lado ni tan cerca. Aquellos que creen estar cerca, puede que sean quienes más se alejan. Y aquellos que creen estar lejos suelen pasar cerca de allí.
La afirmación sorprendió a Ichinén, dejandolo pensando.
-Le quiero preguntar algo. He visto como se manejan todos y no puedo evitar pensar...-
-Itaidoshin significa,-interrumpió el hombre.-"muchos cuerpos, una sola mente. Es lo que te ha llamado la atención.-
-Si, la armonía. ¿Quiere decir esto que usted es el lider de esta comunidad?-
-Soy el más viejo, con más experiencia vivida, pero no soy el que lidera como así lo entiendes.-
-¿Son como una colmena de abejas?-
-Supongo que me preguntas si somos parte de un mismo ente. No, somos individuos, pero compartimos el mismo proposito como entes diferentes que somos. Itaidoshin, solo se debe tomar en sentido metafórico. En la capital de Kosen Rufu existe en escala mayor lo mismo que ves aquí.-
Ichinén se pensó todo aquello. La imagen de una inmensa ciudad, en la misma coordinación y armonia que ese pueblo, que tan siquiera era una muestra de algo más grande; lo hacía estremecerse de una forma que no llegaba a comprender. Mientras quedó pensativo, descubrió algo que lo sorprendió más que nada desde que había llegado a ese pueblo. A lo largo de la extensión del monolito se leía una inscripción, la misma que llevaba la hoja de su espada. Nam myoho rengue kyo.
-Esto es increible.-exclamó acercandose para ver más de cerca el monumento.
-Lo llamamos "La torre de los tesoros".-explicó el precursor.-Es un tributo a cada uno de los que han trabajado en beneficio de los demás, y a la vez representa la ley universal. Como pronto descubrirás, uno y el otro son lo mismo, bajo cierto punto de vista.-
El hombre lo observaba con una mirada inquietante, mientras Ichinén volteaba una y otra vez del monumento al hombre.
-La misma inscripción de mi espada. Que representa el sonido que hace al blandirla.-
-El sonido del universo, la ley de todas las causas y efectos de todos los mundos.-
-Entonces...¿Significa que la espada proviene de Kosen Rufu?-
El hombre sonrió, aquello parecía hacerle gracia.
-No tanto, la ley existe antes que nuestra comunidad, pero nosotros mismos no somos tan novedosos. Pero dices bien, la espada pertenece allí, es su verdadero lugar. Por eso es que tu misión es llegar a Kosen Rufu, hasta su capital, Soka Gakkai.-
-Pero es una misión que yo mismo me puse.-
-¿En verdad es así? O es solo la simultaneidad de la causa y el efecto. ¿Que fue primero? ¿Tu decisión o tu misión? ¿Tenías ya esa misión o lo decidiste luego? No puedo asegurarlo. No soy uno de nuestros sabios después de todo. Por eso es que perteneces a nuestra tierra, por ello debes llegar a ella.-
-Se que tengo que llegar... De alguna forma.-
-No tenés, debés. Es tu misión. Cada ser vivo, y quizás hasta no vivo, tiene una misión. Una función a desempeñar en parte, un objetivo a cumplir. El tuyo es ese. Quizás lo más importante que hagas nunca.-
-¿Incluso más que combatir al demonio del sexto cielo?-
-Hacer eso y encontrar Kosen Rufu quizás una misma cosa. No te lo puedo jurar. Solo te digo lo que sé.-
Una determinación renovada crecía en el interior del guerrero. Una fuerza ya conocida inundaba cada uno de sus miembros.
-Debo partir de inmediato.-manifestó con firmeza Ichinén.
El precursor solo asintió y le indicó con la mano que caminaran juntos. Mientras iban buscando la salida del pueblo, gente desde todos los caminos transversales se les fue uniendo. Poco antes de pasar la última vivienda, una multitud inmensa los seguía. El precursor se detuvo lentamente, junto la casa limitrofe del poblado.
-Tu camino sigue por aquí, Ichinén. Las maravillas que verás y vivirás son indescriptibles. El camino será dificil, arduo, quizás te parezca imposible. Pero lo importante es que no cejes en tu empeño.-
-No lo haré.-aseguró el guerrero.
Se lanzó a caminar, solo con su espada. Mirando hacia atrás, el pueblo entero de Itaidoshin lo había acompañado a despedirlo. Algunos cientos de metros, llegando a la base de una colina, giro sobre sus talones. Levanta una mano en señal de despedida, como una sola persona pero en formas distintas, los habitantes hicieron lo mismo. Avanzo por el camino, internandose entre los arboles de la ladera, camino a Kosen Rufu. Pero siempre en su corazón, algo había quedado de ese pueblo, Itaidoshin.

9/20/2004

11-El opuesto.

Pasado el tiempo, Ichinén continuó su camino por el desierto, siendo incordiado por Rokuten de mil formas distintas. El corazón del guerrero era atacado por todos los flancos. Bajando por entre unas piedras se le rompió una bota. El dolor que le causaba caminar, el pisar sobre la arena ardiente, le hacia oír la risa del demonio del sexto cielo. También tuvo otra perdida, tiempo después, la ultima ración de comida le fue robada por una alimaña. Y ahora como sigo? Se pregunto el. Pese a eso, siguió.
-Si esto es lo mejor que podes mandarme Rokuten, estas muy lejos siquiera de hacerme algo, ni hablemos de vencerme.-desafió el guerrero.
Pero Rokuten continuo atacándolo con pequeñas cosas, podría matarlo si así lo deseaba, pero debía quebrarlo primero. No volvía a encontrar agua, y mucho menos comida. Ichinén se dominaba para no dejarse vencer y sucumbir al delirio. Todo lo que había ido dejando por el camino, incluso quizás parte de el mismo, seguramente de su fortaleza; sentía que lo dejaba vacío y sin razón de existir.
Caminando, con las pocas fuerzas que le quedaban, vio venir una silueta hacia el. A medida que se le fue acercando descubrió que era un reflejo de si mismo, un doble. En principio, lo creyó una alucinación.
-Quien sos? Una treta de Rokuten?-pregunto el, tomando la empuñadura de su espada.
El otro hizo lo mismo, como si fuera un espejo.
-Soy vos, o mejor dicho, tu opuesto.-respondió el idéntico.
-Vos no podes ser yo.-
-Soy el opuesto que abandonaste en el fondo del infierno, soy tu lado oscuro, tu negatividad.-
-Yo soy Ichinén, no tengo negatividad.-
-Soy como Rokuten, la negatividad inherente.-
-Yo no soy como el.-
-Yo soy como el, soy el opuesto, el Ichinén negativo.-
-No puede existir un Ichinén negativo.-replico el guerrero, chocando espadas con su doble.-Cuando yo decido hacer algo, lo hago. La negatividad es la que te impide decidir, la que te genera dudas.-
-También existe la que decide que no lograras algo, la parte que ya anticipa el fracaso de antemano. Ese es el Ichinén negativo. Y es el que te dice en tu corazón que no saldrás del desierto si no te aceptas como sos, aun a mi.-
-Mentira!!!!-
Con furia el guerrero peleo contra su doble, pero irónica y obviamente, aquello era como pelear con el reflejo de uno en un espejo. Ambos hacían los mismos movimientos, atacaban y defendían por el mismo lado. Viendo que nada conseguiría, Ichinén bajó la espada.
-Es verdad.-dijo el guerrero y se abrazó con su otro yo.
El otro se fundió con el y el guerrero acepto su lado oscuro. Después de todo, uno siempre lidia con su lado oscuro.

9/16/2004

10-El hambre

El desierto era todo desolación. Ichinén caminaba por la arena con paso resuelto pero el cansancio hacia mella en el. Momento a momento luchaba por seguir adelante. Extrañaba un buen plato de comida, cosas que antes no había tomado tan en cuenta. Pero la sed era quizás lo mas difícil de sobrellevar. El guerrero se sentía solo y con cada vez menos esperanza. Con el correr de los días, las pocas provisiones que tenía se le iban agotando. No encontraba agua por ningún lado, para empeorar su situación. El desierto parecía interminable, unas pocas raíces y minúsculos insectos eran su única forma de subsistencia. Debido al calor, la falta de líquido y la vana esperanza, Rokuten se vislumbraba por momentos, El demonio aparecía como una alucinación para forzarlo a rendirse. Las necesidades que paso no se pueden evaluar de forma clara, cualquier apreciación quedaría corta.
En un momento cayo de rodillas, agotado de cansancio, sin aire y con una sed profunda. Pero lo que lo estaba venciendo era el hambre. No el hambre de comida solamente, era algo mas profundo. Un ansia que surgía de su interior. Era el hambre, el ansia, en todos sus sentidos. Necesidad de comer, de beber, de socializar y estar con alguien. En algún lugar del reino de los 33 deseos, Rokuten reía de gozo ante el dilema del guerrero. Ichinén aparto todo eso de su mente y su corazón, sabia que el demonio solo lo hacia para apartarlo de su objetivo. Otro mal se cernía sobre Ichinén, estando solo y con mucho tiempo libre, pensaba. Pensaba tanto que se sentía mareado en ocasiones. Enigmas aun sin resolver. Que era ese Mandala que había mencionado Rokuten? Como era que lo había protegido? Por que todas las veces, Rokuten la tenia contra el? Por que se veía a si mismo tan similar a Rokuten? Donde estaban todas las deidades que no lo ayudaban? Llegado a este punto, Ichinén se detuvo. Recordó palabras del viejo: "Por que debo estar siempre asistiéndote? Querés que haga las cosas por vos? No te parece que esa sobreprotección te impediría crecer?"
El guerrero medito sobre ello, no había recordado eso ya que en su momento no lo había entendido. Ahora si comprendía bien, tenía que ejercer su autonomía. Volvió a caminar, y por días siguió su andar. Muerto de sed, ya en el borde del delirio, clamo al viejo.
-Esto no me corresponde a mí, hago todo lo que esta en mi mano. Solo dame un camino y lo seguiré. Pero el que ya tengo delante mío, no puedo seguirlo así o moriré de sed. Tengo que encontrar agua para salir de este desierto y llegar a Kosen Rufu!-
La amonestación de Ichinén tuvo como respuesta una voz susurrante que parecía de mujer.
-Esta buscando en el lugar equivocado. Cave bajo sus pies, y allí encontrara un manantial.-
Ichinén desenvaino a Daimoku y usándola como pala, hizo un pozo en la arena. Donde antes habían estado sus pies, encontró arena húmeda, a centímetros debajo de la superficie. Eso era un claro signo que allí había agua, pero aun le faltaba llegar a ella. Con más fuerza y rapidez, siguió agrandando el pozo, del cual broto agua en borbotones. Un pozo bastante grande, lleno de agua muy clara se aparecía ante el. Hundió la cabeza en el sitio del agua y se sacio la sed que llevaba. Cargo su odre y lavo sus ropas. Luego se baño el mismo, descanso hasta la noche. En su reino, Rokuten no se mostraba muy contento por lo ocurrido.
-No importa Ichinén, aun te falta la mitad del camino.-se contento el demonio.
En el desierto, Ichinén reemprendía resuelto su camino hacia afuera del desierto.
-Gracias por mostrarme la puerta, ahora soy yo el que debe cruzarla.-
El guerrero camino sin dudar, aun le faltaba un mes y medio mas, en ese inmenso desierto del hambre.

9-Tenyi-Ma

El demonio del sexto cielo había encontrado a Ichinén en el desierto, en la noche más oscura. Alegando muchas cosas que el guerrero desconocía, incluso que habían tenido un encuentro previo a ese.
-Que?-se pregunto Ichinén.
-Ja, el infierno fue mucho para vos, no recordás nada de ello.-se mofo Rokuten.
Ichinén busco en sus recuerdos, pero el trauma ocasionado era grave. De pronto, lo vio, Rokuten frente a el como ahora. "Tu vida ha sido así y siempre será así. Por que no morís y te evitas mas sufrimientos?", le había dicho el demonio tendiéndole un arma. Ichinén había declinado la oferta y apartado la mano del demonio.
Ichinén volvió al momento actual y se puso firme ante el demonio al que enfrentaba.
-Ya antes te enfrente, lo haré de nuevo.-
-No tenés lo que hace falta, yo soy la oscuridad fundamental. Soy el caos del universo, el lado oscuro, la negatividad en si misma, soy Rokuten.-
El viento se desato en el desierto, subiendo en ferocidad. Ichinén clavo su espada en el suelo y se aferro a ella, para evitar que se lo llevaran los vientos. Rokuten se mantenía en su lugar, esperando. Al ver que el guerrero resistía, freno el aire y acrecentó la fogata hacia el guerrero. Como por reflejo, Ichinén sujeto la espada por delante, como si fuera un escudo. Aun sin saber si eso resultaría efectivo contra las llamas.
Delante del guerrero se formo un rectángulo de luz con ciertas inscripciones que lograba ver bien, pero de alguna manera las entendía.
-Trajiste el mandala.-musito Rokuten.
-El mandala?-se pregunto a su vez el guerrero.
-No ha aparecido hasta ahora...-al decir esto, Rokuten se detuvo turbado.-Ya dije demasiado.-
-Voy a vencerte, Rokuten.-
-No podes vencerme, Ichinén. Nosotros la matamos en vida, la vencimos y capturamos. Hubieras ido al infierno por ella y eso fue lo que ocurrió. Fue muy fácil, te trajimos con nosotros. Aunque encontraste "la" espada, no te servirá.-
Partes de lo que decía Rokuten, que Ichinén no recordaba, iban volviendo a su memoria. El amor perdido, el infierno que no había visto, recordó mucho aun sabiendo que no era todo. Quizás ninguna mente podría soportar ver todo eso, pero si el corazón. La leyenda no relata mucho de todo eso, en algunos relatos existen menciones esporádicas. Ichinén se dedico a sentir con todo su corazón, para repeler el embate del demonio. El guerrero bajo la espada y hablo al demonio.
-Gracias Rokuten.-
-Gracias? Por que me das las gracias? Voy a destruirte y me das las gracias?-
-Me hiciste recordar, aunque eso duele, pero ahora estoy mas completo que antes.-
Rokuten demostró toda su furia, haciendo que cayeran rayos desde el cielo.
-No debías tener esa espada, nunca debiste encontrarla y usarla.-rugió Rokuten.
El viento, la lluvia, piedras de los cielos, el demonio lanzo todo contra el guerrero. Pero con la espada en la mano y la ayuda del misterioso mandala, lograba resistir. Según la leyenda, la batalla duro por el resto de la noche, varias horas. La estrategia de Rokuten se centro en separar al guerrero de su espada, específicamente.
El guerrero voló por el aire y perdió el equilibrio, soltando la espada sin querer. Rokuten detuvo sus ataques al ver que había logrado su objetivo.
-Ja ja, te engañe con esta mísera forma mortal. Sabes tan poco de nosotros. No sabias que puedo adoptar muchas formas?-
Ichinén busco su espada, se la había sacado el demonio, ayudado por la tormenta.
-Que es un guerrero sin espada?-
Ichinén domino su impulso de perder el control. Simplemente sintió en su corazón, que su espada Daimoku y el eran uno. Debía encontrarla, estaba en algún lugar. No podía ocurrir que la perdiera o se la quitaran, no era factible. Rokuten se acerco, burlándose. Ichinén cerro los ojos y tomo la espada de la misma vaina de siempre. Sin pensarlo, solo sintiendo que estaba allí. Y Daimoku "siempre" estuvo ahí. Por ello no era posible que la espada dejara al guerrero.
La desenvaino y clavo en el pecho de Rokuten, el demonio rugió de un dolor indecible. Su forma empezó a deshacerse, la cabeza se le partió en siete pedazos. Con el poco poder que le quedaba llevo a Ichinén al medio del desierto y lo dejo allí, abandonado a su suerte.
-Y ahora que, Ichinén? Estas en el medio del desierto, morirás antes cruzarlo. Y crees que me venciste? Esto no ha terminado, recién empieza.-
Ya amanecía, Ichinén hablo al aire y la arena, que era lo único que había allí del espíritu de Rokuten en su forma más etérea.
-Gracias de nuevo Rokuten, tenia que atravesar el desierto igualmente, aunque yo hubiera elegido otra ruta y me hubiera preparado mejor antes de internarme en el.-
El demonio se revolvió de furia ante el atrevimiento del guerrero, pero Ichinén lo decía sinceramente.
-El hambre y la desesperación te van a vencer, Ichinén. Vas a morir, nunca vas a salir, te lo aseguro.-resonó la voz hueca del espíritu de Rokuten.
Todo rastro de la presencia del demonio desapareció. El guerrero recogió sus pocas pertenencias. No tenia muchos alimentos, no tenia agua, no tenia seguridad de salir vivo de eso. Tampoco es que tuviera mucha esperanza, pero tenia toda la decisión. Despacio, cargo todo sobre su espalda y con suma calma, comenzó a andar en pos del horizonte.
-Kosen Rufu, estoy en camino, pero primero este desierto.-se dijo Ichinén.
El guerrero se alejo por detrás de una duna, adelante, siempre adelante.

8-Rokuten

Aun no recuperado del todo de su lucha con los tres demonios, Ichinén siguió su camino. El dolor por la muerte de ese hombre lo acompañaba, así como sus múltiples dudas. Aunque tratara de asimilar ese sufrimiento, había mucho más. Por que los demonios lo trataban con tanta familiaridad? Como es que los había conocido? A quien había matado antes Shi-ma? Como es que los había vencido tan fácil. Ichinén se interno en el desierto, que no hacia mas que acrecentar su soledad y su desasosiego. La culpa lo invadía, en su interior, pugnaba por librarse de ese sentimiento. Además, había tanto que no recordaba de su estadía en el infierno, ni de su pasado. Le habían quitado eso, aunque no entendía porque.
Había encendido una fogata para cocinar y darse calor, de noche hacia mucho frío. Tanto como en el infierno. Por como se sentía, el frío y la soledad, le parecía estar reviviendo su experiencia en el infierno, de una forma mas suavizada. En ese desierto no se veía mas allá del arco de luz que generaba la fogata, oscuro también como aquel lugar al que no deseaba regresar.
En la penumbra, distinguió una sombra, acercándose a el.
-Quien esta ahí?-increpo el guerrero a la oscuridad.
-Soy un viajero con frío, no temas, guerrero.-respondió una voz en las sombras.
-No tengo miedo, solo deseo ver a quien se acerca en las sombras.-replico Ichinén, mas relajado.
El sujeto se asomo a la luz y dejo ver que iba encapuchado.
-Gracias por dejarme compartir el fuego, guerrero.-comento el recién llegado.
Ichinén le indico con un gesto que se sentara.
-Hacia donde va?-inquirió el guerrero.
-Estoy deambulando por ahí. Y vos, guerrero?-
-Busco la tierra de Kosen Rufu.-
-Esa tierra no existe.-
-Me han dicho que si.-
-No creas todo lo que oís.-
-Igualmente, siento que debo buscarla.-
-Por que te sentís afín con algo así? Por que crees que perteneces ahí?-
-Demasiados cuestionamientos para alguien que recién me conoce.-comento Ichinén, clavando sus ojos en el encapuchado.
-Encima que no muestra su rostro y no me dice su nombre.-
-Mi nombre es Rokuten.-respondió el extraño, descubriendo su rostro.
Ichinén estaba inquieto, por un momento pensó que seria algún demonio. Aunque ahora veía que no era así, ese hombre tenia algo que le daba mala espina. La sensación de algo conocido que no recordaba volvía.
-Tampoco yo se tu nombre.-comento Rokuten.
-Ichinén.-respondió el guerrero.
-El mismo Ichinén que lucho con tres demonios hace poco en un pueblo cercano?-
-Como lo sabe?-
-Ya te hiciste cierta fama, no muy buena por cierto, pero te mencionan mucho.-
El guerrero recordó con dolor la muerte del campesino.
-No te da miedo? Los demonios querrán venganza.-
-No le temo ni a las fieras ni a los demonios.-
-No creerás que un mortal común puede enfrentar a todos los demonios?-
-Yo no soy un mortal común, ya antes enfrente a miles de demonios en el infierno.-respondió Ichinén.
-Y crees que esa hará que siempre sea así?-
-No, eso fue solo el principio. La batalla recién ha empezado.-
Por que este hombre insistía en contradecirlo?
-Los demonios son muy peligrosos.-continuo diciendo Rokuten.
-Yo también, tengo a Daimoku, la más poderosa espada jamás conocida. No necesito mas.-respondió el guerrero.
-Y esa espada que tiene de especial?-
-Es la más efectiva contra ellos, los demonios temen a su matadora.-
-Por que?-
Ichinén se sintió mareado, no conocía todo sobre su espada. En su mente recordaba poco sobre el encuentro de ella, solo sabia que se sentía inseparablemente unido a ella.
-Ja ja ja, ni siquiera sabes todo lo que puede hacer tu espada! Crees que eso te salvara?-
-Estoy aprendiendo.-respondió simplemente, dándose cuenta que esa respuesta había sido distinta a las anteriores en una sola cosa.
-Voy a preguntarte algo Rokuten.-sentencio Ichinén.
Rokuten se sorprendió un segundo ante aquella afirmación, más que pedido.
-En todo lo que hemos hablado he dicho "no" en siete ocasiones. Por que?-
-No conozco la respuesta.-
-Esta es tu séptima vez que decís "no". Quien sos?-
-Ya te dije.-
-Y porque Rokuten, negás o contradecís todo lo que digo?-
El hombre bajo la vista y comenzó a reírse.
-Ja ja ja, pensé que me recordarías, Ichinén.-
-Vos sos un demonio.-exclamo el guerrero, desenvainando a Daimoku, a lo que Rokuten se aparto un poco.
-Ni siquiera recordás nuestro primer encuentro y crees que podes vencerme? A mi! Enfrentándome con esa espada.-
-Tenyi Ma.-reconoció el guerrero.
-Ja ja, el otro nombre de Dai Rokuten No Mao, el rey demonio del sexto cielo.-
-Por fin te conozco.-
-Ya nos conocemos, iluso guerrero.-se burlo el demonio.
Hombre y demonio se miraron fijamente midiéndose, en la oscuridad de la noche. Ichinén tenia a su mas grande enemigo enfrente, llenándolo de dudas y enigmas, era su propia negatividad.

8/25/2004

7-Sansho Shima: Los 4 demonios

Los tres demonios, rodearon al guerrero desde lugares distintos. Ichinén los miró con frialdad, no les tenía miedo.
-Así que este mortal común se atreve a desafiarnos.-comentó uno de los demonios.
La gente del poblado había retrocedido, dejando al guerrero rodeado por esos tres.
-Ya antes enfrenté demonios, si dan un paso mas, se darán cuenta que no soy un mortal común.-advirtió el guerrero.
-Si, ya lo sabemos, te conocemos como Ichinén.-respondió uno de los tres.
Esto sorprendió al guerrero, un vago recuerdo le daba esa rara sensación de haberlos visto antes, aunque no lo recordara. Esta sensación lo desorientó un instante, pero se figuró que sería otro de los tantos trucos que usan los demonios. -Atrás Ichinén, somos los mas allegados a Tenyi-ma, el rey demonio. El nos ordeno que te ataquemos, y si no te vencemos, vendrá el en persona.-amenazó uno.
-Mientras haya una persona bajo su dominio, mi sino esta marcado, jamás me echare atrás.-rebatió el guerrero.
-No recordás a Bon-No-Ma? Somos viejos amigos, deberías recordarme.-comentó el demonio.
Al decir esto, se lanzó contra Ichinén y lo golpeó en la cabeza, lo que hizo que perdiera la concentración. El guerrero tambaleó y agarró su espada, desenvainándola. El demonio se aparto también herido, tocado por Daimoku, la matadora de demonios.
-Tampoco se acuerda de mí, soy On-Ma, Ichinén, me presento de nuevo.-
On-Ma arañó al guerrero en el pecho y lo hizo sangrar. Por que aseguraban que lo conocían? En el infierno había enfrentado miles de demonios, por que debería recordar a estos tres en particular? Ichinén sintió el veneno de las garras de On-Ma, corriendo por su cuerpo. El demonio esperaba, mientras el liquido hacia su trabajo. Daimoku surco el aire en manos del guerrero y lo hizo retroceder.
-Ya antes maté a alguien que querías, Ichinén, y no recordás a Shi-Ma? Me siento ofendido.-comentó el demonio. Riendo malignamente.-Somos los tres ayudantes de Tenyi-ma.-
Al decir esto, lanzó un rayo hacia uno de los pobladores del lugar. Un hombre cayó en donde estaba, fulminado en seco. El grito de Ichinén resonó en todo el pueblo, su frustración se dejó sentir, aquello le resultaba conocido, pero a la vez no. Era como si no pudiera recordar algo que había vivido. Quizás se debiera al trauma de estar en el infierno.
-No me interesa quienes son, si los conozco o lo que puedan hacerme.-clamó el guerrero.-Voy a vencerlos y mandarlos al infierno.-
Tomó su espada y la clavó en la tierra, resonando como el universo. La luz que surgió, hizo gritar a los demonios con un dolor indecible, y desaparecieron al instante. Ichinén había vencido, se encontró solo, con su incertidumbre.

6-Sansho Shima: Los 3 obstaculos

Pasado el tiempo, Ichinén continuó su camino, en la búsqueda de la tierra de Kosen Rufu. Encontró un pueblo, en el cual decidió comer algo y reponer fuerzas. Por el camino al pueblo, que se veía a lo lejos, un anciano le advirtió que se volviera.
-Nuestro pueblo esta tomado por demonios, andate mientras puedas.-
Ichinén agradeció sus palabras, pero continuó su andar.
-Los demonios son demasiado para un hombre, esos tres sirven a uno más poderoso.-Continuó el hombre, gritando.
Aunque Ichinén lo escuchó, siguió su camino, debía pasar por ese pueblo para llegar a Kosen Rufu. En la entrada al pueblo, se encontró con una valla custodiada por dos hombres.
-Debido a la plaga, se prohíbe el paso.-dijo uno de ellos.-Por orden de On-ma, el demonio.-
-Ningún demonio me da órdenes.-respondió severo Ichinén.
-Transgredirla se pena con la muerte, por orden de Shi-ma, el demonio.-
-No le tengo miedo ni a la muerte ni a los demonios.-les respondió el guerrero.
-El miedo nos evita sufrir más, como dijo Bon-no-ma.-comentó uno de los guardianes.
-No es cuestión de sufrir mas o menos, sino dejar de sufrir.-replico Ichinén, muy serio.
-Tenyi-ma, el rey demonio les ordenó a estos tres que nosotros debemos proteger el Go-sho.-explicó el otro.
-Go-sho?-inquirió el guerrero.
-La barrera que aquí ves.-le señaló un guardián.
-Esta barrera los frena a ustedes, pero no a mí.-respondió Ichinén.-Y si se dan cuenta al verme, tampoco será un freno para ustedes.-
Dicho esto, el guerrero saltó por encima de la barrera y caminó al interior del poblado, dejando a los sorprendidos y atemorizados custodios.
-Nuestras familias sufrirán por esto.-exclamó uno de ellos.
-Si eso piensan, entonces ustedes son Go-Sho, no sus custodios.-les respondió Ichinén por sobre el hombro.
Superado ese primer obstáculo, el guerrero llegó a la plaza del pueblo donde varios hombres lo intentaron detener.
-Somos Jo-Sho, por orden de Tenyi-Ma el grande, tenemos que arrestarte por tu desobediencia.-
-Ustedes son solo otro obstáculo, no me importan las leyes que promulgó un demonio.-retrucó el guerrero.
El poblado entero se había congregado, para observar la escena. Ichinén se mantenía tranquilo y relajado, sin perder la calma. La gente de ese pueblo, en cambio, no se encontraba así.
-Maten al rebelde, nos sacaran nuestras posesiones.-gritó uno.
-Que muera sin piedad!-exclamo otro, lleno de ira.
-No se que hizo, pero me parece que se lo merece.-comentó otro, que parecía de pocas luces, sin entender mucho de todo eso.
Ichinén los miró a todos y les hablo en voz muy alta: -Ustedes son el tercer obstáculo que veo en este pueblo, su propio obstáculo. Yo los llamaría Bon-No-Sho. Dominados por su avaricia, su ira y su estupidez. Solo porque están influenciados por estos demonios. Donde están ellos? Que vengan si se atreven!-
La gente se apartó y los demonios aparecieron como si respondieran al desafío del guerrero.

6/20/2004

5-Kosen rufu

Un buen día, Ichinén se encontraba paseando por el mercado de un pueblo al que había llegado, buscando algo interesante que le pudiera servir. Los mercaderes intentaban venderle todo tipo de baratijas, pero el jamás compraba nada por el solo hecho de hacerlo. Solo paseaba disfrutando de la vista, buscando quien sabe que. Hacia poco había llegado a esos lugares por lo que no conocían su fama de guerrero imbatible, comprador precavido y desinteresado de corazón. El se había granjeado esa imagen, como celebre enemigo de los demonios que atormentaban a los mortales comunes. Entre el tumulto de gente, incluso a pesar del bullicio, pudo percibir una voz que lo llamaba.
-Acércate guerrero, estoy seguro que puedo contarte una historia interesante.-dijo un anciano desde una tienda desvencijada.
-Lo siento, buen señor, no creo que me pueda vender nada que me interese.-respondió cortésmente, el caballero sin armadura mas que la de su corazón.
El viejo sonrió, descubrió que el guerrero lo había tomado por un vendedor ocasional.
-No intento venderte ninguna chucheria, mi amigo.-replico moviéndose en su banquillo.-Soy un relator de historias, te contare la que desees por una leve remuneración.-
-No busco ese tipo de cosas, tengo todo lo que necesito aquí conmigo.-comento Ichinén tocando disimuladamente a Daimoku, su espada imbatible.
-Vamos! Todo hombre sobre esta tierra desea algo.-exclamo el anciano alzando las manos.
-Solo deseo paz y felicidad, para mi y para los que me rodean.-agrego el, ya deseando finalizar la conversación.
-Entonces, tengo que contarte la historia de la tierra de la paz y la felicidad eterna.-continuo el relator a pesar del poco interés de su cliente.-Un lugar que solo los más tenaces logran alcanzar.-
Este fue el punto de interés para Ichinén, un desafío era lo único que deseaba en esta existencia. A pesar de su reticencia inicial, decidió escuchar la historia del vendedor.
-Cuéntame mas acerca de esa tierra mítica.-solicito inclinándose hacia el viejo, para no perder ningún detalle.
-De mítica no tiene nada, existe en verdad, por lo menos así lo juraba mi abuelo y el nunca mentía.-contesto el anciano acercándose más hacia Ichinén.
Así, comenzó a relatarle lo siguiente:
“La tierra de la paz y la felicidad eternas queda al norte, tan lejos de aquí, que solo unos pocos la encuentran. Algunos no consiguen encontrarla nunca, ya que muchos peligros existen en el camino, no solo la distancia. Solo una persona desinteresada, valiente y pura de corazón, con una firme determinación logra alcanzarla.”
El anciano no conocía a Ichinén, pero justo lo que describía era lo que el tenia como principales características. Haciendo una breve pausa para comprobar que tenía toda la atención del guerrero, continuo:
“El nombre de esta tierra es Kosen Rufu, queda donde antes estaban las tierras mas inhóspitas del mundo, fruto de múltiples guerras entre los demonios. La hicieron habitable sus pobladores, con gran esfuerzo y determinación. Por ello solo los más decididos llegan a ella, por que pertenecen ahí de corazón. Sobre la tierra yerma sembraron, por ese desierto desolado hicieron pastar a su ganado, de entre la cizaña cosecharon su alimento. A pesar del inhóspito paisaje no se desanimaron, el violento clima no los hizo desistir. El amor que los movía era tan grande que ninguna circunstancia los pudo vencer. Los demonios no los asustaron ni los lograron atormentar. Las dificultades jamás los hicieron decaer, las desavenencias no los dividieron.
Hasta que un buen día consiguieron hacer de esa tierra de sombras un lugar paradisíaco, haciendo posible lo imposible. Donde reino por siempre la armonía y los demonios no tuvieron lugar donde cometer sus actos viles. Donde la fraternidad y el amor entre las personas fueron la filosofía de vida. Así, fundaron Kosen Rufu, y en su centro la capital llamada Soka Gakkai, la mas hermosa urbe que puedas haber visto nunca. Con sus monumentales torres y edificios de cúpulas imponentes, fruto de tanto sudor de su gente. Aunque muchos abandonaron la lucha a mitad del trabajo, no consiguieron llegar muy lejos, el hambre y la derrota dieron cuenta de ellos. Todo aquel que la busco para satisfacer sus necesidades personales, jamás la pudo encontrar. Aquel que no era honesto en su accionar, aquel que dudaba de su existencia, nunca llego. Yo mismo la he buscado por años, pero nunca viaje lo suficientemente lejos para encontrarla. Ya ves, quizás me falto decisión. Pero, jamás dude que existiera, por mas que no la vea. Es como el amor, aunque no lo puedas ver, sabes que esta ahí. Ya deje de buscar, tan solo soy un viejo.”
Ichinén había escuchado con suma atención cada palabra, no se le había escapado ni una letra de todo el relato. Luego de meditarlo un segundo, determino buscar la tierra de Kosen Rufu.
-Yo iré en su busca, y donde otros fallaron yo tendré éxito.-sentencio el guerrero.
-Pero, yo no te he contado esta historia para que fueras en su búsqueda.-inquirió el relator a su vez.
-Aun así, lo haré de todas maneras.-respondió Ichinén con firmeza.-Aunque me tome diez mil años de aquí a la eternidad.-
-Me gustaría acompañarte en este viaje, muy pocos son los que creen lo suficiente para poder resistir la travesía.-comento el viejo.-Casi siempre hice el viaje solo, pero ahora ya tengo muchos años para tal aventura.-
-Eso no importa, ni cuantos años tenga ni lo solo que se sienta.-determino Ichinén.-Lo primordial es el corazón que ponga en ello.-
El relator lo miro de hito en hito y suspiro.
-Aunque llegue solo para ver las cúpulas de la capital, no debe dejar que tal circunstancia lo detenga.-recomendó el alentándolo.
-Lo haré como dices, pero a mi paso, con lo que den mis fuerzas.-contesto el otro, mas decidido ante el aliento del guerrero.-Por eso es que creo, mejor emprende solo este camino. Tengo la plena convicción que el camino a Kosen Rufu, es personal e individual, aunque los que lleguen terminen viviendo en esa sociedad de armonía con otros seres diferentes a ellos.-
-Te dejo aquí, unas monedas por la historia, tal y como se indica.-concluyo Ichinén alzando la bolsa que llevaba debajo de su capa.
-No, te estoy eternamente agradecido, pero mi alma renovada es el mejor pago que pudiste haberme hecho.-respondió el anciano sonriendo.-Hemos hecho un buen trueque, tu me has devuelto la energía y yo te he dado un objetivo.-
-Entonces, emprendo mi viaje inmediatamente.-comento Ichinén arreglándose la vestiduras y el equipo, como cada vez que emprendía un viaje.-Espero verte en la capital de Kosen Rufu, delante de la cúpula mas alta de toda Soka Gakkai.-
-Ten por seguro, que nos encontraremos como dices.-respondió con determinación el relator de historias.-Es un compromiso entonces.-
-Queda acordado, no importa cuanto tiempo tome, nos veremos ahí.-determino Ichinén.
Sin más que decir, se despidió del anciano y se dirigió al norte, hacia donde se encontraba la tierra de Kosen Rufu. Una vez que Ichinén se había alejado lo suficiente, el mercader de al lado se acerco al anciano y le hablo.
-Yo conozco a ese guerrero al que le relataste ese cuento, se llama Ichinén, jamás vi en ninguna tierra que hiciera caso de los trucos de un comerciante.-comento el otro vendedor, luego echo a reír diciendo.-El gran Ichinén se creyó los cuentos de un viejo.-
El viejo había oído solo un poco de la leyenda de Ichinén y Daimoku, pero lo suficiente para saber que conseguía siempre alcanzar sus objetivos. No lo conocía en persona, grande fue su sorpresa al descubrir que fue su cliente.
-En realidad, lo que le dije es verdad, esta no era una historia mas.-replico el anciano a su colega.-Y tengo la plena seguridad que llegara a Kosen Rufu.-
-Es imposible que lo consiga o que tal lugar exista, ya lo hubieran vendido.-respondió el incrédulo mercader.
-Tal vez sea muy difícil, pero no es imposible, no para Ichinén al menos.-comento el viejo con la vista en el camino.
-Bah, solo es una ilusión.-continuo el comerciante.
-No lo creo, siempre existe la diferencia entre una ilusión y un sueño.-retruco el anciano a su interlocutor.-La decisión de Ichinén lo llevara cumplirlo.-
-Ja! Creo que todos ustedes están locos.-rió el incrédulo retirándose a su tienda.
El otro comerciante continuo riéndose, mientras el relator recogía sus cosas y se incorporaba.
-Adonde vas?-pregunto el otro levantando la voz..-Todavía es temprano y queda mucha gente en el mercado.-
-No, es tarde, y es momento para que continué mi camino hacia Kosen Rufu como Ichinén.-contesto el anciano con gran dignidad.
-Ya debe estar muy lejos de aquí, no lo alcanzaras.-sentencio el comerciante.
-Yo lo haré a mi ritmo y el al suyo, pero los dos llegaremos al mismo destino, no tengo dudas.-contesto sin querer darle demasiadas explicaciones.-Ichinén tiene una determinación profunda, es lo que le abrirá paso ante los peligros que le aguardan, y a mi también.-
Sin decir mas, se alejo por el horizonte canturreando, siguiendo el camino de Ichinén. Sabiendo que llegaría a verlo nuevamente en la tierra de Kosen Rufu.